11/08/2020 BARCELONA

Programación indirecta: la influencia de la televisión en el voto

Estrategias mediáticas, medios estratégicos.

El surgimiento mediático de Pedro Sánchez, nuevo Secretario General del PSOE y figura destinada a revitalizarlo, no ha pasado desapercibido. Y en muchos medios ya se ha subrayado una supuesta imitación de la táctica comunicativa de Pablo Iglesias, así como la crítica velada al populismo de este último (con la diferencia de que su entrada en la política fue posterior a su fama televisiva) y un desafío a debatir desdicho rápidamente por el partido.

Pero hay matices en los que conviene profundizar como, primero, cuáles han sido los medios elegidos para tales apariciones – “Sálvame” y “El Hormiguero”,  – resaltando que ninguno de ellos suele tocar salvo tangencialmente cualquier asunto relacionado con la política.

En segundo lugar, habría que preguntarse cuáles son los sectores poblacionales que siguen estos programas. Y tercero, que tras la negativa a que la famosa llamada a Jorge Javier Vázquez fuese pública, como de que las demás apariciones fuesen en formato entrevista, rechazando la participación en debates públicos -tras sugerirlos, todo sea dicho- puede deducirse la búsqueda de una audiencia diversa y masiva, pero no de una audiencia política. Por tanto, una voluntad de mantener prudentemente los discursos bajo control, trabajando una imagen reformista y simpática de cara a las elecciones generales de 2016.

En fin, son estrategias, y cada partido elige cuáles utilizar.

Política televisada, televisión politizada.

En abril de este año salió el minidocumental “Una mosca en una botella de Coca-Cola”, que a través de varios ejemplos y basándose en la denuncia del periodista Pascual Serrano sobre la concentración de los medios en España, aborda la cuestión de si la difusión informativa es indisociable de los grandes grupos empresariales y de cuál es su nivel de participación e influencia sobre los contenidos. A saber, al ver la televisión se puede elegir el canal, aunque no siempre la postura política detrás del mismo.

El impulso que Podemos ha ganado con La Tuerka y Fort Apache, primero, y luego con las apariciones de Pablo Iglesias en tertulias y debates que van desde Intereconomía hasta La Sexta, los partidos traidicionales han leído la necesidad de encontrar nuevas estrategias para llegar a su potencial electorado.

La #televisión hace de la muerte un espectáculo, de la #mujer un objeto y de la #política un circo. [Foto: CGT Catalunya vía Flickr]
La #televisión hace de la muerte un espectáculo, de la #mujer un objeto y de la #política un circo. [Foto: CGT Catalunya vía Flickr]

Pero es que a juzgar por los niveles de abstención en las últimas elecciones generales (31,06%) la distancia entre la política y la ciudadanía es muy alta, y esta alta desafección ha creado la impresión Debordiana de que una puesta en escena bien diseñada puede conferir a un personaje la proximidad necesaria como para que un programa político quede en segundo plano, por impopular o simplemente por estar en proceso de definición.

Gabriel Tarde planteaba en “La opinión y la masa” (1901) el impacto de la imprenta en la percepción individual y el de la ruptura del monopolio eclesiástico de la educación y la difusión de la información, fijándose en los periódicos de gran tirada, en su capacidad de generar opinión y concentrar lectores según su afinidad política, o sea, su condición socioeconómica. Hoy resulta anacrónico, pues los medios ya no se limitan a los escritos y la televisión está consolidada como el principal medio de acceso a la información por su alcance (37 millones de televisores en España) y por las posibilidades que la imagen da a la hora de generar o difundir opiniones.

“Como es sabido, hay un sector muy importante de la población que no lee ningún periódico, que está atado de pies y manos a la televisión como fuente única de informaciones. La televisión posee una especie de monopolio de hecho sobre la formación de las mentes de esa parte nada desdeñable de la población” (Bourdieu, 1996:23).

Más recientemente, el sociólogo francés Pierre Bourdieu dijo que “la opinión pública no existe” sino como mecanismo político para generar una ilusión de consenso. Así, según la lógica de que las encuestas no dicen lo que las personas piensan sino que les dicen lo que tienen que pensar, la televisión queda como un instrumento sometido a la presión de quienes la financian, mediante la producción de símbolos y significados, la (pre)selección de asuntos e invitados, el control de tiempos e intervenciones y la búsqueda de primicias y exclusivas con las que maximizar audiencias. No pocas críticas le cayeron al proponer la creación de un comité encargado de controlar los mensajes que derivan de esta relación entre los medios y el capital, dados el carácter censor de tal iniciativa y la paradoja que suponía.

Aún con el debate que genera en torno a las libertades de mercado y expresión, la afirmación de que “a través de los índices de audiencia la lógica de lo comercial se impone a las producciones culturales” (Bourdieu, 1996:37) aplica perfectamente al campo político e invita a reflexiones más profundas.

Lo mismo es resaltado por Giovanni Sartori cuando dice que “actualmente, el pueblo soberano «opina» sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar.Y en el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea” (Sartori, 1997:66), cuestión poco novedosa si consideramos los antecedentes nazis o stalinistas.

Pero el periodismo como actividad, y los medios de comunicación como su canal de difusión, tienen la labor de informar y, sobre todo, la obligación moral de hacerlo de manera imparcial pues utopías aparte, la televisión puede crear realidades a su antojo, difundir discursos y generar opiniones sin necesitar más que la pasividad de los sujetos.
Sin embargo la televisión parece, lentamente, dar paso a la revolución digital y a las redes sociales, lo que nos lleva a una pregunta de no tan fácil respuesta: ¿tiene un ente con voz “hegemónica”, manipulable y con tal presunción de veracidad realmente más credibilidad que mil individuos cuya palabra es relativizable?

Foto de portada: Tv Family. Fuente: http://ssociologos.com

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Kenneth Ledgard Weiss

Historiador y Antropólogo, amante de la música, la lectura y los idiomas, le apasionan el estudio de los impactos sociales y el eterno debate sobre cómo la sociedad y el individuo se influyen mutuamente. Ha trabajado en el sector turístico, como profesor, traductor, y en defensa de la Libre Expresión. Tras un recorrido cíclico entre España, Chile y Perú, vive actualmente en Barcelona donde prosigue su carrera en investigación.


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