23/09/2021 BARCELONA

Elecciones locales en Bogotá: ¿un ejemplo de segundas oportunidades?

Las tendencias del electorado de los últimos años en Bogotá denotan una búsqueda de nuevos liderazgos más allá de los partidos políticos, una búsqueda de nuevas alternativas de desarrollo y una oportunidad para la paz en un país en conflicto. La victoria de Gustavo Petro tiene importantes implicaciones políticas que inciden en el conflicto armado que vive el país.

Bogotá Distrito Capital de Colombia, con aproximadamente 7 millones de habitantes y grandes retos sociales, ambientales y económicos, eligió democráticamente (con un 32,22 %) el pasado 30 de octubre a Gustavo Petro del movimiento Progresistas y disidente del Polo Democrático Alternativo[1] (PDA)  como alcalde de la ciudad hasta 2015. Las dos últimas alcaldías de Bogotá han pertenecido a la izquierda: en el año 2003 fue elegido Luis Eduardo Garzón del entonces Polo Democrático Independiente (PDI) y hoy perteneciente al Partido Verde; en 2008 asumió la alcaldía Samuel Moreno Rojas con el PDA, quien fue suspendido de su cargo antes de acabar la administración por graves denuncias de corrupción quien fue reemplazado por Clara López Obregón presidenta del PDA.

De guerrillero a alcalde

Petro ha sido protagonista en la redacción y reformulación de la Constitución de Colombia en el año 1991 y en la denuncia de graves procesos de corrupción a lo largo de su historia política, la cual inicia tras el proceso de paz con la guerrilla del Movimiento 19 de Abril[2]. Hacia 1994, Petro es amenazado de muerte debido a sus denuncias sobre corrupción, decide abandonar el país y es nombrado agregado diplomático para los Derechos Humanos en la embajada en Bélgica hasta 1996. En 1998 regresa a Colombia y aspira a la Cámara de Representantes, esta vez en la circunscripción de Bogotá y por el Movimiento Vía Alterna que había fundado junto con otros exmilitantes del M-19, que había sido disuelto pero es en las elecciones de 2002 cuando obtiene la más alta votación. Ferviente opositor al gobierno de Uribe, fue elegido senador de la República en 2006 y destapó el escándalo de la llamada parapolítica, que demostraba una infiltración paramilitar en la Fiscalía General de la Nación. A finales de 2007 denunciaba las alianzas entre la mafia narco-paramilitar y congresistas; las Farc-política.

A finales de 2010, las diferencias entre Petro y las directivas del PDA llegaron a puntos irreconciliables entre otras razones por la decisión del partido de no sancionar a Samuel Moreno frente a las denuncias presentadas, entre otros por Petro, de existencia de un cartel de contratación. Petro abandonó el partido y creó  un nuevo movimiento: Progresistas. El eje de su discurso se centra en la ejecución de políticas encaminadas a una mejor y mayor justicia (que incluye a las víctimas de la violencia o la lucha contra la corrupción), la preparación ante el Tratado de Libre Comercio y la reforma en Educación.

 Antecedentes de una victoria

Para entender la victoria de Petro es necesario remontarse al contexto político colombiano de los últimos años. Después de 8 años de presidencia de Álvaro Uribe Vélez en representación del Partido de la U, éste termina su mandato con gran apoyo y popularidad gracias a su política de seguridad; se ha diezmado el poder de la guerrilla y ha mejorado la percepción de seguridad de la ciudadanía.  Sin embargo, paralelamente y sobre todo al terminar su periodo presidencial, crecen sus detractores y salen a relucir problemas de corrupción, de violaciones de Derechos Humanos y posibles vínculos con paramilitares.

Para las elecciones locales, el partido de la U y el ex-presidente Uribe deciden apoyar al candidato del Partido Verde Enrique Peñalosa, como coalición para derrotar a la izquierda, representada por Petro. El Partido Verde surge durante las últimas elecciones presidenciales como alternativa independiente y como contrapeso al partido de la U,apoyado principalmente por Antanas Mockus, Enrique Peñalosa, Luis Eduardo Garzón (ex-alcaldes de Bogotá) y Sergio Fajardo.

Los resultados de este sufragio en la capital del país se pueden interpretar como producto de circunstancias diversas: la oposición a Uribe y lo que representa en la opinión pública, el castigo al Partido Verde por su alianza con el Partido de la U (resultaba contradictorio en las presidenciales) o el deseo de luchar contra la grave corrupción en el país. Sin embargo, muchos son los que se preguntan el porqué de la decisión de los bogotanos de apoyar a la izquierda teniendo en cuenta su experiencia anterior en la alcaldía. Las reacciones no se han hecho esperar, el pasado guerrillero de Petro es el principal punto de ataque de sus rivales, así como su falta de experiencia en gestión y administración pública.

Más allá de intereses partidistas

La intensificación de los problemas sociales, los liderazgos políticos individuales, y las diversas disidencias son, entre otros, las tendencias en América Latina. En un país donde aún se tilda al de izquierda “de ser guerrillero” y al de derecha de “paramilitar”, se comienza a denotar una necesidad de alejarse de los extremos políticos y el debate se está desplazando hacia otro lugar. Las graves problemáticas sociales hacen necesaria una búsqueda de alternativas diferentes para enfrentar los retos actuales de la sociedad; poco a poco se desdibujan los polos y la ciudadanía se pregunta sobre cuestiones más allá de intereses partidistas.

El modelo de desarrollo actual basado en la acumulación de capital, la industria y el libre comercio está siendo reconsiderado; las preocupaciones de la ciudadanía son cada vez más claras y se están reflejando en el mundo a través de los “movimientos de indignados” o las manifestaciones masivas de estudiantes y organizaciones alternativas que desean retomar una visión del desarrollo más social y humana. La tendencia electoral de la capital de Colombia se une a este deseo que cada vez está siendo más universal.

Por otro lado, la respuesta y los ataques de los detractores ante la victoria de Petro hace pensar que la violencia y la segregación es común en la población más allá de los debates ideológicos. Ante este panorama, es interesante la llegada de Petro a la alcaldía, ya que representa la oportunidad de construir país con inclusión social, la capacidad de la ciudadanía para el perdón, las segundas oportunidades, el reconocimiento de un trabajo y una entrega posterior a las armas. Si no brindamos estas oportunidades, ¿qué mensaje estamos enviando a aquellos que quieren dejar las armas? Y aunque los detractores son muchos, el resultado en las elecciones es un mensaje claro para los protagonistas del conflicto, teniendo principalmente en cuenta el reciente abatimiento del principal líder de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Guillermo León Sáenz alias Alfonso Cano. Para el país es importante la ocurrencia de éstos dos hechos paralelos; por un lado, recalca la viabilidad política para quienes divulgan pensamientos divergentes a lo tradicional y por otro lado, un término trágico para quienes buscan un cambio social por la vía de las armas y la violencia. Es, por tanto, una gran oportunidad para analizar la posibilidad de construcción conjunta de ciudad, de país y de un nuevo modelo de desarrollo.

Si será o no un buen alcalde, es otro tema; los principales retos para la ciudadanía serán la tolerancia y el respeto, y para los partidos políticos la búsqueda de nuevos caminos para enfrentar las problemáticas actuales.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

[1] Vía Alterna conformó una coalición electoral junto con el Frente Social y Político para las elecciones de 2002, consolidándose luego como el partido Polo Democrático Independiente (PDI). A partir de 2005 el PDI se uniría con Alternativa Democrática para conformar el Polo Democrático Alternativo (PDA), movimiento que agrupó a los diferentes sectores de izquierda del país.

[2] Tras los comicios presidenciales del 19 de abril de 1970, cuando la Alianza Nacional Popular acusó al Frente Nacional de fraude electoral y de no permitir la participación de otros sectores de la democracia, se originó en 1974 el movimiento guerrillero M-19. Gustavo Petro se hizo militante y fue condenado por un tribunal militar debiendo permanecer en prisión durante dos años. Tras su liberación, volvió a unirse al M-19 y, junto a Carlos Pizarro Leongomez sentó las bases de lo que sería el proceso de paz entre el grupo insurgente y el gobierno de Betancourt.

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Natalia Naranjo

Bogotá, Colombia. Soy profesional en Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales con maestría en Intervención Ambiental: Persona, Sociedad y Gestión. He tenido la oportunidad de realizarme profesionalmente en Colombia, Perú y España; aportando con una visión integral a propuestas alrededor de dos temáticas: Desarrollo y Turismo, dos grandes pasiones! E:mail: [email protected]


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