29/09/2020 BARCELONA

Indignados: la olla a presión ha estallado

El 17 de abril el diario El País publicaba un artículo titulado “Indignados, pero aún poco movilizados”. El día 22 de mayo, día de las elecciones municipales y autonómicas en algunas comunidades, el titular era totalmente diferente: “La ola de protestas sacude el 22-M”. La olla a presión finalmente ha estallado.

El 17 de abril el diario El País publicaba un artículo titulado “Indignados, pero aún poco movilizados”[1]. El día 22 de mayo, día de las elecciones municipales y autonómicas en algunas comunidades, el titular era totalmente diferente: “La ola de protestas sacude el 22-M”[2]. Le Courrier International también hizo eco del primer artículo, pero con diferente titular: “La pasividad de los jóvenes esconde una tormenta”[3]. Y así era. Se estaba cociendo a fuego lento el caldo de la indignación. Los ingredientes: millones de parados; desafección política en una sistema bipartidista donde una gran parte de la población ha dejado de sentirse representada; campañas electorales que no aportan soluciones; crisis económica; desigualdades; corrupción, e impudor del sistema financiero.

Además de estos ingredientes, más propios del contexto socio-político de España,  el movimiento 15-M o la #spanishrevolution ha sido un movimiento que se ha cocido y organizado a través de las redes sociales y muy marcados por las revueltas democráticas en el Mundo Árabe y la revolución pacífica islandesa. En este artículo vamos a analizar este contexto en el que han surgido el movimiento y el impacto que ello ha comportado en las elecciones del 22 de mayo de 2011.

Ingredientes para el caldo de la indignación

La desafección política; el individualismo; un discurso sobre la crisis económica por parte del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que habría calado bien en la sociedad a través de los medios; una clase media que, aunque apurada, aún era capaz de mantenerse y mantener a sus hijos, los cuales se veían  incapaces de encontrar una alternativa en un mercado laboral incapaz de crear oferta. Éstas y muchas otras razones se han dado para explicar la inmovilidad y el conformismo de una sociedad que parecía pasiva y dormida. Pero la indignación se estaba cociendo poco a poco.

En primer lugar, la tasa de paro ha alcanzado cotas muy superiores a la media europea y afecta a más de 1 de cada 4 personas, casi 1 de cada 2 si nos ceñimos a la población joven. Las desigualdades se han visto incrementadas, mientras las grandes empresas y bancos no han dejado de acumular beneficios, que por supuesto han sido repartidos entre unos pocos. En segundo lugar, a esto se le ha sumado el impudor con que la clase financiera pidió un rescate en el momento en el que estalló la crisis financiera, y la insolidaridad y el descaro con el que ésta se ha mostrado, ha hecho que las críticas sobre la inyección del dinero del contribuyente en la banca cobrara aún más fuerza. En tercer lugar, el sistema mayoritariamente bipartidista ha hecho que gran parte de la población no se viera representada por ninguno de los dos partidos, sobre todo desde que el Partido Socialista decidiera hacer recortes sociales contra lo prometido, por lo que el descontento siguió creciendo entre los votantes de izquierdas. Todo esto en un contexto de campaña electoral que se ha preocupado más por una pugna por el poder que en proponer soluciones. En cuarto lugar, unas listas electorales llenas de imputados por corrupción, difíciles de esquivar dentro de un sistema electoral con listas cerradas. Finalmente, un control mediático que está en manos de los mismos líderes que controlan el país, por lo que sienten mermada su libertad de prensa e información.

En definitiva, una sociedad muy perjudicada y una democracia que había perdido su valor para muchos de los ciudadanos a los que se suponía que representaba. El movimiento surgió a raíz de una manifestación que se había convocado el 15 de mayo en más de 50 ciudades de España bajo el lema “Democracia Real Ya”. La afluencia fue masiva, más de la que ni siquiera se esperaban los organizadores. A raíz de ahí, varias decenas de jóvenes decidieron que había que llegar más lejos y varios centenares de personas decidieron acampar en la Puerta del Sol en Madrid. Los incidentes de las manifestaciones del 15-M y las acampadas en Sol dejaron 19 detenidos, por lo que la indignación fue creciendo y extendiéndose bajo los hashtags en Twitter de #yeswecamp o #spanishrevolution. El martes ya eran miles. El viernes centenares de miles en toda España, de jóvenes y no tan jóvenes, parados, mileuristas, trabajadores, jubilados, niños… El movimiento 15-M ha agrupado a gente muy diversa e incluso con diferentes ideologías y demandas, pero los que todos tienen en común es la INDIGNACIÓN. Por este sistema que piensan que no les ha tratado bien, pero sobre todo lo que les une es la convicción de que sí hay alternativa. Se han cansado de conformarse con el statu quo y han tomado el desafío de demostrar que el cambio es posible, en un movimiento aparentemente espontáneo, popular, sin líderes y que se mantiene al margen de los partidos políticos e ideologías.

Todos se suben al carro

La ignorancia e incluso desdén con los que políticos y medios de comunicación reaccionaron ante las manifestaciones, tildando el movimiento como “una acampada de niños pijos”[4], “antisistemas” o “perroflautas”. Unos días después, cuando el movimiento se ha visto imparable, no han sido pocos los medios que se han volcado con la cobertura y con artículos positivos hacia las acampadas.

Inmediatamente después de que comenzaran las movilizaciones, todos los partidos políticos se apresuraron en cortejar a esos posible votantes. El PSOE se estaba viendo muy perjudicado por uno de los lemas del 15-M de PP=PSOE y los principales dirigentes hicieron declaraciones elogiando las reivindicaciones y calificándolo de movimiento de izquierdas, socialista. El PP lo vio en un primer momento como una conspiración del PSOE y de los partidos de izquierdas, aunque más tarde ha intentado canalizarlo como que las manifestaciones son consecuencia de la mala gestión del gobierno y que por eso están pidiendo un cambio (con ellos como alternativa). Los partidos minoritarios, sobre todo de izquierdas, como Izquierda Unida también se han esforzado por captar este voto durante los últimos días de la campaña.

Lo que los líderes políticos parecen no saber es que los acampados hace mucho que dejaron de creer en sus promesas políticas y programas electorales. Las acampadas tienen ciertos lemas en común y uno de ellos es que no es lugar para hacer campaña. Las campañas electorales han quedado totalmente fuera de este movimiento.

Lo que los resultados electorales han demostrado, independientemente de si estas elecciones representan un giro a la derecha de la sociedad española, es que los votantes han decidido castigar al partido en el Gobierno.

Conclusiones

El movimiento ahora mismo es muy incierto y es muy difícil establecer previsiones de futuro. Queda ahora que esta indignación se traduzca en una política y consiga articular la alternativa que todos están pidiendo en las plazas. Los manifestantes han salido a la calle para quejarse sobre un sistema que consideran injusto porque creen que no deben ser siempre los mismos los que pagan. Sean conscientes o no, esos “acampados” están estableciendo una opción política: están señalando con el dedo todo lo que piensan que va mal, y están proponiendo soluciones políticas, sociales y económicas.

Una cosa está clara. Las protestas de estos ciudadanos con el grito de “Democracia Real Ya” han vuelto a dar valor a esta democracia anquilosada que muchos habían dejado de apreciar. Ellos sólo han alzado la voz y han demostrado que hay otra forma totalmente democrática de hacerse escuchar que no son las urnas.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


[1] “Indignados, pero aún poco movilizados”, El País, 17 de abril de 2011 [Online] Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Indignados/poco/movilizados/elpepisoc/20110417elpepisoc_1/Tes

[2] “La ola de protestas sacude el 22-M”, El País, 22 de mayo de 2011 [Online] Disponible en: http://politica.elpais.com/politica/2011/05/21/actualidad/1306009412_323114.html

[3] « La passivité des jeunes cache un orage », Courrier International, 27 abril 2011 [Online] Disponible en : http://www.courrierinternational.com/chronique/2011/04/27/la-passivite-des-jeunes-cache-un-orage

[4] Quim Monzó “He aquí la Spanish Revolution”, La Vanguardia, 19 de mayo 2011.

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Ana Almuedo

Sevilla, España. Mediterránea por elección, española de nacionalidad y libanesa por residencia. Llevo trabajando en temas sobre Oriente Medio, resolución de conflictos y derechos humanos desde 2010. Actualmente vivo en Beirut, Líbano, y escribo mi doctorado para la Universidad de Exeter en Reino Unido, sobre la transformación del conflicto y los movimientos sociales en Líbano. Sígueme en @anaalmuedo


7 comments

  • Elaine

    25/05/2011 at

    La autora describe a la perfección la situación actual y como nos sentimos. Necesitamos que escuchen cual es la realidad social, sin la manipulación mediática que existe.

    Reply

    • Belén C.

      25/05/2011 at

      Muy buen artículo!. Muchas gracias, Ana. Y hay que seguir así, luchando por lo que es de todos!.

      Reply

  • Florence

    25/05/2011 at

    Qué buen artículo, informativo y entretenido!

    Reply

  • Juana

    25/05/2011 at

    El mejor análisis que he leído sobre el tema.

    Reply

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