26/06/2019 BARCELONA

Venezuela archivos - United Explanations

Gloria Ogando01/04/2019
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No es nada fácil escribir acerca de la situación en Venezuela. En épocas de "fake news" y posverdad, es mucho más difícil cuando se busca en los medios de comunicación: es tal la polarización que según en qué portal se caiga o qué canal se vea en la tele, se ve todo negro o todo blanco. Lo único que esto demuestra es que ninguna de estas versiones puede ser completamente cierta. Unos dicen “crisis humanitaria” y “dictadura”, otros dicen “intervención norteamericana”, “imperialismo” y “boicot”.


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El recrudecimiento del conflicto en la disputada región de Esequibo ha relegado a Guyana a la última posición en recepción de desplazados venezolanos. Con el objetivo de comprender la decisión de Guyana de establecer dos bases militares en la frontera de Venezuela en febrero de este año, este artículo analiza la disputa bilateral y la importancia de un territorio que ocupa actualmente dos tercios de los límites de Guyana: el Esequibo.


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#DesdeVenezuela: El Mercosur arremete contra Venezuela activando su cláusula democrática. Los principales estados de la organización presionan al gobierno de Maduro en una ofensiva que puede desestabilizar la región de Latinoamérica. En este artículo, analizamos las claves de este nuevo conflicto con los expertos académicos Luis Quintana, Vicente Márquez, y Alfredo Ordóñez.


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Venezuela no deja de ser noticia. El recrudecimiento de la crisis política, derivada del choque ideológico entre el gobierno de Nicolás Maduro, quien gana la presidencia en el año 2013 tras la desaparición física de Chávez, y la oposición concentrada en la Asamblea Nacional luego de las elecciones parlamentarias de 2015, hoy pone en el tapete el tema de los Derechos Humanos. ¿Qué está sucediendo realmente?, tres especialistas en esta materia analizan la situación para United Explanations.


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La frontera con Venezuela y los retos actuales

La victoria del “no” ha representado una sacudida para una Colombia que ya se había creído el fin de la guerra. La negativa a refrendar los Acuerdos de Paz, resultado de las negociaciones de La Habana que se iniciaron hace cuatro años por el gobierno de Juan Manuel Santos, deja al país en un limbo político, jurídico y social en el que la desazón se combina con una profunda incerteza sobre qué pasará a partir de ahora. A pesar del elevado abstencionismo, que explica en gran medida el resultado del plebiscito – el “no” ganó con apenas un 15% de los votantes –, la mayor parte de la población daba por hecho que el “si” representaba la única salida a un conflicto que lacra el país desde la década de los 60. Este espaldarazo al gobierno actual, constituye una nueva etapa política en la que el único modo de evitar una nueva espiral de violencia, pasa por la reestructuración de la estrategia llevada a cabo hasta ahora.

Manifestantes celebrando la victoria del “no” tras el plebiscito celebrado el pasado 3 de octubre en Colombia [Foto: AP Photo/Ariana Cubillos vía Flickr].

A Colombia le urge reaccionar y además de llevar a cabo prospecciones de futuro, analizar con detenimiento los resultados en aras de identificar dinámicas que, por otro lado, no son ajenas al conflicto. La distribución territorial del voto pone de manifiesto la profunda brecha centro-periferia que divide a Colombia y sus implicaciones en cuanto al trato diferencial que reciben las diferentes zonas geográficas del país: la mayoría de regiones que obtuvieron un “sí” rotundo son aquellas que concentran los datos más elevados de pobreza, desigualdad y que, en la mayoría de los casos, su condición periférica se combina con la de zona transfronteriza.

Por este motivo, llevar la atención a la situación actual de los territorios fronterizos de Colombia es fundamental para poder dar pasos sólidos en el camino hacia la paz.

 ¿Qué ocurre en la frontera? La cuestión de la delincuencia

En la frontera entre Colombia y Venezuela, sin institucionalización, sin diálogo, sin confianza y con un flujo incansable de personas que alejadas de acuerdos, votaciones y procesos políticos pretenden mejorar su situación, las cosas se complican. Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander, es uno de los puntos calientes de esta frontera. Sin embargo, no es ni mucho menos en único de los problemas de la frontera entre Colombia y Venezuela. De los cinco países con los que hace frontera Colombia, “la raya” colombo venezolana no es sólo la más extensa, sino en la que se produce la mayor interacción. Esta zona geográfica, que concentra dos de los temas más substantivos para el proceso de paz como lo son la cuestión de las tierras y el narcotráfico, ha sido también testigo de algunos de los mayores escenarios de conflictos de la guerrilla. Además, en caso de que se mantenga lo acordado respecto a la desmovilización de las FARC, muchas de estas regiones albergarán muchos de los campamentos que se instalarán de manera provisional.

Puente que atraviesa el río Orinoco entre Colombia y Venezuela, uno de los pasos legales que atraviesan la frontera [Foto vía Flickr].

Se trata de territorios en los que el incremento de los niveles de delincuencia y personal armado se juntan con unas cada vez más complicadas posibilidades de sobrevivir para los venezolanos. Se da por lo tanto la situación idónea para que emerjan grupos criminales para los que el uso de las armas, ligado a la extorsión u otras actividades ilícitas se convierte en prácticamente el único modo de subsistencia. Este entorno desde luego será lo que menos le convenga a los jóvenes desmovilizados que no conocen otra alternativa a la de la guerra y el crimen, por lo que existe un riesgo elevado de que, en caso de fracasar las estrategias de integración en la sociedad colombiana, encuentren su lugar en las filas de estos grupos criminales. Podría darse así un traslado del conflicto guerrillero a las bandas armadas que predominan en la mayoría de países del continente. Estas escaladas de violencia tienen una solución complicada y, si bien el acuerdo abría la posibilidad de aminorar la tensión en la parte colombiana, la venezolana continúa siendo no sólo un riesgo sino una grave amenaza de cara al futuro.

Todos estos elementos encuentran su arraigo en la debilidad de los organismos públicos a ambos lados de la frontera. La corruptela que se lucra a costa de la necesidad de los venezolanos por acceder a bienes y servicios convierte a las zonas fronterizas en un territorio donde el empleo informal asciende al 80%. Estas actividades corruptas en la frontera alcanzan su mayor punto de peligrosidad en 217 puntos de “la raya”. Las llamadas trochas, son una “tierra de nadie” y la única esperanza de muchos ciudadanos que han visto imposibilitado el acceso a Colombia por los puentes legales debido a los frecuentes cierres de las fronteras. Además, se trata de una alternativa para colombianos retornados con cédulas ilegales o vencidas para pasar desapercibidos por los oficiales que vigilan la frontera. Estos son los mismos que actúan en connivencia con los guajiros, los “coyotes” que realizan los traslados a través de zonas ilegales a cambio de elevadas cantidades de dinero del que los venezolanos a penas disponen.

Los problemas migratorio y ambiental

Del mismo modo que Venezuela acogió un elevado número de colombianos desplazados del conflicto y migrantes económicos debido a la situación favorable de su economía en períodos anteriores, hay ahora mismo muchos venezolanos, colombo-venezolanos y colombianos retornados o deportados que representan un reto migratorio en la situación actual del país. Recientemente se ha observado una tendencia al aumento de comentarios discriminatorios hacia los migrantes venezolanos a los que se les acusa de aceptar trabajar a pesar de su sobrecualificación debido a la gratuidad del sistema educativo de Venezuela.

La comunidad de los wayú, la más grande en ambos países, es originaria de la Amazonía [Foto vía Flickr].

También desde el punto de vista ambiental, las desavenencias a nivel político están provocando graves problemas que, en caso de no ser abordados, se pueden convertir en irreversibles. La línea trazada para dividir los territorios colombo-venezolano atraviesa parques naturales como el Parque Nacional Natural (PNN) de Catatumbo Barí y Tamá – en lo referente a la parte colombiana. Lo mismo ocurre con algunas comunidades indígenas que viven de manera transfronteriza como es el caso de los wayu, localizados entre los departamentos del La Guajira, en Colombia y el estado de Zulia en Venezuela. Desde la academia, y otros asesores estratégicos se produce un constante hacia las autoridades para que dejen atrás una actitud de reproches para comenzar a construir proyectos conjuntos basados en la colaboración ya que las pérdidas de ecosistemas o la violación de derechos indígenas se pueden convertir en problemas de alcance inimaginable para ambos países.

¿Cuáles son las alternativas?

De acuerdo con la especialista Socorro Ramírez, el primer cambio pasa por modificar la perspectiva con la que se abordan los problemas fronterizos. Aumentar la participación local es fundamental para reducir la brecha centro-periferia, al menos en el lado colombiano ya que las dinámicas que se generan en estos territorios nada tienen que ver con las realidades de Bogotá o Caracas. Tanto es así, que atendiendo a las percepciones locales, se da la siguiente paradoja: los habitantes de los territorios fronterizos tienen una mayor sensación de integración, consecuencia de sus propias dinámicas. Sin embargo, identifican que la intervención estatal destartala esta relativa estabilidad ya que entienden las fronteras como un “todo” sin tener en cuenta sus propias dinámicas diferenciadas.

Además, son necesarias colaboraciones binacionales en forma de proyectos de integración transfronterizos que permitan abordar las cuestiones relativas a la frontera de manera conjunta por ambos países. Muestra de ello son las exitosos Zonas de Integración Fronteriza (ZIF) en la frontera con Ecuador, donde la creación de comités territoriales permitió la gestión de cuestiones hasta el momento litigiosas. La alternativa de la excesiva militarización y la configuración de los conflictos fronterizos de manera unilateral, no significa más que la repetición de los errores del pasado. Concretamente, en casos como la frontera con Venezuela, el apoyo de organizaciones regionales como la UNASUR probablemente fuera necesario para hacer un seguimiento de las estrategias de resolución de conflictos debido a que trata, en muchos casos de situaciones que podrían ser tildadas de crisis humanitarias que, por su condición de región fronteriza se combinan con otras dinámicas de carácter transnacional como lo es el narcotráfico, la trata de blancas o el crimen transnacional organizado.

Sin duda, la situación actual de polarización no hace más que agravar las cosas, sobre todo ligado a la articulación de las alianzas entre la oposición venezolana en alianza y los uribistas y partidarios del “no” a los acuerdos. Esto ha sido utilizado por Maduro para bloquear cualquier tipo de colaboración, y como vaya a ser gestionado a partir de ahora representa un riesgo elevado. Sería una enorme imprudencia para Colombia subestimar el potencial riesgo que existe en su frontera con Venezuela ya que, entre otros motivos, podrían debilitar mucho las garantías que ofrece el estado, en un momento en el que fortalecer su institucionalidad será clave para asegurar el éxito del proceso de paz.

 Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Parte I: ¿Cómo se sentaron las bases? Un análisis de la convivencia Chávez-Uribe

A menos una semana de la celebración del referéndum plebiscitario por la paz en Colombia, los debates son muchos y muy variados. Se trata del inicio de un proceso de transición, en el se enfrentarán retos de diversa índole y de cómo manejarlos dependerá el futuro del país. Si bien el conflicto colombiano se ha librado fundamentalmente en el interior de las fronteras del país, han sido muchos los factores externos que han contribuido a su desestabilización. No obstante, hacer una reflexión sobre cuál es la situación en los territorios fronterizos y cómo eso revierte en las relaciones bilaterales con los países vecinos, deviene una cuestión fundamental para mapear todos los posibles riesgos de este nuevo horizonte que se abre en Colombia.

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Primeros pasos para la paz definitiva en Colombia”

Mapa de las fronteras de Colombia. [Foto: Juan José Madrigal vía Flickr].

El territorio colombiano delimita por el norte con el mar Caribe, por el sur con Ecuador y Perú, por el este con Panamá y el Océano Pacífico y por el oeste con Brasil y Venezuela. Aunque no sería posible afirmar que alguno de ellos se encuentre libre de problemáticas de carácter social o económico, hoy en día, la situación de Venezuela es especialmente delicada y supone para la región un elemento de preocupación que no deja indiferentes a ninguno de los países que lindan con su territorio. Desde una Colombia sumida en plena vorágine por zanjar un conflicto de más de medio siglo de antigüedad, la coyuntura venezolana no debe de ser asumida como una problemática ajena, sino como un contexto de “retos simultáneos”. Socorro Ramírez –doctora en Ciencia Política y Relaciones Internaciones y miembro de la Comisión Presidencial de Integración y Asuntos Fronterizos (COPIAF)– afirma que actualmente deben considerarse dos procesos de transición política que están teniendo lugar paralelamente: el fin de la guerra en Colombia y una transición que no termina de perfilarse pero que debe de tener como salida la reestructuración de un proyecto que ya no se puede considerar exitoso.

La tensión latente en relación colombo-venezolana

Las desavenencias que caracterizan las relaciones colombo-venezolanas datan del siglo XIX, incluso de antes de la proclamación de las independencias y posterior trazado de una frontera que nunca fuera aceptada de manera satisfactoria por ninguno de los dos países. Durante este tiempo, a pesar de las complejas tensiones territoriales, la necesidad de regular el mercado transfronterizo obligó a poner en práctica diferentes iniciativas que, como señala la profesora Ramírez, evidenciaron “lo fructífero de la cooperación” entre dos partes que tienen más de complementario que de opuesto. Algunos ejemplos, como la otorgación de cédulas de identidad de ambas nacionalidades para ganaderos que interactuaban en los dos lados de la frontera, son muestras de que existen alternativas para abordar de manera conjunta problemas como el del tráfico ilegal o la institucionalización de mercados negros.

La frontera entre Colombia y Venezuela se extiende a lo largo de 2219km. [Foto vía Creative Commons].

Entendiendo la relación entre Venezuela y Colombia en el marco de un eje conflicto-cooperación, la coyuntura política en ambos países en las últimas décadas, tomando como referencia la llegada de Hugo Chávez al poder venezolano en 1999, intensificó de manera significativa estas dinámicas de relación binacional. Sin entrar en los motivos de la continuidad política en el gobierno venezolano, que en dicho período sólo ha asistido a la delegación del poder a Nicolás Maduro tras el fallecimiento de Chávez, resulta fácil asociar las alteraciones en la dinámica fronteriza con los cambios en la presidencia de Colombia. Sin embargo, resulta paradójico que los dos momentos en los que se han alcanzado los dos extremos del eje, coinciden con el período Chávez-Uribe (2002-2010).

La fase olvidada del chávez-uribismo

La llegada de Chávez al gobierno interrumpió a Colombia en el segundo año de la legislatura de Andrés Pastrana (1998-2002). Una legislatura caracterizada por la iniciación de un proceso de paz similar al que se está viviendo actualmente y que sin embargo no derivó en el acuerdo. La llegada de  Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela fue cualquier cosa menos de actitud conciliadora con lo que respectaba al estado colombiano ya que en un primer momento Chávez muestra una cierta complicidad con la guerrilla declarándose neutral en el conflicto. Esto significó de algún modo una “exacerbación de temores mutuos”, que frente a todo pronóstico dio un vuelvo con la llegada de Álvaro Uribe al gobierno de Colombia . Para entender las peculiaridades de esta etapa, es necesario comprender las personalidades de dos figuras que, lejos de comulgar en cuanto a alineaciones ideológicas, compartían otras muchas prácticas políticas. Ambos se alzaron como líderes incontestables, de corte casi mesiánico, dispuestos a conectar a través de un discurso más próximo con el pueblo.

Hugo Chávez Frías y Álvaro Uribe Vélez han sido dos de los presidentes más populares de América Latina en las últimas décadas [Foto vía Flickr].

Durante este primer tramo del chávez-uribismo, el ansia de colaboración derivó en la elaboración de mega-proyectos estratégicos como la construcción del canal interoceánico a través del cual Uribe, firme aliado y colaborador de los EEUU, estaba dispuesto a facilitar a Chávez la diversificación de destinos de importación del petróleo, reduciendo así su dependencia con EEUU. También data de esta etapa el sustancial incremento del comercio bilateral, el cual se triplicó respecto al período anterior, además de otros logros en el ámbito de lo social como la reducción de los índices de violencia en los territorios fronterizos gracias a los esfuerzos conjuntos por la eliminación de prácticas ilícitas como el contrabando de gasolina. Poco tienen que ver estos inicios en los que incluso casi se resuelve el conflicto del Golfo que había puesto en jaque a ambos países en 1987, con el giro que dan las cosas a partir del año 2005.

Entonces ¿qué fue lo que paso? ¿qué elemento desencadenó la escalada de tensión que se produjo a partir del año 2005? Como prácticamente todos los hitos históricos por los que ha atravesado Colombia en las últimas décadas, tuvo que ver con el conflicto armado.

El “caso Granda”: la entrada en la espiral de conflicto

El hecho que comenzó a resquebrajar las “ejemplares” relaciones diplomáticas fue la detención del portavoz de las FARC, Rodrigo Granda, por medio de las autoridades colombianas el 10 de diciembre de 2004. A pesar de que rápidamente se proliferara la noticia de que se trataba de un secuestro, tenido lugar en la cuidada de Caracas, inicialmente ambos países llegaron al acuerdo tácito de aceptar que la captura se había realizado en Cúcuta, región fronteriza colombiana – a donde, se supo, fue trasladado después.

Rodrigo Granda Escobar era considerado uno de los miembros con mayor influencia en las filas de las FARC en ese tiempo [Foto vía Diario Semana].

En un primer momento no parecía que se le diera importancia a ésta ni a otras cuestiones como a la de por qué un alto cargo de la guerrilla se encontraba en territorio venezolano o a la sospecha de que la operación de las fuerzas armadas colombianas se había llevado a cabo mediante el soborno. El comportamiento aséptico de ambos gobiernos no duró más que unos meses, en los cuáles comenzaron a suscitarse severas acusaciones por parte de diferentes grupos de presión en los dos países. Por un lado, desde Venezuela comenzó a circular la idea de que la detención de Granda en Caracas suponía una grave intromisión en la soberanía nacional, mientras que desde Colombia se consideraba que su presencia en Venezuela ponía en evidencia el apoyo de este país a las FARC. También las FARC realizaron comunicados manifestando su decepción con Chávez por no haber mediado en lo que se había considerado un secuestro por parte de las fuerzas armadas colombianas. Investigaciones posteriores demostraron que Granda contaba con cédula venezolana y que su presencia en Venezuela era consecuencia de la invitación al congreso bolivariano del 8 y 9 de diciembre. Al mismo tiempo se ponía en entredicho la actuación  legal de las fuerzas policiales colombianas, una vez confirmado que habían pagado de manera privada a funcionarios venezolanos para que colaboraran en el secuestro de Granda. En definitiva, los sucesos que tuvieron lugar en el año 2005 supusieron una escalada de la tensión en la frontera, que se llevó consigo cualquier iniciativa de colaboración que se pudiera haber dado con anterioridad.

A partir el registro de testimonios agresivos por parte de la clase dirigente en ambos países es innumerable. Las consecuencias de esta tensión fueron, desde la ruptura de las relaciones comerciales, hasta la movilización de armamento a la frontera, la cual se encontró cerrada en diferentes ocasiones. La crisis diplomático tuvo gran repercusión internacional tanto en organismos multilaterales como Naciones Unidas (NNUU), desde donde el propio Ban-Ki Moon llamó a ambos países a la reconciliación, o la Organización de los Estados Americanos (OEA), como la intervención de otros países vecinos como Brasil, Chile o Ecuador en sus intentos de mediar en la situación colombo-venezolana.

Apelando a la soberanía en el lado venezolano y a la seguridad desde Colombia y retomando la importancia de los liderazgos presidenciales, tanto Chávez como Uribe utilizaron la coyuntura internacional en sus discursos a nivel nacional Venezuela era sinónimo de guerrilla y Colombia de imperialismo norteamericano, imágenes de las que ellos querían alejarse para construir el futuro de sus países.

No es hasta la llegada de Santos en 2010 que se considera la entrada en una nueva etapa que de alguna manera puso fin a un conflicto que ninguno de los dos países podía resistir. Pasados tres días de que Juan Manuel Santos ganara las elecciones, Chávez se reunía con el en la Quinta de San Pedro Alejandrino (Santa Marta, Colombia) para poner fin a sus deferencias. Las consecuencias de esta etapa fueron devastadoras, y los daños prácticamente irreparables, dejaron a la frontera de Venezuela y Colombia en una situación cuando menos quebradiza para enfrentarse a lo que viene a partir de ahora.

Ésta es una publicación sin ánimo de lucro.



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