15/11/2019 BARCELONA

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Una mayor confluencia entre los Mundos árabe y occidental representa uno de los grandes retos de futuro de estas dos sociedades. Encontrar el equilibrio entre las dos riberas del Mar Mediterráneo, no solo pasa por fomentar la paz y la seguridad, sino también por alcanzar un modelo de desarrollo inclusivo que mejore las condiciones de vida a ambas orillas. Durante muchos años, el destino de Marruecos ha estado ligado a una elevada pobreza, inmigración irregular y a una permanente amenaza terrorista, sin embargo, el país norteafricano aspira hoy en día a ofrecer una nueva visión de país como garante de una estabilidad poco frecuente en la región fundamentada en un gran potencial en múltiples sectores.

Aliado tradicional de los Estados Unidos, el reino Alauí representa el primer país africano en número de turistas, superando por primera vez desde 2014 a Egipto y Sudáfrica; es también el tercer principal receptor de inversión extranjera directa y uno de los principales productores de energías renovables. A ello se suma el crecimiento de una pujante clase media, además de un ambicioso plan de modernización de infraestructuras (carreteras, trenes y sistemas de irrigación) que convierten a Marruecos en un país de vanguardia, sobre todo si se le compara con sus vecinos del continente. Sin embargo, Marruecos se enfrenta hoy a tres grandes desafíos de cuya solución dependerá en gran medida su futuro: una alta dependencia energética, profundos desequilibrios regionales y, por último, la necesidad de posicionarse como hub para África del Oeste para sacarle partido al gran crecimiento que está experimentando esta región del continente.

Dependencia energética: ¿oportunidad o lastre?

Al contrario de su vecina Argelia, rica en gas y petróleo, Marruecos no cuenta con estos recursos. Esto ha contribuido a generar un déficit comercial crónico debido al alto valor de la importación de hidrocarburos. Ello se ve incrementado por el hecho de que se trata de un país mayoritariamente agrícola (siendo uno de los principales suministradores en verduras, frutas y hortalizas a los países de la UE) donde el 40% de la población sigue viviendo en zonas rurales. Por ello, junto a la dependencia energética, la oscilación en el nivel de precipitaciones sigue siendo un factor diferenciador en términos de crecimiento del PIB. Independientemente, la ausencia de recursos energéticos puede considerarse también como una oportunidad. Marruecos, consciente de ello, ha decidido apostar firmemente por las energías renovables. De hecho, recientemente se aprobó el plan “Maroc2030” con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 de aquí a 2030, aumentando la utilización de energías renovables hasta un 50%.

Fuente de la imagen: wikimedia commons

Para abastecer de energía el país, se han instalado múltiples centrales eólicas en las zonas costeras y, en enero de 2016, se inauguró la primera fase de la Central solar de Noor I en Ouarzazate, un faraónico proyecto que, una vez culminado, se convertirá en la mayor central solar del mundo. Asimismo, el otro gran recurso del que carece Marruecos es el agua. Precisamente, con el fin de paliar los efectos de su escasez, cuenta con grandes hectáreas de regadío con enorme potencial para su modernización mediante innovadoras técnicas de irrigación que permitirán, entre otros aspectos, un mayor acceso al agua potable en zonas rurales.

Con el objetivo último de abastecer de energía a Europa, la financiación de múltiples infraestructuras por parte de instituciones multilaterales como el Banco Mundial (BM) o el Banco Africano de Desarrollo (BAFD) tienen la capacidad suficiente para convertir a Marruecos en un país de referencia en este ámbito. Este mismo año, la celebración en Noviembre del COP 22, la cumbre de Naciones Unidas sobre el Clima, que tendrá lugar en Marrakech será un buen medidor de los planes del Reino Alauí.

La corrección del desequilibrio regional

Si, por un lado, el problema del déficit energético requiere acciones a nivel conjunto, por otro, el desequilibrio regional ha sido un problema persistente. Las diferencias marcadas entre el Norte y el Sur, en gran parte debidas a la frontera existente entre los antiguos protectorados español y francés, se vieron acentuadas durante el reinado de Hassan II el cual, por desavenencias políticas, dedicó un gran empeño en fortalecer al sur, dotándolo de las mejores infraestructuras y personal cualificado. En consecuencia, el eje Rabat-Casablanca representó durante muchos años el único polo de riqueza real del país dejando al resto de regiones en un segundo plano. El advenimiento del nuevo monarca, Mohammed VI, cambió radicalmente la tendencia, consciente de que este desarrollo desigual sería perjudicial para el país a largo plazo.

Desde la pasada década, son muchos los proyectos lanzados para reforzar otras regiones periféricas. Destaca especialmente la modernización del puerto de Tánger. La antigua ciudad internacional ha recuperado parte de su esplendor gracias a la construcción de “TangerMed”, puerto que alberga hoy más de 3,5 millones de contenedores, siendo ya el mayor de toda África. Otros proyectos destacables son los planes inversión en la región oriental, antaño una de las menos desarrolladas,o la potenciación de Agadir como nuevo destino turístico de interés. A todo ello hay que añadir los ya tradicionales destinos de Fez y en especial Marrakech que convierten a Marruecos en un destino turístico de primer orden.

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Fuente de la imagen: wikimedia commons

Este conjunto de medidas ha contribuido a un desarrollo más homogéneo e inclusivo entre las distintas regiones. Pese a ello, es inevitable mencionar la catástrofe que han supuesto las grandes sequías de los últimos años, las cuales han acelerado el éxodo rural de una población con muy pocos recursos, que se ha desplazado mayoritariamente a la región de Casablanca.

Marruecos como puerta de entrada a África del Oeste

No obstante, no solo es relevante el crecimiento interno del país sino también el de sus principales socios. Durante décadas, Marruecos ha dado la espalda al continente del que forma parte: África. Como consecuencia de ello, su desarrollo ha estado estrictamente ligado al comercio con Europa, provocando que más del 60% de las exportaciones se dirijan al viejo continente. La reciente crisis financiera que ha azotado a Europa y, en especial, a Francia y España, primer socio comercial desde 2012, han tenido un profundo impacto en la economía marroquí.

Por un lado, se han estrechado los lazos de cooperación para proteger los intercambios comerciales con los socios tradicionales, lo que desembocó en la firma de los acuerdos para la liberalización del comercio de productos agrícolas y de pesca con la UE en 2012. No obstante, la necesidad de diversificar sus socios comerciales le ha hecho girar su mirada a África. En este sentido, África Occidental ejerce un papel preponderante y representa una de las regiones con mayor potencial de crecimiento a escala mundial. Marruecos, desde su posición geoestratégica, podría actuar como puente en esta relación entre Europa y esta zona del continente.

Fuente de la imagen: wikimedia commons

Con este objetivo, se han creado conexiones aéreas que conectan Marruecos con las principales capitales del África Subsahariana desde Casablanca, capital económica del país. Precisamente, la ciudad costera fue clasificada como la mejor ciudad africana en materia económica del continente contando con sedes de las principales multinacionales y Universidades de primer nivel que atraen a estudiantes de todo el continente.

Además, se han producido varias giras del Monarca por países como Costa de Marfil o Senegal, alcanzando multitud de acuerdos que han venido reforzando el posicionamiento del Reino Alauí. Sus inversiones en el resto de África se han desarrollado en sectores como el financiero, con el grupo Attijariwafa Bank ejerciendo de líder, el de las telecomunicaciones, donde despuntan grupos como Maroc Telecom o, incluso, el sector minero, siendo Marruecos principal exportador de fosfatos a nivel mundial. En conjunto, dicha estrategia ha tenido un balance positivo y, desde el 2008, el comercio con África Subsahariana se ha duplicado.

Una mirada optimista al futuro

Por lo tanto, son muchos los obstáculos que Marruecos tiene por delante, desde la desigualdad, la necesidad de mejorar el acceso a la educación o la falta de cohesión de los países del Magreb. Sin embargo, el futuro presenta muchas oportunidades: una mayor integración territorial, la minoración de la dependencia energética y una visión más optimista hacia África podrían ayudar en este sentido. Será cuestión de tiempo el comprobar si las medidas emprendidas convierten estos proyectos en una realidad.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

 


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