17/08/2018 BARCELONA

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Camión cargado con refugiados afganos que regresan a su país. [Imagen: Wikimedia Commons]

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El autor de este artículo, Daniel Raventós, es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, Against Charity (Counterpunch, 2018).



La propuesta de la renta básica universal e incondicional (RB), es decir, una asignación monetaria a toda la población sin ningún tipo de condición, ha obtenido la atención creciente a lo largo de los dos o tres últimos años de medios de comunicación, activistas sociales, partidos políticos y académicos. Una parte de la explicación puede entenderse porque la RB resulta espectacular: ¿dinero a cambio de “nada”? Pero otra parte de la explicación de esta atención masiva es menos superficial. Se trata de una combinación de razones viejas con otras mucho más recientes.

Empecemos por (algunas) de las viejas razones.

El fracaso de los subsidios condicionados

Para ser precisos, por fracaso debe entenderse la diferencia entre lo que pretendían y lo que han conseguido estos subsidios condicionados. Hay quien se siente muy molesto con esta crítica porque considera que los subsidios condicionados “han hecho mucho”. Sí, no se trata de negar una evidencia. Pero no es ese el punto interesante, sino el apuntado: los subsidios condicionados han mostrado sus limitaciones, que son muy grandes. ¿Qué limitaciones? Muchas, solamente apuntaré tres, por otra parte muy conocidas.

  • La trampa de la pobreza: Cuando se es perceptor de un subsidio condicionado, existe un fuerte desincentivo a buscar y realizar trabajo remunerado, pues ello implica la pérdida total o parcial del subsidio. En claro contraste, la RB funciona como una base o un suelo, no como un techo: la realización de trabajo remunerado no implica la pérdida de la RB con lo que el desincentivo a la actividad desaparece. Por cierto, se observará que indirectamente relacionado con este problema está el del pequeño fraude fiscal (para compatibilizar subsidio e ingreso remunerado) cuyo incentivo desaparece con una RB.
  • Costes administrativos inmensos de los subsidios condicionados: Esto es un viejo problema conocido. La condicionalidad implica control, el control implica gastos de gestión y administración.
  • La estigmatización asociada a los subsidios condicionados: la obligación a la que se enfrentan los candidatos a perceptores de tener que significarse, en las ventanillas de la administración, como “pobres” o como “enfermos” para no decir como directamente “culpables” de ser unos “fracasados”.

Una consideración general sobre los subsidios condicionados. La concepción de los subsidios condicionados es, básicamente, ayudar a los que han fracasado. A los que han caído. Porque se han quedado en el paro, porque no llegan a determinado nivel de renta, porque tienen algún problema de ingresos… Se supone que es algo más o menos extraordinario. Lo ordinario es vivir de un trabajo asalariado. La RB, en claro contraste, supone garantizar la existencia material de entrada, por el hecho de ser ciudadano o ciudadana. Garantizada la existencia material, podemos entrar en otras consideraciones, pero en primer lugar se trata de establecer esta garantía básica.

El trabajo asalariado ya no es garantía de salvarse de la pobreza

El incremento de los working poor es una constatación. Esto es, la población que, a pesar de contar con empleo legal, puede considerarse pobre. Tras las desregulaciones industriales y la destrucción del tejido productivo de amplias zonas geográficas acometidas principalmente a raíz de la Gran Recesión de 2008, además de las políticas económicas de recortes y austeridad impuestas desde la UE más que en EE.UU., la pobreza se ha extendido a nuevos sectores de la población, la mayoría de los cuales habían gozado de una posición socioeconómica relativamente cómoda durante los treinta años posteriores a la II Guerra Mundial, cuando el Estado de bienestar conoció su época más gloriosa en Europa. Cambio drástico: en el año 2015 la UE registraba un 13,2 % de trabajadores pobres.

Aumentaría el poder de negociación de los trabajadores y de muchas mujeres

Esta vieja razón a favor de la RB requeriría de una cuidadosa explicación, pero de forma escueta puede apuntarse: la seguridad en los ingresos que la garantía de una RB supone impediría que los trabajadores se viesen impelidos a aceptar una oferta de trabajo de cualquier condición. En cuanto a las mujeres: una RB conferiría a una buena parte de este gran y heterogéneo grupo de vulnerabilidad social que forman las mujeres una independencia económica de la que actualmente no disponen. Y sabemos que muchas mujeres no se liberan de su pareja maltratadora porque dependen económicamente de ella.

Pancarta reivindicativa de la Renta Básica [Imagen vía Flickr].

Continuemos por (algunas) de las nuevas razones.

Proliferación de experimentos sobre la RB

En los últimos años se están poniendo en marcha experimentos (muy parciales) de RB. Finlandia, Barcelona, Utrecht, Namibia… Eso hace mucho ruido y ha motivado que la RB aparezca a veces de forma sensacionalista en muchos titulares de prensa. En breve: son experimentos que pueden ilustrar sobre algunos aspectos muy parciales de la RB, como la actitud ante el trabajo remunerado. Pero es evidente que no pueden informar sobre los efectos fiscales, la libertad para toda la población que supondría y los cambios en la vida de muchas personas, el poder de negociación de trabajadores y muchas mujeres en sus puestos de trabajo, los efectos sobre unos salarios (que aumentarían) y sobre otros (que disminuirían), la disminución de la aversión al riesgo para emprender pequeños negocios… Pero, como queda dicho, estos proyectos al menos han servido para dar a conocer, aunque sea de forma distorsionada, la RB.

La mecanización (robotización) de muchos puestos de trabajo

Proliferan los informes y estudios sobre la substitución en un período de tiempo más o menos corto de multitud de puestos de trabajo. Y no todos de baja calificación. Aunque hay opiniones discrepantes, un porcentaje muy importante de estudiosos se inclinan a concluir que las máquinas supondrán más pérdidas de empleo que los puestos de trabajo que serán creados debido a esta mecanización. Esta perspectiva ha motivado que la RB sea vista como una alternativa a tener en cuenta.

Las condiciones de vida y trabajo cada vez peores de buena parte de la población no rica

Aunque se habla de recuperación económica, las condiciones la gran mayoría de la población son peores que antes del estallido de la gran crisis hace una década. Aquí la evidencia estadística es tan abundante que no vale la pena detenerse. Esta realidad también ha motivado que la RB sea vista por cada vez más personas como una medida de aplicación inmediata para hacer frente a esta situación.

“¿Qué harías si no tuvieras que preocuparte por tus ingresos?” Plaza de Plainpalais, Ginebra (Suiza), el día del referéndum sobre la introducción de una renta básica universal [Foto vía EFE].

Algunas consideraciones adicionales

Desde que la RB empezó a estudiarse seriamente (pongamos una fecha si se quiere simbólica: 1986, que es cuando se funda la Basic Income European Network, hoy “Earth” en vez de “European”, y con más de 30 secciones en todos los continentes) se han realizado una serie de críticas filosóficas y económicas a la RB que han sido contestadas a lo largo de estos más de 30 años. Algunas de las más habituales son: las personas no trabajarían, no habría incentivos para la innovación y la inversión (sí, parece broma, pero esta crítica es muy querida especialmente por la derecha), las personas se dedicarían a actividades indeseables (esta crítica paternalista puede encontrarse tanto en alguna derecha como en alguna izquierda), las mujeres volverían a sus casas abandonando el trabajo asalariado (algunas feministas realizan esta crítica, mientras que otras la rebaten siendo firmes defensoras de la RB)… Pero si alguna de las críticas ha sido más persistente es la de “no se puede financiar”. Y por eso merece un apartado especial.

A finales de 2017 publiqué con Jordi Arcarons y Lluís Torrens un estudio (La renta básica incondicional, una propuesta racional y justa. Serbal, 2017) sobre cómo se podría financiar una RB en el Reino de España. Un brevísimo resumen es el siguiente.

Los resultados están basados ​​en una muestra de casi dos millones de liquidaciones o perceptores de rentas del trabajo o asimiladas no declarantes pero retenidas por el IRPF. Los datos de esta muestra fueron cedidos por el Instituto de Estudios Fiscales (IEF) y la Agencia Estatal de la Administración Tributaria (AEAT).

La RB que pretendemos financiar es una asignación monetaria incondicional a toda la población: ciudadanía y residentes acreditados. Todo miembro de la ciudadanía y toda persona residente acreditada recibiría esa cantidad monetaria incondicionalmente. Los criterios que queríamos que cumpliese la propuesta eran los siguientes:

  1. Que la implantación de la RB se autofinancie, es decir, que no genere un déficit neto estructural.
  2. Que su impacto distributivo sea muy progresivo.
  3. Que más del 50 por ciento de la población con menos ingresos gane renta neta respecto a la situación actual.
  4. Que los tipos impositivos reales o efectivos tras la reforma del modelo (es decir, una vez considerados no sólo los nuevos tipos nominales del IRPF, sino también el efecto de la RB) no sean excesivamente elevados.

Además, el modelo econométrico y el microsimulador que diseñamos para analizar los resultados se sustentan en los siguientes criterios:

  1. La cantidad de RB transferida es igual o superior al umbral de riesgo de pobreza. Garantiza pobreza cero en términos estadísticos para toda la ciudadanía.
  2. La RB transferida no está gravada por el IRPF.
  3. La RB transferida sustituye toda prestación pública monetaria de cantidad inferior y hasta esa cantidad.
  4. La RB transferida deberá ser complementada, cuando sea inferior a la prestación pública monetaria.
  5. La RB transferida no debe suponer la detracción de ningún otro ingreso público por la vía del IRPF. O dicho a la inversa: el modelo deberá financiar lo que ya se financia actualmente (sanidad, educación… y todas las otras partidas de gasto público), además de la RB que se propone.

La cantidad de RB para los mayores de 18 años es de 7.471 euros anuales (622,5 euros mensuales), para los menores de edad es el 20% de la anterior (124,5 euros mensuales). Los 622,5 euros mensuales era el umbral de riesgo de pobreza del Reino de España para el año 2010 (cálculos más recientes para el año 2017 no hacen variar excesivamente las conclusiones).

Representación gráfica de la redistribución de la renta que lleva a cabo la RB [Imagen vía Flickr].

Los resultados muy resumidos de nuestro estudio de financiación a partir de las especificaciones mencionadas, se pueden esquematizar de la siguiente manera:

Es posible financiar una RB para todas las personas adultas que residen en el Reino de España de 7.471 euros al año, y de 1.494 euros al año para los menores de edad.

Un porcentaje superior al 80% de la población total saldría ganando con la reforma. El 20% más rico sería la parte de la población que saldría perdiendo. Quien realmente ganaría más de forma proporcional sería quien no tiene nada absolutamente: 7.471 euros anuales de RB que no quedarían sujetos al IRPF. Así que la reforma propuesta significa una gran redistribución de la renta de los sectores más ricos en el resto de la población.

Hay que insistir que la financiación de esta propuesta de RB se concreta mediante una gran redistribución de la renta, no mediante creación de masa monetaria ni deuda. Se produce transferencia de renta del 20% más rico al resto de la población. El efecto más visual de esto es que se consigue una drástica reducción de la desigualdad de renta: el índice de Gini disminuye más de 11 puntos, situándose en el 0,25, un nivel muy similar al de los países escandinavos.

¿Financiar la RB es cara? Una curiosidad: el porcentaje del PIB español que se estima en paraísos fiscales (“Who Owns the Wealth in Tax Havens? Macro Evidence and Implications for Global Inequality”, Annette Alstadsæter, Niels Johannesen, Gabriel Zucman) es del 12%. Es decir unos 139.639.440.000 euros en al año 2017. ¿Nos hacemos a la idea de lo que decimos cuando afirmamos que financiar la RB es “cara”? Algo que sería deseable que respondieran los que aseguran que es cara: el coste de no implantar la RB, ¿no es caro?

Artículo de Daniel Raventós para United Explanations.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Según la revista Forbes, en boca de Nathan Lewis de Economía del Nuevo Mundo, el mejor sistema monetario del mundo fue el Sistema de patrón oro Mundial de los finales del Siglo XIX (1870 a 1914). El autor afirma que este sistema implantado entre 1880-1914 no produjo ningún tipo de “saldo” en la ” balanza de pagos” – en otras palabras, no había ni déficit, ni superávit. La inflación fue la más baja de la historia y no había “mecanismo de precios” pues, con todos los países básicamente con la misma moneda – el oro como patrón de valor – y también con fundamentos legales y reglamentarios normalizados por el gobierno imperial europeo, el comercio y la inversión internacional fue fácil.

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El patrón oro se abandonó porque la obligación de canjear en oro limitaba la impresión del dinero en ocasiones en las que el gobierno consideraba conveniente imprimir más (ya fuera acertada o erróneamente). Desde entonces la historia de los sistemas monetarios internacionales podría sintetizarse de la siguiente forma:

  1. La época del patrón oro (1870-1914)
  2. El período de entreguerras (1918-1939)
  3. El periodo tras la II Guerra Mundial durante el cual los Tipos de Cambio se fijaron según el acuerdo de Bretton Woods (1945-1973).

A partir de 1973: Tipos de Cambio flotantes. es un régimen en el que se permite que el valor de una divisa fluctúe respecto al valor de otras divisas de acuerdo al mercado de divisas.

Un divisa sujeta a régimen de tipo de cambio flotante es conocido como divisa flotante o flexible, en contraposición con el tipo de cambio fijo.

Durante el siglo XX, y ahora en el XXI, ningún banco central en el mundo ha sido capaz de igualar la época entre 1870 y 1914.

¿Existe un patrón superlativo al patrón oro?

En 1987, The Economist planteó que para el año 2017 debería haber una moneda mundial, por ejemplo el Fénix, con tipos de cambio en una banda estrecha para estabilizar los cambios entre las cinco divisas que en las próximas décadas tendrán economías con cuotas similares y podrán disputarse la hegemonía del Sistema Monetario Internacional (SMI) entre el dólar, el euro, el yen, el yuan, y la rupia. Podría decirse que esta propuesta, de ser posible, sería el superlativo actualizado más similar al sistema del patrón de oro.

¿Es posible?

Actualmente hay más de 5.000 sistemas de monedas locales, con lo cual es, cuanto menos, complicado. Incluso, hay sistemas como en Japón y Brasil que están lanzando 200 bancos de doble moneda: hay una moneda local y una moneda nacional. En Japón hay 700 sistemas, la mayoría para producto social, 480 que se usan para proveer servicios para los ancianos (teniendo en cuenta que es el país que envejece más rápidamente en el mundo, no parece tan mala medida) creando un dinero que se llama “unidad de relación cordial”. Es decir, la realidad es mucho más compleja desde la Época del Patrón Oro y crear un superlativo de este sistema, es harto complicado.

¿Qué patrón monetario universal sería fehaciente hoy día? 

Son numerosas las teorías que replantean un nuevo sistema monetario y quizá no merece la pena mencionarlas todas, pero sí los denominadores comunes con más seguidores. A destacar los siguientes:

  1. Abandonar la primacía del dólar estadounidense como moneda clave del sistema, por los desequilibrios internacionales que esta situación genera. Muchos expertos abogan por acabar con el lugar privilegiado otorgado al dólar para crear un sistema monetario internacional más neutral y equilibrado, que permitiera a todos los países financiar en régimen de igualdad sus déficits corrientes utilizando las mismas reglas. Una medida en este sentido, adoptada en la cumbre del FMI de 1967 en Río de Janeiro, fue la creación de los Derechos Especiales de Giro (DEG).
  2. Restringir el poder internacional que ejerce el FMI, como causante de regresiones en la distribución del ingreso y perjuicios a las políticas sociales, especialmente, los condicionamientos que impone a los países en vías de desarrollo para el pago de su deuda o en otorgar nuevos préstamos. Problemática: la institución en sí no es el problema, pues resulta necesaria; el problema, es la mala gestión de las personas que la integran, pues siguen siendo necesarias funciones que se le atribuyeron al nacer como fomentar la cooperación monetaria internacional, facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional, fomentar la estabilidad cambiaria, coadyuvar a establecer un sistema multilateral de pagos y poner a disposición de los países miembros con dificultades de balanza de pagos (con las garantías adecuadas) los recursos de la institución. Si no es el FMI, otra entidad habrá de desempeñar este papel a nivel internacional.
  3. Vincular el sistema monetario con la economía productiva o real. Tomemos como ejemplo una de las más importantes: los sistemas de moneda internacional basada en materias primas (teorías de J.M. Keynes, N. Kaldor, P. Mendès-France, o B. Lietaer). Problemática: todas ellas requieren de matizaciones importantes en la actual perspectiva de agotamiento de los recursos materiales y de acercamiento a los límites biofísicos del planeta, pues sobrevaloran la extracción (comercialización y venta) frente a la reposición de los recursos naturales (la elaboración, el valor del suelo agrícola y la agricultura), teniendo el primero mucho menor coste físico que el segundo, y generando un desequilibrio y fomentando la polarización social y territorial.
  4. Retirar el poder de emisión de los bancos. Numerosos expertos han tratado de defender esta postura, sobre la que constantemente surgen variantes que la defienden y que adquieren numerosos seguidores (es el caso de Positive Money, de Ben Dyson, muy aclamada por su buen marketing pero que realmente no aporta nada nuevo). Problemática: lamentablemente se dice que el poder lo tienen los dueños del capital y efectivamente es por eso por lo que el poder financiero ha podido hacer lo que ha querido sin que las corrientes en contra hayan sido capaces de centralizarse en una misma fuerza para ganar seguidores. Este es el caso de corrientes o campañas como Positive Money, Bank Run 2010, Moveyourmoney Campaing, o BitCoin (primera criptodivisa descentralizada). Muchas medidas que aboguen por lo mismo supone una ventaja para mantener el sistema bancario actual, pues descentralizan fuerzas en pro de ganar sus propios seguidores, y en contra de conseguir lo que estas mismas campañas abogan. No existe por tanto una centralización a favor de esta medida que pueda hacer factible esta necesidad.
  5. Alternativas diferentes al dinero. Merecedoras de mención, este es el caso de las comunidades de trabajo asociado como por ejemplo Sinergia 360, una cooperativa de trabajo asociado que ha creado su propia moneda. Problemática: aunque ha tenido mucho éxito en muchos colectivos minoritarios, para la mayoría esta no es una opción pues el derecho de usufructo ha quedado muy arraigado tras la implantación del sistema capitalista.
  6. Homogeneización del sistema monetario internacional – heterogeneización del sistema monetario local. En esta interesante tendencia lo que se defiende es que hay que crear enlaces entre usos no utilizados y necesidades que no están cubiertas por el dinero como lo conocemos hoy en día. Según Bernard Lietaer, la idea de tener una sola moneda para hacer todo lo que necesitamos en una sociedad es una idea que ya no vale. Todas las monedas nacionales tienen la misma estructura, el mismo proceso de creación, es el proceso de creación de moneda a través de deudas bancarias y los bancos son todos similares. Es eficiente en volumen, pero es inestable. Un buen ejemplo es Suiza, donde hay dos monedas desde hace 75 años: las empresas utilizan una moneda entre ellas para identificar crédito y débito entre ellas y ninguna tiene relación con los bancos (uno de los grandes secretos de la estabilidad económica de Suiza). Problemática: La descentralización de un sistema monetario, implicaría también la descentralización de impuestos, y los altos niveles de corrupción en el poder hoy día prohíben crear otro tipo de monedas por este motivo, fundamentalmente.

¿Quiere decir esto que no hay alternativas?

A la pregunta de qué sistema monetario es el mejor hoy día, la respuesta es que no se puede conocer si una alternativa es viable a priori, pues no se puede saber que lo que se proponga será factible sin conocerlo ni experimentarlo.

Pero el desarrollo desmesurado del mundo de las finanzas y la desvinculación cada vez mayor de la economía financiera de la “economía real” y de la economía biofísica (que es el coste ecológico y termodinámico de un sistema económico no sustentable), dibujan un horizonte planetario alarmante de crisis especulativas, de desigualdad y deterioro ecológico crecientes. Por tanto, un sistema monetario que sea capaz de generar un desarrollo sustentable es sin duda la meta más aclamada, y los obstáculos para llegar a ella no son ni gobiernos, ni bancos, sino mucho más poderosos: nosotros mismos.

Una propuesta interesante a destacar, es la creación de una moneda de reserva internacional que sustituya al dólar, defendida por Joseph Stiglitz. Sin embargo la historia ha demostrado que “sin base social suficiente no hay sociedad que pueda existir de forma duradera, por muy atractiva que sea en apariencia” (Tablas, 2007), de lo que se deduce que necesariamente el cambio tiene que estar dirigido o, al menos, apoyado por un espectro suficientemente grande de personas. Un buen ejemplo para conseguir esto sería la fusión de todas las corrientes, asociaciones y movimientos con fundamentos de base comunes para que, en lugar de diversificarse y descentralizarse más, identifiquen y analicen las áreas de oportunidad entre todas ellas, generando alianzas y una relación de retroalimentación y crecimiento entre todas.

Imagen de portada: coinweek.com.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro



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