20/10/2018 BARCELONA

Derechos Humanos archivos - United Explanations
Portadas de los libros El día de mañana, Jo confesso y Els barcelonins. [Fotocomposición de propia elaboración].

Manuel Herrera03/09/2018
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El joven príncipe heredero Mohammed bin Salmán ha querido mostrarse al mundo como un reformista y el máximo exponente de la modernización de Arabia Saudí. Sin embargo, los cambios políticos que ha llevado a cabo han resultado superficiales e insuficientes y los abusos de los derechos humanos siguen a la orden del día en el país.


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El pasado 25 de marzo se cumplió un año del inicio del conflicto armado en Yemen. Sin embargo, para entender lo que ha ocurrido durante este tiempo, no es suficiente con relatar los hechos a partir del mismo día en el que dio comienzo la guerra en sí. En ese orden de ideas, conviene empezar por decir que la actual Yemen se conformó en 1990, cuando la República Árabe de Yemen, en el norte, y la República Democrática de Yemen, en el sur, se unificaron.

En principio, la unión de las dos naciones suponía la pacificación del país, pero lo cierto es que nos encontramos con una nación dividida, no solo por el accidente geográfico —montañas y llanuras dividen el país— sino, además, por la confrontación entre el estilo de vida tribal y el modelo occidental de estado tradicional o entre el chiísmo hutí y el sunismo shafita.

De hecho, esta división tribal marca la diferencia entre la Yemen de ayer y de hoy. Los hutíes son musulmanes chiítas cuyo centro de poder ha sido el norte del país y que, además, históricamente han sido más pobres —en términos socioeconómicos— al encontrarse en la región montañosa, más tradicional y con menos contacto con el mundo. Por el contrario, al sunismo shafita —al que pertenece la mayoría de la población— le ha correspondido históricamente la región con mayor desarrollo socioeconómico, en parte gracias al importante puerto de Adén y, por ende, a la región costera del país.

Ataque aéreo en Sana [Foto: ibrahem Qasim vía Flickr]

Esta contradicción es una característica transversal de la actual Yemen, es parte de su ADN. De hecho, en 1990 cuando se unifica Yemen (del norte y del sur) en una sola república, el presidente que llega al poder es Ali Abdullah Saleh, quien anteriormente había sido por doce años el presidente de Yemen del Norte y quien será hasta 2011 el más alto mandatario del país. Saleh sufrirá, solo tres años más tarde de su toma de poder, la renuncia del vicepresidente Ali Salem Al Beidh, originario del sur del país. Las tensiones entre norte y sur comenzaron entonces, pero no fue hasta el 2009, durante el sexto conflicto armado, el momento en el que que Arabia Saudí decidió participar abierta y activamente por primera vez lanzando ataques aéreos contra los hutíes (chiítas). Dos años después, durante protestas que se llevaron a cabo en todo el país, el presidente Saleh dimite y llega al poder Abd Rabbu Mansour Hadi. A pesar de este cambio de gobierno, los choques no cesan.

Es 2014 el año que marcará el punto de no retorno para Yemen en la guerra civil actual: los hutíes convocan una serie de protestas después de que hubiera un recorte gubernamental a la subvención de los combustibles. En este momento, avanzan hacia el sur de la capital Saná y, una vez tomada, disuelven el parlamento y proclaman un gobierno de transición. Tras la intensificación del conflicto entre hutíes y sus detractores, el presidente Hadi pide la intervención militar de los estados árabes y del Golfo para acabar con la oposición y, supuestamente, poner fin a la guerra civil. Esto explica la intervención de la coalición militar dirigida por Arabia Saudí que en vez de solucionar la situación consigue que el conflicto armado se extienda por la totalidad del país.

De esta manera, el pasado marzo se cumplía un año desde que se empezó a hablar del más reciente conflicto interno yemení. Sin embargo, la evidencia empírica demuestra que es una disputa que lleva muchos más años activa y, como en toda guerra, los civiles son los que tienen las de perder. Varias ONG, incluyendo Amnistía Internacional, han denunciado que las violaciones de derechos humanos son sistemáticas por parte de todos los actores del conflicto. Además, el derecho internacional humanitario se está incumpliendo de manera reiterada por medio de ataques armados indiscriminados contra poblaciones civiles enteras. De hecho, según la ONU, cerca del ochenta por ciento de la población necesita algún tipo de ayuda de carácter humanitario.

Campo de refugiados en el norte de Yemen [Foto: IRIN Photos vía Flickr]

En síntesis, el conflicto yemení, tiene que ver con una división geopolítica pero también religiosa, que involucra a otros países y que se ha desencadenado en un conflicto armado interno muy sangriento y que, como tal, afecta principalmente a la población civil de ambos lados.

De hecho, los ataques de Arabia Saudí y las constantes declaraciones a favor de la población chií en Yemen del Ayatollah Ali Khamenei, dan cuenta del conflicto geopolítico entre dos visiones del islam, el sunismo y el chiísmo, representados en la disputa por el liderazgo regional de Irán y Arabia Saudí. Por lo tanto, podemos decir que la historia conflictiva yemení ha estado ligada siempre al conflicto entre la parte de la población minoritaria chií y la mayoritaria suní. La diferencia en el conflicto actual ha sido la exacerbación del conflicto armado por parte de la coalición saudí, quienes al ver el avance de los rebeldes chiítas, simplemente entraron a apoyar al gobierno sunita del presidente Hadi.

Algunas cifras humanitarias

Tal y como se planteaba anteriormente, la población civil ha sido la más afectada por el conflicto armado. De hecho, Amnistía Internacional calcula que son más de tres mil los muertos durante el conflicto armado, que vale la pena recordar, solo lleva un año activo, es decir, está siendo un conflicto especialmente violento.

Dentro de esta cifra, lo más triste es que son más o menos setecientos los niños muertos. Así como 2,4 millones los desplazados internos. Esto se traduce en que el 83% de la población necesita algún tipo de ayuda humanitaria, ya sea por falta de agua, comida, refugio, combustible o saneamiento.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Los seguidores de la religión bahá'í, una de las más seguidas en el mundo, viven una silenciosa situación de persecución social y cultural en Irán. Sus características le impiden hacer frente a las agresiones con más herramientas que la difusión de su mensaje y la educación de sus valores, independientemente del lugar del mundo en el que se encuentren.


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Amnistía Internacional ha anunciado que apoyará la despenalización de la prostitución para defender los derechos de las mujeres que la ejercen, mientras otras organizaciones y líderes feministas advierten de que puede perpetuar la violencia machista. Exploramos diferentes regulaciones de este asunto.


Anna Medrano04/02/2015
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Durante el Foro Universal de las Culturas de Barcelona 2004, el Institut de Drets Humans de Catalunya organizó unas jornadas de diálogo con el título “Derechos Humanos, Necesidades Emergentes y Nuevos Compromisos”. El resultado fue el Proyecto de Carta de Derechos Humanos Emergentes, un documento que durante los tres años siguientes se debatió en diferentes espacios de discusión. Finalmente, en el marco del II Foro Universal de las Culturas, celebrado en Monterrey en 2007, se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes.

Los valores

El texto se basa en un conjunto de valores, como la dignidad, la igualdad, la convivencia, la paz y la libertad. Debemos referirnos, también, a los principios transversales que sirven para su interpretación. Se introducen algunos principios novedosos, así como otros clásicos ya incluidos en muchos instrumentos de derechos humanos, como el principio de no discriminación, el de solidaridad o el de participación. Entre los principios nuevos, hallamos el principio de coherencia, que aboga por la interdependencia de todos los derechos humanos y por la no jerarquización entre ellos. Por su parte, el principio de horizontalidad reivindica el cumplimiento de los derechos humanos en todos los niveles: local, nacional, regional e internacional. Por último, el principio de exigibilidad insta a los Estados a desarrollar mecanismos de garantía para impedir que los derechos tengan, tan solo, un carácter programático.

El elemento central de la Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes es la democracia. En el derecho internacional, se han protegido algunos derechos individuales relacionados con la democracia, como el derecho a participar en la dirección de los asuntos públicos, contenido en el Artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966). No obstante, el reconocimiento internacional del derecho a la democracia es limitado.

El contenido

Título I: Derecho a la democracia igualitaria

Este Título comprende el derecho a la existencia en condiciones de dignidad, el derecho a la paz, el derecho a habitar el planeta y el medio ambiente y el derecho a la igualdad de derechos plena y efectiva. Aquí aparecen algunas cuestiones de completa actualidad como el derecho a la renta básica o ingreso ciudadano universal, que posibilita que todas las personas, independientemente de su edad, sexo o condición civil o laboral, puedan tener una vida en condiciones  materiales de dignidad.

Título II: Derecho a la democracia plural

Este derecho incluye, a su vez, algunos otros, como el derecho a la pluriculturalidad, entendido como el derecho a vivir en un entorno de riqueza cultural, de conocimiento recíproco y de respeto mutuo entre personas de distintos orígenes. Otros derechos comprendidos en este Título son, por ejemplo, el derecho individual a la libertad cultural, el derecho a la información y a la comunicación, el derecho a la libertad de conciencia y religión, el derecho al honor y a la imagen propia de los grupos humanos o el derecho de los pueblos indígenas, de los afroamericanos y de las minorías a medidas especiales de reconocimiento.

Título III: Derecho a la democracia paritaria

Aquí encontramos el derecho a la igualdad, el derecho a la autodeterminación personal y el derecho a la diversidad y autonomía sexual. Éste reconoce el derecho de todos a ejercer su orientación sexual y a la adopción de niños sin discriminación; el derecho a la elección de los vínculos personales, que se refiere a la libertad en el acto del matrimonio; el  derecho a la tutela de todas las manifestaciones de comunidad familiar, que alude al derecho al reconocimiento y tutela de la familia por parte de las autoridades públicas independientemente de la forma de familia adoptada; el derecho a la salud reproductiva, que engloba, entre otros, el derecho de las mujeres a acceder a servicios de salud reproductiva y ginecológica; y el derecho a la representación partitaria.

Three Dead Monkeys [Foto: Hani Amir. Vía Flickr]
Three Dead Monkeys [Foto: Hani Amir. Vía Flickr]

Título IV: Derecho a la democracia participativa

Dentro de este derecho, se enuncian el derecho a la ciudad, el derecho a la movilidad universal, el derecho universal al sufragio activo y pasivo, el derecho a ser consultado, el derecho a la participación, el derecho a la vivienda y a la residencia, el derecho al espacio público, el derecho a la movilidad local y a la accesibilidad, el derecho a la conversión de la ciudad marginal en ciudad de ciudadanía y el derecho al gobierno metropolitano o plurimunicipal. Comprobamos, nuevamente, cómo varios de estos derechos constituyen algunas de las principales exigencias de la sociedad civil organizada.

Título V: Derecho a la democracia solidaria

Los derechos principales son, aquí, el derecho a la ciencia, la tecnología y el saber científico, el derecho a participar en el disfrute del bien común universal y el derecho al desarrollo. En este sentido, el profesor universitario Miguel Ángel Martín López sostiene que el derecho al desarrollo pone énfasis en la persona, pero que debe entenderse como un derecho del pueblo en su conjunto. Más allá del crecimiento económico, hoy en día el desarrollo implica, en palabras de Mahbub Ul Haq, un ambiente adecuado para que la gente viva una vida larga, creativa y saludable. Para Martín López, la participación popular es una condición necesaria del derecho al desarrollo, que también incluye el derecho del pueblo a la soberanía permanente sobre sus recursos naturales.

Título VI: Derecho a la democracia garantista

Este Título está integrado por los siguientes derechos: el derecho a la justicia internacional y a la protección colectiva de la comunidad internacional, el derecho y el deber de erradicar el hambre y la pobreza extrema, el derecho a la democracia y a la cultura democrática, el derecho a la verdad y a la justicia, el derecho a la resistencia, el derecho y el deber de respetar los derechos humanos, el derecho a un sistema internacional justo y el  derecho a la democracia global. Este último derecho implica que los seres humanos y las comunidades o pueblos tienen derecho a un sistema internacional democrático basado en los principios del derecho internacional.

Los objetivos

Este documento pretende responder a los desafíos de la globalización en materia de derechos humanos. El texto proviene de la sociedad civil y reúne reivindicaciones ya propuestas por parte de numerosos movimientos sociales desde hace años. Así pues, la Declaración es, esencialmente, participativa.

El texto no quiere desbancar o derogar la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), sino que busca su actualización. Por este motivo, recoge derechos ya plasmados en anteriores documentos internacionales con la intención de darles fuerza y adaptarlos a las sociedades de hoy. En definitiva, la Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes abarca derechos sumergidos que emergen y nuevos derechos emergentes.

Human Rights [Foto: Zack Lee, vía Flickr]
Human Rights [Foto: Zack Lee, vía Flickr]

Entre la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes ha pasado más de medio siglo. Mientras que el mundo de mediados del siglo XX se ordenaba alrededor del concepto de Estado-nación, el siglo XXI se caracteriza por una gran complejidad. Desde este punto de vista, destaca el debilitamiento de muchos Estados, con problemas de corrupción e inestabilidad, al mismo tiempo que muchas relaciones transnacionales escapan del control de los gobiernos. Las empresas internacionales y los nuevos agentes financieros definen políticas económicas que afectan a todo el planeta. Paralelamente, la pobreza y la desigualdad socioeconómica se han convertido en algunas de las vulneraciones de Derechos Humanos más preocupantes. Asimismo, la efectividad de los derechos se ha puesto en duda y el asunto de las violaciones de derechos humanos por parte de los Estados no se ha resuelto. Por ello, la Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes opta por preservar y a la vez renovar la Declaración Universal de 1948.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Ni los derechos ni su ejercicio son absolutos. Grosso modo, los derechos se limitan entre ellos mismos en el momento de su ejercicio siguiendo la filosofía kantiana de los límites de la libertad, cuando el propio filósofo afirmaba que la libertad de acción y ejercicio del derecho de un individuo, termina donde comienza la libertad de arbitrio del otro. En base a ello, se ha establecido el sistema de derechos, deberes y libertades de las democracias occidentales. Ahora bien: el debate reside en la estipulación de esos límites, o qué elementos componen esa vara de medir, algo aún más significativo si tratamos de la libertad de expresión.

Libertad de expresión, blasfemia y libertad religiosa

“Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo” es quizá una de las citas más famosas de Voltaire. Queda en ella reflejada la importancia, en esencia, de la libertad de expresión y su trascendencia en ser defendida para una sociedad más libre, y por ende, más democrática y justa. No obstante, la libertad de expresión es uno de los derechos humanos más vulnerados, y sus profesionales así como ciudadanía, los más perseguidos y represaliados por su ejercicio. Según datos de Reporteros Sin Fronteras, sólo en lo que llevamos de año, ya han sido asesinados 8 periodistas y 177 han sido encarcelados.

Las matanzas indiscriminadas de los terroristas en Oriente Medio contra la población musulmana no alineada al extremismo es deplorable y una manifestación de censura a través del terror contra la libertad de expresión. El deleznable suceso en París del asesinato terrorista contra los caricaturistas de la revista Charlie Hebdo es otro ejemplo, igual de atroz, contra el ejercicio de la libertad de expresión, injustificable -qué duda cabe- incluso aunque la propia revista hubiera, en alguna de sus publicaciones, vulnerado alguna de las libertades de la ciudadanía francesa o mundial. Pero no fue el caso.

Haciendo mención a las caricaturas de Mahoma, para aquellos que argumentaron burla o blasfemia, cabe recordar que no existe una base jurídica sobre la que se afirme o demuestre que la blasfemia sea un límite a la libertad de expresión. La blasfemia consiste en el comportamiento irrespetuoso y hostil contra los sentimientos religiosos por lo que se supone un límite a los mismos, y su debate por lo tanto, encajaría entonces en la vulneración de la libertad religiosa.

Homenaje a Charlie Hebdo en Lyon [Foto: Ad Ri vía Flickr]
Homenaje a Charlie Hebdo en Lyon [Foto: Ad Ri vía Flickr]

En ese caso, se tendría que establecer de qué modo la blasfemia supone una vulneración a este derecho en cualquiera de sus formas de ejecución, responsabilidad que recae en la soberanía de cada Estado puesto que ésta, no está reconocida como limitación de derechos en todos los países. Así por ejemplo, en Europa la blasfemia sigue siendo punible en Austria, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Italia, Países Bajos e Irlanda.  De este modo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) respaldó controvertidas sentencias de Austria y Reino Unido (éste último abolió la blasfemia como causa punible en 2008) que establecían que la blasfemia, en estos casos contra la religión católica, sí constituía un límite a la libertad de expresión (ver sentencias del TEDH Otto Preminger v Autria y Wingrove v The United Kingdom).

Por otro lado, la mofa, el humor, burla, sátira, ironía o simple manifestación o disentimiento de opiniones no es, ni puede ser censurado en una democracia o Estado en aras de convertirse en democrático, algo cada vez más común incluso en países occidentales, como por ejemplo, el polémico caso de España con la nueva Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana, más popularmente conocida como “Ley mordaza”. Es más: no existe tampoco base jurídica dentro del Derecho Internacional o del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, que justifique que la ofensa o estupor que un ciudadano sienta hacia ciertas manifestaciones de expresión a través de la burla, sean un límite como tal a la libertad de expresión, sino que esa misma disconformidad es parte inalienable de la libertad de expresión en sí misma, por lo que los poderes públicos tienen el deber de protegerla y ampararla.

Concentración solidaria contra los atentados a Charlie Hebdo en Plaza Luxemburgo, Bruselas [Foto: Valentina Calá vía Wikicommons]
Concentración solidaria contra los atentados a Charlie Hebdo en Plaza Luxemburgo, Bruselas [Foto: Valentina Calá vía Wikicommons]

El ejercicio de la libertad de expresión es requisito indispensable y necesario dentro de una sociedad democrática, y así queda recogido en las más importantes normas internacionales. Pero atendiendo al límite como tal, éste tampoco se puede medir por las repercusiones posteriores y desconocidas que ciertas manifestaciones o publicaciones gráficas o escritas puedan tener. Y los límites que cada Estado pueda imponer a este derecho dentro de su ordenamiento jurídico, tienen que estar perfectamente delimitados y explicados, todo ello en pro de un ejercicio de respeto y responsabilidad a los derechos que le son inalienables a cada individuo de la sociedad: los derechos humanos. Pero en toda esta trama ¿cuál es el verdadero límite a la libertad de expresión?

El límite a la libertad de expresión

El discurso de odio, la incitación a la xenofobia, racismo, intolerancia o discriminación en cualquiera de sus formas, así como la incitación o apología del terrorismo o a cometer crímenes de lesa humanidad, son los límites generalmente establecidos a la libertad de expresión. Es difícil, por lo tanto, encontrar tintes de humor en esta clase de manifestaciones de la expresión. Estos límites, son los aceptados de modo genérico e internacional en diversos ordenamientos jurídicos por lo tanto, estos han sido, y deben ser establecidos por cada Estado. Un ejemplo de ello ha ocurrido en Alemania, donde hasta enero de 2014, se prohibió tanto la edición como venta del libro de Adolf Hitler “Mein Kampf” (Mi lucha), obra con la que el dictador empezó a mover a las masas y en el que detallaba las razones de por qué los judíos debían ser perseguidos y atacados. También en Alemania, portar una esvástica, símbolo que por otro lado es original de la religión hindú y cuyo significado dista mucho de las atrocidades con las que se le relaciona en los países occidentales, sigue estando prohibido. Razón: ambos forman parte del discurso de odio que provocó el holocausto nazi durante la II Guerra Mundial.

Mi Lucha, de Adolf Hitler [Foto: Diego Cavichiolli Carbone vía Flickr]
Mi Lucha, de Adolf Hitler [Foto: Diego Cavichiolli Carbone vía Flickr]

Que las publicaciones de las viñetas en 2005 del periódico danés Politiken, o las posteriores que publicaron otros medios como Charlie Hedbo, sean incitadoras al odio contra los musulmanes es un debate que no se ha cerrado, sino que por el contrario, no ha dejado de crecer. No obstante, los tribunales entendieron entonces que dichas viñetas no incitaban al odio contra la comunidad musulmana. Por otro lado, cabe recordar que los islamófobos reconocidos en Europa son afortunadamente pocos, no cuentan con el respaldo ni de la sociedad ni de los poderes públicos, y no necesitan de este tipo de publicaciones para justificar su odio irracional hacia el Islam. Que dichas publicaciones han llamado a la sociedad a alimentar el estereotipo negativo contra los musulmanes, es una opinión que ha sido muy defendida, lo que ha provocado por otro lado, un aumento del llamado a la población a hacer un esfuerzo, aún mayor si cabe, de integración intercultural en una Europa bien conocedora de las repercusiones del discurso de odio. Que los acontecimientos terroristas de París son un atentado, no solo contra la vida de los asesinados, sino contra la libertad de expresión, es indiscutible. Quizá será por eso, que seguir ejerciendo la libertad de expresión en todas sus vertientes, sigue siendo la mejor limitación contra el odio y el terror.

Foto de portada: Protesta en Madrid contra la aprobación de la Ley Mordaza [Fuente: flickr.com]

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[notice] La reacción del ‘mundo musulmán’ al ataque a Charlie Hebdo en 27 ilustraciones [/notice]


Miriam Tellado09/01/2015
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Tras casi 20 años en el corredor de la muerte, a Scott Panetti se le había notificado que el día 3 de diciembre se le aplicaría la sentencia impuesta por el Tribunal de Texas: la pena de muerte. Por fortuna, un Tribunal de apelación decidió suspender temporalmente (¡a tan sólo 8 horas de la ejecución!) la ejecución de la sentencia alegando “cuestiones jurídicas complejas” que requerían mayor consideración. La particularidad de este caso radica en el diagnóstico de esquizofrenia y otros problemas mentales que afectan a Scott Panetti desde antes del doble crimen por el que se le juzga. El Estado federado de Texas, en el que reside Panetti, ostenta el título de ser el que más veces recurre a la pena capital en sus sentencias (16 ejecuciones en 2013).



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