09/12/2019 BARCELONA

Daesh
Bandera de Haití [Vía: Pixabay]

Nuria Jimenez09/09/2016
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Afganistán, Siria, China, Corea, Irak, Libia… los conflictos del mundo, repartidos por todos los continentes, deberíamos vivirlos con mayor o menor intensidad de acuerdo con la violencia, la crueldad y el número de muertes. Sin embargo, los vivimos, en su mayoría, de acuerdo con la importancia o la influencia crítica que tienen sobre los Estados Unidos. Es una realidad que, en mayor o menor medida, la primera potencia mundial dicta el ritmo de la actualidad internacional en función de sus inversiones en armas, recursos o fuerzas militares en ciertos países en conflicto.


Olinta Lopez01/06/2016
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Hace más de un año que Daesh y los representantes de Al-Qaeda en el Levante, Al-Nusra, entraron en el campo de refugiados de Yarmuk. Esto ocurrió el 1 de abril de 2015, al día siguiente los rebeldes sirios y palestinos los expulsaron. Sin embargo, esta resistencia no duró mucho: ISIS volvió a atacar Yarmuk, esta vez para tomar el control del 90% de la ciudad.

El círculo más profundo del infierno“, así denominó el secretario general de las Naciones Unidas, Ban-Ki Moon, a lo ocurrido en el campo de refugiados palestinos en Siria. Suena duro pero la entrada del grupo terrorista en la ciudad sitiada de Yarmuk solo supuso un factor adicional para los palestinos que seguía viviendo allí cuatro años después de que empezara el terror en Siria. Bajo asedio durante meses, el campo fue privado de ayuda externa durante largos períodos. Sin medicinas, sin agua y sin comida, sus habitantes fueron abandonados a su suerte, en manos tanto de francotiradores como del hambre.

Mapa de Damasco y Yarmuk [Foto: BlueHypercane761 vía WikimediaCommons]

Con una superficie de 2,11 Km2, un poco más grande que Mónaco, Yarmuk es un distrito situado al sur de la ciudad siria de Damasco. Se estableció para acoger cientos de miles de refugiados palestinos después de la guerra árabe-israelí de 1948. A nivel administrativo Yarmuk es una ciudad con hospitales y varios centros de enseñanza secundaria gestionados por el gobierno sirio. La UNRWA opera escuelas y patrocina dos de los centros de programas para la mujer, al igual que varios centros de atención médica.

Los refugiados palestinos atrapados por la guerra siria, condenados a muerte

Antes del estallido de la guerra civil en 2011, el campo de refugiados de Yarmuk era el hogar de 160.000 residentes, según estimaciones de la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados (UNRWA). Ahora, solo alrededor de 18.000 personas permanecen en su interiorLa guerra civil llegó a Yarmuk en diciembre de 2012, cuando las fuerzas rebeldes entraron en el campo tratando de consolidar sus posiciones al este y al sur de Damasco y, así, realizar una ofensiva hacia el centro de la capital. Fuerzas gubernamentales sirias respondieron con bombardeos aéreos obligando a miles de personas a huir en busca de refugio en otras partes de Siria y el Líbano. Fuerzas leales a al-Assad lograron acorralar el campo y ganaron control a su acceso en febrero de 2013.

La situación de los habitantes de este territorio solo ha empeorado desde entonces. Según Amnistía Internacional, desde diciembre de 2012 hasta febrero 2013, las fuerzas del gobierno sirio en los puestos de control de Yarmuk fueron restringiendo, poco a poco, la entrada de alimentos, medicinas y otros suministros hasta que, en julio de 2013, llegó al bloqueo total. De esta manera, los habitantes que seguían en la zona fueron —y aún siguen estando— sometidos a incalculables dificultades, penurias y riesgos. Desde que el área fue sellada, los que aún quedan en Yarmuk luchan a diario para sobrevivir.

Como es de esperar en una situación así, la inanición es la principal causa de muerte en Yarmuk: más de doscientas personas han muerto de hambre. El impacto del asedio se ha ido afianzando y los ciudadanos del campo han tenido que recurrir a medidas cada vez más desesperadas, como ya sucedió en octubre de 2013 cuando el imán de la mezquita más grande de Yarmuk emitió una fatwa que permitía a la gente comer gatos, perros y burros para poder seguir resistiendo.

ISIS toma Yarmouk

Aprovechando el caos en la región, Daesh entró en Siria en septiembre de 2013, haciéndose con la ciudad de Azaz y avivando el conflicto: este se convirtió en una «guerra dentro de la guerra». De esta manera el terror de ISIS se extendió por una Siria ya devastada para luchar contra el ejército de los muyahidines, el Ejército Libre de Siria y el Frente Islámico. El grupo terrorista llegó a Yarmuk en abril de 2015 y con él vinieron los demás, convirtiendo el campo en una trampa mortal para los refugiados palestinos que allí vivían. Con varios frentes abiertos, Isis se topó con la resistencia de los rebeldes sirios, los yihadistas del frente al-Nusra, las fuerzas kurdas y las gubernamentales de al-Asad.

Yarmuk sitiado [Foto: Jordi Bernabeu Farrús vía Flickr]

En el preciso momento en que Daesh tomó el campo Ban Ki-Moon reconoció que «simplemente no podemos esperar y ver cómo se despliega la masacre». Un año después siguen sin tomarse medidas al respecto y el pronóstico del secretario general de la ONU de que «el campo de refugiados está empezando a parecerse a un campo de la muerte» se está cumpliendo.

La presencia de Daesh solo ha empeorado el acceso de ayuda humanitaria a Yarmuk. Según fuentes de la ONU, en junio de 2015 el gobierno sirio cerró todos los accesos a este tipo de ayuda al campo y sus alrededores y, por ello, las Naciones Unidas han dejado de trabajar en su interior, dejándolo a manos de pequeñas organizaciones locales —con financiamiento exterior— como Jafra Foundation. Como resultado, los residentes en el campo sufren desnutrición crónica, deshidratación y deficiencias graves de vitaminas y proteínas.

Una crisis sanitaria en medio de bombas de racimo, francotiradores y ejecuciones

Los residentes del campo de refugiados palestino carecen, como extensión de la situación, de acceso a agua corriente. Esto les obliga a extraerla de pozos improvisados, con todos los peligros sanitarios que ello acarrea. La falta de atención médica adecuada empeora aún más el panorama: el principal hospital de Yarmuk, el Hospital de Palestina, fue dañado por los bombardeos y carece del equipo quirúrgico, el personal médico, los medicamentos o la electricidad necesarios para operar, por lo que se encuentra operativo pero bajo mínimos. Por si esto fuera poco, los únicos que ejercen con el fin de mitigar el dolor de los enfermos no tienen la formación adecuada.

Debido a la escasez de higiene, a la falta de agua potable, al agravante de la malnutrición y a la falta de acceso a los medicamentos, la fiebre tifoidea y la hepatitis se han extendido entre la población. El doctor Hani Fares, un médico con larga experiencia trabajando con varias organizaciones internacionales, nos aclara que ambos brotes son enfermedades transmitidas por el agua en mal estado, lo que conlleva una crisis de salud en un sentido más amplio, poniendo en peligro a la población más vulnerable: enfermos, ancianos, niños pequeños y mujeres.

Yarmuk hoy

La situación humanitaria en el interior de Yarmuk se ha deteriorado gravemente después del choque violento entre ISIS y el grupo Jabhat al-Nusra. Los enfrentamientos van acompañados de un intenso bombardeo por parte de las fuerzas del régimen sirio y los grupos palestinos aliados a ellos. Estos enfrentamientos han dado lugar a la división del campo, con Daesh controlando el mayor porcentaje.

Es casi innecesario decir que las consecuencias son desastrosas: desde el inicio de este nuevo enfrentamiento, que estalló el 7 de abril, más de cincuenta combatientes de ISIS y otra docena de al-Nusra han muerto, así como cuatro civiles, dos de los cuales fueron decapitados por Daesh. Este grupo también prendió fuego al Hospital de Basilea y a una veintena de edificios, consiguiendo que Yarmuk se asemeje aún más al infierno que hace ya más de un año el Secretario General de las Naciones Unidas definía.

Sin lugar a dudas, Yarmuk está, al igual que otros campos de refugiados palestinos, dejado en manos de una guerra ajena, dentro de un complejo contexto regional. ¿Cuántos otros campos deben ser destruidos antes de encontrar una solución?

Migración a Europa, ¿una realidad?

La situación, ya de por si insostenible, ha forzado a muchos de los refugiados palestinos en Siria, igual que muchos de sus homólogos sirios, a emprender el camino hacia Europa. Lo hacen pagando exorbitantes precios a las mafias de contrabandistas y poniéndose en riesgo al cruzar el mar en búsqueda de un futuro mejor. Los palestinos que huyen de Siria, en su condiciendo de dos veces refugiados, se cuentan entre los más vulnerables debido a su estado jurídico. Nos encontramos ante un grupo poblacional sin los mismos derechos que el resto de refugiados. Este estado jurídico, así como la aplicabilidad de la cláusula de exclusión, ha creado en muchos casos una oportunidad para la discriminación en países como Líbano, Jordania y Egipto.

Existe una necesidad de que los estados árabes y Turquía dejen de utilizar el derecho de retorno como una excusa para negar a los refugiados palestinos provenientes de Siria sus derechos fundamentales. Recordemos que la Resolución 194 de la ONU (incumplida por Israel) reconoce el derecho de los palestinos a regresar a su patria pero, con una Europa reticente a facilitar el reasentamiento en terceros países y la falta de una actuación más efectiva de la Organización de Liberación de Palestina, es difícil imaginar qué otra solución podría garantizar los derechos a los refugiados palestinos que huyen de una guerra que no es la suya.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Frente al reciente atentado terrorista producido en Bruselas, se retoma el debate sobre la integración de los jóvenes pertenecientes a la filiación confesional musulmana y su interacción en el marco político de la Unión Europea. Cuáles son las principales causas y motivaciones para enrolarse en una organización terrorista y qué responsabilidad tiene el resto de la sociedad ante estos jóvenes europeos son las principales cuestiones que debemos plantearnos.


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Como ya mencionamos en ¿Qué argumentos morales desaconsejan la intervención militar en Siria? y ¿Por qué las respuestas militares en Siria no son legales? son al menos tres las razones que desaconsejan o desautorizan cualquier respuesta militar que se vaya a producir o se haya producido como reacción a los ataques terroristas del Daesh. He hablado de argumentos éticos, de responsabilidad moral con la población civil; y de argumentos legales, de conveniencia de la situación para la invocación del principio de legítima defensa. En estas líneas trataré algunos motivos de carácter estratégico-militar por los que el tipo de respuesta elegido ante los ataques terroristas de París resulta incorrecto.

Supongamos que acordamos que el bombardeo es éticamente justificable y que se trata de una acción legal: ¿es la mejor respuesta al ataque yihadista? No, ¿por qué? Porque, entre otros motivos, tratar de acabar con una organización terrorista global con una respuesta militar focalizada en unos cuantos puntos, por mucho que estos sean sus centros de adiestramiento, es inútil: es como tratar de cazar, casi literalmente, moscas a cañonazos. Además, la respuesta no puede ser física, sino ideológica; casi como si de desobediencia civil se tratase.

Muchos gritan “¡Hay que acabar con ellos, hay que exterminarlos!” Pero, aunque estuviera de acuerdo con el bombardeo (recuerda que parto de la hipotética premisa de que convenimos que es moralmente aceptable ese quid pro quo) perdería algo de vista consecuencia de actuar con las lentes equivocadas: atacar un punto del planeta cuando hablamos de un fenómeno global es no estar entendiendo el fenómeno al que nos enfrentamos. Es como tratar de matar al vecino destruyendo su casa –con parte de su familia dentro– mientras él –o algunos de sus aliados– siguen fuera. ¡Es un sinsentido! Sí, debilita; pero no, no destruye. Es más, lo más probable es que alimente el odio. Y esto tiene que ver con el segundo punto: la respuesta no puede ser física, sino ideológica.

El hecho de que se trate de un enemigo global, altamente fanatizado y peligrosamente capaz de captar, hace que deba plantearse una respuesta en los mismos términos que su principal arma de captación: en términos ideológicos. Lo primero y fundamental es no perder el apoyo de la comunidad musulmana y las autoridades islámicas. Eso es clave y sabemos que la grandísima mayoría de la comunidad es aliada.

Por tanto, el enemigo no es religioso, sino político. Evitemos que la política fanática contagie la religión. De ser así, el avance sí será imparable. ¿Y cómo se hace esto? Mimando, escuchando, comprendiendo las razones (sí, razones) subyacentes a los actos de terrorismo y examinando en qué se puede ceder, qué reclamaciones son legítimas y cuáles son puro fanatismo. ¿Y por qué? Porque la guerra se ganará cuando se les desarme de razones con las que seguir adoctrinando y captando nuevos militantes para su causa.

Cuando hablo de las posibles razones para odiar a Occidente pienso en la situación de exclusión de estas comunidades en los alrededores de grandes ciudades, en la situación de desventaja histórica del Islam frente al cristianismo y en la demonización y la relegación de ésta a ámbitos oscuros -a diferencia de lo ocurrido con otras religiones como la muy respetable religión judía. Cuando hablo de posibles razones me refiero también a la exclusión social y la desigualdad que afecta a estas comunidades.

En este sentido, esta idea me sugiere un audiovisual potentísimo como es el programa de En Tierra Hostil en Honduras. En él uno de los testimonios decía algo así como que una de las principales razones por las que había caído en la delincuencia, por las que se había radicalizado (éste no hacia el terrorismo, sino hacia el vandalismo y la delincuencia juvenil) era por la ausencia de una figura estatal que los protegiese, por la ausencia de protección. Podríamos llegar a pensar que las motivaciones que subyacen a un proceso de radicalización terrorista pueden tener mucho que ver con eso: con la sensación de abandono, de desacoplamiento y maltrato. No sé, lanzo la hipótesis… ¿factibles?

Graffiti de Daesh [Foto: Thierry Ehrmann vía Flickr]

Es más, cuando hablo de razones lo hago también de que se puede observar una dinámica común a los últimos ataques: el ataque terrorista en Occidente como respuesta a una intervención de éste en Oriente Próximo. Ciertamente no voy a admitir ni excusar los pretextos que los grupos terroristas traen a colación cuando llevan a cabo un atentado como el del pasado 13 de noviembre en París cuando gritaron, según diversos medios como DiarioLibre, que “la culpa es de Hollande (…), no tiene por qué intervenir a Siria”, o que los atentados contra Charlie Hebdo eran “una venganza. Sin embargo, todo apunta a que “meter las narices” de mala manera en la zona, a trompicones y guiados por puros intereses económicos, tiene consecuencias y es positivo denunciarlo.

Por tanto, el debate detrás de si lanzar o no una ofensiva militar sobre un territorio como respuesta a un ataque terrorista tiene más oscuros que claros tanto desde el punto de vista ético, como del legal y el estratégico. Y, sin dudarlo, el de la pura lógica de la eficacia.

Esta es una opinión sin ánimo de lucro


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Hacía referencia en ¿Qué argumentos morales desaconsejan la intervención militar en Siria (y en cualquier territorio)? a un texto publicado en El Español que decía lo siguiente: «“El bombardeo no es una solución, es una respuesta quizás emocional a una opinión pública en shock por los atentados. Si puede hacer daño a los yihadistas, muy bien, pero el problema es tan profundo que necesita una respuesta dentro del suelo europeo frente a la amenaza que viene de nativos de nuestros países”, dice Jean-François Daguzan, director adjunto de la Fundación para la Investigación Estratégica de París». Como ya dije, puedo no suscribir (o sí) del todo el mensaje de este extracto (y menos aún del artículo entero), pero es una reflexión muy a tener en cuenta.

Es posible que este tipo de respuesta –la emocional, impulsiva y hasta demagógica–, tanto en el ámbito individual como estatal, sea la respuesta más fácil de comprender, pero parece claro que es contraria a la legislación y que, por tanto, debe -no debería; debe- tener consecuencias. ¿Por qué la respuesta militar contra el Daesh (ISIS) es errónea?

Carta de las Naciones Unidas [Foto: ONU]

Hay varios motivos de carácter moral, jurídico y estratégico perfectamente válidos para responder a esta pregunta. A lo largo de varios artículos en United Explanations iremos aportando respuestas –esperamos que– complementarias entre ellas para dotar de una argumentación ética, jurídica y estratégica frente a las intervenciones militares que actualmente se están produciendo. En uno anterior, abordamos la perspectiva moral. En este artículo nos centraremos en los argumentos de carácter jurídico.

Son varios los argumentos jurídicos contrarios a una respuesta militar de este tipo, es decir, a una respuesta con una inmediatez casi absoluta y sin ningún tipo de aprobación (aunque tampoco reprobación) de la Comunidad Internacional. Son muchos los elementos que tienen que tenerse en cuenta de cara a poder invocar el derecho de legítima defensa, y se cumplen pocos y de manera bastante deficiente.

La Academia no suele mostrar voces favorables o, al menos, convencidas de la respuesta militar hacia a un Estado como reacción al ataque de una organización terrorista. Una interesante reflexión respecto a las respuestas frente a grupos organizados es la del por entonces catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la Universidad de Murcia, Cesáreo Gutiérrez Espada en su artículo Sobre la respuesta armada contra Afganistán tras los actos terroristas del 11-S (p. 50):

“¿Legítima defensa contra un Estado para responder a los ataques de una organización terrorista? El art. 51 de la Carta de Naciones Unidas está pensado para la hipótesis en que las fuerzas armadas de un Estado desencadenan contra otro un ataque armado «penetrando» sus fronteras y hollando su territorio físicamente, bombardeándolo o, en fin, atacando sus fuerzas armadas o flotas mercantes o aéreas. No es este el caso: El ejército talibán ni invadió Estados Unidos, ni bombardeó su territorio, ni atacó sus fuerzas armadas o a su flota civil mercante o aérea.

Es verdad que el derecho internacional aceptó con el tiempo un ensanchamiento de la figura de la legítima defensa en ciertos supuestos de agresión indirecta. En ciertos supuestos digo: cuando un Estado envía grupos armados a otro país y allí se llevan a cabo actos armados equivalentes a un ataque armado en debida o forma o participa sustancialmente en dichos actos, comete asimismo una agresión armada con lo que se abre para el Estado víctima la invocación de su derecho inmanente de legítima (sic) defensa individual o colectiva.

Aviones de la coalición internacional dirigiéndose a atacar posiciones de Daesh [Foto: Desconocido vía eldiario.es]

¿Pueden, los ataques terroristas del 11-S calificarse de un ataque armado a los efectos de despertar el derecho de legítima defensa del Estado que los sufrió? Actos aislados de terrorismo nunca se han calificado así. Todos (sic) recordaremos la invocación que de la legítima defensa efectúo Estados Unidos para justificar sus ataques aéreos sobre las ciudades libias de Trípoli y Bengasi (1986), como respuesta al atentado terrorista en una discoteca berlinesa por agentes libios, y el rechazo que la misma provocó en Naciones Unidas, y lo mismo pudiera decirse del ataque aéreo israelí, en Túnez, a las sedes de la «organización terrorista» de la OLP (1985) (…)”.

Por otro lado, el catedrático Luís Ignacio Sánchez señalaba en 2002 en Una carta oscura del derecho internacional (p.286)  que “la cuestión de la prueba a los fines de una legítima defensa inmediata ante un verdadero «ataque armado» suscita serios problemas. Porque sería preciso probar: a) la participación «sustancial» de otro Estado; b) la autoría por un movimiento o grupo terrorista de actos concretos; c) el grado y modalidades de vinculación entre el Estado y el grupo; d) la «gravedad» (dimensión, amplitud y efectos) de los actos de fuerza armada. Y teniendo en cuenta la singular perfidia y secretismo de este tipo de ataque y el modus operandi de los grupos terroristas, y de los Estados que los amparan y ayudan, no es de esperar abundantes elementos de prueba, lo que traduce en términos jurídicos una dificultad añadida para poner en marcha una legítima defensa que —sin prueba suficiente— podría ser calificada como una simples represalia armada o un supuesto de intervención ilícita. En este caso, el efecto y el contenido del acto terrorista seguramente será de conocimiento público y notorio, desplazándose la cuestión de la prueba hacia los grados de vinculación o participación de un Estado cualquiera”.

Dos voces autorizadas, con argumentaciones sólidas, señalando en una misma dirección: jurídicamente la invocación de la legítima defensa no es justificable. No obstante, resulta controvertido que un Estado como Francia, firmante de la Carta de las Naciones Unidas, ataque el territorio (controlado o no por Daesh) de otro Estado firmante como Siria sin que el Estado elegido democráticamente lo haya solicitado. ¿Dónde queda el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados y protección de su independencia y soberanía que la ONU resolvió declarar en 1965? Si el motivo es que Siria es un régimen no democrático pese a que celebre elecciones, esto es motivo más que suficiente para intervenir en muchos otros países. Ya en 2008 –antes de que se iniciara la Guerra Civil– hubiese supuesto pretexto para ello cuando, por ejemplo, The Economist situaba a Siria en la categoría de regímenes autoritarios junto a otros como Qatar, Emiratos Árabes, China, Marruecos o Ruanda. Sí, junto al país de las camisetas del Fútbol Club Barcelona; sí, junto al de las camisetas del Real Madrid C.F.; sí, junto a la exportadora y sistemática violadora de derechos humanos potencia asiática; sí, junto al país de las muy fructíferas y extremadamente cordiales relaciones con la corona y la diplomacia española; o sí, junto a la desgraciada Ruanda, víctima de un silencioso genocidio.

No parece que el motivo para desautorizar como régimen a Siria sea su no pertenencia al selecto club de las democracias liberales de Occidente. Entonces, ¿qué motivo justifica estos ataques? Si no hay motivos de defensa suficientes –y no los hay– la unilateral intervención en Siria por parte de Francia y de sus apoyos europeos es sencilla y llanamente irregular.

Esta es una opinión sin ánimo de lucro


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Ricardo Orozco11/12/2015
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Tras los atentados de París el mundo parece haber llegado a un acuerdo de pacificación en Siria. Sin embargo, este acuerdo resulta, tanto en la forma como en el fondo, ser una mascareta para un reacomodo de bajo nivel de los intereses geopolíticos de diversos actores en la región. A pesar de los esfuerzos, este acuerdo no resuelve la amenaza más grande de la zona: el terrorismo del Estado Islámico.



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