22/02/2018 BARCELONA

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El pasado sábado 20 de enero de 2018 se celebró, en el Palacio de Pedralbes de Barcelona, el seminario War & Peace in the 21st Century. What is Russia up to? El seminario, organizado por el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), influyente think tank español dedicado al ámbito de las Relaciones Internacionales, contó con la presencia de diversos expertos de primer nivel en dicho campo de estudio y, especialmente, en el tema sobre el cual versaba la jornada: la vuelta de Rusia a primera línea del escenario internacional.

Javier Solana, presidente honorario del CIDOB y figura clave de la política europea que ostentó los cargos de Secretario General de la OTAN, Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Comandante en Jefe de la EUFOR [Foto vía WikimediaCommons].

Iniciando el encuentro, Laura Pérez Castaño, concejala de Relaciones Internacionales del Ayuntamiento de Barcelona, hizo una pequeña exaltación de la rica cultura rusa y su impacto en el mundo, para luego expresar sus preocupaciones respecto al comportamiento político de la actual Rusia de Vladimir Putin. Principalmente, Pérez Castaño explicó su experiencia en los campos de refugiados jordanos y lamentó que Rusia no estuviera aprovechando su posición de poder en el panorama internacional, y en la región de Oriente Medio, para resolver la situación en Siria. Además, la concejala también denunció la deriva autoritaria del régimen ruso y su falta de respeto por los Derechos Humanos, resaltando las vulneraciones sufridas por la comunidad LGTBI en el país.

Así, la primera de los conferenciantes ejemplificaba perfectamente —y probablemente sin pretenderlo— la estructura de la jornada: para estudiar el papel de Rusia en el mundo actual se analizaría tanto su política interior como su política exterior, y la relación entre las mismas.

Acto seguido, Antoni Segura, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona y presidente del CIDOB, y Javier Solana, presidente honorario del CIDOB y figura clave de la política europea que ostentó los cargos de Secretario General de la OTAN, Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Comandante en Jefe de la EUFOR, hicieron una presentación formal del acto y, sobretodo, resaltaron la importancia de las próximas elecciones presidenciales rusas del 18 de marzo de 2018.

Hechos los discursos de introducción, Marc Marginedas, corresponsal de El Periódico en Moscú, comenzó la primera parte del seminario, dedicada al análisis de la política interior rusa, hablando de la entrada de Rusia en una fase de incertidumbre interna. Dicha situación se debería, según el periodista, a dos factores clave: la permanencia de Putin al frente del Kremlin —siempre teniendo en cuenta que, según la Constitución rusa, el mandatario debería haber abandonado el poder hace tiempo— y las luchas de poder entre la élite rusa que pueden ir ligadas a las siguientes elecciones; y la recesión económica que Rusia arrastra desde hace años debido, principalmente, a la caída de los precios del petróleo.

Marc Marginedas, corresponsal de El Periódico en Moscú [Foto: Amadalvarez vía WikimediaCommons].

El relevo lo cogió Konstantin Von Eggert, periodista y comentarista político ruso, que fue jefe de la sección rusa de la BBC (2002-2008) y es columnista regular del Deutsche Welle. Von Eggert empezó su intervención con una sentencia contundente: el próximo 18 de marzo no habrá elecciones, Putin seguirá gobernando el régimen después de un mero trámite plebiscitario. Pero cabe preguntarse si este será su último mandato, ya que prevé que Rusia entrará en una fuerte crisis política.

¿Por qué? La justificación de esta afirmación se encuentra en la necesidad de Putin de legitimar su régimen autoritario de forma democrática. A lo que cabe preguntarse cómo realizará el presidente ruso esta maniobra. Según Von Eggert, el Kremlin tiene dos vías para legitimarse, la oficial, consistente en la promesa de reformas económicas y relevo de cargos gubernamentales para maquillar su apariencia de cara, sobretodo, a la Unión Europea; y la “real” —o la visión de Von Eggert de lo que sucederá en Rusia en los próximos meses—, que se expresa en cambios de poco calado (quizá, como mucho, la sustitución de un par de ministros del gobierno) y el afianzamiento de las tres bases del régimen de Putin:

1) La utilización de la policía como fuerza de represión del Kremlin.

2) Garantizar a la élite económica impunidad a cambio de su apoyo al gobierno.

3) La militarización de Rusia, perceptible en el incremento constante del presupuesto militar.

Sin embargo, según el periodista, esta estrategia tiene poco futuro a medio plazo. Desde hace 20 años, más del 50% de la población rusa es pro-democrática, un enorme segmento de población que se encuentra sin representación. Por otra parte, el mayor enemigo del régimen es la politización de una juventud que crece sin expectativas de futuro ni estabilidad; y éstas son, precisamente, las personas que crearán inestabilidad en la Rusia de Putin.

El siguiente potente fue Arkady Ostrovsky, editor de la sección de Rusia y Europa del Este de The Economist, que sentenció que cada vez es más claro que los problemas de Rusia no se resolverán por la vía económica sino política. Ostrovsky señaló la paradoja de que la legitimidad del régimen de Putin se asienta en prometer, al mismo tiempo, seguridad a la élite económica del país y a su población. Esta estrategia, de tintes zaristas, está condenada al fracaso porque el Kremlin no podrá proteger ambos intereses.

Konstantin Von Eggert, periodista y comentarista político ruso, que fue jefe de la sección rusa de la BBC (2002-2008) y es columnista regular del Deutsche Welle [Foto vía chathamhouse.org].

Por un lado, la élite cada vez tiene más lazos con Occidente, lo cual es percibido como una amenaza para el gobierno ruso, que ha empezado a cercar a una oligarquía económica que, precisamente a consecuencia de estos movimientos, se siente cada vez más insegura. Por otro lado, la sociedad, asfixiada por la represión de las fuerzas de seguridad y la corrupción económica e institucional, también siente una inseguridad creciente.

Así pues, ¿cómo mantiene Putin la estabilidad de su régimen? El gobierno se legitima a través de dos pilares fundamentales: la victoria en conflictos externos, como la anexión de Crimea o la guerra del Donbass (este de Ucrania); y la personalización del régimen, creando un discurso que equipara a Putin con el Estado.

Sin embargo, ¿cuánto puede durar lo primero y que pasará cuando haya una transición y se tenga que acabar lo segundo? Coincidiendo con Von Eggert, Ostrovsky percibe que el cambio generacional es una amenaza para el Kremlin, y cuanto más intente Putin mantener el status quo, más catastrófica será la caída del régimen después de la era del actual presidente de Rusia.

Arkady Ostrovsky, editor de la sección de Rusia y Europa del Este de The Economist [Foto vía edition.cnn.com].

Con estas consideraciones en mente llegó el turno de Marie Mendras, politóloga especializada en estudios rusos y post-soviéticos, y profesora de la Escuela de Asuntos Internacionales de París (Universidad Sciencies Po). La profesora Mendras estructuró su intervención en torno a la idea de la “política de la supervivencia” del gobierno de Putin. Si bien en todos los regímenes democráticos hay un factor clave que mantiene la estabilidad —que es el conocimiento, por parte del líder político del momento, de que su mandato, y por tanto su poder, es limitado y sabe que habrá un relevo—, Rusia no cuenta con esta base fundamental, y el gobierno de Putin se mantiene buscando su propia supervivencia, lo cual crea una inestabilidad permanente.

Esta búsqueda de la supervivencia para mantenerse en el poder es lo que guía las políticas del Kremlin, y es lo que la profesora Mendras ha catalogado como “política de la supervivencia”. Pero, ¿por dónde pasa esta supervivencia interna? Básicamente por el conflicto. No obstante, si analizamos la situación, ¿realmente puede decirse que Rusia haya ganado alguno de los conflictos de los últimos años?

1) Rusia ha perdido Ucrania, y el conflicto del Donbass se ha enquistado sin una victoria real por parte del régimen ruso.

2) La anexión de Crimea ha provocado un alud de sanciones económicas por parte de Occidente que no hacen sino estrangular al Kremlin.

3) El gasto del gobierno en hackers dentro de la operación pro-Trump no se ha traducido en un beneficio directo para Rusia, sino que únicamente ha atrapado al Kremlin en una teórica relación de ‘amistad’ con el gobierno de EE.UU. de la que, en realidad, no obtiene ningún beneficio.

Por otra parte, a nivel de política interna, Putin cada vez se ve más atrapado por un malestar social que debe compensar con su legitimización a través de la política exterior. Este malestar se asienta sobre dos bases:

1) La alta clase media rusa se siente amenazada por la conducta del Kremlin y muchos han huido de Rusia, pero con la intención de volver. Esto representa una amenaza para la estabilidad interna porque, para Putin, significa la llegada de rusos que han bebido de ideas occidentales.

2) Moscú está en crisis por la falta de un proceso efectivo de decision-making en las instituciones gubernamentales: los propios decisores están coartados por un sistema instaurado por el régimen que genera percepción de corrupción institucional.

Marie Mendras, politóloga especializada en estudios rusos y post-soviéticos, y profesora de la Escuela de Asuntos Internacionales de París (Universidad Sciencies Po) [Foto: Heinrich Böll Stiftung vía WikimediaCommons].

En conclusión, teniendo todo esto en cuenta, es necesario reflexionar sobre qué significa para Europa la búsqueda constante de la supervivencia a través del conflicto por parte del régimen ruso. Según Mendras, el ejemplo ucraniano es clarificador: Putin no permitirá revueltas sociales en los países que él considera en la órbita rusa, ni la independencia real de estos países de los lazos que los unen a Moscú, ni el acercamiento de los mismos a Europa.

Acabada la intervención de la experta, se inició un pequeño debate entre los ponentes sobre las ideas expresadas en esta primera parte del seminario. Recogiendo lo expresado en la última intervención, los ponentes acordaron, en su mayoría, que el gobierno ruso está en una fase de supervivencia que pasa por el conflicto. La cuestión es, ¿cuál será el próximo conflicto que buscará el Kremlin para legitimarse?

Marie Mendras, en su análisis, fue más allá y expresó que Putin ya ni siquiera busca legitimidad, sino el control del poder comportándose de una forma abiertamente autoritaria. Ante esta idea, Von Eggert manifestó su desacuerdo y puso en relieve que sin el apoyo social y económico interno el régimen será incapaz de sobrevivir. Y este apoyo, como muestran los ejemplos históricos de Georgia (casos de Abjasia y Osetia del Sur) y Chechnya, proviene de la victoria en conflictos externos, por lo que Moscú buscará nuevas batallas que ganar, probablemente en los países bálticos.

En este punto, Ostrovsky puntualizó a ambos ponentes. Por un lado, rebatió a Von Eggert diciendo que Rusia no tiene la capacidad para “crear” situaciones, como un conflicto en los bálticos, sino para aprovechar e incidir en escenarios ya creados, como en Ucrania o Siria. Por otro lado, enfatizó la idea de que Putin sí necesita legitimidad para sobrevivir y, dado que su apoyo entre la población ronda el 5-10%, no sólo necesita el favor del ejército para alcanzar dicha supervivencia, sino que tiene que buscar, más que nunca, formas de legitimación. No obstante, ya que el sistema establecido está fallando por corrupto, cabe preguntarse cómo podrá Putin cumplir este objetivo.

El lugar de Rusia en el orden mundial: el comportamiento exterior del régimen de Putin

La segunda parte del seminario comenzó con una breve intervención de Cristina Gallach, antigua Subsecretaria General de Naciones Unidas del Departamento de Información Pública y Comunicación, que enfatizó la imposibilidad de entender la política interna rusa sin entender la política exterior.

En este sentido, quiso señalar las posibilidades de colaboración entre Rusia y Occidente. Dado que los problemas de Occidente cada vez son más globales y están más interconectados, hay que cuestionar si Rusia es un socio fiable para hacer frente a estas problemáticas y, si lo es, ¿en qué áreas?

Dicho esto, Gallach interpeló directamente al siguiente ponente, Andrey Kortunov, director general del Russian International Affairs Council, preguntándole por qué, si Rusia es tan débil internamente, tiene un comportamiento de gran potencia en política exterior. Además, manifestó la peligrosidad de la idea de que un país tenga que tener un lugar ‘legítimo’ o ‘adecuado’ en el mundo —ya que, en este sentido, podemos preguntarnos cuál es esta idea de legitimidad—; y se preguntó, en abierto, si Rusia es parte del problema o de la solución a los retos del siglo XXI.

Andrey Kortunov, director general del Russian International Affairs Council [Foto vía 2bs.me].

Kortunov inició su exposición haciendo comprender al público que para un país es muy difícil pasar por un período post-imperial (refiriéndose al fin de la URSS) y reubicarse en el orden mundial, ya que todo país que ha pasado por un proceso similar exige al mundo respeto, reconocimiento e influencia. Es decir, que Rusia, al igual que cualquier país post-imperial, se ve a sí misma con derecho a tener un status global especial, y no sólo por su condición de antiguo imperio sino por su larga historia y su capacidad nuclear, sólo igualada por EE.UU.

Sin embargo, y en relación tanto a las potencias europeas, por su proximidad, como a esta idea de sentirse con derecho a tener un status especial en el mundo, Rusia se ha sentido marginada por Europa, que no amenazada, como apuntan otros analistas que estudian las relaciones entre las potencias europeas y la Rusia post-soviética.

No obstante, si bien esto podría ser cierto, Rusia tampoco ha tenido un comportamiento propio de gran potencia, ya que este status va más allá de la proyección de poder (como podría ser la intervención de Moscú en Siria), las capacidades nucleares, la posición en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, o poseer un vasto poder económico (en forma de recursos naturales como el gas o el petróleo), sino que requiere tener una visión del bien común global. Y el Kremlin parece estar faltado de herramientas en política exterior que caminen en este sentido: únicamente utiliza una política de hard power, por ejemplo, con su intención de demostrar a Occidente una posición de poder en Siria y reivindicar su estrategia ahí donde las potencias occidentales fallaron, en comparación con el caso de Libia.

Y aunque Rusia podría ser proveedora de bienes globales, y por tanto ser parte de la solución a los retos del siglo XXI, esto requiere cambiar a los stakeholders (partes interesadas) en el entramado de poder ruso, proceso que pasa inevitablemente por reformar la economía del país.

Terminada la intervención de Kortunov, Judy Dempsey, investigadora sénior de Carnegie Europe y editora jefe de Strategic Europe, inició su exposición señalando que el debate en torno a Rusia está muy polarizado y, sentada esta base, empezó su argumentación remontándose a un suceso clave de nuestra historia reciente: en 2007, como parte tardía de una política de normalización de relaciones con Europa Oriental iniciada por el Canciller de la antigua República Federal de Alemania, Willy Brandt, conocida como Ostpolitik, Alemania envió una gran delegación a Rusia para fomentar el intercambio y la cooperación económica entre ambos países y, por extensión, entre Rusia y Europa. Este gesto, que según la experta reflejaba el intento de esta Ostpolitik moderna de tratar de integrar Rusia a Europa y el mundo, fue rechazado por el presidente Putin.

Judy Dempsey, investigadora sénior de Carnegie Europe y editora jefe de Strategic Europe [Foto vía euractiv.com].

Tal rechazo provocó un cambio de paradigma, y Angela Merkel, y por ende la Unión Europa de la cual es “líder” más o menos informal, empiezan una política de marginalización de Rusia en el contexto europeo y global. Para cimentar la divergencia, este proceso de desconfianza iniciado en 2007 culmina con la anexión de Crimea por parte de Rusia en el año 2014. En este punto, Merkel constata que Rusia no es un socio fiable en el panorama internacional y empieza una unión de los países de la UE contra Rusia, cuyo reflejo más visible es la imposición de sanciones económicas conjuntas al país controlado por Putin.

Como respuesta, el Kremlin comienza una política de intento de división de Europa a través de la propaganda, de la incidencia en procesos electorales en los países de Europa Occidental, y de apoyo a movimientos subversivos en la región —como podrían ser, por ejemplo, los populismos de extrema derecha. Sin embargo, el gobierno ruso, mediante esta estrategia, no consigue revertir el discurso que se ha impuesto entre la población europea y sus dirigentes: no hay que confiar en Rusia.

Con este fracaso, el Kremlin tiene, además, un problema añadido, y es la expansión de la OTAN y la UE, no sólo como organizaciones sino como actores exportadores de valores occidentales/europeos, como ejemplifica el caso ucraniano. Por otra parte, Rusia se ha sentido traicionada tanto por la UE como por la OTAN y el Consejo de Seguridad de la ONU en Libia, ya que lo que pretendía ser una acción encaminada a aplicar la ‘Responsabilidad de Proteger’ (R2P), acabó siendo una herramienta de proyección de poder de Occidente en el exterior.

El debate: enfrentamiento y búsqueda de la cooperación con Rusia

Acabadas las exposiciones de los distintos ponentes del seminario, y habiendo cubierto tanto el análisis de la situación interior como del comportamiento exterior de Rusia, los expertos debatieron extensamente las distintas ideas puestas encima de la mesa, de las cuales sólo destacaremos algunas, priorizando lo más destacable del debate.

Kortunov y Dempsey empezaron resaltando dos errores recientes del Kremlin. Por un lado, según el primer analista, a nivel exterior, Rusia ha cometido un fallo de cálculo al maniobrar de forma reactiva a la Primavera Árabe, malinterpretando la misma como un movimiento impulsado por Occidente. Por otro lado, Dempsey expresó que, teniendo en cuenta la deriva autoritaria del gobierno ruso, éste se ha creado un nuevo frente interno: el trabajo de rendición de cuentas que realizan distintas ONG presentes en el Estado ruso, labor que el Kremlin se ve obligada a vetar o limitar para mantener su estabilidad.

Seguidamente, Solana hizo un extenso trabajo de reflexión señalando un error histórico que ha provocado, en gran parte, el actual enfrentamiento entre Rusia y Occidente. Remontándose a los atentados del 11-S, el ex-Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad manifestó la importancia que tuvieron estos hechos para Putin, que los percibió como una oportunidad para que Rusia cooperara con los EE.UU. en materia de lucha contra el terrorismo internacional y así conseguir su principal objetivo: ser reconocida como una potencial global.

Sin embargo, después de los atentados, Bush estableció dos prioridades para su mandato: 1) Acabar con el régimen de Saddam Hussein en Irak; y 2) Extender el sistema de defensa con misiles en los países de la OTAN. Esta última política fue entendida por Putin como una presuposición de los EE.UU. de que su relación con Rusia podía fallar y, de hecho, los estadounidenses, y por extensión Occidente, ya se preparaban, de antemano, para que fallase. Esta suposición implantó la desconfianza en el Kremlin y fomentó la divergencia entre Rusia y Occidente.

No obstante, por proximidad geográfica y por las relaciones de poder regional y global, para Europa es muy importante no perder a Rusia, por lo tanto es prioritario para la política europea prepararse para recuperar la relación con este país en la era post-Putin. Una relación perdida, por ahora, debido al sentimiento de marginalización y maltrato que sintió Rusia en los primeros años de mandato del actual presidente Vladimir Putin.

Posteriormente, Von Eggert señaló la dificultad o imposibilidad de dialogar con un régimen cuyo único interlocutor es Putin, y en el que el proceso de toma de decisiones es opaco y está controlado por la oligarquía formada por las empresas estatales. Además, a nivel de política exterior, el Kremlin no sólo manipula a la opinión pública para que la población perciba que el enemigo principal de Rusia es EE.UU. u Occidente sino que el mismo gobierno tiene una política agresiva que pretende hacer implosionar la OTAN forzando que ésta deba —y no pueda— aplicar el artículo 5 del Tratado1.

Sala del Palacio de Pedralbes (Barcelona) donde se realizó el seminario ‘War and Peace in the 21st Century: What is Russia up to?’ [Foto vía CIDOB].

La respuesta a esta afirmación por parte de Kortunov fue clara: la sociedad rusa puede estar manipulada pero no está faltada de sentido común, y eso lo expresan los datos que muestran que el 77% de la población rusa quiere unas mejores relaciones con Occidente.

La profesora Mendras cogió el testigo para cuestionarse también cómo podemos buscar una relación de cooperación con Rusia si el único interlocutor es Putin. Y, más aún, cabe preguntarse qué margen tiene el Kremlin para cimentar esta cooperación si la política interior y exterior está tan interconectada y ambas dependen tanto del conflicto.

Por otra parte, haciendo balance de errores, Ostrovsky señaló que la UE, buscando la protección de sus países periféricos, también ha cometido errores, empezando por querer integrar Ucrania dentro de su órbita negociando con un gobierno corrupto y oligárquico. Además, este movimiento también demostró al mundo que quizá Europa no tenga la capacidad para detener a una Rusia agresiva.

Por tanto, más que seguir con este tipo de estrategia, Occidente debería no limitarse a aplicar políticas punitivas como las sanciones a Rusia y sus oligarcas sino tener una visión a largo plazo y empezar a detectar posibles candidatos a relevar a Putin al frente del gobierno ruso y prepararse para dialogar con el nuevo mandatario.

Siguiendo con el ejemplo ucraniano, utilizado como paradigma de las tensiones entre Occidente, sobre todo Europa, y Rusia, Kortunov enfatizó el descontento de todas las partes con los acuerdos de Minsk que ha ‘congelado’ el conflicto en Ucrania. Sin embargo, la parte más importante de este descontento es que poco a poco el gobierno ucraniano ve quebrantada su fe en la UE, ya que empieza a percibir que Europa no rescatará a Ucrania de dicho conflicto, y esta tendencia llevará a Kiev a aproximarse cada vez más a EE.UU.

En la misma línea, Ostrovsky expuso el error que supone, por parte de Europa, el estar dando apoyo y proveyendo de armamento al actual gobierno de Kiev, ya que esto supone estar ayudando a un gobierno errático, que no combate la corrupción, que tiene una popularidad de en torno el 6%, y que sólo se sostiene por el enemigo externo, esto es por el conflicto en el Donbass. No obstante, es necesario resaltar la evidencia: Europa no puede permitirse abandonar, y por tanto perder, Ucrania.

Con estas ideas en el aire, Solana señaló que, si bien es cierto que es importante no perder Ucrania, será difícil convencer a los 27 países miembros de la UE de seguir dando apoyo al gobierno corrupto de Kiev.

Sin llegar a una conclusión definitiva, y habiendo expuesto errores y aciertos de Rusia y Occidente, repasando los orígenes del enfrentamiento entre los principales actores en este juego, y haciendo pequeñas previsiones de futuro, los diversos ponentes parecieron estar de acuerdo en una cosa: es clave para Occidente buscar y tener una buena relación con Rusia.

*1) Las Partes convienen en que un ataque armado contra una o varias de ellas, ocurrido en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas, y, en consecuencia, convienen en que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en el ejercicio del derecho de legítima defensa, individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la Parte o Partes atacadas tomando individualmente, y de acuerdo con las otras, las medidas que juzgue necesarias, comprendido el empleo de las fuerzas armadas para restablecer la seguridad en la región del Atlántico Norte.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Artículo elaborado por Lluís Torrent, Andy Philipps y Suyan Castelo

Éste no es un artículo cualquiera. El equipo de United Explanations hemos pensado que era necesaria un poco de reflexión y explicar qué ocurrió en la ciudad de Barcelona hace una semana, haciendo hincapié en las causas, el relato islamófobo generado en los medios y redes sociales y qué podemos hacer desde nuestra posición para ayudar a una buena convivencia en nuestras ciudades.

¿Qué ocurrió el pasado 17 de agosto?

El pasado jueves 17 de agosto, en torno a las cinco de la tarde, una furgoneta irrumpió en la transitada Rambla de Barcelona -una de las arterias peatonales y epicentro turístico de la ciudad-, atropellando y acabando con la vida de -hasta el momento- 14 personas, además de causar más de un centenar de heridos de 34 nacionalidades distintas. Unas horas más tarde, sobre la una de la madrugada del viernes, tuvo lugar en la ciudad de Cambrils (en la provincia de Tarragona) un segundo incidente en el que una mujer fue asesinada y cinco personas más resultaron heridas. Tras embestir a varias personas y volcar su vehículo, 5 atacantes salieron blandiendo cuchillos con la intención de continuar la matanza. Ambos incidentes resultaron en la pérdida de 15 vidas humanas, en lo que el cuerpo de policía de los Mossos de Esquadra confirmó fue resultado de un atentado terrorista. Dáesh reivindicó el mismo jueves la autoría del mismo a través de su agencia Amaq.

¿Por qué esta vez en Barcelona?

Turista y barceloneses frente a un altar improvisado en Las Ramblas de Barcelona, en homenaje a las víctimas del atentado. Autor: Massimiliano Minocri para El País

El atentado de Barcelona y Cambrils es el segundo ataque terrorista perpetrado por fundamentalistas islámicos que tiene lugar en España en lo que va de siglo, sumándose a una cada vez más larga lista de ciudades europeas que se han visto golpeadas por el terrorismo de Dáesh. Ciudades como Niza, Berlín, Londres, Bruselas, París y Ankara han sufrido en los últimos años la violencia de este grupo terrorista.

Cabe recordar que Occidente sólo concentra el 2% de las víctimas mortales por atentado terrorista desde el año 2000. De hecho, en el informe del Índice Global de Terrorismo del 2016, se advierte que en 2016, Irak continúa siendo el país más golpeado por el terrorismo, con 9.929 personas fallecidas en un total de 3.370 ataques. Se trata del mayor número de ataques y muertes por este flagelo jamás registrado en un solo país. Por su parte, Nigeria, de la mano de Boko Haram, registró el mayor aumento de fallecimientos por esta causa, con un incremento porcentual de más del 300%, equivalente a 7.512 fallecidos, situando al país como el tercer estado más golpeado por el terrorismo, justo detrás de Afganistán.

Según declaraciones de Ignacio Álvarez Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante a la BBC, la elección de Barcelona -y del popular paseo de Las Ramblas- como escenario de un ataque de estas dimensiones no fue casual desde el punto de vista organizativo ni mediático. Según Álvarez, lo que buscaban los atacantes era un efecto altavoz, que los medios de comunicación pusieran el foco en ese atentado.

La agencia de noticias Amaq, conocida portavoz de la propaganda del grupo terrorista Dáesh, publicó el siguiente mensaje el día que la organización terrorista reivindicó el atentado como propio:

“Los que ejecutaron el ataque en Barcelona son soldados de ISIS. La operación fue realizada en respuesta a los llamados (de ISIS) contra los Estados de la coalición internacional antiyihadista que opera en Siria e Irak.”

Según informa el Ministerio de Defensa, actualmente España contribuye a la Coalición Internacional contra Estado Islámico de Irak y el Levante (Combined Joint Task Force, en inglés) con un efectivo de 484 militares, cuyo grueso se encuentra desplegado en el centro de adiestramiento liderado por este mismo país en Besmayah (Irak). Este centro tiene el objetivo de mejorar la formación de los soldados iraquíes en la lucha contra artefactos explosivos improvisados, tareas de desminado, operaciones especiales y asistencia sanitaria. La participación españols en la Coalición contra Dáesh existe desde su creación (octubre de 2014) y desde entonces, las Fuerzas Armadas españolas han instruido a 46 batallones y más de 20.000 militares iraquíes para combatir el terrorismo en el país. Además, a pesar de no participar militarmente en Siria, España aporta ayuda financiera y apoyo logístico en este país.

Ejército de paracaidistas de EEUU asignados a Bravo Troop, maniobran por un pasillo como parte del entrenamiento de nivel de escuadra en el Campamento Taji, Irak, 3 de agosto de 2015. Autor: DMA Army – Soldiers vía Flickr

Por último, España ha puesto en marcha un conjunto de medidas jurídicas para frenar el flujo de dinero y con ello intentar cortar la financiación del terrorismo. De hecho, tal y como afirma el Huffington Post, estas medidas han sido elogiadas y replicadas por sus socios internacionales, como el Groupe d’action financière francés.

En un vídeo publicado ayer por Dáesh (su primer vídeo en castellano) un hombre a cara descubierta e identificado como Abu Lais Al Qurdubi (Abu Lais “el Cordobés”), recordaba el objetivo de su organización: reconquistar Al-Andalus. Dáesh lleva tiempo difundiendo su meta de recuperar el territorio en la Penísula Ibérica que en la Edad Media formó parte del califato islámico, además de su sed de venganza:

“A los cristianos españoles, no os olvidéis la sangre derramada de los musulmanes de la inquisición española. Vengaremos vuestra matanza, la que estáis haciendo ahora actual con el Estado Islámico”.

https://www.youtube.com/watch?v=j_sJbTfe3XQ

Dentro de España, Cataluña es la Comunidad Autónoma que concentra mayor proporción de individuos condenados por terrorismo yihadista. Tal y como exponen Fernando Reinares y Carola García-Calvo, investigadores de Terrorismo Internacional del Real Instituto Elcano, 4 de cada 10 condenados por terrorismo de raíz yihadista en España durante el período 2004-2012 se localizaban en esta Comunidad. Reinares y García-Calvo, nos recuerdan, además, que “Barcelona y no Madrid es la ciudad en que iba a ocurrir un nuevo 11-M en enero de 2008”, aunque el plan fue desbaratado en su fase de preparación.

Por esto y otros elementos (presencia de miembros destacados que actuaban de enlace con la célula del 11-S y con líderes de al-Qaeda, realización de operaciones antiterroristas, expansión del número de lugares de culto islámico con presencia de extremistas, etc.) Catalunya, y en especial la provincia de Barcelona, tiene una sobrerrepresentación de la presencia y actividad yihadista en España.

La islamofobia: lo musulmán, el enemigo construido

Un estudio del Observatorio PROXI sobre ciberodio observó que en enero de 2015 hubo un repunte de comentarios islamófobos -de odio contra las personas musulmanas-, a raíz de los atentados terroristas en París. La llegada de refugiados a lo largo del año 2015, especialmente en verano, también desencadenó un incremento de los comentarios anti-inmigración. El ciberodio se ha convertido en una de las formas más habituales y peligrosas de la práctica del discurso del odio. Y los atentados de Barcelona y Cambrils no han sido una excepción. A las pocas horas de los atentados el hashtag #StopIslam se había convertido en Trending Topic en Twitter.

Imagen del 2015 en la que se puede leer “No me culpes a mí. Stop islamofobia”. Autor: Fotomovimiento vía Flickr

El presidente de SOS Racismo Madrid, Moha Gerehou, declaró el viernes que “el repunte de la islamofobia es nuestra principal preocupación después de las víctimas”. El presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, afirmó en una entrevista a la cadena Ser que la islamofobia se trata de una problemática ya existente en España antes incluso de que se produjeran el atentado del 11-M en Madrid, en el año 2004, y que ya tenía cabida en los primeros años de funcionamiento de internet. Por ello, apunta a luchar contra el yihadismo sin caer en la islamofobia.

Tal y como señalamos en un artículo de 2015, uno de los principales argumentos esgrimidos por parte de aquéllos que rechazan el islam y a los musulmanes, es que el islam -según afirman-, es una religión que incentiva la violencia, o que es violenta en sí misma.

¿Es el islam una religión violenta?

“Lo violento no es una religión, sino una persona, una comunidad o un régimen político”, afirmó en una entrevista para la CNN Reza Aslan, especialista en historia de las religiones. “[…] hay delitos como la ablación del clítoris que no son patrimonio exclusivo de los musulmanes, sino que lo ejecutan sin sonrojo los cristianos; que el Estado Islámico es un enemigo de todos que, para empezar, mata a fieles de Mahoma; que hay sociedades musulmanas donde las mujeres están más representadas en la política que en Estados Unidos…”, continúa Aslan.

Además, un informe reciente del Pew Research Center afirma que en muchos casos, las personas de países con grandes poblaciones musulmanas están tan preocupadas como las naciones occidentales por la amenaza del extremismo islámico, y en los últimos años su preocupación ha ido en aumento. Cerca de dos tercios de las personas en Nigeria (68%) y el Líbano (67%) dijeron en 2016 que estaban muy preocupadas por el extremismo islámico en su país, un incremento significativo desde el año 2013.

Lo cierto es que los motivos de los actos terroristas están relacionados más con elementos geopolíticos que religiosos. Son los movimientos yihadistas los que promueven la supremacía del islam a través de medios violentos, no el islam como religión. De hecho, según afirman los investigadores del Real Instituto Elcano mencionados anteriormente, la mayoría de yihadistas en España suelen ser hombres jóvenes, casados y con hijos, con ascendencia musulmana pero con un conocimiento del islam y de la ley islámica más bien elemental. Éstos no viven un proceso de “autoradicalización”, sino que en todos los casos el proceso tiene lugar en compañía de otros y mediante el concurso de un agente de radicalización. En realidad, “el 60% de los individuos que se radicalizaron total o parcialmente dentro de España lo hicieron bajo la influencia de un activista carismático”, afirman Reinares y García-Calvo, según los resultados que obtuvieron en su investigación.

Diversos estudios han distinguido entre varios tipos de agentes de radicalización. En primer lugar, activistas carismáticos que “normalmente son dirigentes de organizaciones o células de las mismas con conocimientos sustantivos y capacidad retórica que, además se ocupan de captar, adoctrinar e incluso a nuevos miembros, al poseer los conocimientos y carisma suficientes para ello”. Otros agentes de radicalización pueden ser “líderes religiosos reconocidos en el seno de una comunidad islámica, educadores, amigos, familiares y compañeros de trabajo previamente radicalizados.”

El modelo danés: desradicalización sin uso de fuerza

“Luchar férreamente contra los jóvenes radicalizados solo consigue que se radicalicen más”, éste podría ser el eslógan del modelo de Aarhus, la ciudad danesa que intenta desde hace más de 3 años reinsertar en la sociedad a presuntos yihadistas que regresan de Siria. Mientras la mayor parte de los países luchan contra este fenómeno con fuerza militar y policial, Dinamarca ha creado un nuevo método que está demostrando que funciona. Y lo hace con diálogos sobre religión y política, con ayudas prácticas para organizar sus vidas y con terapia contra los traumas, según informa La Vanguardia.

Imagen de la ciudad de Aarhus, en Dinamarca. La ciudad ha creado un nuevo método de desradicalización de extremistas que está obteniendo buenos resulstados. Autor: Gonzalo Pineda Zuniga vía Flickr

La religión se ha usado como marco de legitimación por parte del Dáesh. Sin embargo, la globalización (que “atenta los valores musulmanes”), y sobre todo, guerras como la de Afganistán e Irak, en Medio Oriente, son elementos que explican mejor que desde 2001 Occidente sea golpeada por el terrorismo yihadista.

Los bulos: el odio continúa en las redes

Los rumores y bulos han existido siempre, pero las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea se han convertido en un campo ideal para su difusión y propagación. Tal y como afirma el ciberescéptico Evgeny Morozov, Internet no “conduce necesariamente al respeto universal de los derechos humanos”. Internet no es liberador ni democratizador en sí, sino que puede producir “diferentes resultados políticos en diferentes entornos”, y por tanto conviene no dejarse llevar por cierto “solucionismo tecnológico” o ciberutopismo. De la misma manera que algunos movimientos emancipadores han hecho un esperanzador uso de las redes sociales, fuerzas de signo contrario han demostrado su capacidad de aprovechar ese potencial de las redes para fines opuestos. Este hecho fue evidente, una vez más, tras los atentados de Barcelona, cuando las redes se llenaron de rumores y bulos, cuyo único objetivo era aumentar la sensación de inseguridad en la población, el odio hacia el islam y difundir falsedades a la vez que generando desinformación.

Un bulo es un intento de hacer creer al lector que una noticia falsa es en realidad verdadera. Se caracteriza por ser anónimo, carecer de fuente y por contener un gancho que llama la atención del lector. Además, suele tener un tono sensacionalista. Cuanto más se adapte a la coyuntura del entorno, más éxito tendrá el bulo.

Tras los atentados de Barcelona y Cambrils pudimos identificar una gran variedad de bulos, rumores y falsedades cuyo objetivo se puede clasificar en los siguientes apartados:

1) Alarmismo y dramatización

2) Incitación al odio hacia el islam y/o la comunidad musulmana

3) Rumores y falsedades que generan desinformación y engaño

Mensaje falso acerca de un supuesto “aviso” a los manteros de Barcelona del atentado que se iba a producir. Noticia: eldiario.es

En situaciones como las ocurridas la semana pasada es importante que, antes de compartir cualquier información, sigas algunos consejos básicos: no fiarte de fuentes anónimas, seguir siempre la información oficial y revisar si otros medios de comunicación están hablando sobre el tema.

Son en los momentos de mayor debilidad cuando los bulos hacen más daño. Evitar que las noticias falsas sean difundidas es responsabilidad de todos y todas, por un entorno libre de discurso del odio.

Discurso del odio y la violencia física

Un informe elaborado por Alex Cabo Isasi y Ana García Juanatey, a propósito de las Jornadas Internacionales #BCNvsOdi, organizadas por el Ayuntamiento de Barcelona realizan la siguiente conexión entre discurso del odio y violencia:

“Mediante la proliferación y aceptación del discurso del odio se produce una reducción de empatía hacia los colectivos deshumanizados, y como consecuencia, se puede generar el caldo de cultivo adecuado para justificar actos discriminatorios, abusos y actos violentos de diversa naturaleza. Aunque no se pueda establecer, con carácter general, una conexión directa entre la proliferación de discurso del odio y los crímenes violentos de odio, cada vez hay una conciencia más clara del vínculo indirecto entre ambos fenómenos.”

¿Qué podemos hacer desde nuestra posición?

Desde United Explanations te invitamos a informarte y a tomar parte contra la violencia, tanto la yihadista como la islamófoba de la que somos testigos estos días. Es necesario fomentar el diálogo sobre las acusaciones, como propone esta viñeta que anima a ponernos en el lugar del otro. Entre todos debemos prevenir y luchar contra el odio.

Sumarnos a una campaña

Una forma de intervenir contra el odio en internet es sumarse a una campaña existente. En el ámbito europeo, destaca la campaña No Hate del Consejo de Europa, que funciona como paraguas de varias campañas nacionales sobre el tema. Más que abogar por la simple represión de este discurso, esta campaña adopta un marco de derechos humanos y, por lo tanto, reconoce también el derecho a la libre expresión, apostando por fomentar el desarrollo de autorregulación por parte de los usuarios.

El objetivo principal de esta campaña es movilizar los jóvenes europeos, creando un movimiento social contra el discurso del odio en internet (No Hate Speech Movement). También te invitamos a actuar contra el ciberodio consultando iniciativas como el Observatorio Proxi, un proyecto desarrollado por el Institut de Drets Humans de Catalunya y United Explanations, y combatir juntos la intolerancia en las redes sociales.

Intervenir en redes sociales

Otra posible respuesta ante el ciberodio o la islamofobia en internet es adoptar una estrategia de respuesta en las redes sociales (nos referiremos a Twitter y Facebook, principalmente). Esto significa intervenir directamente con nuestros propios mensajes. No obstante, a pesar de que esta estrategia parece fácil de entrada, está bien tener en cuenta algunas consideraciones generales:

  • Evitar la confrontación directa y buscar apoyos: como regla general es mejor evitar la confrontación directa con troles y haters. Además, es mejor buscar aliados, vinculando en los mensajes organizaciones de defensa de los derechos humanos, hashtags de campañas (como #stopislamofobia) o personas que pueden apoyar o amplificar el mensaje.
  • Logotipo de la campaña “No Hate Speech Movement.

    Evitar la amplificación del odio: como regla general, hay que evitar alimentar el odio. Una manera de hacerlo en Twitter, por ejemplo, es no usar los hashtags que se usan en los comentarios de odio.

  • Maximizar el impacto respondiendo a sucesos de actualidad: según un estudio publicado en 2016 sobre el discurso del odio en Facebook que cuenta con datos de varios países, para maximizar el impacto y conseguir ser compartido por un mayor número de personas, el contradiscurso (counter speech) debe ser reactivo y responder a las noticias y a los asuntos de actualidad. Por ello, eventos importantes como ataques terroristas que son susceptibles de generar odio, ofrecen una buena oportunidad para maximizar el impacto de los mensajes.
  • Mejor con gracia: la evidencia muestra que el humor y el sarcasmo son buenos aliados contra el discurso del odio. Un reciente estudio que compara el impacto del contradiscurso antiextremista en Facebook, ha afirmado que, independientemente del país objeto de estudio, los contenidos basados en el humor tienen un mayor impacto.
  • Respeta la netiqueta: apuesta por una conversación digital basada por el respeto mutuo, evitando insultos y otras palabras malsonantes.
  • Innova en los formatos: en concreto en Twitter, donde los 140 caracteres no dan para mucho, puede ser aumentar el impacto de tu intervención complementando el texto con otros formatos como MEMEs, GIF animados, imágenes, infografías, etc. En general, es de utilidad también el uso de emoticonos, sobre todo para clarificar el tono del mensaje (por ejemplo, irónico) y evitar malentendidos.
  • Reporta el contenido en la red social: bajo lo que Facebook denomina como Denuncia Social la plataforma anima a sus usuarios a utilizar los enlaces para reportar un contenido para enviar un mensaje a la persona que publicó un contenido, que disguste al usuario o incumpla la condiciones de Facebook, con el fin de que se retire. Lo mismo se puede hacer en otras redes sociales como Twitter y Youtube.
  • Denuncia el discurso: cuando se identifique un caso de discurso o incitación al odio y se desee denunciarlo, es importante incluir tanta información como sea posible:
    • ¿Cuándo sucedió? Es importante tomar nota de la fecha y la hora en la que se ha publicado el contenido intolerante, porque algunos contenidos en línea (por ejemplo, las discusiones sobre un chat) puede desaparecer rápidamente.
    • ¿Cómo se transmitió el contenido? Fue a través de un correo electrónico, mensajes de texto, mensajería instantánea, red social, foro de discusión, comentario en una página web, etc.
    • ¿La víctima ha encontrado el mensaje mientras navegaba por internet?

Desde United Explanations, queremos, además, mostrar nuestro más sincero pésame y apoyo a los familiares, amigos de las víctimas y personas afectadas. United Explanations fue fundado en esta maravillosa ciudad y muchos de nuestros miembros y colaboradores residen (o lo han hecho alguna vez) en Barcelona. Han sido días tristes y duros, pero también de reflexión para todos. Barcelona seguirá siendo una ciudad símbolo de la libertad, la tolerancia y el aprecio a la diversidad, valores que también pretendemos impulsar desde nuestra plataforma. #TotsSomBarcelona.


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Entrevistamos al profesor Pablo Pareja, experto en Relaciones Internacionales de Asia Oriental, que nos realiza un profundo análisis de los asuntos clave de la actualidad asiática: la nueva relación entre Rusia, China y EE.UU., la escalada de tensiones en Corea del Norte, el conflicto del Mar del Sur de la China, el rol de las EMSP en el estrecho de Malaca... ¡un artículo imprescindible! ¿Te lo vas a perder?


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Autores del artículo: Marcel Llavero Pasquina y Anna Pérez Català

Imagínate montado en un coche, con toda tu familia y amigos. Ahora imagina que vais a todo gas dirigidos hacia un acantilado, solo os faltan 100 metros para despeñaros y no sabéis que vendrá después. Intentáis frenar, ¿pero estáis a tiempo de evitar la caída?. En esta misma situación se encuentra la sociedad mundial delante de la inminencia de una deriva climática de dimensiones desconocidas. Intentamos frenar las emisiones de efecto invernadero, ¿pero lo haremos a tiempo para evitar un desastre climático global?.

La ciencia lleva décadas intentando definir dónde se encuentra el precipicio climático y qué hay después de él. Siguiendo las recomendaciones de los más reconocidos expertos, los líderes mundiales acordaron limitar el calentamiento global muy por debajo de 2ºC y aspirando a 1.5ºC, el pasado diciembre en el Acuerdo de París. Lo más preocupante, quizás, es que no sabemos del todo seguro qué riesgos conlleva un calentamiento de 1.5ºC, aunque sí sabemos que son mucho menores que los riesgos de los 2ºC. Por ejemplo, algunas de las islas de baja altitud del Pacífico podrían desaparecer por completo sólo con un calentamiento de 1.5 grados, o impactos como sequías muy severas, tifones más fuertes, que ya vemos hoy en día, podrían agravarse muy significativamente sólo con esta temperatura.

¿Cuántas emisiones nos podemos permitir para mitigar el calentamiento global?

Con el objetivo de vincular los objetivos internacionales del calentamiento global con las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) publicó el siguiente gráfico en 2014. En éste, el IPCC muestra la relación entre las emisiones de CO2 antropogénico acumuladas desde 1870 y el cambio de temperatura relativo a la media entre 1861 y 1880. La línea en negro son las emisiones que ya hemos echado a la atmósfera, mientras que el resto de colores son proyecciones según la velocidad de reducción de emisiones.

IPCC

Con esta gráfica de referencia, el IPCC sentaba las bases del llamado presupuesto de carbono: ¿Cuántas toneladas de CO2 nos quedan por emitir para evitar los 2ºC de calentamiento global?. Según Josep Xercavins, experto en cambio climático y política internacional de la UPC, la respuesta no carece de incertidumbre, principalmente porque es difícil cuantificar las emisiones históricas con precisión. Para reflejar esta variabilidad, distintos presupuestos de carbono se asocian con los distintos objetivos de calentamiento y sus distintas probabilidades. Por ejemplo, si queremos mantener el calentamiento a 1.5ºC con un 66% de probabilidad nos quedan unos 195 gigatoneladas (Gt) de CO2; para 2ºC con un 66% de probabilidad nos quedan 795 Gt.

¿Cuánto tiempo nos queda para actuar?

La ciencia ya ha determinado que el acantilado no está muy lejos, a día de hoy el calentamiento global ya alcanza el 1ºC de aumento respeto la era preindustrial y emitimos unas 40 Gt de CO2 anuales. Así, ¿Cuanto tiempo nos queda para dar con el precipicio?. Los expertos de Carbon Brief han preparado una infografía para representarlo que se ha vuelto viral en las redes.

Carbon Countdown
Fuente de la imagen: CabonBrief

La infografía representa los años que nos faltan para alcanzar una temperatura en concreto, que puede ser 1.5, 2 o 3 grados de calentamiento. Para cada temperatura, atribuye una probabilidad de llegar a ésta, ya que es muy difícil relacionar con exactitud las emisiones  de gases de efecto invernadero que tenemos en la atmósfera y el aumento de temperatura que esto conlleva. Así pues, para cada temperatura hay la probabilidad del 66%, del 50% y del 33%. Y cada probabilidad tiene un número de años asociados, que son las líneas de colores que avanzan de forma circular. Los años representan la cantidad de tiempo que podemos seguir emitiendo gases de efecto invernadero al ritmo actual hasta llegar a una temperatura en concreto.

Pongamos un ejemplo: si no queremos sobrepasar los dos grados de calentamiento del planeta, podemos seguir emitiendo 32 años más al ritmo actual de consumo de combustibles fósiles. Pero esto sólo nos garantiza en un 33% de que nos vamos a mantener a dos grados. Si queremos asegurarnos un poco más, sólo podemos emitir durante 27 años, con una probabilidad del 50%, que aún no es mucho. El 66% de probabilidad, la más segura de las opciones, implica que sólo tenemos 20 años de emitir como hoy dia.

¿Quieres saber más sobre la infografía? Échale un vistazo al siguiente vídeo:

¿Estamos haciendo suficiente para mitigar el calentamiento global?

Estamos muy cerca del precipicio y nunca habíamos llevado tanta velocidad, necesitamos frenar drásticamente y de inmediato. Con este objetivo, 189 países han presentado sus planes nacionales de lucha contra el cambio climático, también conocidos como INDCs, como parte de su contribución al Acuerdo de París. Para estudiar la adecuación de los planes nacionales a los objetivos globales de calentamiento, las Naciones Unidas prepararon un informe muy ilustrativo. En éste, se tomaron los presupuestos de carbono para los diferentes objetivos a las diferentes probabilidades y los compararon con las emisiones globales proyectadas asumiendo que los distintos planes nacionales se cumplieran.

Así pues, a finales de 2030 – final del periodo de vigencia de las INDCs del Acuerdo de París -, ya habríamos quemado más de la mitad del presupuesto de carbono para el límite de 2ºC. Solo nos quedarían 561 Gt de CO2 para emitir el resto del siglo asumiendo un riesgo del 50% de no conseguir el objetivo. Si queremos asegurarnos un 66% de posibilidades de mantenernos en los 2ºC tan solo nos quedarían 261 Gt para lo que nos quedaría de siglo.

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Si nos fijamos en el presupuesto de carbono para el límite del 1,5ºC, vemos que nuestras esperanzas de contener el calentamiento con un 50% de posibilidades se esfuman tan pronto como en 2025. En 2030 ya nos habríamos pasado de frenada unos cuantos centenares de metros, con un excedente de 189 Gt.
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Así pues, vemos como los planes nacionales no dan la talla y nos proyectan al precipicio climático en muy poco tiempo. Parece que los gobiernos del mundo deben escuchar más detenidamente a la ciencia y ceñirse a los presupuestos de carbono que deben evitarnos la caída. De ahora en adelante, las responsabilidades políticas, con el apoyo constante de la sociedad civil, debemos decir NO a cualquier nuevo proyecto de extracción de combustibles fósiles. Los fósiles dejémoslos en la tierra, ha llegado la era de la transformación sostenible hacia un mundo zero carbono.

Todos podemos contribuir a la transición, desde las Naciones Unidas hasta cada uno de nosotros. El presupuesto de carbono se aplica a todos los niveles y es una herramienta inmejorable para visualizar la urgencia de la acción climática en todas las partes de la sociedad. Te invitamos a prepararte tu propio presupuesto de carbono para los años venideros: ten en cuenta el clima que quieres para las próximas generaciones y la distribución equitativa del presupuesto mundial en relación a las emisiones acumuladas que las distintas comunidades del mundo han usado en su desarrollo. Una vez te marques tu propio umbral de CO2, trata de contener tus emisiones a lo ceñido por tu visión global. ¡Verás la dimensión del cambio que necesitamos!

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.



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