13/12/2017 BARCELONA

Laura Señán Cagiao, autor en United Explanations

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El inicio de las negociaciones entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno colombiano han pasado desapercibidas. Sin embargo, ¡no son menos importantes! En este artículo te contamos la historia de la organización marxista-leninista que bebe de la revolución cubana, las tácticas del Che, y que se ha diferenciado, por criterios morales, de las FARC.


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La frontera con Venezuela y los retos actuales

La victoria del “no” ha representado una sacudida para una Colombia que ya se había creído el fin de la guerra. La negativa a refrendar los Acuerdos de Paz, resultado de las negociaciones de La Habana que se iniciaron hace cuatro años por el gobierno de Juan Manuel Santos, deja al país en un limbo político, jurídico y social en el que la desazón se combina con una profunda incerteza sobre qué pasará a partir de ahora. A pesar del elevado abstencionismo, que explica en gran medida el resultado del plebiscito – el “no” ganó con apenas un 15% de los votantes –, la mayor parte de la población daba por hecho que el “si” representaba la única salida a un conflicto que lacra el país desde la década de los 60. Este espaldarazo al gobierno actual, constituye una nueva etapa política en la que el único modo de evitar una nueva espiral de violencia, pasa por la reestructuración de la estrategia llevada a cabo hasta ahora.

Manifestantes celebrando la victoria del “no” tras el plebiscito celebrado el pasado 3 de octubre en Colombia [Foto: AP Photo/Ariana Cubillos vía Flickr].

A Colombia le urge reaccionar y además de llevar a cabo prospecciones de futuro, analizar con detenimiento los resultados en aras de identificar dinámicas que, por otro lado, no son ajenas al conflicto. La distribución territorial del voto pone de manifiesto la profunda brecha centro-periferia que divide a Colombia y sus implicaciones en cuanto al trato diferencial que reciben las diferentes zonas geográficas del país: la mayoría de regiones que obtuvieron un “sí” rotundo son aquellas que concentran los datos más elevados de pobreza, desigualdad y que, en la mayoría de los casos, su condición periférica se combina con la de zona transfronteriza.

Por este motivo, llevar la atención a la situación actual de los territorios fronterizos de Colombia es fundamental para poder dar pasos sólidos en el camino hacia la paz.

 ¿Qué ocurre en la frontera? La cuestión de la delincuencia

En la frontera entre Colombia y Venezuela, sin institucionalización, sin diálogo, sin confianza y con un flujo incansable de personas que alejadas de acuerdos, votaciones y procesos políticos pretenden mejorar su situación, las cosas se complican. Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander, es uno de los puntos calientes de esta frontera. Sin embargo, no es ni mucho menos en único de los problemas de la frontera entre Colombia y Venezuela. De los cinco países con los que hace frontera Colombia, “la raya” colombo venezolana no es sólo la más extensa, sino en la que se produce la mayor interacción. Esta zona geográfica, que concentra dos de los temas más substantivos para el proceso de paz como lo son la cuestión de las tierras y el narcotráfico, ha sido también testigo de algunos de los mayores escenarios de conflictos de la guerrilla. Además, en caso de que se mantenga lo acordado respecto a la desmovilización de las FARC, muchas de estas regiones albergarán muchos de los campamentos que se instalarán de manera provisional.

Puente que atraviesa el río Orinoco entre Colombia y Venezuela, uno de los pasos legales que atraviesan la frontera [Foto vía Flickr].

Se trata de territorios en los que el incremento de los niveles de delincuencia y personal armado se juntan con unas cada vez más complicadas posibilidades de sobrevivir para los venezolanos. Se da por lo tanto la situación idónea para que emerjan grupos criminales para los que el uso de las armas, ligado a la extorsión u otras actividades ilícitas se convierte en prácticamente el único modo de subsistencia. Este entorno desde luego será lo que menos le convenga a los jóvenes desmovilizados que no conocen otra alternativa a la de la guerra y el crimen, por lo que existe un riesgo elevado de que, en caso de fracasar las estrategias de integración en la sociedad colombiana, encuentren su lugar en las filas de estos grupos criminales. Podría darse así un traslado del conflicto guerrillero a las bandas armadas que predominan en la mayoría de países del continente. Estas escaladas de violencia tienen una solución complicada y, si bien el acuerdo abría la posibilidad de aminorar la tensión en la parte colombiana, la venezolana continúa siendo no sólo un riesgo sino una grave amenaza de cara al futuro.

Todos estos elementos encuentran su arraigo en la debilidad de los organismos públicos a ambos lados de la frontera. La corruptela que se lucra a costa de la necesidad de los venezolanos por acceder a bienes y servicios convierte a las zonas fronterizas en un territorio donde el empleo informal asciende al 80%. Estas actividades corruptas en la frontera alcanzan su mayor punto de peligrosidad en 217 puntos de “la raya”. Las llamadas trochas, son una “tierra de nadie” y la única esperanza de muchos ciudadanos que han visto imposibilitado el acceso a Colombia por los puentes legales debido a los frecuentes cierres de las fronteras. Además, se trata de una alternativa para colombianos retornados con cédulas ilegales o vencidas para pasar desapercibidos por los oficiales que vigilan la frontera. Estos son los mismos que actúan en connivencia con los guajiros, los “coyotes” que realizan los traslados a través de zonas ilegales a cambio de elevadas cantidades de dinero del que los venezolanos a penas disponen.

Los problemas migratorio y ambiental

Del mismo modo que Venezuela acogió un elevado número de colombianos desplazados del conflicto y migrantes económicos debido a la situación favorable de su economía en períodos anteriores, hay ahora mismo muchos venezolanos, colombo-venezolanos y colombianos retornados o deportados que representan un reto migratorio en la situación actual del país. Recientemente se ha observado una tendencia al aumento de comentarios discriminatorios hacia los migrantes venezolanos a los que se les acusa de aceptar trabajar a pesar de su sobrecualificación debido a la gratuidad del sistema educativo de Venezuela.

La comunidad de los wayú, la más grande en ambos países, es originaria de la Amazonía [Foto vía Flickr].

También desde el punto de vista ambiental, las desavenencias a nivel político están provocando graves problemas que, en caso de no ser abordados, se pueden convertir en irreversibles. La línea trazada para dividir los territorios colombo-venezolano atraviesa parques naturales como el Parque Nacional Natural (PNN) de Catatumbo Barí y Tamá – en lo referente a la parte colombiana. Lo mismo ocurre con algunas comunidades indígenas que viven de manera transfronteriza como es el caso de los wayu, localizados entre los departamentos del La Guajira, en Colombia y el estado de Zulia en Venezuela. Desde la academia, y otros asesores estratégicos se produce un constante hacia las autoridades para que dejen atrás una actitud de reproches para comenzar a construir proyectos conjuntos basados en la colaboración ya que las pérdidas de ecosistemas o la violación de derechos indígenas se pueden convertir en problemas de alcance inimaginable para ambos países.

¿Cuáles son las alternativas?

De acuerdo con la especialista Socorro Ramírez, el primer cambio pasa por modificar la perspectiva con la que se abordan los problemas fronterizos. Aumentar la participación local es fundamental para reducir la brecha centro-periferia, al menos en el lado colombiano ya que las dinámicas que se generan en estos territorios nada tienen que ver con las realidades de Bogotá o Caracas. Tanto es así, que atendiendo a las percepciones locales, se da la siguiente paradoja: los habitantes de los territorios fronterizos tienen una mayor sensación de integración, consecuencia de sus propias dinámicas. Sin embargo, identifican que la intervención estatal destartala esta relativa estabilidad ya que entienden las fronteras como un “todo” sin tener en cuenta sus propias dinámicas diferenciadas.

Además, son necesarias colaboraciones binacionales en forma de proyectos de integración transfronterizos que permitan abordar las cuestiones relativas a la frontera de manera conjunta por ambos países. Muestra de ello son las exitosos Zonas de Integración Fronteriza (ZIF) en la frontera con Ecuador, donde la creación de comités territoriales permitió la gestión de cuestiones hasta el momento litigiosas. La alternativa de la excesiva militarización y la configuración de los conflictos fronterizos de manera unilateral, no significa más que la repetición de los errores del pasado. Concretamente, en casos como la frontera con Venezuela, el apoyo de organizaciones regionales como la UNASUR probablemente fuera necesario para hacer un seguimiento de las estrategias de resolución de conflictos debido a que trata, en muchos casos de situaciones que podrían ser tildadas de crisis humanitarias que, por su condición de región fronteriza se combinan con otras dinámicas de carácter transnacional como lo es el narcotráfico, la trata de blancas o el crimen transnacional organizado.

Sin duda, la situación actual de polarización no hace más que agravar las cosas, sobre todo ligado a la articulación de las alianzas entre la oposición venezolana en alianza y los uribistas y partidarios del “no” a los acuerdos. Esto ha sido utilizado por Maduro para bloquear cualquier tipo de colaboración, y como vaya a ser gestionado a partir de ahora representa un riesgo elevado. Sería una enorme imprudencia para Colombia subestimar el potencial riesgo que existe en su frontera con Venezuela ya que, entre otros motivos, podrían debilitar mucho las garantías que ofrece el estado, en un momento en el que fortalecer su institucionalidad será clave para asegurar el éxito del proceso de paz.

 Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Parte I: ¿Cómo se sentaron las bases? Un análisis de la convivencia Chávez-Uribe

A menos una semana de la celebración del referéndum plebiscitario por la paz en Colombia, los debates son muchos y muy variados. Se trata del inicio de un proceso de transición, en el se enfrentarán retos de diversa índole y de cómo manejarlos dependerá el futuro del país. Si bien el conflicto colombiano se ha librado fundamentalmente en el interior de las fronteras del país, han sido muchos los factores externos que han contribuido a su desestabilización. No obstante, hacer una reflexión sobre cuál es la situación en los territorios fronterizos y cómo eso revierte en las relaciones bilaterales con los países vecinos, deviene una cuestión fundamental para mapear todos los posibles riesgos de este nuevo horizonte que se abre en Colombia.

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“Hasta que todo esté acordado”

Primeros pasos para la paz definitiva en Colombia”

Mapa de las fronteras de Colombia. [Foto: Juan José Madrigal vía Flickr].

El territorio colombiano delimita por el norte con el mar Caribe, por el sur con Ecuador y Perú, por el este con Panamá y el Océano Pacífico y por el oeste con Brasil y Venezuela. Aunque no sería posible afirmar que alguno de ellos se encuentre libre de problemáticas de carácter social o económico, hoy en día, la situación de Venezuela es especialmente delicada y supone para la región un elemento de preocupación que no deja indiferentes a ninguno de los países que lindan con su territorio. Desde una Colombia sumida en plena vorágine por zanjar un conflicto de más de medio siglo de antigüedad, la coyuntura venezolana no debe de ser asumida como una problemática ajena, sino como un contexto de “retos simultáneos”. Socorro Ramírez –doctora en Ciencia Política y Relaciones Internaciones y miembro de la Comisión Presidencial de Integración y Asuntos Fronterizos (COPIAF)– afirma que actualmente deben considerarse dos procesos de transición política que están teniendo lugar paralelamente: el fin de la guerra en Colombia y una transición que no termina de perfilarse pero que debe de tener como salida la reestructuración de un proyecto que ya no se puede considerar exitoso.

La tensión latente en relación colombo-venezolana

Las desavenencias que caracterizan las relaciones colombo-venezolanas datan del siglo XIX, incluso de antes de la proclamación de las independencias y posterior trazado de una frontera que nunca fuera aceptada de manera satisfactoria por ninguno de los dos países. Durante este tiempo, a pesar de las complejas tensiones territoriales, la necesidad de regular el mercado transfronterizo obligó a poner en práctica diferentes iniciativas que, como señala la profesora Ramírez, evidenciaron “lo fructífero de la cooperación” entre dos partes que tienen más de complementario que de opuesto. Algunos ejemplos, como la otorgación de cédulas de identidad de ambas nacionalidades para ganaderos que interactuaban en los dos lados de la frontera, son muestras de que existen alternativas para abordar de manera conjunta problemas como el del tráfico ilegal o la institucionalización de mercados negros.

La frontera entre Colombia y Venezuela se extiende a lo largo de 2219km. [Foto vía Creative Commons].

Entendiendo la relación entre Venezuela y Colombia en el marco de un eje conflicto-cooperación, la coyuntura política en ambos países en las últimas décadas, tomando como referencia la llegada de Hugo Chávez al poder venezolano en 1999, intensificó de manera significativa estas dinámicas de relación binacional. Sin entrar en los motivos de la continuidad política en el gobierno venezolano, que en dicho período sólo ha asistido a la delegación del poder a Nicolás Maduro tras el fallecimiento de Chávez, resulta fácil asociar las alteraciones en la dinámica fronteriza con los cambios en la presidencia de Colombia. Sin embargo, resulta paradójico que los dos momentos en los que se han alcanzado los dos extremos del eje, coinciden con el período Chávez-Uribe (2002-2010).

La fase olvidada del chávez-uribismo

La llegada de Chávez al gobierno interrumpió a Colombia en el segundo año de la legislatura de Andrés Pastrana (1998-2002). Una legislatura caracterizada por la iniciación de un proceso de paz similar al que se está viviendo actualmente y que sin embargo no derivó en el acuerdo. La llegada de  Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela fue cualquier cosa menos de actitud conciliadora con lo que respectaba al estado colombiano ya que en un primer momento Chávez muestra una cierta complicidad con la guerrilla declarándose neutral en el conflicto. Esto significó de algún modo una “exacerbación de temores mutuos”, que frente a todo pronóstico dio un vuelvo con la llegada de Álvaro Uribe al gobierno de Colombia . Para entender las peculiaridades de esta etapa, es necesario comprender las personalidades de dos figuras que, lejos de comulgar en cuanto a alineaciones ideológicas, compartían otras muchas prácticas políticas. Ambos se alzaron como líderes incontestables, de corte casi mesiánico, dispuestos a conectar a través de un discurso más próximo con el pueblo.

Hugo Chávez Frías y Álvaro Uribe Vélez han sido dos de los presidentes más populares de América Latina en las últimas décadas [Foto vía Flickr].

Durante este primer tramo del chávez-uribismo, el ansia de colaboración derivó en la elaboración de mega-proyectos estratégicos como la construcción del canal interoceánico a través del cual Uribe, firme aliado y colaborador de los EEUU, estaba dispuesto a facilitar a Chávez la diversificación de destinos de importación del petróleo, reduciendo así su dependencia con EEUU. También data de esta etapa el sustancial incremento del comercio bilateral, el cual se triplicó respecto al período anterior, además de otros logros en el ámbito de lo social como la reducción de los índices de violencia en los territorios fronterizos gracias a los esfuerzos conjuntos por la eliminación de prácticas ilícitas como el contrabando de gasolina. Poco tienen que ver estos inicios en los que incluso casi se resuelve el conflicto del Golfo que había puesto en jaque a ambos países en 1987, con el giro que dan las cosas a partir del año 2005.

Entonces ¿qué fue lo que paso? ¿qué elemento desencadenó la escalada de tensión que se produjo a partir del año 2005? Como prácticamente todos los hitos históricos por los que ha atravesado Colombia en las últimas décadas, tuvo que ver con el conflicto armado.

El “caso Granda”: la entrada en la espiral de conflicto

El hecho que comenzó a resquebrajar las “ejemplares” relaciones diplomáticas fue la detención del portavoz de las FARC, Rodrigo Granda, por medio de las autoridades colombianas el 10 de diciembre de 2004. A pesar de que rápidamente se proliferara la noticia de que se trataba de un secuestro, tenido lugar en la cuidada de Caracas, inicialmente ambos países llegaron al acuerdo tácito de aceptar que la captura se había realizado en Cúcuta, región fronteriza colombiana – a donde, se supo, fue trasladado después.

Rodrigo Granda Escobar era considerado uno de los miembros con mayor influencia en las filas de las FARC en ese tiempo [Foto vía Diario Semana].

En un primer momento no parecía que se le diera importancia a ésta ni a otras cuestiones como a la de por qué un alto cargo de la guerrilla se encontraba en territorio venezolano o a la sospecha de que la operación de las fuerzas armadas colombianas se había llevado a cabo mediante el soborno. El comportamiento aséptico de ambos gobiernos no duró más que unos meses, en los cuáles comenzaron a suscitarse severas acusaciones por parte de diferentes grupos de presión en los dos países. Por un lado, desde Venezuela comenzó a circular la idea de que la detención de Granda en Caracas suponía una grave intromisión en la soberanía nacional, mientras que desde Colombia se consideraba que su presencia en Venezuela ponía en evidencia el apoyo de este país a las FARC. También las FARC realizaron comunicados manifestando su decepción con Chávez por no haber mediado en lo que se había considerado un secuestro por parte de las fuerzas armadas colombianas. Investigaciones posteriores demostraron que Granda contaba con cédula venezolana y que su presencia en Venezuela era consecuencia de la invitación al congreso bolivariano del 8 y 9 de diciembre. Al mismo tiempo se ponía en entredicho la actuación  legal de las fuerzas policiales colombianas, una vez confirmado que habían pagado de manera privada a funcionarios venezolanos para que colaboraran en el secuestro de Granda. En definitiva, los sucesos que tuvieron lugar en el año 2005 supusieron una escalada de la tensión en la frontera, que se llevó consigo cualquier iniciativa de colaboración que se pudiera haber dado con anterioridad.

A partir el registro de testimonios agresivos por parte de la clase dirigente en ambos países es innumerable. Las consecuencias de esta tensión fueron, desde la ruptura de las relaciones comerciales, hasta la movilización de armamento a la frontera, la cual se encontró cerrada en diferentes ocasiones. La crisis diplomático tuvo gran repercusión internacional tanto en organismos multilaterales como Naciones Unidas (NNUU), desde donde el propio Ban-Ki Moon llamó a ambos países a la reconciliación, o la Organización de los Estados Americanos (OEA), como la intervención de otros países vecinos como Brasil, Chile o Ecuador en sus intentos de mediar en la situación colombo-venezolana.

Apelando a la soberanía en el lado venezolano y a la seguridad desde Colombia y retomando la importancia de los liderazgos presidenciales, tanto Chávez como Uribe utilizaron la coyuntura internacional en sus discursos a nivel nacional Venezuela era sinónimo de guerrilla y Colombia de imperialismo norteamericano, imágenes de las que ellos querían alejarse para construir el futuro de sus países.

No es hasta la llegada de Santos en 2010 que se considera la entrada en una nueva etapa que de alguna manera puso fin a un conflicto que ninguno de los dos países podía resistir. Pasados tres días de que Juan Manuel Santos ganara las elecciones, Chávez se reunía con el en la Quinta de San Pedro Alejandrino (Santa Marta, Colombia) para poner fin a sus deferencias. Las consecuencias de esta etapa fueron devastadoras, y los daños prácticamente irreparables, dejaron a la frontera de Venezuela y Colombia en una situación cuando menos quebradiza para enfrentarse a lo que viene a partir de ahora.

Ésta es una publicación sin ánimo de lucro.


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“Y volvió el apagón”

Después del furor de los últimos meses en los que Cuba no sólo ha sido el centro de todas las miradas por los conciertos de los Rolling Stones y el desfile de Chanel, sino por convertirse en la más prometedora de las economías de transición, de repente, “volvió el apagón”.

Desfile de Chanel en La Habana 4 de Mayo de 2016. Fuente: Flickr

El peor de los miedos de la sociedad cubana, para los que lo vivieron en primera persona y para todos los que han crecido escuchando hablar de aquel tiempo donde no había luz en el Malecón, está presente otra vez desde que el gobierno cubano ha aceptado públicamente que la economía de la isla se está viendo fuertemente afectada por la profunda crisis que atraviesa Venezuela. Y las alternativas no son esperanzadoras. Frente al riesgo de que se vayan a limitar los suministros energéticos, el gobierno no piensa en una alternativa hacia delante, mejor apagar las luces y dejar que pase el temporal…

La alarma se sobrevino a raíz de la intervención del presidente Raúl Castro en la Asamblea del Poder Popular en la que reconoció públicamente la necesidad de tomar medidas para enfrentar la “situación coyuntural” que estaba viviendo Cuba con motivo de la situación venezolana.

Esta fue una noticia en cierto modo sorprendente ya que las últimas valoraciones semestrales de la situación económica habían sido, cuando menos, en otra tónica. Incluso, en el pasado mes de abril, se hicieron publicaciones oficiales asegurando que Cuba alcanzaba un crecimiento del 4% del PIB. Se hablaba también de una mejoría en la calificación de Cuba por las agencias de riesgo internacionales a consecuencia, entre otros motivos, de los cambios producidos en el escenario global. El incremento de exportaciones acompañado de la reducción de importaciones permitieron mantener un control más constante de los precios para el consumidor e incluso para los que tenían por imposible una apertura hacia el libre mercado, los resultados mostraban un crecimiento de la presencia de capital extranjero a través de inversión directa e incluso un crecimiento del empleo privado.

Los datos de la mejora sustancial de los datos de turismo parecían dar una mayor consistencia a lo que, para algunos, no eran más que un lavado de cara estratégico por parte del gobierno. Sin embargo, lo preocupante ahora parece ser cómo mantener las luces encendidas en todos los hoteles que tienen lleno, en vista de los eventuales recortes que se prevén.

Cambios político-institucionales

Con las últimas modificaciones que se habían producido tras la aprobación de los últimos Lineamientos de la Política Económica y Social de la Revolución, todas las esperanzas estaban puestas en el séptimo Congreso del Partido Comunista de Cuba que tuvo lugar el pasado mes de abril en La Habana. En él, se sientan las bases de las directrices que vertebrarán las tomas de decisiones en la isla en el medio plazo y, en este caso, tratándose del primer congreso tras el restablecimiento de las relaciones con EEUU, eran muchas las preguntas que se ponían encima de la mesa. No obstante, ni los cambios fueron muy radicales, ni las nuevas propuestas demasiado ambiciosas. De hecho, los últimos movimientos en las filas del gobierno han llevado a pensar incluso en un retroceso en cuanto a los “avances” que, si bien no se habían materializado del todo, habían suscitado gran expectación.

Parlamento de la República de Cuba sesión del 8 de julio de 2016. Fuente: Cubadebate.net

La destitución del anterior Ministro de Economía y Planificación Marino Murillo ha sido uno de los cambios que más críticas ha generado ya que, se especula, era considerado por el gobierno como un político demasiado transigente con las reformas. Este argumento ha sido fácil de respaldar dada la edad del Ministro actual. Estos elementos que no hacen otra cosa que poner palos a las ruedas a los avances que, parecía, se iba sucediendo. Todo ello sumado a la tradicional falta de adaptabilidad y respuesta rápida a las necesidades económicas de la isla, han precipitado que el fracaso venezolano haya supuesto un batacazo también para Cuba.

¿De dónde proviene la dependencia de Cuba de Venezuela?

Para entender el desarrollo económico de cualquier economía, es obvio que no se puede perder de vista  la interconexión  de los mercados internacionales y que el hecho de que el bienestar de las economías vecinas es más que fundamental para asegurar el crecimiento económico de cualquier país. No obstante, cuando el modelo económico de un país depende de modo prácticamente exclusivo de otro el impacto se incrementa y, si bien afrontar una crisis es una situación que genera ansiedad para cualquiera, en el caso de los cubanos está doblemente justificado. Y, mucho más, cuando la situación se asemeja en tanto aspectos a la que se vivió durante los años 90 en la isla.

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Dibujo de Fidel Castro y Hugo Chávez en una pared de La Habana. Fuente: Flickr

De nuevo, y como siempre que se quiera abordar cualquier aspecto de la realidad cubana, para entender la profunda dependencia que Cuba ha creado con el país centroamericano, hace falta un pequeño recorrido por los verdaderos orígenes del Período Especial en Tiempos de Paz, sobre todo, para comprender los riesgos de una nueva crisis como la de los años 90. Como se ha explicado en otros artículos, tras la adopción del modelo soviético por la Revolución cubana, su estructura económica se tornó fundamentalmente dependiente del devenir de la estabilidad de la URSS. Esta dependencia estaba basada en los llamados acuerdos preferenciales mediante los cuales la URSS vendía petróleo a Cuba a precios mucho más bajos de los del mercado. Por este motivo, tras la grave recesión a mediados de los ochenta y el colapso final en 1989 que deriva en la desintegración de la URSS, Cuba se ve sumida en una abrupta crisis debido a la inexistencia de industria interior y la incapacidad de generar divisas de manera autónoma. Esta crisis, que se prolonga durante toda la década de los 90 – y para muchos se ha perpetuado hasta el presente –, se ve recrudecida por el aumento de la presión del embargo estadounidense, que pretendía aprovechar el momento para terminar de ahogar el futuro de la isla. De un modo muy resumido y pasando por alto infinidad de detalles, una de las mayores consecuencias en la vida cotidiana de los cubanos fueron las restricciones energéticas que provocaron apagones de hasta ocho horas en muchos barrios de La Habana.

Posteriormente, el giro a la izquierda en América Latina retoma Cuba como adalid de la resistencia frente a los EEUU, y esto se materializa en el acuerdo energético entre Fidel Castro y Hugo Chávez. Esto consistía en el envío diario de más de 100.000 barriles de petróleo desde Venezuela hacia Cuba, a cambio de la provisión de servicios – de entre los que destacan los médicos y el personal para el aparato de inteligencia del estado venezolano.

Crisis en Venezuela y… ¿nuevo Período Especial?

En Venezuela, si bien la decadente situación política e institucional en el país no tiene una única justificación económica, se ha visto fuertemente agravada por la caída de los precios del crudo a nivel internacional. Por lo tanto, teniendo en cuenta la estrecha dependencia entre ambas economías, hace que el desvanecimiento de la economía venezolana se lleve por delante los pinitos que Cuba lleva haciendo en el terreno de las “innovaciones” político-económicas. No obstante, este hecho no ha pillado por sorpresa a casi nadie. De hecho, no han sido pocos los analistas cubanos e internacionales que vienen apuntando el riesgo de una nueva crisis de liquidez para la economía cubana. Sin embargo, los alardes de cambio que se han dado durante los últimos años hacían que cupiera cierta esperanza de que Cuba iba a tener otra salida. No parece que vaya a ser así y, en principio, como medidas transitorias se ha mencionado la reducción del consumo energético en un 6%.

El impacto que tiene la contracción de la cantidad de petróleo que llegaba a la isla bonita no se produce sólo a nivel doméstico, sino que pone en riesgo la reducida, pero crucial para la entrada de capital, industria del níquel y el azúcar, ya que se trata de las únicas fuentes de entrada de divisas. De hecho, a pesar de que se ofrecieron garantías para las principales industrias generadoras de divisa, se ha anunciado ya el cierre parcial de algunas refinerías de PDVSA que operan actualmente en Cuba.

Imagen de la refinería de petróleo de Cienfuegos. Fuente: Wikimedia Commons

Si bien esta situación pone en entredicho los avances que se habían venido produciendo con el acercamiento a los EEUU, estos pueden significar también una posible vía de escape. Lo cierto es que actualmente las relaciones Cuba-EEUU se encuentran en una situación de cierta esquizofrenia: por una parte, ha aumentado la cooperación con los EEUU que ha reducido la presión mediante la flexibilización de algunas de las cláusulas del embargo, pero por otra este sigue vigente y es uno de los motivos que ha obligado a Cuba a establecer esta situación de dependencia con Venezuela.

Sin embargo, algunos analistas apuntan ya a la paradoja de que la dependencia de Cuba de la economía venezolana puede ser aprovechada en este caso por los EEUU. De lo que desde luego lo cabe duda es que el futuro de la isla de nuevo depende más de actores externos que de sí misma.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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“¿Qué bolá Cuba?”. Las palabras de Obama a su llegada a la isla dan un aire de familiaridad a su histórica visita. Te contamos cómo fue este nuevo acercamiento entre los gobiernos estadounidense y cubano, el papel que jugaron los Rolling Stones, y qué consecuencias geopolíticas tendrá para ambos países la primera visita de un presidente norteamericano a Cuba en 80 años.


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Hace más de un año del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, un verdadero hito de la historia de las relaciones internacionales. ¿Qué ha ocurrido en este año? ¿Qué se espera en el futuro de este acercamiento? ¿Cómo se desarrollará el futuro de la isla? Te lo explicamos a través de esta infografía.


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Durante el último año, Cuba ha estado en el candelero mediático prácticamente de manera permanente. La reanudación de las relaciones diplomáticas con EEUU ha acelerado un proceso de reformas que, de hecho, ya se había puesto en marcha con anterioridad. No obstante, al contrario de la percepción de mucha gente, ésta no ha sido ni mucho menos la solución definitiva a los problemas de la isla. De hecho, ha dado y dará lugar a otras muchas cuestiones, algunas de ellas ya observables en el corto plazo.

Los refugiados políticos cubanos: los particulares motivos que los empujan a emigrar a los EEUU

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Bandera de Cuba. Fotografía: Flickair

Que muchos cubanos se van, es un secreto a voces. Aunque parezca imposible pensar que alguien pueda buscar algo mejor que un país ubicado en el Caribe, con una sociedad con un 100% de población alfabetizada y un modo de vida delicioso, muchos cubanos abandonan su país buscando, no diré algo mejor, sino, otra cosa. Y por supuesto, como todo en Cuba, la doble vuelta política cuenta con la colaboración de los EEUU para hacer la realidad todavía más intrincada.

Si bien establecer una diferencia entre la condición de migrante y refugiado ya resulta complicado en cualquier circunstancia, las consecuencias de que los EEUU tengan una consideración especial para los cubanos que entran en el país, apuntan hacia muchas direcciones. En primer lugar, denota un tratamiento diferencial entre los migrantes, al entender que es refugiado político cualquier cubano, que por la vía que sea y jugando más o menos con los límites de la legalidad, pone un pie en territorio estadounidense. Sin duda, esto llama la atención de cualquiera teniendo en cuenta detalles como que los EEUU hayan dispuesto una valla en la frontera con México para restringir la inmigración latinoamericana, por no hablar del debate abierto actualmente sobre las condiciones que imponen para gestionar la crisis de los refugiados sirios. En segundo lugar, y si cabe más importante, se trata de un arma de doble filo: por un lado les facilitan la entrada a otro país y por el otro les ahogan la existencia en el suyo propio.

Sin embargo, dejaremos al margen cuestiones deontológicas para centrarnos fundamentalmente en las consecuencias factuales que tiene esta situación.

Durante la etapa pre-revolucionaria, Cuba fue uno de los países que mayor contingente de inmigrantes recibió en lo que respecta a la región latinoamericana. No obstante, a partir del 1959, en el inicio de la Revolución, la mayoría de estadounidenses afincados en la isla durante la etapa neocolonial, así como de cubanos considerados afines a los intereses (capitalistas) norteamericanos abandonaron Cuba. El bienestar proporcionado por los primeros años del gobierno de Fidel, que más tarde se vio también respaldado por la –en aquel momento bienvenida– economía soviética, permitieron a la población cubana alcanzar un nivel de vida que, además de igualitario, era elevado. Sin embargo, cuando la historia se truncó y se perdió la entrada de dinero de la desaparecida URSS, a Fidel se le complicaron las relaciones diplomáticas no sólo con los EEUU, sino con el resto de vecinos latinoamericanos. Resultado: como siempre, el pueblo fue quien pagó las consecuencias.

¿Objetivo EEUU?

A pesar de que ya se había producido una salida masiva de la isla en 1965, conocido como el éxodo de Camarioca, las oleadas migratorias más sonadas son de los Marielitos de 1980 y la crisis de los Balseros de 1994. En los tres casos, el objetivo: alcanzar por mar la cercana costa de la Florida.

Embarcación interceptada por las autoridades estadounidenses en las proximidades de la costa de Florida. Foto: Flickair

Según el censo de 2013, en Florida viven hoy en día más de dos millones de cubanos. En la actualidad, los cubanos tienen otras “vías de salida”. Algunos optan por la doble nacionalidad –en la mayoría de los casos española–, otros intentan someter a trámite la solicitud de visados de reunificación familiar y, sobre todo, desde que 2008 se eliminaron las restricciones para viajar con “normalidad”, otros muchos escogen simplemente salir al extranjero y desertar. Es el caso, por ejemplo, de los médicos enviados a misiones por las autoridades cubanas. Una vez fuera, entran en contacto con consulados norteamericanos en terceros países y desde ahí se les facilita el tránsito. Pero, ¿por qué a los Estados Unidos? ¿Por qué al país que la mayoría de los cubanos han crecido demonizando y, no sólo eso, sino que viviendo en sus propias carnes las consecuencias de su opresora política exterior hacia Cuba? Muy fácil, desde el momento que un cubano se encuentra en suelo estadounidense, se acoge a la llamada Ley de Ajuste Cubano.

Promulgada por el Congreso durante la legislatura de Johnson en 1966, considera que todos los cubanos, independientemente de su condición, que abandonan el país lo hacen siempre por motivos de persecución política en su país de origen. Al llegar, tienen derecho a acogerse al Programa Federal de Reasentamiento mediante el cual se les es tramitada automáticamente la residencia en los EEUU, así como permiso de trabajo y demás asistencia económica – bonos comida por 180$, otros tantos en efectivo, y cobertura médica.

¿Cómo la situación puede cambiar a raíz de la reanudación de las relaciones EEUU-Cuba?

La lógica que prevalece tras la Ley de Ajuste, no es otra que la de atraer cubanos hacia los EEUU para así poder reforzar sus argumentos en contra del gobierno socialista de los Castro. Por lo tanto, el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EEUU, hace que este razonamiento careciera de sentido. Esta normalización da por sentado que el gobierno estadounidense dejará ya de imponer su juicio sobre la situación en la isla y por tanto, no existe la necesidad de mantener una política que persigue que haya más cubanos fuera, que dentro de Cuba. A esto se le suma que el Ayuntamiento de Miami ha declarado que no tiene fondos para hacer frente a una llegada de cubanos que se incrementó en un 77% en el periodo 2014-2015 respecto del año anterior. Existen también razones políticas de otra índole que alegan que muchos cubanos fingen situaciones de persecución política para salir de Cuba y que, sin embargo, llegan a los EEUU, se benefician de las ayudas –que, por otro lado, de ningún modo les permiten vivir de manera holgada territorio norteamericano– y al cabo de cumplir el año exigido, retornan a la isla dejando en Florida a alguien a cargo de gestionar ese dinero y enviárselo en forma de remesas. Evidentemente, esto son sólo conjeturas, pero lo que sí es cierto es que los motivos que llevan a los cubanos a abandonar su país son de naturaleza fundamentalmente económica, más que política. Por todo ello, se están sometiendo ya a debate propuestas de ley como la Ley de Oportunidad de Trabajo para os Inmigrantes Cubanos 2016 del senador Marco Rubio, que modifica las condiciones originales de la Ley de Ajuste cubana. No sin consecuencias. Frente a la incertidumbre, todos quieren llegar a tiempo.

La crisis centroamericana 

Cuba es una isla, y por tanto, no contempla fronteras directas con ninguno de sus países vecinos. No obstante, no cabe duda que cualquier país caribeño resulta mucho más accesible que la idea de penetrar al sub-continente sudamericano. Entre otros, la proximidad es uno de los principales motivos que han convertido a Costa Rica en uno de los países puente para los cubanos en sus ansias de alcanzar el “sueño americano”. A su llegada, obtienen una “visa de transito extraordinaria” otorgada por la Dirección General de Migración y Extranjería o, en otros casos, un salvoconducto, que les permite permanecer en una situación legal hasta que encuentran la manera desplazarse hacia los EEUU.

Emigrantes cubanos en La Cruz, Costa Rica. Foto: Reuters

La situación en Costa Rica se complicó el pasado mes de noviembre de 2015 cuando casi dos mil cubanos se quedaron varados en el país centroamericano y fueron movilizados por las autoridades costarricenses hacia la localidad de Peñas Blancas, frontera con Nicaragua. Frente a esto, el gobierno nicaragüense activó un dispositivo militar para impedir el paso de los cubanos por su frontera, dejándolos así bloqueados. Además de una crisis diplomática entre ambos gobiernos, este hecho puso de manifiesto un efecto colateral del proceso de deshielo entre Cuba y EEUU: la desaparición de la Ley de Ajuste. La incertidumbre que sobrevuela ahora el futuro de Cuba, sumada a las complicadas circunstancias económicas, hace que el riesgo de recibir una avalancha de cubanos e en estos países sea mayor. Los cubanos que han abandonado su país de procedencia, después de haber gastado el dinero que no tenían para poderse desplazar hacia EEUU, no sólo no están dispuestos a ser repatriados, sino que asumen que no tienen ninguna responsabilidad en el asunto y que son víctimas de una crisis humanitaria que deben de resolver sendos gobiernos de Costa Rica y Nicaragua.

Asimismo, existen otras rutas alternativas, que incluyen medios aéreos, marítimos y terrestres, o la combinación de los tres, a través de Panamá –en donde la situación en Paso Canoas es similar a la de Peñaas Blancas– o incluso por Colombia y Ecuador. De hecho, este último tiene un atractivo añadido desde la firma del acuerdo mediante el cual los cubanos no necesitan visa para viajar a Ecuador.

Los riesgos de cara al futuro…

Como solución a la crisis, se ha puesto ya en marcha un plan piloto para la evacuación de refugiados cubanos tras la intervención del Sistema de Integración Centroamericano, México y la Organización Internacional de las Migraciones en Guatemala. Este Plan consiste en hacer la travesía hacia los EEUU por El Salvador, cruzar Guatemala en autobús hasta llegar a México y de ahí a EEUU.

Esto no quiere decir ni mucho menos que se haya solventado la situación. Es verdaderamente preocupante que tras lo sucedido en Costa Rica, se hayan producido detenciones de individuos involucrados en redes de tráfico de personas. Esta situación, que no ha sido apenas tratada por los medios de comunicación, podría agravarse dado el momento político de estancamiento y, sobre todo, la carrera electoral en los EEUU, aunque todavía no se podría saber qué rumbo tomaría un eventual desenlace.

Como dicen en Cuba, al final,  “pies secos o mojados”  los emigrantes se juegan la vida azuzados por un juego político entre Cuba y EEUU, completamente alejado de la realidad de la población.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


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