09/12/2019 BARCELONA

Esclavitud en el siglo XXI: la realidad de Mauritania

La esclavitud no es algo del pasado. Hoy en día toma muchas formas diferentes, pero sigue habiendo un país en el que persiste su vertiente más colonial.


¿Sabes cuándo Mauritania declaró ilegal la esclavitud? Puede que creas que es una pregunta más bien absurda, que la esclavitud está tan superada que ni siquiera nuestras leyes necesitan contemplarla como actividad ilegal. Lamentablemente, muy lejos queda la realidad. Y es especialmente preocupante cuando hablamos de un país en el que la esclavitud no es una reliquia del pasado, ni siquiera una aberración que un pequeño grupo de inhumanos cometa, sino una forma de posesión que somete a alrededor de 90.000 personas.

Esta es la vergonzosa realidad que aún existe en Mauritania, uno de los países africanos cuyas fronteras se trazaron con escuadra y cartabón.

En 1981, se convirtió en el último país en reflejar en sus leyes que la esclavitud era una práctica ilegal. No fue hasta 2007 que la ley estableció una pena correspondiente al ejercicio de esta práctica (sin duda, aún vigente). Desde entonces, y posiblemente en respuesta a las recurrentes reprimendas internacionales y de muchas organizaciones sin ánimo de lucro, la legislación alrededor de este delito ha ido progresando hasta equipararlo a un crimen contra la humanidad, penado con 20 años de prisión. Pero esto es solo el papel. Como ocurre con toda vergüenza, no resulta fácil encontrar información sobre ella.

La esclavitud y sus distintas formas

Cuando se habla de esclavitud moderna suele hacerse referencia a las nuevas formas que ha adoptado esta práctica con orígenes remotos, de cuando los imperios se declaraban la guerra y el vencedor se sentía en total derecho de poseer a los vencidos. Es la misma práctica que se extendió durante siglos y que forma parte crucial de la historia de muchos países, por ejemplo, Estados Unidos o Brasil, que a través de los siglos XVIII y XIX recibieron centenares de miles de africanos para usarlos como esclavos.

Era una mercancía importada que se compraba en un mercado de personas vistas como seres inferiores; esa era la crudeza.

En su versión “moderna”, la esclavitud ha tomado forma principalmente en el tráfico sexual, trabajo forzado, trata de personas, trabajo infantil, matrimonios forzados y servidumbre por deudas. En su versión “tradicional” (tal y como existía en los siglos XVIII y XIX), la esclavitud engloba aquellas situaciones en que el ofensor ejerce la propiedad sobre la víctima, convirtiéndola en un objeto de compra y poseyendo su trabajo. Ésta también es parte de la esclavitud moderna. En todas sus versiones, este inhumano concepto describe aún la vida de más de 40 millones de personas.

 En el contexto mauritano

La esclavitud en Mauritania surge de una organización social muy similar al apartheid sudafricano.

En este caso, no se trata del pueblo originario y los colonos neerlandeses, sino de la minoría bereber imponiéndose a la aplastante mayoría negra (alrededor del 80%). Como en tantísimas otras sociedades, esta práctica fue casi norma en algún momento; una forma de organización social tan extendida que, quien nacía en ese contexto, podía sentirla como parte de la vida que les había tocado tener. Aún existe población negra en Mauritania que son de facto propiedad de un amo explotador; e incluso existen esclavos que lo son por herencia familiar. Es una esclavitud arraigada sobre un sistema de castas, en que el grupo considerado inferior (en este caso, los Haratines) hereda no solo la falta de libertad sino que a veces también la idea de que esa es una válida estructura social.

Los esclavos en Mauritania, al ser liberados, siguen dependiendo económicamente de sus captores, lo que hace imposible que se rompa el círculo de violencia. Imagen Magharebia vía WikimediaCommons

Mientras Mauritania fue colonia francesa, la retórica gala alrededor de la esclavitud adoptaba un interesante tono aludiendo a que se trataba de un caso especial, puesto que el Islam contempla la servitud como herramienta de organización social. Este enfoque fue mutando poco a poco, a medida que la Organización Internacional del Trabajo obligaba a debatir sobre ello. Aunque Francia logró fomentar la liberación de hombres en esclavitud para que empezaran a crear una suerte de clase trabajadora mauritana (siguiendo el camino de tantos otros países a su alrededor), no ocurría lo mismo con las mujeres. Con ello, los amos mantenían no solo mujeres cuidando el hogar, sino también el derecho asumido de ser propietarios de sus descendientes.

Sin duda no estamos ante un hecho social fácil de erradicar, en un contexto en que las personas más influyentes del país son justamente las que se servían de la esclavitud.

Con la era post-colonial, la urbanización y la migración a la ciudad redujeron en parte la extensión de esta práctica pero solo el Estado y la legislación tenían la capacidad de terminar con ello. Los “nuevos” hombres libres necesitan de un apoyo familiar o estatal para poder ser personas independientes económicamente, tras haber sido privados de tener cualquier tipo de propiedad. ¿El problema? Los gobiernos mauritanos no parecen haber tenido esto entre una de sus prioridades. Ya años después de su independencia formal (1960), el gobierno autoerigido en 1980 (Mauritania ha sido sometida a golpes de estado en muchas ocasiones desde entonces) formalizó la ilegalización de la esclavitud en un claro intento de desmerecer la principal causa de lucha del grupo político El Hor. La misión de este grupo fue sobre todo exponer internacionalmente la realidad de la esclavitud en el país. Con el tiempo, la disparidad interna de opiniones sobre la factibilidad real de que los esclavos liberados pudiesen encontrar las herramientas para ser autónomos, generó que una escisión del grupo se agrupara bajo SOS Slaves.

Mucho camino por recorrer

Desde entonces, ha habido un goteo de gestos formales por blanquear la imagen internacional del país en cuanto a la tolerancia con la esclavitud. Aunque oficialmente sea ya un delito con la mayor pena asociada, el estado debe poner recursos en hacer cumplir la ley y ofrecer facilidades para que las personas que logran liberarse puedan establecer una vida independiente. Existen decenas de organizaciones no gubernamentales que siguen supliendo la falta de voluntad estatal para limpiar las raíces de esta terrible forma de organización social.

En 2015, solo en dos ocasiones un tribunal había fallado en contra de quienes fueran perpetradores. Mientras tanto, líderes del principal partido político abolicionista (IRA) han sido encarcelados y varios reporteros denuncian ser el blanco de intimidaciones y arrestos por hablar públicamente sobre este tema. Varios reportajes recogen los testimonios recientes de mujeres que aún viven sometidas a esta deshumanización y hacen que la esclavitud en su definición más tradicional sigue siendo un tema por resolver. Son historias protagonizadas generalmente por hombres de la minoría bereber que dirigen en su totalidad la vida de estas mujeres y de sus hijos, de quienes son padres biológicos en otras tantas ocasiones. No se trata en muchos casos de “amos” adinerados, ya que la pobreza en Mauritania afecta a prácticamente la mitad de la población. Son sus propietarios por herencia o regalo. Perpetúan esta lógica de poseer el trabajo gratuito de alguien en poblados diminutos en medio del vasto desierto.

Por ello, por basarse en una casi tradición cultural de la que las mujeres no han logrado escapar, es crucial que el trabajo que llevan a cabo tantas organizaciones (SOS Slaves, IRA, Anti-slavery o Amnistía Internacional, entre otras) de acompañar en el proceso de reconocimiento y emancipación sea liderado por el Estado. Solo así se logrará cortar con la cuerda de esta lacra y evitar que siga traspasándose entre generaciones. El primer paso para el Estado, como en el caso de estas mujeres, es reconocer que la esclavitud sigue existiendo.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Miriam Tellado

Politóloga e investigadora social de formación, dedicando (parte de) mi tiempo a la investigación de mercados. Trabajo para viajar y me nutren las conversaciones con amigos tan intensas como si arreglar el mundo dependiera de ellas. [email protected]


One comment

  • JOSÉ REPISO MOYANO

    07/12/2019 at

    No importa que no haya un MENSAJE muy perfecto, ¡pero el que haya o digas que sea racional-decente al menos!
    Primero: Una cosa es la RAZÓN (todo lo que es real funciona por unas reglas únicas y constantes)
    y otra cosa es TENER RAZÓN. RESPONSABILIDAD ES RAZONAR.
    Pues bien, TENER RAZÓN es que, tras aportar todos tus argumentos (los que tengas en un tema), no has contravenido al rigor racional o a sus reglas-principios:
    -de causa-efecto,
    -de no contradecirse,
    -de ser claro o inteligible,
    -de ser tu argumento consecuente con la realidad,
    -de no vetar a contrarréplicas o a quien te contraargumente,
    -de ser deductivo de causas y desarrollos reales
    -y de un conseguir una irrebatibilidad.
    También, la razón se tiene al margen de tus comportamientos, de aprobaciones sociales o de cosas subjetivas. Si tú dices que 6 por 6 es 36, pues tienes razón al margen de que seas un asesino o no les gustes a los demás (por ejemplo).
    Otra cosa es tener ética (que es una parte de la razón que trata del comportamiento); pero no toda la razón a la fuerza tiene que ser ética: el ser humano distingue para depredar-comer a unos animalitos y no a otros en dignidad, ¡y eso no es ético jamás! pero racional sí:
    -ha de comer y ha de comer lo que le gusta (dos pilares racionales).
    (También, muchas veces la ética se tiene al margen de lo que digan todos esos que se arriman a lo dominante o a los poderes fácticos por pillar ellos antiéticamente de todo; porque lo ético muchos lo hacen pasar por error en la sociedad mientras que lo antiético por buenetes aciertos, ¡vaya total asco!).
    DEJA HABLAR AL QUE DEMUESTRA INJUSTICIAS O LO QUE HABLA MUY BIEN, no tanto a los que todos los días ayudas solo porque hablan y hablan sobreprotegidos! JOSÉ REPISO MOYANO

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