23/08/2019 BARCELONA

50 años de las revueltas de Stonewall Inn: “La cama de una, la legisla una misma”

Raquel Nogueira28/06/201916min26200
Hablamos con Soraya Santiago, veterana del pub Stonewall de Nueva York y primera mujer en someterse legalmente a una operación de reasignación de sexo en Puerto Rico.


En el verano de 1969, con tan solo 21 años, la puertorriqueña Soraya Santiago fue partícipe de uno de los hechos históricos más importantes de la historia moderna: las revueltas que dieron el pistoletazo de salida al Orgullo LGTBI+ en el mundo. El famoso pub neoyorquino Stonewall Inn, un 28 de junio de hace cincuenta años, se convirtió en la cuna de las reivindicaciones del colectivo. Hablamos con Soraya Santiago, puertorriqueña colaboradora con las organizaciones de mayores LGTBI+ Sage USA y Waves Ahead y la primera mujer en someterse legalmente a una operación de reasignación de sexo en Puerto Rico.

Soraya Santiago

Cuéntenos, ¿qué ocurría en Stonewall Inn antes de las revueltas?

Yo llego a la ciudad de Nueva York en el año 1968, un año antes de los eventos de Stonewall Inn, tratando de buscar un segundo aire para mi vida, porque las cosas en Puerto Rico estaban igual, o peor, que en la capital del mundo. Por lo tanto, voy allá y empiezo a frecuentar este lugar que era el más famoso que tenía la ciudad de Nueva York y prácticamente los fines de semanas yo asistía. Había un grupo de puertorriqueñas comandadas por Silvia Rivera y por unas transexuales afrodescendientes que comenzaban a vestirse de mujer en plena capital del mundo. Allí nos reuníamos, pero la policía de Nueva York, que para ese tiempo era bien represiva, bien abusadora, y bien sometedora, se daba a la tarea de, usualmente, los fines de semana intervenir a palo limpio con los participantes del negocio y de someternos y arrestarnos. Eso me daba algo de temor porque ante mi juventud y estando en un país que no era el mío me hacía tener cierta cautela para lo que se estaba viviendo en la ciudad en ese tiempo.


¿Dónde estaba el 28 de junio de 1969, el día de la redada que desencadenó las revueltas de Stonewall Inn?

Tuve la suerte que el día de la redada yo no fui al lugar. Parece que algo dentro de mí me dijo “no vayas” y me quedé en casa. La redada tuvo una nefasta consecuencia para la comunidad LGTBI, que decide hacerle frente a la policía de la ciudad de Nueva York, con el resultado que todos conocen. Tan difícil fue la impresión que me causó aquello, que si bien no fui esa noche, tampoco he vuelto más a Washington Square por la pena que me ha causado todo lo que allí se desarrollo. Si bien las revueltas tuvieron un saldo negativo, también se comienza a visibilizar la comunidad trans, se empieza a organizar, se empieza a empoderar y a reclamar no solo derechos, sino también el espacio social que todos hemos de tener. Esa fue la importancia de esos trágicos eventos que se pintaron históricamente con dolor y sangre, pero que tuvieron un saldo positivo para toda la comunidad.

¿Perdió a muchas amigas durante esos eventos?

Perdí a unas cuantas, sí. Me acuerdo claramente de esta niña llamada Silvia, porque era una activista de primera fila y tenía un empuje, una convicción y unos deseos de luchar por todo el grupo que, verdaderamente, nombrarla hoy me da orgullo y honor por ella, por todo lo que ella representa para toda la comunidad LGTBi.

“Tan difícil fue la impresión que me causó aquello, que si bien no fui esa noche, tampoco he vuelto más a Washington Square por la pena que me ha causado todo lo que allí se desarrollo”

Se dice que los eventos de Stonewall Inn fue la chispa que inició la visibilización del movimiento LGTBI+ en Estados Unidos, pero también en el resto del mundo, pero ¿qué cambios provocó tanto en Nueva York como en el resto del planeta?

Sin duda. Junto con este movimiento —esta situación que se ve en el Stonewall— ya estaba comenzando o había comenzado el movimiento hippie y la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos. Entonces, el grupo de la comunidad transexual se monta sobre esa bola a reclamar también lo que le pertenecía y eso abre la puerta para que la intolerancia desaparezca. Se luchó por la igualdad y por la comprensión. Pero toda esa negatividad que se cocinaba, por así decirlo, dentro de esa comunidad comenzó a desaparecer. La importancia de que estos hechos se hayan dado es tan grande que hoy se celebran históricamente los 50 años del Stonewall Inn. De hecho, casi todas las personas que aquella noche estaban allí, por cuestiones de edad, han desaparecido. Somos muy pocas las que quedamos vivas que fuimos, si no partícipes de los eventos de esa misma noche, de muchos otros que se fueron cuajando para que esto sucediera.

Tres años antes de los eventos de Stonewall Inn ocurrió algo similar en la cafetería Compton’s de San Francisco, donde el colectivo trans le plantó cara a los abusos policiales. Después, ocurrieron los eventos de los que estamos hablando y de los que usted fue partícipe. ¿A qué se debe que se creasen movimientos tan similares con tan poca diferencia en el tiempo?

No tengo conocimiento de esos hechos en San Francisco, pero sí que puedo decir que eran unos momentos en los que la sociedad americana —y mundial— estaba tan convulsa, oprimida y marginada que se dieron las condiciones idóneas para que se diera un vuelco de 360 grados a la sociedad. De allí para acá parte todo lo que se ha conseguido en cuestiones de igualdad y de derecho, para todas nosotras, no solamente para las trans sino en términos de racismo, el amor libre… todas las diferentes formas de ver y de interpretar el mundo.

Todos los cambios que se produjeron tras Stonewall Inn fueron rápidos o lentos.

Se producen con el paso del tiempo, pero acuérdate de que fue una revolución sexual sin precedentes. Todo eso que disfruta la comunidad LGTBi hoy día parte de ese incidente. Antes de eso, los derechos y libertades eran totalmente inexistentes: al colectivo se le perseguía, se le sometía, se le encarcelaba, se abusaba de la gente… Eso era todo lo que se podía conseguir a través de lo que era uso y costumbre en aquellas sociedades en América, que es la que yo conozco, aunque supongo que todo el planeta estaría similar.

Usted que creció en una sociedad mucho más conservadora que la de ahora, con un acceso a la información más restringida, sobre todo en lo relacionado con sexualidad e identidad, ¿cómo fue crecer en una sociedad así y vivir el cambio?

Yo, personalmente, estaba tan convencida de hacia dónde yo me dirigía como persona, ese cambio tan drástico no lo experimenté porque ya yo, motu proprio, lo estaba viviendo a mi manera.

Fue la primera mujer trans en Puerto Rico en someterse, de manera legal, a una cirugía de reasignación de sexo. ¿Cómo se sintió?

Te voy a aceptar lo de trans, pero tan pronto se me reasigna el sexo y el pueblo de Puerto Rico me reconoce como toda una mujer en toda mi documentación, ellos automáticamente me lanzan al mundo heterosexual. Al ser una mujer reconocida, hecha y derecha, solo podría participar de la comunidad LGTB si a mí se me ocurre ser lesbiana. Así que una vez reasignado el sexo yo me siento completamente reconocida, aquí en Puerto Rico y también en Estados Unidos. Yo reté ambas jurisdicciones, por nuestra condición política. Primero, revisioné en las Cortes todo lo que yo creía que me pertenecía en derecho y, después de haberlo obtenido todo, me fui a la jurisdicción federal porque me casé con un extranjero y pedí que le abrieran las puertas para que pudiera llegar a los Estados Unidos.

“Así que una vez reasignado el sexo yo me siento completamente reconocida, aquí en Puerto Rico y también en Estados Unidos”

¿En que año se sometió a la cirugía de reasignación de sexo?

En 1975, hace casi 45 años. Eran unos tiempos que para tener ese pensamiento y haber tomado esa decisión tan drástica, pero tan necesaria en tu vida, tenía que contar con el aval científico para poder tomarla correctamente. Porque no todo el mundo viene para ser mujer. Casi siempre las personas que, como yo, pasamos por la situación de la disforia de género, logramos de cambiar de sexo ya que cuando llegamos al mundo, la criatura no reconoce en el sexo con el que nace… se canta, se ríe, se llora, se ama como mujer, con una identidad de género que no está correcta, por lo tanto, hay una diferencia marcada entre las personas que sufren disforia de género y aquellas que se consideran transexuales que, definitivamente, muchas veces no pretenden cambiar de sexo, sino que la sexualidad la llevan en la mente. Y eso se respeta y se valida, porque es la vida y el mundo de cada cual.

Ha conseguido mucho y luchado muchísimo para llegar donde está…

Mucho… y sigo haciéndolo. Me gradué la semana pasada de la universidad más reconocida en Puerto Rico en Ciencias Políticas. Ahora, estoy pidiendo admisión en la escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico y fui la primera reasignada de sexo en participar abiertamente de la política puertorriqueña y me tuvieron que aceptar, aunque no gané en los comicios. Todo eso se dio, fueron puertas que abrí y espero seguir abriendo más puertas para que la comunidad pueda seguir estableciéndose donde tiene que estar y no donde la gente quiere que esté.

Su generación construyó un mundo mucho más seguro para los jóvenes LGTBi de hoy en día. ¿Qué les diría a todos esos y esas jóvenes que están ahora mismo descubriendo quiénes son y que tienen miedo de verbalizarlo?

Aunque se ha adelantado mucho en todas estas cuestiones de aceptación, de derechos y de igualdad, aún hace falta mucho camino por recorrer. Los más jóvenes ya lo están haciendo, ya están recorriendo ese camino. La juventud de ahora es más abierta. Pero se me ocurre decirles que sigan sus sueños, que no dejen de soñar, que si ellos creen que esa es la realidad y la verdad de su vida, que corran tras ella y no tras aquello que la sociedad, equivocadamente, quiere imponerles. La cama de una, la legisla una misma.

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Raquel Nogueira

Gijón/Madrid, España. Feminista, ecologista y amante de los idiomas. Soy licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual y tengo un máster en Relaciones Internacionales con especialización en Paz y Seguridad Internacional. Me apasiona el periodismo y la escritura, trabajar con ONG y conocer nuevas culturas e idiomas. Viví un año en Estados Unidos y he trabajado en prensa, televisión y departamentos de comunicación. Actualmente vivo en Madrid, trabajo en la revista Ethic y me paso los días buscando nuevos retos y proyectos. E-mail: [email protected]


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