16/07/2019 BARCELONA

Sudán, ¿de la revolución a la guerra?

Omar al-Bashir, se vió forzado a renunciar al poder como resultado de las movilizaciones por todo el país. (U.S. Navy photo by Mass Communication Specialist 2nd Class Jesse B. Awalt/Released)
Después de tres décadas de gobierno, el 11 de abril de 2019 el presidente sudanés, Omar al-Bashir, se vio forzado a renunciar al poder como resultado de las incesantes y efectivas movilizaciones por todo el país. Tras la renuncia de Bashir, su sucesor, Mohammed Ahmed Awad Ibn, solicitó a los manifestantes que aceptaran un gobierno militar de transición, pero estos no estaban dispuestos a acatar esta propuesta; desafiaron el toque de queda, y prometieron quedarse en las calles hasta que sus demandas de un gobierno civil fueran escuchadas.


El poder de los manifestantes se hizo palpable cuando Awad Ibn se vio forzado también a dimitir en menos de 36 horas desde que asumió el control. No obstante, la designación de otra figura militar como nuevo líder del consejo de transición muestra que las Fuerzas Armadas (FFAA) no están dispuestas a entregar fácilmente el país a los manifestantes, abriendo así un potencial escenario de conflicto entre estas y la sociedad civil por el control del gobierno de Sudán.

Protestas populares en Sudán. Fuente: Wikimedia Commons.


Factores que impulsaron las protestas

La estabilización de los principales conflictos en Sudán se debió en gran medida a los acuerdos entre el propio Bashir y el Presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir. Al mismo tiempo, se produjo un importante acercamiento entre varios Estados de África Oriental, y todos los actores de la Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (AID) acordando no permitir que grupos opositores e insurgentes se refugien en estados vecinos. La lógica sugiere que la reducción de la amenaza de grupos insurgentes respaldados por otros Estados, y la reducción de la inseguridad interna y transfronteriza debería haber ayudado a asegurar la supervivencia del régimen de Bashir, sin embargo, parece haberse producido todo lo contrario. Ante la ausencia de amenazas externas e internas, el régimen ha sido incapaz de unir a los distintos grupos políticos utilizando la amenaza omnipresente de un potencial conflicto para obligar, al menos, a la aceptación tácita de su régimen. Además, este período de reducción de los riesgos de guerra y conflictos parece haber dado energía a una parte representativa de la sociedad sudanesa para desafiar el largo período de control del poder por parte de Bashir.

Aún a pesar de ser la ausencia de amenazas y conflictos un factor necesario para comprender por qué la población civil decidió movilizarse, ha sido el deterioro de la situación económica el que ha precipitado en gran medida las protestas. Este deterioro se puede explicarse por varias razones:

  1. La eliminación de los subsidios, la conexión de la inflación con cierta liberalización del mercado y el aumento de la internacionalización de la economía se combinaron para crear condiciones en las que la población se enfrentaba a la pobreza y a la privación económica de forma generalizada.
  2. Mientras que Bashir fue capaz de asegurar parte de la riqueza petrolera cuando Sudán del Sur se independizó en 2011, el nivel de acumulación de capital derivado del petróleo ha descendido significativamente. Desde la independencia de Sudán del Sur y como resultado del desacuerdo entre los dos países sobre cómo compartir los ingresos del petróleo, Sudán del Sur se quedó con el 75% de los ingresos, mientras que Sudán con el 25%. Por otra parte, la guerra civil en Sudán del Sur, las Montañas Nuba y Darfur han interrumpido el flujo de los beneficios del petróleo hacia Jartum. Bashir trató de llenar el vacío dejado por petróleo con oro y otros productos básicos, pero no ha sido suficiente. Por otra parte, China y otros apoyos externos han exigido el pago de las deudas contraídas y están presionando a favor de mayores descuentos en el precio que pagan por recursos como el oro.
  3. La falta de capacidad para ofrecer nuevos puestos de trabajo con una remuneración suficiente, ante el rápido aumento del costo de la vida.

El factor explicativo clave, sin embargo, no son los problemas económicos en general, sino a quiénes están perjudicando: una clase profesional joven que vive en gran parte alrededor de los principales centros urbanos de Sudán, y que hasta hace poco experimentaban niveles de vida relativamente estables, está sintiendo la presión de la rápida inflación y la frustración con un gobierno clientelista y corrupto.

Gráfico mostrando la brecha generacional. Fuente: UN Population Division, Abril 2019

Ligado a la cuestión de los efectos de la situación económica sobre un sector de la población concreto, hay otro factor relevante que ayuda a explicar las movilizaciones en Sudán, la brecha generacional. Según la División de Población de las Naciones Unidas, de una población total de 43 millones, 25 millones tienen menos de 24 años. No obstante, los altos cargos del gobierno se han mantenido prácticamente igual durante los últimos veinte años.

Las figuras en las que Bashir podía confiar su liderazgo se remontan al golpe de estado de 1989 y a los primeros años de su régimen. Además, en términos de movilización, el Partido del Congreso Nacional y el Frente Nacional Islámico que dirigía Bashir han luchado por atraer a los más jóvenes, sin mucho éxito. Este cambio generacional, y la incapacidad por parte del régimen de atraer a gente joven al ejército o a los principales partidos políticos ayuda a explicar en gran parte las movilizaciones.

El último factor a tomar en consideración son los conflictos postergados durante décadas donde la población se sigue viendo forzada a abandonar sus hogares, esconderse de los bombardeos aéreos, y la acción por parte del aparato militar y de seguridad del régimen, han contribuido al sentimiento actual de la opinión pública contra el mismo.

 

Las protestas

Cuando se destituyó a Bashir, la preocupación de los manifestantes se centró en las FFAA. Los militares que constituyeron el consejo de transición eran altos cargos del régimen y desempeñaron un papel relevante en la brutal represión del levantamiento en Darfur y el asesinato en masa que siguió al mismo. Desde la perspectiva de los manifestantes, existe pues la preocupación de que los altos cargos de las FFAA y los servicios de información y seguridad de la época de Bashir estén dispuestos a permanecer en el poder. Los manifestantes en Jartum buscan precisamente impedir esto y forzar a que cedan el control del país a un gobierno civil de transición; en consecuencia, la situación actual en Sudán puede describirse como una pugna por el control del gobierno por parte de las FFAA y grupos civiles organizados.

Una mujer cantando se ha convertido en símbolo de las protestas en Sudán. Imagen: Youtube.

Por su parte, los integrantes del consejo de transición son conscientes de que la movilización social transciende la ciudad de Jartum y es transversal. Esto ha hecho modificar en parte la posición del ejército, el cual está dispuesto a discutir el traspaso de poderes a una autoridad civil. Es por ello, que la lucha de estos días se centra en la conformación de un consejo mixto cívico-militar que tomaría el relevo de los 10 miembros del consejo militar que gobiernan el país desde el derrocamiento de Bashir. La oposición está buscando un consejo conjunto de 15 miembros compuesto por ocho representantes civiles y siete militares. Los militares por su parte quieren un consejo compuesto por siete militares y tres civiles.

Ante esta situación, los líderes de las protestas son conscientes de que el colapso de la ley y el orden sería un pretexto para una represión militar y el inicio de una contrarrevolución similar a la que ocurrió hace seis años en Egipto.

Teniendo los casos de Libia y Siria cerca, los manifestantes también temen la posibilidad de que Sudán evolucione a una situación similar si no se logra alcanzar un acuerdo de transición.

Actividades e intereses de actores externos

Durante los últimos 25 años, Estados Unidos ha estado condicionando las relaciones exteriores de Sudán (ej. Ha impuesto sanciones el régimen, ha mantenido un embargo financiero sobre el país y ha designado a Sudán como un país patrocinado por terroristas porque albergó a Osama Bin Laden). No obstante, ahora que Bashir ha sido depuesto, Washington ha estado ausente de cualquier iniciativa internacional para aproximar a Sudán y a los grupos que se han alzado contra el régimen. En su lugar, han sido la Unión Europea (UE) y la Unión Africana (UA) las que han mostrado cierto apoyo a los manifestantes.

Por otro lado, los que sí se han posicionado claramente a favor de las FFAA han sido las monarquías del Golfo Pérsico, concretamente Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU). Los intereses de Arabia Saudí y EAU en Sudán son bien claros: Sudán es el mayor exportador de cabras a ambos países para la celebración del Eid al-Adha, y millones de sudaneses trabajan en Arabia Saudí. Por otra parte, Sudán es un actor crucial en la Guerra Civil del Yemen y para el esfuerzo militar saudí debido a que miles de soldados sudaneses están luchando en el terreno contra los rebeldes hutíes; es por ello que un nuevo gobierno en Jartum podría tener la tentación de alterar cualquiera de estas variables, lo cual resultaría muy pernicioso para Riad y Abu Dabi.

Desde diciembre de 2018, y sobre todo a partir de abril de 2019, estas monarquías han transferido billones de dólares en forma de ayuda y asesoramiento diplomático a las FFAA sudanesas en un esfuerzo de fortalecer su posición en el país. Por ejemplo, el pasado mes de abril desembolsaron más de 3 billones de dólares en ayudas, y más de 500 millones de dólares en comida, combustible y medicinas. También cabe destacar que ese mismo mes, varias facciones del ejército viajaron a Abu Dabi para iniciar negociaciones sobre un posible gobierno militar en Sudán. A esto cabe añadir el apoyo de Egipto a las FFAA a través de la resolución adoptada por la UA a propuesta del Cairo para extender la fecha de entrega del gobierno por parte de los militares de 15 días a 3 meses.

La potencial evolución de estas intervenciones externas y la resistencia a las mismas por parte de los manifestantes puede hacer que Sudán derive en un conflicto proxy entre Arabia Saudí, EAU, y Egipto por un lado apoyando a las FFAA, y Qatar y Turquía por el otro apoyando a las facciones islamistas dentro de los movimientos de protesta y del ejército.

Valoración general y prospectiva

Una evolución violenta de las manifestaciones podrían convertir a Sudán en un Estado fallido en la línea de Libia y Yemen. Esto tendría consecuencias desastrosas para la estabilidad regional, ya que en un estado de anarquía con libre circulación de armas, las milicias transfronterizas podrían aprovechar la situación para desestabilizar estados vecinos como Chad y también podría afectar a Estados ya frágiles que intentan recuperarse de guerras civiles, como Sudán del Sur y la República Centroafricana. Esto también ejercería una mayor presión sobre Europa, que teme una nueva ola de refugiados.

A corto plazo, lo que ocurra dependerá de cómo reaccione el ejército en los próximos días y semanas. Cualquier violencia significativa envalentonará las protestas y dificultará que cualquier gobierno de transición establezca la legitimidad suficiente para impedir nuevas protestas. Si el ejército permanece relativamente contenido, es probable que veamos un acuerdo entre las FFAA y algunos grupos sociales.

A medio plazo, la cuestión es si los nuevos líderes militares son capaces de apaciguar las demandas económicas subyacentes. Siendo central en la construcción del sistema de patrocinio militarista de Bashir, es poco probable que los militares logren este objetivo. Por otra parte, la unidad que se observa entre los manifestantes podría desaparecer si se realiza un ofrecimiento de posiciones de poder e inclusión en el proceso político emergente a líderes políticos más ortodoxos; es decir, si el ejército aplica una estrategia de “divide y vencerás”.

En cualquier caso, quienquiera que tome el poder en Jartum tendrá que abordar las ansiedades económicas, las fracturas políticas, y allanar el camino para un desarrollo real que satisfaga las demandas de los ciudadanos.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Manuel Herrera

Alicante, España Graduado en Relaciones Internacionales en la Universidad Ramón LLull de Barcelona. Máster en Seguridad Internacional en el Instituto de Estudios Internacionales de Barcelona (IBEI). Asistente de investigación en el Institute of Peace and Conflict Studies de Nueva Delhi. Colaborar en la web de análisis "Articulo 30: Política de defensa". Colaborador asiduo del blog "Notes de Seguretat" del Departamento de Interior de la Generalitat de Catalunya.


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