13/12/2019 BARCELONA

Jugando con fuego: India y Pakistán, ¿al borde de la guerra nuclear?

Soldados indios en Batalik durante la guerra de Kargil (Foto vía Wikimedia Commons)
La tensión constante entre estas dos potencias nucleares ha vuelto a alcanzar un pico a principios de 2019 cuando un ataque terrorista costó la vida de 40 soldados indios en el territorio disputado de Kashmir. Los contextos políticos locales y a nivel regional no ayudan al control de la situación. En esta explicación te contamos causas y posibles consecuencias de esta nueva escalada de violencia en el subcontinente indio.


El pasado jueves 14 de febrero, un vehículo cargado de explosivos detonó frente a un convoy militar en la parte india de Kashmir – o Cachemira – dejando 42 policías de la Fuerza Central de Reserva (CRPF) muertos. El ataque fue reivindicado por el grupo terrorista Jaish-e-Mohammad (En castellano: Ejército de Mahoma), una organización creada en el 2000 con apoyo de Al Qaeda cuyo objetivo es unificar la Cachemira controlada por India y Pakistán e imponer un gobierno fundamentalista islámico.

La respuesta de las autoridades indias no se hizo esperar. Tanto el Primer Ministro Narenda Modi como la Ministra de Relaciones Exteriores, Sushma Swaraj, acusaron directamente a Pakistán por dar apoyo a grupos terroristas como Jaish-e-Mohammad en su territorio, acusación que por cierto, ya había realizado el presidente norteamericano Donald Trump en enero de 2018 cuando decidió retirar 225 millones de dólares que brindaba a Islamabad en concepto de ayuda militar.

Desde entonces, la tensión diplomática entre los países vecinos no dejó de escalar y volvió a estallar en la madrugada del 26 de febrero cuando la fuerza aérea india incursionó por primera vez en territorio paquistaní desde 1971 con el objetivo de bombardear campos de entrenamiento del grupo terrorista Jaish-e-Mohammad, en respuesta al ataque sufrido dos semanas antes. Además, esta es la primera vez en la historia que una potencia nuclear (la India) realiza un ataque aéreo sobre el territorio de otra potencia nuclear (Pakistán). Esto provocó una serie de incursiones cruzadas de aviones paquistaníes en territorio indio y viceversa que dejaron como saldo dos cazas indios derribados por fuerzas de Islamabad y al piloto indio Abhi Nandan bajo custodia de autoridades paquistaníes durante dos días, profundizando la tensión diplomática y agitando ambas sociedades.

Esta secuencia se convirtió en la mayor crisis militar entre ambos países en los últimos cuarenta años y encendió las alarmas de la comunidad internacional debido al poderío militar – y nuclear – de los países involucrados. Tanto Pekín como Bruselas han instado a India y Pakistán a poner fin a las hostilidades, aunque los tiroteos fronterizos, acusaciones cruzadas y la tensión no han cesado.

Mientras tanto, la situación interna en la provincia india de Jammu y Kashmir, de mayoría musulmana, continúa empeorando, debido a constantes enfrentamientos entre grupos civiles insurgentes y las autoridades indias, dejando decenas de muertos.

¿Por qué un atentado terrorista ha puesto a dos potencias nucleares al borde de la guerra? ¿Qué consecuencias podría tener esto para la región? ¿Estamos ante una guerra inminente? Para entender esto, es fundamental profundizar en la historia y la política interna de ambos países:

El origen del conflicto

1947 es la fecha clave para comenzar a comprender esta compleja disputa. Hasta entonces, no existía algo así como la nación india o paquistaní, sino más bien una multiplicidad de actores políticos y religiosos que conformaban lo que entonces era el Raj Británico de la India en los actuales territorios de la India, Pakistán, Bangladesh y Myanmar (Birmania). Nepal, Bután, Maldivas y Afganistán también se encontraron en distintos momentos bajo influencia británica pero no eran parte constitutiva del Raj.

Durante la primera mitad del siglo XX, el dominio británico sobre el territorio se resquebrajaba cada vez más, mientras crecían dos grupos políticos locales que reclamaban desde mayor participación en el gobierno hasta una plena independencia: La Liga Musulmana, cuyo líder histórico fue Muhammad Ali Jinnah y el Congreso Nacional Indio, al cual pertenecían Mahatma Gandhi y Sri Pandit Jawaharlal Nehru. Mientras uno representaba a los musulmanes que se concentraban más bien en las zonas de Bengala y el Punjab, el segundo representaba a la población hindú, mayoritaria en el subcontinente. Si bien estos no eran los únicos grupos religiosos en el Raj, si eran los más importantes en población e influencia política.

Cuando tras largas negociaciones y conflictos el Raj Británico consiguió su independencia, el virrey británico Lord Mountbatten, y los líderes de la Liga y el Congreso aún debían resolver las disputas entre musulmanes e hindúes sobre cómo organizar política y religiosamente el nuevo estado. Los principales problemas se presentaban en los territorios de Bengala y Punjab (ver imagen) donde la población musulmana era mayor que la hindú, a diferencia de lo que pasaba en el resto del territorio. Por esto, en junio de 1947 las asambleas legislativas locales decidieron la división entre un estado hindú (la Unión India) y otro musulmán bajo el liderazgo de Jinnah, que adquirió el nombre de Pakistán: una sigla formada por las iniciales de los diversos estados y regiones que lo componen: Punjab, Afgania, Kashmir (Cachemira) y Sindh, y el sufijo persa stān que significa ‘tierra de’.

La partición de la India Británica

Esta situación presentó principalmente dos problemas: Por un lado, Punjab y Bengala, ahora Pakistán Occidental y Pakistán Oriental respectivamente, se encuentran separados por aproximadamente 2000 kilómetros de territorio indio, lo cual derivó en tensiones que provocaron la independencia de Pakistán Oriental en 1971 bajo el nombre de Bangladesh, el país del idioma bengalí por su significado etimológico. El segundo gran problema fue la crisis de refugiados y los desplazamientos que se produjeron inmediatamente después de la división. Alrededor de 50 millones de musulmanes estaban viviendo en territorio que pertenecía a la India, y se desplazaron hacia Pakistán, mientras que el 20% de la población de Bengala que era hindú debió moverse hacia la India.

Esto provocó tensiones civiles-religiosas en los nuevos Estados, que no tardaron en estallar en conflictos fronterizos.

Cachemira: el territorio en disputa

Sin embargo, el mayor foco de crisis post-división residió en algunos principados que durante el Raj Británico se administraban de una forma especial, en manos de sultanes y marajás locales. Al término de la dominación británica los 500 principados tenían 2 opciones: Unirse a la India o Pakistán, o declarar su independencia. De esos 500, tres fueron los más conflictivos: Junagadh, gobernada por un príncipe musulmán, pero con un 80% de la población hindú, intentó primero unirse a Pakistán, aunque tras revueltas que provocaron la intervención del ejército indio, se realizó un plebiscito que derivó en la unión a La India. Hyderabad, de situación similar, corrió la misma suerte. Pero es el caso de Cachemira, que hoy continua sin solución. La “K” de Pakistán, Kashmir, fue efectivamente lo que generó un problema mayor.

De mayoría musulmana, el principado de Jammu y Kashmir estaba gobernado por un marajá perteneciente a una dinastía hindú. Sin embargo, aunque la situación geográfica y dependencia económica al Punjab hacían pensar una conveniente unión con Pakistán, el marajá Hari Singh pretendió declarar su independencia y encarcelar a los dirigentes locales de La Liga y El Congreso. Esto provocó una rebelión de la población que fue fomentada y apoyada por el ejercito de Pakistán, lo que obligó a Hari Singh a pedir ayuda a la India. Para octubre de 1947, el conflicto había estallado abiertamente entre los jóvenes Estados.

Tras un largo año de hostilidades, el 1 de enero de 1949 se llegó a un armisticio auspiciado por la también recientemente creada Organización de Naciones Unidas, que otorgó la mayor parte del territorio en disputa a La India.

Más de medio siglo de tensión y equilibrio de poder

La frontera irregular entre los dos Estados, las infiltraciones militares y los conflictos en las zonas colindantes ha sido una constante hasta hoy, aunque tuvo sus picos máximos de tensión en las guerras indo-pakistaníes de 1965 y 1971, esta última se produjo durante la llamada guerra de liberación de Bangladesh en Pakistán Oriental, promovida y apoyada por la India con el fin de debilitar a su rival.

En el contexto de la guerra fría, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética tuvieron intereses propios en el conflicto, al igual que la República Popular China posteriormente, fronteriza con ambos países. Pakistán se transformó rápidamente en un aliado norteamericano como miembro de la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (SEATO). Por su parte, la India cuya orientación de política exterior consistía en no alinearse con ninguna gran potencia, debió acercarse a la URSS para balancear el poder paquistaní.

Sin embargo, el conflicto fronterizo tradicional entre los dos Estados no es lo único que perjudica la relación. Es que, durante la década de 1980 en el lado indio de Kashmir, estalló un movimiento armado independentista que se encuentra enfrentado al ejército indio, provocando más de 40 mil muertos desde entonces. La India acusa a Pakistán de financiar, apoyar y encubrir a milicianos que realizan atentados terroristas en su, entre ellos Masood Azhar, líder de Jaish-e-Mohammad, el grupo que se adjudicó el ataque del 14 de febrero que desencadenó la última ola de conflictos.

Esto provocó tensiones que también aumentaron considerablemente en 1999 cuando el ejercito pakistaní incursionó en territorio indio generando dos meses de fuerte inestabilidad y que derivó en la firma del primer alto al fuego en la historia de los países en noviembre de 2003, aunque desde 2016 la situación no ha parado de empeorar.

En los últimos años, se ha involucrado con mayor fuerza China en el juego de poderes en la zona. A pesar de tener disputas fronterizas irresueltas con ambos países, el gigante asiático ha tenido en el ultimo medio siglo una relación muy conflictiva con La India en los territorios de Arunchal Pradesh y Aksai Chin, además de la histórica disputa por la soberanía de Tibet. A esto se suma que Pekín es un estrecho aliado económico de Pakistán, donde realizó importantes inversiones en el marco de La Nueva Ruta de la Seda, en el puerto de Gwadar. Por el momento, China solo ha buscado bajar las tensiones ya que su principal objetivo es la estabilidad en la región, que permitirá un mayor rendimiento económico para sus inversiones.

Por último, la relación de Pakistán con Estados Unidos en los últimos años no se encuentra en su mejor momento. Desde que George W. Bush decidió invadir Afganistán en 2001 comenzó a haber tensiones entre la gran potencia y su supuesto aliado regional, acusado de recibir la ayuda norteamericana para luchar contra el terrorismo pero al mismo tiempo apoyando a las células de Al Qaeda en su territorio. Mientras que Islamabad argumenta que su frontera noroeste con Afganistán, donde se encuentran las llamadas zonas tribales es muy complicada de controlar. Tanto es así que Osama Bin Laden fue asesinado por Estados Unidos en la ciudad pakistaní de Abbottabad, muy cerca de Kashmir. Estas tensiones entre Estados Unidos y Pakistán se agravaron durante el gobierno de Trump, y fueron inteligentemente aprovechadas por el premier indio Narenda Modi.

India y Pakistán son además dos de los pocos países que poseen armas nucleares, lo cual aumenta la preocupación internacional y provocó la reacción de las principales potencias. Se estima que tienen entre 130 y 150 ojivas nucleares cada uno, además de la capacidad de lanzar armas nucleares desde sitios de lanzamiento terrestres, desde submarinos y desde aviones.

La política interna que no ayuda

A pesar de las constantes presiones de la comunidad internacional, la política interna parecería sugerir que esta escalada entre la India y Pakistán está lejos de terminarse. Ambos gobiernos se encuentran en momentos de fragilidad y lo último que desean es mostrarse débiles ante la población, aunque ambos saben que lo que necesitan para superar la crisis y seguir creciendo económicamente es la estabilidad. Especialmente cuando hablamos de dos potencias nucleares.

Modi, entre las elecciones y el fervor nacionalista

Con todos sus problemas, la India es la mayor democracia del mundo. Y la necesidad de ganar elecciones provoca que muchas veces los líderes políticos tomen decisiones que no son del todo responsables.

Desde su llegada al poder, Narenda Modi, del nacionalista Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party o BJP) se ha mostrado como un líder fuerte exaltando el nacionalismo hindú. Las medidas del carismático premier indio pasan por la defensa de los valores sociorreligiosos de la mayoría hinduista del país, políticas sociales conservadoras y de una fuerte inversión en defensa para combatir el terrorismo, provocando una hostilidad hacia las minorías musulmanas que generó un nuevo crecimiento de la tensión en Jammu y Kashmir.

Pero el gran desafío que enfrenta Modi en estos momentos pasa por las elecciones generales que deberá enfrentar en abril y mayo de este año, y que se estiman muy disputadas, para sorpresa de muchos debido al creciente desempleo juvenil en el país. Es que, si bien la economía de La India está creciendo a tasas de entre el 7 y 8%, no es suficiente para incorporar al casi 1 millón de jóvenes que se incorporan al mercado laboral cada año. Por esto, Rahul Gandhi del Partido del Congreso ha crecido considerablemente en las encuestas. No sería extraño que ante esta situación, Modi busque explotar su retórica nacionalista y anti-pakistaní con fines electorales.

En los últimos meses, parte de la sociedad india ha profundizado su sentimiento nacionalista y su hostilidad hacia el país vecino, coincidente con el estreno en enero de la nueva megaproducción de Bollywood: Uri: The Surgical Strike, la versión dramatizada del ataque terrorista producido en 2016 en la ciudad de Uri dentro de Jammu y Kashmir, y su consecuente reacción de las fuerzas de seguridad indias. La película se transformó rápidamente en el mayor éxito del año. ¿Podrá Modi aprovechar la retórica nacionalista sin provocar una nueva escala en el conflicto ?

Pakistán, entre el ejército y el terrorismo

Rodeado de grandes potencias y de zonas de conflicto, el gobierno pakistaní está acostumbrado a moverse en finas y complejas líneas de acción en términos de política exterior para garantizar su supervivencia y maximizar el interés nacional. Coqueteando entre Estados Unidos y China, y con una relación al menos cuestionable con grupos yihadistas, el ejército pakistaní ha logrado mantenerse de una forma bastante estable en el poder, mientras plantea una fachada democrática. El actual primer ministro y ex estrella de criquet Imran Kahn se encuentra en una delicada posición debido a la crisis financiera y económica que atraviesa su país. Ante este tipo de situaciones, el ejército busca afianzar su liderazgo y el conflicto con La India parecería ser un lugar común para recuperar el favor de la población.

Por otro lado, Pakistán ha utilizado históricamente a los grupos terroristas para desestabilizar a la India en Kashmir, y ha tenido que negociar con ellos para que no lleven el yihadismo a territorio pakistaní. En esa posición y con un vecino tan inestable como Afganistán, parece difícil que Islamabad se embarque en una lucha contra el terrorismo en Kashmir como pretende Nueva Delhi. Por lo cual, atendiendo a la situación política interna de ambos países, todo parece indicar que al menos hasta mediados de 2019 la tensión fronteriza no dejará de crecer.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Augusto Salvatto

Buenos Aires, Argentina. Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, y especialista en América Latina Contemporánea. Llevo 21 vueltas al sol en Buenos Aires y una en Santiago de Chile. Amo viajar y el olor de los libros viejos. Email: [email protected]


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