26/05/2019 BARCELONA

El tratado INF y la revolución hipersónica

Reagan and Gorbachev firmando el tratado INF en 1987. [Foto: Wikimedia Commons]
La salida de Rusia y los Estados Unidos del tratado sobre fuerzas nucleares de medio alcance es solo una muestra más de que el régimen de no-proliferación, y en particular el de control de armamentos, se está desmoronando poco a poco. La posibilidad de usar los avances tecnológicos para obtener una ventaja sobre los adversarios y la ausencia de resolución de las discrepancias entre potencias nucleares incentiva el desarrollo de nuevos armamentos, revisiones estratégicas y el abandono de los controles armamentísticos.

Existe una tendencia desde principios del siglo XXI a abandonar los acuerdos sobre control de armamentos, como ejemplo tenemos a EE.UU. que abandonó el Tratado Sobre Misiles Antibalísticos en el año 2002. Por consiguiente, el anuncio de la salida de Estados Unidos y Rusia del Tratado INF (por sus siglas en inglés de Intermediate-Range Nuclear Forces, Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Medio Alcance) simplemente es una prueba más de la consolidación de esa tendencia.

Al mismo tiempo, se han llevado a cabo una serie de revisiones de las posturas estratégicas de varios países donde se identifica como algo aceptable el desarrollo de capacidades nucleares y armamentos que permiten maximizar el impacto de su uso. Por ejemplo, en su última revisión de su postura nuclear, EE.UU. indicaba su intención de desarrollar programas de armas nucleares de baja potencia. Por su parte, Rusia anunció en marzo de 2018 que iniciaría un programa de desarrollo de misiles hipersónicos capaces de alcanzar cualquier punto del planeta y de traspasar cualquier defensa antimisiles.

La salida de ambos países del tratado es solo una muestra más de que el régimen de no-proliferación, y en particular el de control de armamentos, se está desmoronando poco a poco. La posibilidad de usar los avances tecnológicos para obtener una ventaja sobre los adversarios y la ausencia de resolución de las discrepancias entre potencias nucleares incentiva el desarrollo de nuevos armamentos, revisiones estratégicas y el abandono de los controles armamentísticos.

El INF y las razones de su abandono

La iniciativa de redactar y firmar un tratado que limitase y controlase la proliferación de misiles de alcance intermedio fue favorecida por EE.UU. cuando quería poner fin al despliegue de misiles SS-20 soviéticos en Europa Oriental para evitar otra crisis similar a la de los Euromisiles. En otoño de 1985, la Unión Soviética presentó un plan para establecer un equilibrio entre el número de SS-20 y el creciente número de misiles aliados de alcance intermedio en Europa. EE.UU. expresó interés en la propuesta soviética, y las negociaciones se ampliaron para incluir todos los misiles de alcance intermedio estadounidenses y soviéticos en todo el mundo. Aprovechando el impulso de esas conversaciones, el presidente Reagan y el premier Gorbachov comenzaron a avanzar hacia un acuerdo amplio de eliminación de misiles de alcance intermedio.

Sus esfuerzos culminaron con la firma del Tratado INF el 8 de diciembre de 1987.

El INF puso fin un período de escalada de tensión entre ambas potencias y las comprometió a eliminar de manera permanente sus arsenales de misiles terrestres de alcance intermedio (entre 500 y 5000 km), tanto nucleares como convencionales, además de establecer mecanismos de verificación. Esto llevó a que, a principios de los años 1990, se destruyesen 2600 unidades de dicho armamento, al igual que sus lanzaderas en tierra.

Más allá de que las principales explicaciones ofrecidas por Washington para justificar su salida del INF hayan sido las repetidas violaciones del tratado por parte del Rusia, la decisión de EE.UU. no responde necesariamente a la violación del mismo por parte de Rusia ya que no ha mostrado la más mínima iniciativa de querer forzar al país de Putin a cumplir con el tratado. Por consiguiente, las razones de la salida de EE.UU. son necesariamente otras.

El problema del INF radica en las limitaciones a la capacidad de EE.UU. de desarrollar este tipo de armamento y nuevas tecnologías que sí están desarrollando tanto Rusia como China. Por ejemplo, en el caso concreto de China, esta no se ha visto afectada por los límites del INF, lo que le ha permitido crear un gran arsenal terrestre de misiles balísticos de corto y medio alcance. Este poderoso arsenal forma parte de una modernización militar mucho más amplia y permite a China desafiar a las fuerzas estadounidenses y aliadas en Asia-Pacífico. Otro ejemplo que justificaría la decisión de EE.UU. es que Rusia tiene dos sistemas de alcance intermedio que están listos para su despliegue, mientras que la potencia norteamericana está a una década de igualar esta capacidad.

Hay que reconocer que frente a estos nuevos desarrollos y avances tecnológicos en el ámbito armamentístico tanto de Rusia como de China, el INF no otorga ninguna ventaja estratégica a EE.UU., sino todo lo contrario. El incentivo para que Washington se deshiciese del tratado se ha ido convirtiendo gradualmente en un imperativo.

Lo mismo le ocurría a la élite política rusa, quienes querían abandonar desde hace mucho tiempo el acuerdo y han visto en Trump la excusa perfecta para hacerlo.

Es por ello que una salida del INF podría comprenderse mejor por la necesidad de reducir la brecha existente entre Rusia y EE.UU. con respecto a las nuevas armas hipersónicas y, especialmente, con China y su despliegue de misiles balísticos de corto y medio alcance en Asia-Pacífico.

Mientras que su salida permitirá a EE.UU. construir un arsenal de misiles para desafiar a China y a Rusia, la terminación del tratado sin duda avivará la carrera armamentística entre las grandes potencias y podría conducir a la desaparición de otros tratados clave de control de armas, como el nuevo START (Strategic Arms Reduction Treaty, Tratado de Reducción de Armas Estratégicas).

El presidente de los EUA, Donald Trump junto con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. [Foto: Getty Images]

La nueva carrera armamentística hipersónica

Las armas hipersónicas son aquellas que pueden volar a más de cinco veces la velocidad del sonido, viajar mucho más bajo en la atmósfera que los misiles balísticos tradicionales y maniobrar en pleno vuelo.

Las ventajas potenciales son claras: los misiles hipersónicos permitirían a una nación atacar a un adversario en cuestión de minutos. La baja trayectoria de las armas les permite viajar mucho más lejos y con más sigilo que otros misiles y su capacidad de maniobra les permite evadir las defensas anti-misiles. Una ojiva hipersónica para un misil como el RS-28 Sarmat no seguiría un arco parabólico para impactar en su objetivo, sino que aplanaría su trayectoria después de volver a entrar en la atmósfera terrestre, comportándose como un misil de crucero. Volaría a una velocidad increíblemente alta y a una altitud tan baja que al radar le costaría mucho rastrearlo, y a las armas defensivas les costaría mucho atacarlo.

El peligro de las armas hipersónicas radica, pues, en la forma en que corren el riesgo de cambiar la relación entre rivales. Hacen que el control de armas sea mucho más difícil; alimentan una relación más antagónica y, eso, a su vez, hace más probable la crisis y el conflicto.

Con respecto a la nueva carrera armamentística que rodea a este tipo de armamento podemos decir que Putin ya la inició a través de una pintoresca presentación de misiles hipersónicos como parte de su discurso ante la Asamblea Federal en marzo de 2018. Putin obviamente quería cambiar la dinámica de lo que es una carrera de fondo, colocando abruptamente a Rusia por delante de los EE.UU. y China. Es por ello que en esa misma presentación, el presidente ruso anunció el desarrollo de una nueva generación de misiles balísticos RS-28 Sarmat. En teoría, el Sarmat podría llevar hasta 24 ojivas HGV (hypersonic glide vehicle) con una carga nuclear de entre 150 y 300 kilotones cada una. Una vez liberadas, las ojivas podrían planear a velocidad hipersónica y alcanzar objetivos a una distancia de 17000 km con un error probable de 10 metros. Una reivindicación más ambiciosa de Putin es el misil Kinzhal, que según el presidente puede portar una ojiva nuclear o convencional a una distancia de más de 2000 kilómetros.

El nuevo sistema de misiles ruso podría complementar los misiles de crucero ya existentes lanzados por mar y aire con una mayor movilidad y agilidad, capacidades de detección más difíciles y un tiempo de alerta reducido, lo que permitiría un ataque más rápido o por sorpresa.

Ante esta amenaza, la salida del INF elimina las constricciones que impedían a EE.UU. desarrollar este tipo de armamento. De hecho, ya ha iniciado programas de desarrollo de armas hipersónicas para reducir la brecha con Rusia y China (como el Tactical Boost Glide y el Hypersonic Airbreathing Weapon Concept). Una vez que se haya desvinculado legalmente del tratado INF, EE.UU. indudablemente reforzará sus capacidades en su frente con China. Sin embargo, la desaparición de un acuerdo tan histórico de control de armamentos tendrá graves repercusiones a nivel mundial. En el Océano Pacífico es probable que China siga mejorando y aumentando sus fuerzas armadas para desafiar los nuevos despliegues de misiles de Estados Unidos; y Rusia probablemente reorientará sus recursos hacia la acumulación de un arsenal terrestre de misiles de corto y medio alcance.

¿Dónde queda Europa?

Los europeos eran ciertamente conscientes de la crisis en torno al tratado INF, a pesar de que ni Obama ni Trump se molestaron en construir un caso convincente para probar el incumplimiento ruso o discutir una postura posterior a su posible abandono. Las reacciones por parte de los estados europeos y la UE a la salida de ambas potencias del tratado no se ha hecho esperar: los gobiernos europeos han indicado que una carrera armamentística de esta índole entre EE.UU. y Rusia es un riesgo inaceptable para la seguridad europea, la cual se hallaría en el centro geopolítico de dicha carrera y de cualquier potencial conflicto entre los dos países.

La postura común de los principales estados europeos (en la medida en que pueden hacerlo) ha convertido esta crisis en una oportunidad para ejercer una mayor presión sobre Rusia a fin de reducir sus ambiciones nucleares. No obstante, los europeos también están convencidos de que Washington no ha hecho ningún esfuerzo serio para negociar una alternativa al INF. Saben que John Bolton, que ha sido elegido negociador clave, condena el control de armamentos como una limitación indeseable al rol primordial que ha de jugar EE.UU. en el mundo. Y aunque el argumento de contrarrestar las crecientes capacidades de China puede tener peso en los debates estadounidenses, para los políticos europeos significa simplemente que su seguridad ha sido sacrificada por el bien de la estrategia de EE.UU. en Asia-Pacífico.

El colapso del INF tendrá consecuencias negativas para la seguridad europea por varias razones.

En primer lugar, porque ambas potencias tendrán libertad para desarrollar y desplegar misiles de medio y corto alcance. En segundo lugar, al no existir un tratado sobre este tipo de armamentos, no es posible presionar a Moscú con respecto a sus misiles de alcance intermedio. Sin el tratado INF, Rusia podría lanzar libremente un número ilimitado de misiles de crucero de alcance intermedio en las proximidades de Europa, mientras que la OTAN no tiene ni capacidades ofensivas ni defensivas simétricas con las que responder de forma creíble a corto plazo. En tercer lugar, el posible apetito de algunos gobiernos europeos de capitalizar la instalación de misiles de crucero convencionales de alcance intermedio, en caso de que EE.UU. decida lanzarlos, podría acentuar la división de la OTAN. Finalmente, el fin del tratado podría obstaculizar las perspectivas de prorrogar los acuerdos existentes, como el Nuevo Tratado START, y de negociar otros nuevos.

En definitiva, con el fin del tratado, la OTAN y Europa en particular se enfrentan a la necesidad de evaluar las implicaciones del nuevo misil hipersónico ruso. Aquí lo más probable es que observemos una división o fractura entre los miembros europeos de la OTAN debido a que difieren entre ellos en cómo aproximarse a Rusia. Por un lado, estados como Francia, Alemania y los Países Bajos no desean desplegar misiles de corto y medio alcance en respuesta a cualquier despliegue ruso. Por el otro, Polonia o los estados bálticos, que se sienten directamente amenazados por Rusia, podrían tener más interés en desplegarlos. No obstante, más allá de las discrepancias entre europeos, estos se verán obligados a desplegar los misiles americanos si se da el caso de que Rusia decida ampliar el despliegue de los suyos, particularmente en Rusia occidental, ya que los aliados europeos de la OTAN se sentirán más amenazados.

Cualquier respuesta que implique un despliegue de misiles por parte de la OTAN empeorará las relaciones entre la Alianza y Rusia, acentuará la sensación de Moscú de verse bajo sitio y, por consiguiente, Rusia puede reaccionar con una escalada de tensión.

Si bien el fin del INF no se va a traducir automáticamente en una confrontación militar entre Rusia y la OTAN, incrementará los riesgos de que se generen percepciones erróneas y malentendidos entre ambas partes. Así que, en la situación actual, cuando las tensiones entre la OTAN y Rusia son muy fuertes, un pequeño malentendido o un accidente podría provocar una escalada. Además, cuantos menos acuerdos tengamos en el ámbito del control de armamentos, mayor será el riesgo de que algunos acontecimientos imprevistos conduzcan en última instancia a enfrentamientos.

Valoración general y prospectiva

La salida de EE.UU. del tratado INF es solo un episodio más de una tendencia caracterizada hacia la eliminación de los tratados de control de armamentos. El efecto acumulado de esta tendencia es una menor seguridad global. La crisis y el colapso del INF obliga, pues, a buscar formas alternativas de limitar el número de misiles de alcance intermedio en lugar de prohibirlos completamente, limitar geográficamente el despliegue de misiles de crucero, prohibir los misiles de crucero con ojivas nucleares o multilateralizar y ampliar el alcance del tratado. Más allá de que el tratado esté muerto, su marco normativo y geográfico podría ser ajustado de tal forma que cubriese un sistema de seguridad europea más amplio. Por ejemplo, a través de un tratado multilateral entre la OTAN y Rusia o EEUU, Reino Unido, Francia y Rusia, el cual también incluya los nuevos sistemas armamentísticos como las armas hipersónicas.

Por otra parte, si EE.UU. no está dispuesto a seguir discutiendo sobre control de armamentos, los europeos deberían empezar a asumir más responsabilidades en este ámbito. A fin de cuentas, lo que está en juego es su propia seguridad. Esto significa que Europa tiene que discutir las capacidades y comportamientos que considera más preocupantes, junto con las formas en que estos últimos podrían verse limitados. Esto obliga necesariamente a profundizar en la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) —tanto en términos estratégicos como de capacidades— para contrarrestar el rol de EE.UU. en la seguridad de Europa. No obstante, las divisiones entre los estados europeos ya se han hecho notar.

Por último, las miradas están ahora puestas en el nuevo START, que limita las armas nucleares estratégicas y es, sin duda, el acuerdo de control de armas más importante que todavía existe entre EE.UU. y Rusia, para ver si la tendencia de abandonar acuerdos sobre control de armamentos se consolida o no. Si el nuevo START deja de ser vinculante en 2021, no quedará ningún tratado entre EE.UU. y Rusia que controle y constriña sus capacidades nucleares. Actualmente, Moscú está interesado en extenderlo y el tratado tampoco resulta controvertido en Washington. Sin embargo, un colapso abrupto del tratado INF, junto con una mayor acumulación de armas, podría ser una seria amenaza para la longevidad del nuevo START, especialmente desde que ciertos asesores de línea dura como John Bolton parecen estar ganando terreno en la Casa Blanca.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Manuel Herrera

Alicante, España Graduado en Relaciones Internacionales en la Universidad Ramón LLull de Barcelona. Máster en Seguridad Internacional en el Instituto de Estudios Internacionales de Barcelona (IBEI). Asistente de investigación en el Institute of Peace and Conflict Studies de Nueva Delhi. Colaborar en la web de análisis "Articulo 30: Política de defensa". Colaborador asiduo del blog "Notes de Seguretat" del Departamento de Interior de la Generalitat de Catalunya.


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