18/01/2019 BARCELONA

Laberinto Cărtărescu

Mircea Cărtărescu en la Feria del Libro de Göteborg (Suecia) en 2013. [Foto CC BY-SA 3.0 Albin Olsson vía Wikimedia Commons]
Leyendo 'El ala izquierda' el lector queda fascinado con las imágenes y la exuberante imaginación que demuestra Mircea Cărtărescu. La prosa del autor rumano es sugestiva, poética y considerablemente densa, donde predominan las escenas donde a partir de un recuerdo personal se construye un relato alucinante y alucinado. De unas dimensiones literarias descomunales, si bien esto puede ser un gran elemento a favor, acarrea algunos inconvenientes en la lectura.

Mircea Cărtărescu. El ala izquierda. Madrid: Impedimenta, 2018. Traducción al castellano de Marian Ochoa de Eribe. 432 pp

Mircea Cărtărescu. L’ala esquerra. Barcelona: Edicions del Periscopi, 2018. Traducción al catalán de Antònia Escandell Tur. 480pp.

Para escribir sobre Mircea Cărtărescu es mejor hacerlo directamente, sin demasiada vacilación. Leer Cărtărescu es un laberinto, escribir sobre él es adentrarse en el laberinto con una caja de cerillas y un hilo altamente inflamable: si te centras en ver en la oscuridad quemarás el hilo, si miras el hilo nunca podrás ver nada. Walter Benjamin escribió a propósito de La búsqueda del tiempo perdido que el gran mérito de Proust era que nos mostraba un enorme tapiz, pero solo la parte trasera del tapiz, donde la urdimbre no dejaba ver el dibujo. Me resulta muy fácil relacionar esa idea con El ala izquierda de Cărtărescu.

Fotocomposición de las portadas de las versiones catalana y castellana de la obra. [Foto vía Llegir en cas d’incendi]

Mientras lees –cerilla e hilo en mano– quedas fascinado con las imágenes, con la exuberante imaginación que demuestra el escritor rumano, pero nunca llegas a relacionar una imagen con otra. Quedan fragmentadas, inaccesibles entre si, solamente eres capaz de ver el hilo que transcurre por todas ellas. El patrón, el trazo. Un hilo que son tres: la mariposa, el cerebro y la madre. Estos elementos son constantes, tan relevantes que se convierten en personajes. El tapiz pues, su reverso, se nos muestra difícil de leer, fragmentado y tan saturado por la imaginación de Cărtărescu que leer un capítulo se convierte en una carrera de fondo. Y la novela entera, una maratón.

La prosa de Cărtărescu es sugestiva, poética y considerablemente densa. Hay que estar preparado para leer Cărtărescu. Hay que dedicarle tiempo y esfuerzo. Hay que aprender a leer el reverso del tapiz, a explorar el laberinto sin la intención de salir nunca de él. En cierta manera, El ala izquierda es una novela que se tiene que leer renunciando a la voluntad de entenderla. Solo se puede leer por el placer de leer, aún sin entender. Que no se malentienda, no es una novela sin contenido relevante, sin reflexiones filosóficas, vitales y literarias, pero estas representan una parte bastante reducida de la novela. Lo predominante en la novela son las escenas donde a partir de un recuerdo personal se construye un relato alucinante y alucinado, relatos donde Cărtărescu demuestra su enorme imaginación y habilidad para crear historias estremecedoras y fascinantes.

Las imaginativas imágenes presentadas por Cărtărescu se encuentran unidas por un fino hilo que son tres: la mariposa, el cerebro y la madre.

Ahora bien, estas escenas terriblemente imaginativas, que son sin duda el punto fuerte de la novela, son, a la vez, su defecto. En las primeras ciento treinta páginas de la novela Cărtărescu nos cautiva con su imaginación y con su planteamiento literario: nos presenta la novela como un paso por sus recuerdos de infancia, por su vida. Nos presenta una novela que como muchas otras novelas actuales —como todas sobre las que he escrito en este dominio— parten de sus recuerdos, de una realidad. Pero el tratamiento que le aplica es totalmente diferente: para Cărtărescu no se debe escribir del pasado para hablar de él: «Perquè no descrius el passat escrivint sobre coses antigues, sino sobre l’aire enterbolit entre tu i ell»(de la traducción catalana de Antònia Escandell Tur). Como Proust, según Benjamin, Cărtărescu escribe no sobre lo que recuerdas, sino sobre lo que has olvidado.

Y para escribir sobre el olvido solamente se puede recurrir a la imaginación.

Así pues, Cărtărescu escribe sus recuerdos, las vivencias que han configurado su vida rellenando los huecos que inevitablemente genera la memoria con una imaginación desbordante. Esto, que aunque no es novedoso —pienso en Baixauli que también da rienda suelta a su imaginación a partir de unos hechos reales— resulta verdaderamente estimulante. Y se nos presenta en unas primeras páginas apasionantes. Ahora bien, a partir de cierto momento, la reflexión sobre la escritura a partir del olvido y del recuerdo desaparece por completo, y se convierte en una exhibición de genio imaginativo por parte de Cărtărescu. Cada capítulo es un sueño alucinado diferente, totalmente desligado del anterior.

El hilo que relaciona los diferentes relatos se va haciendo cada vez más tenue, más débil, hasta que solamente queda una referencia vaga a una mariposa, una descripción taxonómica de la química cerebral o una invocación a la familia materna. La prosa se va volviendo cada vez más poética, más bella,  y más dispersa. Pues los temas que trata, las escenas —a veces bíblicas, otras surreales, otras de una abstracción fascinante— se van concatenando sin ninguna otra relación que una palabra o un personaje. Parece pues que nada las une. Como lector esto siempre resulta confuso, y hasta a veces pesado. El caos y la dispersión exigen un esfuerzo extra que provoca una lectura más pausada y a veces realmente agotadora. En el caso de El ala izquierda, esta dispersión se hace muy evidente hacia el primer tercio de la novela, pero superada la primera mitad el caos se convierte en caos ordenado —o nos acostumbramos a él— y la lectura se agiliza.

Personalmente, hay ciertos detalles que como lector —lector ávido de novelas breves— me desconciertan, como la redundancia de elementos: no hay nada que haga que mengüe más mi atención que leer la misma cosa dos veces y sin que la repetición aporte un significado. Y debido a las dimensiones de El ala izquierda estas redundancias se dan con bastante frecuencia, especialmente con las referencias a la anatomía cerebral: se nos describe múltiples veces o bien el funcionamiento del cerebro o bien su fisonomía, con el léxico especializado correspondiente. Esto no sería un problema si no fuera repetitivo, y la repetición no sería problema si no fuera porque a primera vista no aporta ninguna información relevante. El cerebro, que es uno de los leitmotiv de la novela, es absolutamente relevante: la memoria, la historia, el tiempo, la imaginación, todo esto es un producto mental. Los monstruos, los temores, los sueños, solo existen gracias al cerebro.

Y la repetición aporta la relevancia que merece dentro de la novela, pero tanta fisonomía, tanta especialización semántica resulta redundante e innecesaria. Entorpece una lectura interesante y altamente sugestiva.

Sin duda El ala izquierda es una novela singular, de unas dimensiones literarias descomunales y que hace explícita su pertenencia a un conjunto más grande. El ala izquierda es el primero de una trilogía llamada Cegador. Digo que hace explícita su pertenencia a algo más porque acabas la novela con preguntas y esperanzas que solo se pueden resolver con un proyecto aún más grande y ambicioso. En mi caso la pregunta que ronda por mi cabeza es la de descubrir si Mircea Cărtărescu es capaz de tejer un tapiz tan denso y fecundo como el de Marcel Proust. De saber hasta dónde le llevará su imaginación, y sobre todo de saber si alguna vez saldré de su laberinto.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Marc Senabre Camarasa

Editor de 'Gargots Revista Literària', crítico en la revista de reseñas 'Caràcters', graduado en Filologia Catalana por la Universidat de València y actualmente cursando el máster de Teoria de la Literatura i Literatura Comparada en la Universidat de Barcelona. Ferviente defensor en la materialidad de los libros, es decir: pugna constante entre la bibliofilia y el síndrome de Diógenes.


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