17/10/2019 BARCELONA

¿Qué hay detrás de las ambiciones nucleares de Arabia Saudí?

Reactores nucleares. [Foto: Corporación de Energia Nuclear de EAU]
Aunque las autoridades saudíes reiteran que el desarrollo de energía nuclear se debe exclusivamente a la necesidad de diversificar fuentes energéticas y reducir la dependencia del petróleo, el riesgo de que se inicie un programa de armamento nuclear está presente. Este artículo analiza las posibles ambiciones saudíes y pone de relieve la doble vara de medir de Estados Unidos en relación al desarrollo nuclear con fines armamentísticos, presentando una actitud diferenciada cuando se trata de Arabia Saudí o Irán.


Según el gobierno saudí, el reciente entusiasmo por la energía nuclear en el país se debe exclusivamente a la voluntad de desarrollar un sector energético sostenible. El reino tiene previsto comenzar a construir sus dos primeros reactores este año y hasta 16 en los próximos 25 años, a un costo de más de 80.000 millones de dólares. El plan se basa en que la energía nuclear represente el 15% de la energía de Arabia Saudí en 2032. El ministro de energía saudí, Khalid Al-Falih, anunció en la conferencia anual de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) que el proyecto forma parte de la iniciativa Visión 2030 para diversificar las fuentes energéticas del país.

La paradoja de este anuncio es que se ha producido justamente después de que EE.UU. haya reimpuesto sanciones contra Irán para impedir que este país pudiese desarrollar armas nucleares, y que ningún mandatario se haya preocupado por una posible desviación de material nuclear para la construcción de una bomba atómica en Arabia Saudí, un país con una gobernanza en esta materia bastante débil. El reino wahabí no posee expertos ni conocimientos sobre cómo construir este tipo de reactores o fabricar armas nucleares, incrementando así el riesgo de una catástrofe humanitaria. Otra cuestión a tomar en consideración con respecto a una Arabia Saudí nuclear es que no está claro cuán estable es el régimen del país. En una región llena de conflictos prolongados, estados fallidos y agresiones iraníes a través de grupos terroristas, la estabilidad de Arabia Saudí no está garantizada, lo cual podría favorecer el desarrollo de armas nucleares por parte del gobierno.

Mohammad bin Salman y Donald Trump en el despacho oval en marzo de 2017. [Foto: Wikimedia Commons]

Motivaciones y riesgos detrás del programa nuclear saudí

La principal razón que ha dado Arabia Saudí para llevar a cabo esta inversión es la voluntad de ampliar su cartera energética. El país está tratando de hacer dinero con sus reservas de petróleo lo más rápido posible porque se espera que la demanda mundial disminuya en el futuro debido a los avances en la tecnología de energía renovable y la eventual ubicuidad de los coches eléctricos. A largo plazo, su objetivo es diversificar su economía para alejarla del petróleo y generar ingresos de sectores como la tecnología y los servicios de entretenimiento.

Ahora bien, existen una serie de riesgos bastante evidentes en relación a esta iniciativa: Riad podría tratar de usar esta tecnología para iniciar un programa de armas nucleares y hacer que una de las regiones más volátiles del mundo sea aún más inestable. De hecho, algunos escépticos piensan que todo el argumento energético es simplemente una tapadera para sus ambiciones militares. Además de las ansiedades generadas por esta posibilidad, el príncipe heredero, Mohammed Bin-Salman, no ayuda a disipar las dudas al respecto con comentarios tan llamativos como el que realizó ante la cadena CBS el pasado 18 de marzo: “Arabia Saudí no quiere adquirir ninguna bomba nuclear, pero sin duda, si Irán desarrolla una bomba nuclear, Arabia Saudí hará lo mismo“.

Esta posición ha sido ratificada por el ministro de Asuntos Exteriores saudí, Adel al-Jubeir, quien indicó a la CNN que “si Irán adquiere una capacidad nuclear, haremos todo lo que podamos para hacer lo mismo“.

“Estos son los saudíes diciendo abiertamente lo que hemos sabido durante mucho tiempo”, dijo Ryan Turner, analista senior de la consultora PGI Group. “El deseo de Arabia Saudí de un programa nuclear civil no puede separarse de la rivalidad con Irán“. Sin embargo, Arabia Saudí sigue defendiendo a capa y espada el fin puramente civil de su programa nuclear: “No solo no estamos interesados de ninguna manera en desviar la tecnología nuclear para su uso militar, sino que somos muy activos contra la proliferación por parte de otros“, dijo Khalid al-Falih en una conferencia de prensa conjunta con el secretario de Energía de EE.UU. el pasado diciembre.

Mientras que no resulta rara la voluntad de diversificar las fuentes energéticas de Arabia Saudí, lo que sí llama la atención es el foco exclusivamente nuclear de dicha diversificación. Por ejemplo, Joe Romm, exsecretario adjunto del Departamento de Energía durante la administración Clinton, indicó que Arabia Saudí es un candidato sobresaliente para utilizar la energía solar en gran parte del país. Sus extensos y soleados desiertos son naturalmente aptos para proporcionar electricidad al país durante el día.

Dado que Arabia Saudí puede construir instalaciones de energía solar y producir energía solar a costes increíblemente bajos, Romm indica que “no tiene mucho sentido desde el punto de vista energético” que Arabia Saudí se esté inclinando tanto por la opción nuclear, aunque posea grandes reservas de uranio, ya que es notoriamente cara.

En consecuencia, el programa nuclear saudí da lugar a dudas razonables sobre las intenciones de los gobernantes Saudíes. Al mismo tiempo, EE.UU. —principal aliado de Riad contra Irán— no ha ayudado a rebajar la preocupación: la administración Trump está considerando permitir a Arabia Saudí enriquecer uranio.

A fecha de hoy, Arabia Saudí se ha negado a firmar un acuerdo que les prohíba enriquecer uranio y reprocesar plutonio, elementos indispensables para desarrollar armas nucleares. Y es posible que EE.UU. no pueda permitirse el lujo de negar esa condición ya que, si lo hace, los saudíes buscarán proveedores alternativos como China o Rusia.

El hecho de que Arabia Saudí insista en enriquecer su propio uranio deja la puerta abierta a la posibilidad de que desarrollen una bomba atómica.

Test de lanzamiento de misil balísitico. [Foto: Al Jazeera English]

Lógicas regionales de una Arabia Saudí nuclear

Hay que recordar que Arabia Saudí no es un actor estable ni imparcial en Oriente Próximo. Los saudíes han sido los principales proveedores de las doctrinas religiosas fundamentalistas que han extendido las semillas del terrorismo por todo el mundo árabe. De hecho, la marca saudí del Islam, el wahabismo, ha servido de inspiración para muchos de los terroristas más violentos del mundo. Por consiguiente, resulta comprensible que cualquier acuerdo con los saudíes en materia nuclear genere preocupación con respecto al futuro de la proliferación nuclear y la estabilidad en Oriente Próximo, en especial dada la impredictibilidad de la política exterior de Bin Salman y su escalada de tensión con Irán, la cual podría derivar en una carrera armamentística.

El conflicto saudí-iraní flota alrededor de esta iniciativa, además de un intento burdo y descarado de incitar a Irán a desarrollar sus capacidades nucleares, mediante una oposición feroz al Acuerdo Nuclear con Irán para justificar su propia nuclearización. Por consiguiente, las ambiciones nucleares de Arabia Saudí no pueden comprenderse si no van ligadas a su ambición regional y a su disputa con Irán.

Riad se ha alarmado por el reciente éxito de Teherán a la hora de ampliar su influencia en Irak, Siria y Yemen.

“Creo que uno de las principales motivaciones, si no la principal, del programa nuclear de Arabia Saudí, es su rivalidad en materia de seguridad con Irán”, indicó Kingston Reif, experto en no proliferación de la Asociación para el Control de Armas. Irán es el archirrival de Arabia Saudí en Oriente Próximo, y a Arabia Saudí le preocupa que Irán pueda usar su programa nuclear para fabricar armas en el futuro —hay que recordar que las restricciones del acuerdo nuclear iraní comienzan a expirar alrededor de 2030— e inclinar la balanza en la región a su favor.

Finalmente, al formar parte del Tratado de No Proliferación (TNP), Arabia Saudí no puede oficialmente desarrollar capacidades nucleares con fines armamentísticos. No obstante, los comentarios tanto del ministro de Asuntos Exteriores como del príncipe heredero no dejan duda a las ambiciones nucleares del reino con fines disuasorios. Al mismo tiempo, ningún miembro de la administración Trump ha condenado las ambiciones nucleares saudíes en caso de que Irán adquiera armas nucleares. De hecho, algunos funcionarios americanos han indicado que EE.UU. estaría dispuesto a ayudar a Arabia Saudí a violar el TNP con tal de satisfacer la oferta nuclear americana.

La negativa de Arabia Saudí a restringir el enriquecimiento de uranio y la extracción de plutonio representa una declaración publica de que el reino quiere mantener la opción de desarrollar armas nucleares presente, con las consiguientes implicaciones para la estabilidad de Oriente Próximo. En consecuencia, EE.UU. no debería aceptar los términos que propone Riad en lo referente al enriquecimiento de uranio, sino que debería presentar una propuesta similar a la que se alcanzó con los Emiratos Árabes Unidos hace 9 años.

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Manuel Herrera

Alicante, España Graduado en Relaciones Internacionales en la Universidad Ramón LLull de Barcelona. Máster en Seguridad Internacional en el Instituto de Estudios Internacionales de Barcelona (IBEI). Asistente de investigación en el Institute of Peace and Conflict Studies de Nueva Delhi. Colaborar en la web de análisis "Articulo 30: Política de defensa". Colaborador asiduo del blog "Notes de Seguretat" del Departamento de Interior de la Generalitat de Catalunya.


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