17/12/2018 BARCELONA

Privacidad, el oro negro de internet

La recopilación de datos personales de los usuarios se hace altamente lucrativa para las empresas, y altamente atrayente para los sistemas gubernamentales de vigilancia. La inteligencia artificial se consolida como una realidad y herramienta clave en la interpretación de los datos recopilados.

El escándalo de la filtración de datos de Facebook que impulsó la comparecencia de Mark Zuckerberg ante una comisión del Senado de EE.UU. fue solo la punta del iceberg de un problema mayor: ha puesto en el escenario la discusión sobre el tráfico de datos y la seguridad digital de los usuarios. Cada vez más, se hace necesario la discusión sobre la defensa de los derechos digitales, que no dejan de ser una prolongación de los derechos civiles de los ciudadanos, pero llevados al mundo digital, como lo son el derecho a la privacidad o a la libertad de expresión entre otros.

Junto a esto, más recientemente, una investigación conjunta de académicos de las universidades del Noreste y Princeton en EE.UU. dio a conocer que Facebook está utilizando la información de contacto de sus usuarios, compartida supuestamente por su seguridad, en anuncios de publicidad dirigida.

Cuando los usuarios de la red social agregan un número para la verificación de dos pasos durante el proceso de inicio de sesión, o para recibir alertas de acceso a su cuenta, estos números telefónicos son compartidos por la plataforma, en un lapso de semanas, con sus anunciantes para ser utilizados en campañas de publicidad dirigida. El estudio encontró además que Facebook recolecta información de contacto de los usuarios con propósitos comerciales, aun cuando estos no la compartieron con la red social, ni dieron su consentimiento para su uso. Ocurre con listas de contactos telefónicos, correos electrónicos e, incluso, de clientes de tiendas o algunas empresas.

Un problema que va más allá de Facebook

Sin embargo, no solo Facebook ha compartido intencionalmente o por fallas en su seguridad información personal de sus usuarios. En octubre de este año se supo que Google ocultó una falla de seguridad en su red social Google+ que afectó a casi medio millón de usuarios. Según dio a conocer  The Wall Street Journal, la falla de seguridad comenzó en 2015 y fue detectada y arreglada en marzo de 2018. Google optó por guardar silencio para evitar recibir el mismo escarnio que Facebook con el escándalo de Cambridge Analytica.

El fallo en Google permitió que desarrolladores de 438 aplicaciones pudieran tener acceso a información privada de los perfiles de cientos de miles de usuarios

Esto permitió que desarrolladores de 438 aplicaciones pudieran tener acceso a información privada de los perfiles de cientos de miles de usuarios.

¿Solo las redes sociales recopilan datos?

La respuesta claramente es no. También lo hacen los navegadores, una de las herramientas más comunes para filtrar datos privados de los usuarios al hacer uso de internet. El navegador web del que todos los usuarios hacen uso a diario recopila gran cantidad de datos acerca del hardware del equipo del usuario, así como parte del software que este tiene instalado.

Entre los datos recopilados por los navegadores web se encuentran:

  • Geolocalización: el propio navegador web sabe con exactitud dónde se encuentra en cada momento, todo ello gracias a la geolocalización de la que hace uso. Así, un sitio web puede estimar con precisión la ubicación, incluso si no le ha dado acceso a las coordenadas GPS.
  • Historial de navegación: uno de los tipos de datos más conocidos que los navegadores recopilan sobre los usuarios mientras lo están utilizando es el historial de navegación.
  • Movimientos del ratón: uno de los tipos de datos más curiosos que se recopilan, y que estos programas son capaces de filtrar a terceros, son los movimientos que constantemente se hacen con el ratón, además de los clics que se llevan a cabo en los sitios web que se visitan.

  • La orientación de su dispositivo: muchos teléfonos inteligentes vienen con giroscopios incorporados que se utilizan en aplicaciones de seguimiento de condición física y servicios similares basados ​​en movimientos. Estos datos se recogen en su navegador.

El navegador incluso puede predecir dónde está físicamente el dispositivo en este momento, como en una mesa, en una bolsa o en un bolsillo.

Estos son algunos de los datos que los navegadores web recopilan y que pasan desapercibidos muchas veces en la vida diaria, ya que los usuarios los dan a conocer sin percatarse de ello, en todo tipo de plataformas y dispositivos. Aunque Facebook ha recibido los titulares negativos por los escándalos de filtraciones de los datos de sus usuarios, queda claro que Google sabe “mucho más de sus usuarios” que Facebook.

Lo ha confirmado recientemente experto mundial en ciberseguridad Eddy Willems el asegura que: Google dispone de “nuestra historia” a partir del análisis de los datos de navegación del usuario.

Todos estos datos recopilados por las redes sociales y los navegadores, entre otros, sirven —como ha reconocido la compañía que tenía a cargo la campaña de Donal Trump  en el escándalo de Cambridge Analytica— para crea programas informáticos destinados a predecir las decisiones de los votantes para poder influir en ellas. También para que los anunciantes puedan literalmente especificar qué usuarios deberían ver sus anuncios pero, violando su privacidad, lo hacen de una manera poco transparente y más invasiva.

Incluso se pueden utilizar para manipular  la verdad: Google maneja el 90% de las búsquedas en internet del mundo, y cada vez más promueve una respuesta única para muchas preguntas. Incluso las consultas subjetivas o sin respuesta a veces obtienen respuestas aparentemente definitivas.

¿Para quiénes trabaja la inteligencia artificial?

Es evidente que esos programas han sido diseñados —algoritmos o, como son conocidos, inteligencia artificial— para analizar los datos de los usuarios y funcionan muy bien. Pero es válido preguntar ¿para quién funcionan bien?

Estos programas son responsables de muchas de las cosas que pasan en nuestro día a día, en la toma de decisiones gubernamentales o en las transacciones económicas —incluso en la selección de un currículum especifico cuando alguien responde a una oferta online—. También son responsables de las sugerencias de programación que hacen las televisiones inteligentes en cada hogar, de la concesión o no de un crédito bancario, de la ordenación del conocimiento de una búsqueda en Google.

La responsabilidad para que las decisiones automatizadas no afecten los derechos fundamentales de las personas debe ser compartida entre las empresas, los gobiernos y la sociedad civil. Actualmente, la opacidad en el desarrollo y aplicación de tecnología de inteligencia artificial constituyen un gran reto para que los derechos fundamentales de los usuarios sean ejercidos y protegidos.

Así lo señala en su último reporte sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de expresión y opinión el relator especial de la ONU David Kaye. En dicho informe analiza los retos y consecuencias del uso de inteligencia artificial y algoritmos en un complejo entorno de tecnologías y explica que debido a los peligros que conlleva el uso de tecnologías que tienen la capacidad de distorsionar el ambiente digital de formas no objetivas, estas no son transparentes y que, incluso, pueden ser aprovechadas por actores privados y públicos. Estas deben, por tanto, ser “diseñadas, desarrolladas e implementadas para ser consistentes con las obligaciones de estados y actores privados bajo el derecho internacional de los derecho humanos”.

Pero, en definitiva, el usuario no debe olvidar que es el principal actor en el entorno digital y, aunque en este punto del debate puede verse como el sujeto influenciable, no debe demeritar que como el actor principal también es capaz de incidir en el desarrollo de las tecnologías.

Y aunque muchos usuarios no entienden completamente cómo funciona la publicidad dirigida hoy en día, ni entienden del todo como la recopilación de datos viola su privacidad y sus derechos fundamentales como la libertad de expresión, el acceso a la información, incluso hasta su libertad de organización, el escenario está sirviendo para que empiecen a prestar verdadera atención a la información que se maneja sobre ellos.

No es la intención demonizar del todo el uso de internet, de la inteligencia artificial, de los dispositivos móviles o incluso a las computadoras,  pero sí hacer visible lo que no se ve.

Se debe exigir a los gobiernos y a las empresas de tecnología, la creación y adopción de reglas con el fin de proteger los derechos humanos.

“Los usuarios deben tomar conciencia del valor que tienen los datos personales, que son el ‘oro negro’ de internet”. —Víctor Domingo

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Jonathan Ardon

Guatemala, Guatemala C.A. Estudiante del último año de Relaciones Internacionales, en la Escuela de Ciencia Política, Universidad de San Carlos de Guatemala, apasionado de las Relaciones Internacionales y la Diplomacia, especialmente en el área de la negociación y el mantenimiento de la paz. Además posee un diplomado en Política, Estado y Sociedad por el Instituto Centroamericano de Estudios Políticos INCEP, y diplomado en Derecho Electoral por el Tribunal Supremo electoral TSE.


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