17/12/2018 BARCELONA

Conflicto en Esequibo: ¿Qué sucede en la frontera este de Venezuela?

El recrudecimiento del conflicto en la disputada región de Esequibo ha relegado a Guyana a la última posición en recepción de desplazados venezolanos. Con el objetivo de comprender la decisión de Guyana de establecer dos bases militares en la frontera de Venezuela en febrero de este año, este artículo analiza la disputa bilateral y la importancia de un territorio que ocupa actualmente dos tercios de los límites de Guyana: el Esequibo.

Con una media de 2,3 millones de emigrados desde 2014, el éxodo venezolano ha acaparado buena parte de la información y análisis latinoamericanos, tanto en los medios regionales como internacionales. A pesar de que países como Ecuador, Brasil o Perú han recibido a un gran número de ciudadanos, el grueso de la responsabilidad ha recaído sobre Colombia, cuyas fronteras reciben a una media de 35.000 inmigrantes al día —ya sea para acogerlos de manera definitiva o para adquirir productos alimenticios o farmacéuticos—.

No obstante, y a pesar de su reducida repercusión periodística, Venezuela cuenta asimismo con más de 800 kilómetros de frontera con la desatendida Guyana, país con el que viene arrastrando una guerra fría fronteriza desde la independencia de este último en 1966.

Situación geográfica de El Esequibo, territorio disputado entre Guyana y Venezuela [Foto vía Wikimedia Commons]

Así, su condición de país con menor Índice de Desarrollo Humano de Sudamérica y el recrudecimiento del conflicto en la disputada región de Esequibo han relegado a Guyana a la última posición en recepción de desplazados venezolanos. Con el objetivo de comprender la decisión de Guyana de establecer dos bases militares en la frontera de Venezuela en febrero de este año —además de para contener y evitar el tráfico de personas, según su Ministro de Ciudadanía e Inmigración, Winston Félix— será necesario comprender el nacimiento de esta disputa bilateral y la importancia de un territorio que ocupa actualmente dos tercios de los límites de Guyana: el Esequibo.

El origen del conflicto

Bordeado por Surinam, Brasil y Venezuela, el territorio actual de Guyana se encontraba habitado por tribus amerindias y semi-nómadas hasta la llegada de los primeros colonizadores europeos en 1499.

A pesar de que el mal denominado “descubrimiento” de la región se atribuye al gobernador español Alonso de Ojeda, no fue hasta el siglo XVI cuando el imperio neerlandés estableció sus primeras colonias permanentes en el territorio y en los límites de la actual Surinam.

Rodeados por la Guyana española al oeste (hoy Venezuela), la Guyana portuguesa al sur (hoy parte de Brasil) y la Guyana francesa al este (cuyo status se mantiene actualmente), los holandeses aprovecharon las tierras fértiles para establecer importantes plantaciones de azúcar que nutrirían de esclavos procedentes de sus colonias en África y en las Indias Orientales.

Paralelamente, importaron tecnología propia y construyeron un importante sistema de diques, malecones y canales de drenaje que se mantiene todavía a día de hoy, forjando una de las industrias azucareras más prolíficas de la época. De esta manera, a pesar de las distintas incursiones del resto de potencias europeas durante el siglo XVIII, el Imperio holandés mantuvo el control de las provincias de Esequibo, Demerara y Berbice hasta 1814, cuando el Imperio británico se hizo con su control efectivo en la denominada Convención de Londres, dando lugar así al inicio de un conflicto territorial que permanece en la región en la actualidad.

Las cataratas Kaieteur son cinco veces más altas que las cataratas del Niágara y están ubicadas en la región de Potaro-Siparuni, reclamada por Venezuela como parte de la Guayana Esequiba [Foto vía Wikimedia Commons]

La cesión holandesa de esta región al Imperio británico se topó frontalmente con la negativa de la entonces Guyana española, que delimitaba oficialmente su frontera este a lo largo del río Esequibo. No obstante, los problemas internos del Imperio español y las insurrecciones independentistas del resto de sus colonias evitaron la contienda y desafío directos. Así, el Imperio británico encargaría arbitrariamente al explorador y naturalista alemán Robert Hermann Schomburgk la demarcación de ambos territorios, publicando un mapa oficial y proponiendo la llamada Línea Schomburgk, rechazada categóricamente por el resto de potencias coloniales de la época.

Pese a que ambas partes acordarían poco después la no incursión en el territorio en pugna, el descubrimiento de minas de oro a finales de 1850 reavivó de nuevo el conflicto con la ya independiente Venezuela, que logró someter a ambos países a un arbitraje internacional en 1899, gracias a la presión de Estados Unidos. El tribunal, compuesto por dos miembros estadounidenses, dos británicos y uno ruso, falló a favor de Reino Unido y otorgó a Venezuela una pequeña franja del río Orinoco y territorios adyacentes. Esta decisión unánime, conocida como Laudo Arbitral de París de 1899, sería años más tarde fuertemente cuestionada y declarada nula e inválida por el gobierno de Venezuela.

Así, en el año 1962 se publicó el Memorándum de Severo Mallet-Prevost, abogado estadounidense que formó parte de la Corte Arbitral de París, en el que confiesa la parcialidad del proceso, los errores y la presión para fallar a favor del Reino Unido. La publicación de dichas memorias llevó a Venezuela a presentar una denuncia formal ante la ONU en 1962, en pleno proceso de independencia de Guyana, que adquiriría la autonomía definitiva de Reino Unido en 1966.

En noviembre de ese mismo año, Venezuela y Guyana suscribieron el denominado Acuerdo de Ginebra, que permitió la creación de una comisión mixta transitoria con el objetivo de alcanzar un acuerdo práctico entre ambas partes. A pesar del plazo estipulado de cuatro años para la resolución del conflicto, las pautas del acuerdo siguen vigentes a día de hoy y no se aguardan cambios importantes.

La tensión territorial se extendería además a la pequeña isla fluvial de Anacoco, escenario de una ocupación civil y militar por parte de Venezuela, paralela a la independencia de Guyana. Localizada entre los ríos Cuyuní y Wenamu, sufrió el desengaño de Venezuela con las instituciones multilaterales, cuyo ejército la mantiene ocupada desde entonces a pesar de las reiteradas denuncias de Georgetown ante la Corte Internacional de Justicia.

Además de gestionar los numerosos problemas territoriales, la recién constituida Guyana se enfrentaría a lo largo de la segunda mitad del siglo XX a múltiples divisiones étnicas y raciales. El legado colonizador británico y holandés había transformado el panorama demográfico en el país, desplazando a los afroguyaneses a los centros urbanos y a los indoguyaneses a las zonas rurales.

Paisaje de El Esequibo [Foto vía Wikimedia Commons]

El confinamiento de los amerindios en las zonas más remotas del país se tradujo así en un intento de secesión e independencia de la región de Rupununi en 1969, rápidamente silenciado por Guyana, pero avalado por las autoridades de Venezuela, que ofrecieron la nacionalización a los huidos en el conflicto. Estas divisiones y tensiones se reflejarían a partir de entonces en la creación de distintos partidos políticos centrados casi exclusivamente en cuestiones raciales y de representación política de las diversas etnias en el territorio.

El pasado reciente de Guyana, muy marcado por el petróleo

A pesar del descubrimiento y desarrollo de la industria de la bauxita en el país —que diversificó una economía extremadamente dependiente del azúcar— los años 70 y 80 estuvieron marcados por una profunda crisis social provocada esencialmente por la nacionalización del 80% de la economía. El aumento de la deuda pública —que multiplicaría por seis el PIB nacional— y la caída en los precios de las exportaciones lastraron el crecimiento de un país que sufrió la emigración de una décima parte de su población ante la falta de oportunidades.

No obstante, la introducción de reformas económicas impulsadas por el Fondo Monetario Internacional en 1988 y la llegada de las primeras elecciones transparentes en 1992 cambiaron el escenario nacional. Durante los años 90, la moneda se estabilizó y el país experimentó un crecimiento económico que alcanzó tasas del 6%, lo que se tradujo en una mayor estabilidad social y redujo las tensiones raciales.

Durante esta época, el partido en el poder —People’s Progressive Party, con sello socialdemócrata—, mantuvo buena relación con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Sin embargo, el descubrimiento de yacimientos de petróleo en el océano Atlántico entre el año 1999 y 2000 y las consiguientes concesiones de explotación a distintas petroleras por parte de Guyana avivaron enormemente el conflicto.

La controversia relativa a la soberanía de las aguas provocó incluso la detención de buques petroleros por parte de las autoridades venezolanas, que consideraban los ejercicios de exploración como afrentas directas. El cambio de gobierno guayanés en 2015 —con la llegada al poder por primera vez del partido conservador de David Granger— y el descubrimiento del mayor yacimiento petrolero hasta la fecha por parte de la empresa norteamericana Exxon Mobile, aceleraron las protestas y debilitaron de nuevo la posibilidad de una solución diplomática impulsada por la ONU.

Actualmente, Guyana encabeza la lista de descubrimientos mundiales de petróleo en 2018. Su trascendencia reside en la posibilidad de diversificar la extrema dependencia del país de la exportación de materias primas —azúcar, oro, bauxita y arroz—, pero también en el desarrollo social y económico de un territorio con un 35% de la población bajo el umbral de la pobreza.

Detalle de yacimiento petrolífero [Foto vía Wikimedia Commons]

Dado su potencial, Guyana justifica la apropiación del Esequibo no solo en términos históricos y políticos, sino también culturales: al no haber formado parte de la Capitanía General de Venezuela durante la época colonial, nunca se ha hablado español en el territorio. Así, a pesar de las inexactitudes en el Laudo Arbitral de París, Guyana considera las pretensiones territoriales venezolanas espurias y únicamente guiadas por intereses económicos.

La complicada situación interna de Venezuela en la actualidad ha evitado un conflicto directo con su vecino del este, no obstante sigue reclamando la delimitación oficial del territorio. Por su parte, Guyana ha aprovechado la coyuntura regional para establecer dos bases militares en la frontera venezolana con el objetivo de evitar incursiones de desplazados y el tráfico de personas. Si bien es cierto que Guyana es uno de los países con mayores índices de tráfico y explotación sexual del mundo —especialmente a través de la frontera sureña con Brasil—, esta decisión no termina de reflejar un intento de liderazgo en un territorio con demasiados frentes abiertos. Los perjudicados: los ciudadanos.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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Pablo Astor Molero

Pontevedra, España. Es graduado en Relaciones Internacionales y en Traducción e Interpretación (Universidad Pontificia Comillas), y ha cursado estudios de postgrado en Comercio Exterior (Universidad Carlos III) y en Gestión Internacional de Empresas (ICEX-CECO). Ha estudiado y vivido en Estados Unidos, Turquía y China, donde trabaja actualmente como asesor en la Oficina Económica de España en Shanghai. Con experiencia laboral en el sector público y privado, está especialmente interesado en política internacional, seguridad y desarrollo.


One comment

  • Ignacio Sánchez

    23/11/2018 at

    Genial artículo Pablo. La verdad que he llegado aquí por casualidad pero me alegra ver a un compañero ICEX con tantísimo conocimiento en historia y política internacional.
    No conocía apenas nada de Guyana, un gran desconocido incluso estando bastante cerca de aquí. Muchas gracias por el artículo.

    Reply

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