21/11/2018 BARCELONA

Un menú contra el cambio climático

Muchos se han llevado las manos a la cabeza alarmados tras la reciente publicación del informe especial del IPCC sobre el calentamiento global. Desde United Explanations, además de reclamar a los gobiernos y las multinacionales que tomen medidas, te proponemos que empieces el cambio por ti mismo: empieza por cambiar lo que pones en tu mesa.

Si conseguimos limitar el aumento de la temperatura de la superficie terrestre a 1,5℃   sobre la media preindustrial, los efectos en la naturaleza y en la sociedad humana serán duros; incluyendo importantes amenazas para la salud y una escalada de la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, los actuales acuerdos internacionales siguen basándose en limitar el aumento a 2℃, y las actuales tendencias respecto a las emisiones de CO2 apuntan a una subida de temperatura aún mayor. Si no corregimos esta tendencia las consecuencias serán devastadoras e irreversibles.

Esta es la principal conclusión del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en su último informe, considerada la evaluación científica más completa en la materia hasta la fecha. Por fin, los medios de comunicación de todo el mundo le han dado a esta información un espacio relevante, creando una voz de alarma entre gobiernos, empresas y ciudadanos. Por una vez, además, se ha hablado alto y claro del importante papel que afrontan los actuales sistemas de agricultura y ganadería intensivas, subrayando la necesidad de reducir el consumo de carne dentro de los escenarios de mitigación.

El cartel reza: “El cambio climático empieza en nuestros platos. En la UE, reducir a la mitad el consumo de productos animales reduciría entre un 25 y un 40% las emisiones de la agricultura”

“Durante mucho tiempo la mitigación del cambio climático se ha centrado en la industria, la energía y el transporte […] a pesar de que el principal impulsor del cambio climático sea el consumo humano de productos animales”, explica el Jefe de Investigación y Ciencia de ProVeg International, Daniel Brown, en este seminario web. “Actualmente existe una falta de comprensión y concienciación acerca de los impactos de nuestras elecciones alimentarias”.

La ganadería ya daba cuenta de 7,1 Gigatoneladas de gases de efecto invernadero en 2010 —en los datos más actualizados que ofrece la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura—. Esta cifra equivale al 14,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero producidas por el ser humano. Este porcentaje equivale a las emisiones producidas por los Estados Unidos y supera las emisiones anuales de sectores enteros como el del transporte. El ganado (carne de res, leche) es responsable de aproximadamente dos tercios de este total.

Pero la ganadería no solo contribuye al cambio climático por sus elevadas emisiones de metano (CH4), dióxido de carbono (CO2) y óxido nitroso (N2O); es también la causa directa del 80% de la deforestación de la selva Amazónica, amenazando al conocido como pulmón del planeta y su rica biodiversidad. En 2006 ya se habían destruido casi 71 millones de hectáreas de bosque amazónico, un área mayor que Francia, Bélgica, los Países Bajos e Israel juntos, y la tendencia no para.

En 2006 ya se habían destruido casi 71 millones de hectáreas de bosque amazónico.

El objetivo detrás de esta tala desmedida de árboles es, en la mayoría de casos, el monocultivo intensivo de granos como la soja, que se utilizarán como pienso para ganadería y acuicultura en Europa. Por ello, si los países más ricos redujéramos notablemente nuestro consumo de animales, la tasa de deforestación disminuiría entre un 47 y un 55%, explica Daniel Brown de ProVeg Internacional.

Si redujéramos nuestro consumo de productos de origen animal, la deforestación disminuiría considerablemente

Huella de carbono es “la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto”. En el caso individual esto implica cosas como los medios de transporte que tomamos, la calefacción que consumimos, el transporte y el gasto energético detrás de los bienes que compramos y, por supuesto, las emisiones de nuestros alimentos.

Una solución al alcance de todos

Las sociedades más ricas suelen ser reacias y escépticas ante la idea de abandonar el consumo cárnico. Uno de los argumentos es que forma parte de nuestra tradición, sin embargo, la FAO estima que el consumo de carne per cápita se ha duplicado en los últimos 50 años. Se calcula que en la actualidad se sacrifican 70 mil millones de animales al año, una media de 10 animales por habitante del planeta —habiendo una diferencia brutal entre los ciudadanos de países en vías de desarrollo y de países ricos—.

Se necesita un cambio global a una dieta flexitariana si se quiere mantener el calentamiento global bajo los 2℃, por no hablar de los 1,5℃. Así lo afirma el estudio de investigación Opciones para mantener el sistema alimentario dentro de los límites ambientales, publicado este año en la revista Nature. Esta dieta supone que el ciudadano promedio coma un 90% menos de carne de cerdo, un 75% menos de carne de res y la mitad del número de huevos, mientras que triplica el consumo de frijoles y legumbres y cuadruplica los frutos secos y semillas. Este cambio individual reduciría a la mitad las emisiones del ganado y, sumado a una mejor gestión del estiércol, podría lograr recortes aún mayores.

Como dice Manuel Caparrós en su ensayo El hambre: antes se comían “cosas con carne” —ya fueran legumbres, verduras, hortalizas o arroz—, y ahora queremos comer “carne con cosas”. Ahí radica el problema, pero también la solución: que todos volvamos unas décadas atrás y les devolvamos a productos como la carne y el pescado el valor que antes tenían. No hace falta restringirse totalmente de estos alimentos (aunque esa acción tuviera un impacto medioambiental muy positivo), pero sí al menos comprarlos prestando atención a su origen y consumirlos menos a menudo y en menor cantidad, como la cosa especial que antaño fueron.

Greenpeace propone una reducción global del 50% en la producción y consumo de productos animales para 2050. La organización internacional ProVeg es más ambiciosa y demanda esa misma reducción para 2040. Esta ONG trabaja para crear una comunidad entre los gobiernos, las empresas privadas, las instituciones públicas, los profesionales de la salud y el público general concienciados con la tarea, proporcionando información sobre cómo una dieta basada en proteínas vegetales es beneficiosa para nuestro planeta, nuestra salud y los animales y que, además, puede ser sencilla y atractiva.

La soberbia de la dieta occidental

Abusar del consumo de carne y pescado no solo fomenta una industria crítica para el cambio climático, sino que lleva a una utilización poco eficiente de los recursos naturales. Ahí también tenemos una importante capacidad de decisión, la de comer de una forma más responsable si queremos que los diez mil millones de habitantes del planeta puedan acceder a una alimentación apropiada y suficiente.

Más del 50% de los cultivos del mundo se utilizan hoy para alimentar ganado, no personas, según datos de ProVeg Internacional. Si todos los cultivos se usaran exclusivamente para el consumo humano directo, las calorías de los alimentos disponibles aumentarían en un 70%, lo que supondría poder alimentar a cuatro mil millones de personas más.

Más del 50% de los cultivos del mundo se utilizan hoy para alimentar ganado, no personas

Esto resulta particularmente relevante en una realidad en la que el número de personas subalimentadas —que padecen privación crónica de alimentos— ha crecido por tercer año consecutivo, llegando a los 821 millones, y en la que se prevé un aumento de la población de 2,3 mil millones de personas para 2050.

Alimentar de granos y soja a los animales y posteriormente consumir su carne y leche es menos eficiente en términos de energía, proteínas y uso de la tierra que comer directamente esas plantas. La soja, por ejemplo, un alimento prioritario para el ganado, puede proporcionar hasta 15 veces más proteínas por hectárea que los alimentos de origen animal.

“No hay una bala mágica”, dice Marco Springmann, quien ha dirigido al equipo de la investigación Opciones para mantener el sistema alimentario dentro de los límites ambientales. “Pero un cambio dietético y los cambios tecnológicos en las granjas son las dos cosas esenciales, y esperamos que puedan complementarse además con una reducción en la pérdida de alimentos y el desperdicio”.

Y es que alrededor de un tercio de la comida que hoy se produce nunca llega a la mesa se echa a perder o se tira, así de disparatado como suena. “Alimentar a una población mundial de 10 mil millones es posible, pero solo si cambiamos la forma en que comemos y la forma en que producimos alimentos”, dice el profesor Johan Rockström, parte del equipo de investigación. “Ecologizar el sector alimentario o devorar nuestro planeta: esto es lo que está en el menú de hoy”.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Teresa Lopez


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