21/11/2018 BARCELONA

“Samizdat” o cómo desafiar la censura soviética

Máquina de escribir con el alfabeto cirílico [Foto vía istockphoto.com].
A lo largo de la historia (actualmente también) ha habido, y hay, regímenes dictatoriales que han aplicado una censura férrea a la esfera pública. Sin embargo, también ha existido y existirá gente valiente que desee expresarse libremente e intente desafiar esta censura. No obstante, en ningún lugar ha llegado a desarrollarse un fenómeno tan icónico como el "samizdat" en la URSS.

El término samizdat (del ruso, sam “yo mismo” y izdatelstvo “publicación”) fue acuñado por el poeta ruso Nikolái Glazkov en 1952. Este juego de palabras parodiaba los acrónimos de las editoriales oficiales del régimen soviético como Detizdat o Gosizdat. Este fenómeno literario se desarrolló en la URSS entre la década de los 50 y la de los 80.

Una publicación de “samizdat”. [Foto vía Wikimedia Commons]

Este sistema underground de publicación se articulaba de la siguiente manera: el autor escribía los textos, los copiaba y los repartía entre sus amigos y conocidos de confianza. A su vez, si los consideraban interesantes, estos mismos hacían copias y las distribuían entre sus allegados, tejiendo de esta forma una red que escapaba de la férrea censura del Kremlin. Debido al estrecho control del estado sobre las imprentas y las fotocopiadoras y la escasez de papel, las copias se hacían a mano o con máquina de escribir utilizando papel carbón en la mayoría de los casos.

Según Ann Komaromi, profesora asociada en el Centro de Literatura Comparada de la Universidad de Toronto, el texto mecanografiado amateur, la deformidad del texto, los errores característicos, las correcciones, el papel frágil y la calidad de impresión tenían valor porque marcaban la diferencia entre samizdat y las publicaciones oficiales. Komaromi también señala, citando a la erudita rusa Marietta Chudakova, que la intelligentsia (élite intelectual) soviética subscribía el dogma disidente: “si ha aparecido en la prensa oficial, no es especial”.

Además, cuanto más arrugados y en más mal estado estuvieran los textos, más valor adquirían, ya que significaba que más gente los había leído. Por tanto, eran más interesantes e importantes.

Fotograma de la película Dr. Zhivago, basada en la novela homónima de Boris Pasternak

El hecho de que los textos no estuvieran sujetos a la censura oficial, y que los autores y autoras eran detenidos y condenados a penas de prisión, condujeron a la mitologización del fenómeno samizdat. Además, el estado imponía duros castigos a las personas que poseían copias de estos materiales prohibidos. Estos textos mecanografiados eran magnificados y vinculados a una verdad idealizada y al heroísmo de ir en contra un estado represor.

Otro mito era el del activista noble o del inapreciado genio literario que se escondía tras el texto samizdat. Según Andréi Siniavsky, escritor disidente y superviviente de los gulags, un problema del samizdat es que todo el mundo puede publicar y que, por lo tanto, muchos autores no son escritores profesionales. Siniavsky también añadía: “[…] muchas personas se consideran autores sobre la base de que su trabajo ha sido rechazado. Siempre culpan a la censura por esto, pero a menudo las razones son la falta de profesionalismo o la falta de talento”.

“Adiós a Moscú”, cuadro de Sergey Panasenko-Mikhalkin inspirado en una escena de la novela “El maestro y Margarita”. [Foto vía Wikimedia Commons]

No obstante, el escritor ruso aseguraba que había una selección natural y que aquellas cosas que eran “irremediablemente amateur” tendían a no circular.

En cambio, las mejores obras hasta cruzaban el Telón de Acero y se publicaban en los países occidentales. Este fenómeno fue llamado tamizdat  (tam significa allá en ruso, por consiguiente, este término se traduciría como “publicado allá”).  Este fue el camino que siguieron dos de las grandes novelas rusas del siglo XX: El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov y El doctor Zhivago de Boris Pasternak.

Más allá de la literatura

Los textos publicados en samizdat no eran solo literarios. El poeta ruso Lev Losev identificó seis categorías de samizdat: literario, político, religioso-filosófico, místico y oculto, erótica e instrucciones.

El ejemplo más destacado de samizdat político es Archipélago Gulag de Alexander Solzhenitsyn. En él, el autor narra su experiencia en los campos de trabajos forzados de la URSS y también recoge los testimonios de otros internos. Tras años de circular de forma clandestina, el libro fue oficialmente publicado en la URSS en 1989. Una década antes, la obra fue publicada en Occidente con gran éxito y se convirtió en un gran fenómeno a nivel mundial. Solzhenitsyn obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1970.

Frida Vígdorova [Foto vía Wikimedia Commons].

Otro ejemplo de documento de samizdat político, y uno de los primeros en circular de este tipo, fue la transcripción del discurso de Nikita Jrushchov ante el XX Congreso del PCUS en 1956. En el discurso, el nuevo líder de la URSS criticaba y denunciaba la represión de Stalin, las deportaciones que ordenó y el culto a la personalidad, anunciando el inicio de la desestalinización.

A veces, también circulaban las transcripciones de juicios para revelar y denunciar las irregularidades judiciales. Este es el caso del juicio al poeta Joseph Brodsky, acusado de “crímenes contra el estado”. A pesar de las advertencias del juez y de un acoso continuado, la periodista Frida Vígdorova transcribió el juicio, hizo copias y las repartió de forma clandestina. Este documento llegó a publicarse en periódicos en Francia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos y Polonia.

Tras la sentencia de Bronsky, Vígdorova continuó movilizándose para conseguir su liberación. Después de protestas continuadas por parte de grandes eminencias culturales nacionales e internacionales, como Jean-Paul Sartre, la pena de Bronsky fue conmutada. Desgraciadamente, la periodista murió de cáncer antes de poder ver el resultado de sus acciones. En una biografía de Bronsky se constata que el poeta ruso tenía una foto de Frida Vígdorova colgada en la pared de su despacho.

Joseph Brodsky dando clase en la Universidad de Michigan en 1972. [Foto vía Wikimedia Commons]

Publicaciones periódicas de samizdat

Aproximadamente se han encontrado trescientas cabeceras de periódicos samizdat. La más influyente y longeva de ellas es Crónica de acontecimientos actuales (Khronika tekushchikh sobytii). Durante quince años, esta publicación informó sobre las violaciones de derechos humanos y sobre las irregularidades en los juicios. Una de sus fundadoras y primera directora del periódico, Natalya Gobarnevskaya, aseguraba, en una entrevista, que la importancia de la Crónica radicaba en su tono objetivo, no emitían juicios de valor. Los medios de comunicación occidentales consideraban a la “Crónica de acontecimientos actuales” como una fuente de referencia para informar sobre la represión en la URSS.

Portada del número 11 de “Crónica de acontecimientos actuales'”. [Foto vía Wikimedia Commons]

Dos de las principales publicaciones culturales de samizdat se editaban en Leningrado (actual San Petersburgo): Horas (Chasy) y 37. La primera era una revista de estudios literarios que publicaba las obras literarias que no tenían cabida en la prensa oficial; y 37 era un periódico literario y religioso-filosófico.

También existían revistas feministas como Mujer y Rusia y María. Estas publicaciones trataban sobre sexo, partos, trabajo doméstico y otros temas de género. Según Komaromi, estos temas eran difíciles de encontrar en samizdat.

Una publicación que contrasta con el resto por su estética es Transponans. Esta revista de poesía se definía como neo-vanguardista y sus páginas estaban llenas de

Portada número 24 de ‘Transponans'[Foto vía la Biblioteca de la Universidad de Troronto].

colores y dibujos, inspirándose en los futuristas.

“Muchas revistas y colecciones de samizdat no lograron sobrevivir a las múltiples ediciones planeadas, ya que los editores a menudo se vieron obligados a cesar sus operaciones después de solo uno o dos números”, señala la profesora de la Universidad de Toronto, Ann Komaromi. También añade que muchas de estas ediciones tampoco circulaban ampliamente y que necesitaban ir más allá del “círculo íntimo” para lograr el estatus público requerido para el samizdat.

La importancia de la figura del mecanógrafo

“Para la práctica de samizdat, sin embargo, la reproducción de documentos existentes es un asunto más importante que la creación de nuevos documentos. Es con respecto a la reproducción cuando surgen una serie de dificultades específicas”, destaca el profesor emérito de la Universidad de Leiden, Ferdinand Feldbrugge.

En algunas ocasiones, los autores o los editores pagaban a mecanógrafas profesionales (en general, era un trabajo desempeñado por mujeres) para que hicieran las copias. En estas ocasiones eran copias idénticas al original.

No obstante, en la mayoría de los casos, las personas que copiaban los textos eran lectores que lo hacían por voluntad propia. En esta coyuntura, los autores perdían el control sobre el texto, porque los copistas quitaban partes, añadían cosas o editaban como querían el original. Las exigencias tecnológicas y las licencias editoriales “idiosincráticas” alteraban el mensaje transmitido, a veces, de forma significativa, según Ann Komaromi.

Las máquinas de escribir eran difíciles de rastrear en la URSS porque había pocas marcas en el mercado. Además, la práctica de dividir un manuscrito entre varios mecanógrafos a la vez dificultaba las investigaciones del KGB, según el New York Times.

Polonia, Checoslovaquia y Hungría y las publicaciones underground

Fuera de Rusia, en cada una de las repúblicas soviéticas que formaba la URSS, el fenómeno samizdat tuvo sus particularidades y un alcance distinto en función a la situación política e histórica de cada país.

Publicaciones clandestinas polacas de la década de los 80. [Foto vía Wikimedia Commons]

En Polonia recibía el nombre de bibula en lugar de samizdat, porque este país presenta una larga tradición de prensa underground que data des del siglo XIX. El proceso de producción de material prohibido se hacía de una forma más profesionalizada en este país, ya que existían imprentas clandestinas que llegaban a hacer más de 5.000 copias de libros de 500 páginas. También se imprimían periódicos como Solidarnosc, publicación homónima del sindicato dirigido por Lech Walesa, que llegaba a las 30000 copias diarias.

En cambio, en Checoslovaquia, las publicaciones samizdat no fueron tan numerosas y tuvieron un círculo de lectores muy reducido, según la profesora de historia de la UNED, Marina Casanova. Sin embargo, existían varias editoriales clandestinas como Edición Expedición, la segunda más importante del país y fundada en 1975 por Václav Havel. Debido al complicado proceso de producción, solo hacían tiradas de 14 o 16 ejemplares.

En Hungría, la etapa de mayor actividad de samizdat fue en la década de los ochenta. Hasta se estableció una samizdat-boutique, una librería clandestina que ofrecía este tipo de publicaciones. Esta librería se encontraba en el apartamento de Lázló Rajk Jr., un arquitecto y diseñador gráfico cuyo padre fue un dirigente comunista al que ejecutaron.

Rajk y un compañero suyo viajaron a Polonia para aprender cómo producir en masa y cómo mejorar la distribución. De vuelta a su país, los dos disidentes consiguieron entrar una máquina de serigrafía de forma ilegal.

A pesar de que el fenómeno samizdat dejó de existir con la disolución de la URSS, este tipo de publicaciones continúan inspirando en la actualidad. En Hungría, debido a los ataques del presidente Viktor Orbán a la libertad de prensa, ha surgido una publicación semanal llamada Nyomtass Te Is (Imprímelo tú mismo) para contrarrestar el control del gobierno sobre los medios, sobre todo los regionales. Los voluntarios que hacen y distribuyen esta publicación aseguran que se han inspirado principalmente en los periódicos samizdat y, como el nombre de la cabecera indica, alientan a los lectores a hacer fotocopias y a repartirlas entre sus amigos y conocidos.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Rut Turch

Móra la Nova, Catalunya. Coeditora DDHH en United Explanations y jefa de prensa en el Ayuntamiento de Móra la Nova. Licenciada en Periodismo por la UAB y Posgrado en Periodismo Digital por la UOC. Me apasionan las RRII, la literatura, el cine y aprender idiomas.


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