20/10/2018 BARCELONA

Así se están desarrollando las guerras comerciales de Trump

Fotografía viral de la cumbre del G-7 en Canadá (junio de 2018) con un Donald Trump “enrocado” frente a líderes de grandes potencias. Fuente: Jesco Denzel, fotógrafo oficial del gobierno alemán.
Si hay algo por lo que destaca la polémica figura de Donald Trump, con su estilo directo y desafiante, es por no dejar indiferente a nadie. Uno de los temas más candentes de su política económica y que más titulares de prensa abarca es la guerra comercial que ha emprendido contra el mundo y la reacción proteccionista que esta política puede tener a nivel global. Repasamos el estado de las guerras comerciales de Estados Unidos y el impacto que tienen en los países, empresas y ciudadanos.

A lo largo de 2018 se han ido sucediendo diversos acontecimientos que han conformado una suerte de guerra comercial que EE.UU. ha lanzado frente al mundo. Anuncios por parte de la administración estadounidense sobre nuevos aranceles a las importaciones de todo tipo de productos seguido de negociaciones, y muchas veces represalias, de los países afectados y revisiones de acuerdos comerciales han ido recrudeciendo el conflicto hasta hoy día.

La adopción de medidas proteccionistas con el objetivo de proteger la industria nacional salió a la palestra en la campaña presidencial de Trump en 2016. Una percepción compartida por parte de la sociedad estadounidense la cual cree que el país ha salido perjudicado con la globalización y que la pérdida de puestos de trabajo, depreciación de salarios, robo de propiedad intelectual o subcontratación de la producción en otros países es consecuencia de esta.


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Percepción de las políticas comerciales hacia EE.UU. según afinidad del partido político China es percibido como el enemigo principal. Fuente: Visual Capitalist.

A pesar de ser una política económica controvertida, el presidente planteó derogar acuerdos como el TCLAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, NAFTA por su siglas en inglés) y el TTP (Acuerdo de Asociación Transpacífico, TTP por siglas en inglés ), establecer aranceles y la posibilidad de salir de la Organización Mundial del Comercio por trato desfavorable a EE.UU; lo cierto es que este el presidente Trump ha cumplido con parte de las polémicas promesas de su campaña electoral.

Cronología de las medidas adoptadas

Los Acuerdos de Bretton Woods de 1944 para acabar con el proteccionismo iniciado con la Primera Guerra Mundial favorecieron, más que nadie, a EE.UU. El interés estadounidense en el liberalismo económico se debía a que fue la potencia menos afectada por la Segunda Guerra Mundial, contaba un tejido industrial sólido y se podía favorecer de un mercado mundial para sus exportaciones. Pero en la actualidad Trump no ve con buenos ojos el libre comercio ahora que existe mayor competencia mundial que hace frente a la industria estadounidense.

El 2018 empezó con algunos aranceles a lavadoras y placas solares pero el inicio de la guerra sin cuartel llegó en marzo con aranceles al acero (10%) y aluminio (25%) que alcanzaron los 10.200 millones de dólares con algunas excepciones como la UE, Canadá o México. Un duro golpe al gigante asiático que respondió días más tarde imponiendo aranceles por valor de 2.400 millones.

Llegó abril con el anuncio de la Casa Blanca de aranceles adicionales a 1.133 productos chinos por valor de 50.000 millones, contratacados en tan solo 24 horas por Pekín con aranceles por el mismo valor. Entraron en vigor en ambos países en dos tandas, 34.000 millones en julio y 16.000 en agosto,

En medio del caos con China, nuevos actores entraron en la contienda. En junio, Trump elimina las exenciones del acero y aluminio a la UE, Canadá y México y las represalias se suceden. La UE grava productos estadounidenses por valor de 7.100 millones, Canadá 12.800 millones y México 3.000 millones.

Septiembre finalizó con la tercera y mayor tanda de aranceles a 5.745 productos chinos valorados en 200.000 millones con aranceles iniciales del 10% que se incrementarían al 25% en 2019. Además, se buscará otra fase por valor de 267.000 millones si China toma nuevas revanchas (si se aplica la medida se cubriría el valor total de las importaciones de China que en 2017 fueron de 505.597 millones). La represalia de China es de solo 60.000 millones debido a que importa menos de EE.UU. (en 2017 las importaciones totales fueron de 130.370 millones). Las últimas noticias anuncian que las negociaciones para llegar a un acuerdo se han paralizado bruscamente por parte de China.

Para ampliar:  Cronología interactiva de la guerra comercial de EE. UU.

Sin embargo, la otra cara de la moneda ha llegado con el acuerdo trilateral in extremis USMCA de EE. UU, Canadá y México (siglas en inglés para United States, México and Canadá Agreement) en lugar del NAFTA. A pesar de las continuas acusaciones de Trump que incluso lo calificaba por Twitter como el peor acuerdo de la historia para EE. UU. y las continuas disputas, principalmente con su homólogo canadiense Justin Trudeau, el presidente estadounidense sacó pecho y lo anotaba como victoria estadounidense por algunas mejoras en sectores como el lácteo o automóvil, pero la Casa Blanca ha tenido que ceder en el capítulo 19 de resolución de conflictos entre socios, requisito indispensable para Canadá en el acuerdo. Los aranceles del acero y aluminio por su parte van a continuar vigentes por el momento.

Pero, ¿cuál es el efecto de un arancel sobre una economía importadora como la estadounidense? Si se busca un punto de vista económicamente eficiente, la teoría dice que los productores nacionales mejoran su bienestar y el gobierno incrementa sus ingresos, pero las pérdidas sufridas por los consumidores superan ambas ganancias. Por tanto, se provoca lo que se denomina la pérdida de peso muerto.

Para ampliar: Efectos de un arancel y razones para implementarlos o eliminarlos.

Ejemplo arancel a textiles: el productor ganaría el área C, el gobierno ingresaría el área E y el consumidor perdería las áreas C+D+E+F. En el cómputo global, el excedente total del mercado se reduciría en el área D+F. Fuente: Principios de Economía, N. Gregory Mankiw.

Impacto global de las guerras comerciales

El buen momento de la economía de los EE.UU, con una tasa de desempleo en mínimos históricos (3,9% agosto 2018) y un dólar con mayor fuerza durante 2018, propicia que los consumidores adquieran más productos de los que el país produce y, por tanto, aumenten importaciones. Además, la demanda global se desacelera y reduce el apetito por las exportaciones de EE.UU.

El histórico déficit de la balanza comercial arrastra la balanza por cuenta corriente a valores negativos y alcanza el 2% del PIB en el segundo trimestre de 2018. Fuente: U.S. Census Bureau United States.

Los últimos datos publicados por el Departamento de Comercio de Estados Unidos muestran que en julio de 2018 el país tuvo un déficit de la balanza de bienes y servicios por valor de 50.100 millones, un 9,6% más que en junio y un 7% más que el mismo periodo del año anterior (el mayor incremento desde 2015). Las exportaciones fueron de 211.100 millones, 2.100 menos que en junio; y las importaciones llegaron a los 261.200 millones, 2.200 millones más que en junio. Por el momento parece que las medidas de inicio de 2018 de aumentos de aranceles no están atenuando el déficit comercial, sino todo lo contrario.

A pesar de los aranceles impuestos, el déficit comercial no parece que siga la tendencia decreciente que tuvo a inicios de 2018. Fuente: U.S. Census Bureau United States.

La fortaleza económica del país no favorece la reducción de su crónico déficit comercial que incluso apunta a cerrar 2018 como el más alto en 10 años. No obstante, Trump defiende su encarnizada lucha contra el déficit ya que considera que es síntoma de economía débil causado por tratos comerciales injustos hacia EE.UU.

La mayoría de economistas creen que a largo plazo disminuiría la competitividad de las empresas estadounidenses debido a mayores costes laborales, y serían necesarios nuevos aranceles o subvenciones para poder hacer frente otros países más competitivos. Pero a corto plazo el impacto económico no debería ser importante por la robustez de la economía estadounidense y con inversores más tensos al otro lado del pacífico que en EE. UU, donde los índices de bolsa se encuentran en máximos históricos mientras que Shanghái sigue una tendencia bajista durante todo el 2018. Y Trump es consciente de ello aunque parece que esta política de aranceles pueda pasarle factura en las legislativas de noviembre.

¿Hacia una corriente proteccionista global?

La batalla sin cuartel contra el comercio internacional que ha emprendido Washington ha provocado, como era de esperar, respuestas por parte de los países afectados.

Aun así, el optimismo de los mandatarios estadounidenses  sorprende al mundo con declaraciones como la del Secretario de Estado, Mike Pompeo, que expuso la intención de continuar políticas arancelarias y que EE.UU. “va a ganar” la guerra comercial con China o del Secretario de Comercio, Wilbur Ross, que comentó que China se está quedando sin balas para contrarrestar las últimas medidas impuestas desde la Casa Blanca. El presidente Trump también sigue la misma línea con amenazas a China si los granjeros o trabajadores industriales son afectados por represalias desde Pekín. Y es que China siempre ha sido el principal enemigo de Trump pero el resto de aliados tradicionales de EE.UU. también han sufrido las consecuencias de esta guerra.

Los ataques y amenazas de Donald Trump en su red social preferida, Twitter, son todo un clásico. En este ejemplo en el que saca pecho de su posición negociadora gracias a los aranceles llega incluso a acuñar una nueva palabra “tariffed”, mezcla entre tariff (arancel) y aterrorizar (be terrified).


Es evidente que los listados de productos afectados por aranceles buscan debilitar al adversario. EE.UU. lanzó, bajo el paraguas del argumento de la seguridad nacional, los aranceles contra el acero y aluminio a pesar de que no representan más del 3% de la producción nacional, y siguió tasando productos  tecnológicos y maquinaria tras acusar a China de robo de tecnología. China por su parte incrementó aranceles en productos agrícolas como la soja (producto clave en las exportaciones estadounidenses que afecta a regiones con alta popularidad de Trump), alimentos, plásticos o productos químicos. La UE, Canadá y México apuntan sus aranceles a productos de acero, industriales, agrícolas y algunos de consumo tan dispares como pizzas o mermeladas. Incluso Europa ha querido incrementar el arancel de productos clásicos yanquis como el Bourbon, los Levi’s o las Harley-Davidson.

Y las medidas ya han tenido efectos en algunas compañías. Apple avisa del incremento del precio de sus productos, Ford renuncia a vender el Ford Focus en EE.UU, Harley-Davidson traslada parte de su producción a la Unión Europea o  fabricantes como Hasbro o Deckers con plantas en China ya han trasladado su producción a países como Vietnam o Birmania son algunos ejemplos.

Trump defiende que son fáciles de ganar. Paul Krugman, premio Nobel de Economía, contesta que este tipo de ofensivas comerciales son poco efectivas y la mayoría de veces acaban perdiendo todos, especialmente si no se tiene idea de lo que se hace. La guerra comercial empieza a tener consecuencias en las economías pero como dice el proverbio africano: “Cuando dos elefantes pelean es la hierba la que sufre”.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Joan Fuster

Gandia, España. Ingeniero de Organización Industrial en l UPV y Master en Gestión Internacional de la Empresa en el ICEX-CECO. Interés en la economía global, la geopolítica y amante del deporte. Actualmente reside en Nairobi, Kenia.


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