20/10/2018 BARCELONA

Un intruso en mi vida: ‘Röhner’, un cómic sobre la locura cotidiana

Fotocomposición de retratos de Max Baitinger [Foto vía Goethe Institut].
La repetición y el orden cotidianos pueden esconder una mentalidad neurótica. Max Baitinger reflexiona con 'Röhner' acerca de la colisión entre caos y orden, aquello que ocurre cuando uno no es el líder de su propia vida.

Max Baitinger, Röhner. Logroño: Fulgencio Pimentel, 2018. 216 páginas.

«¿Cuánto tiempo va a quedarse? ¿Seis semanas? ¿Un par de días? ¿Solo este ratito?», se pregunta el protagonista de Röhner. En cualquier caso, demasiado. La novela gráfica de Max Baitinger comienza con una rutina luminosa y ordenada que, de pronto, se ve modificada por una visita inesperada. Los dibujos se oscurecen, las formas se agolpan y retuercen en las grandes páginas blancas…

Portada del cómic [Foto vía Editorial Fulgencio Pimentel].

La premisa podría parecer muy básica: un intruso llamado Röhner se entromete en la vida del héroe de la historia y la deforma. Pero el meticuloso estilo de Baitinger, que armoniza perfectamente literatura y grafismo, permite narrar la trama de una manera tan efectiva como sugerente. En blanco y negro, con líneas gruesas y dibujos sencillos, Röhner reinventa las acciones cotidianas: hacer café, andar en bicicleta y beberse un gin-tonic dejan de ser lo que eran. Y Baitinger no duda en expandirse a todos los aspectos de la vida común, como las relaciones con los vecinos o las expresiones lingüísticas que escuchamos en cualquier conversación típica. Podrá parecer pequeño, pero cada jugueteo infantil del inesperado Röhner resquebraja un poquito más la mente del protagonista: su manera de ver su casa, sus aficiones y sus relaciones se descentra de los ejes de la página, se opaca y se vuelve un poco indescifrable.

En Röhner, Max Baitinger reinventa las acciones cotidianas. Profundizando en los pensamientos del personaje sin nombre –un individuo radicalmente normal–, el autor nos cuestionará dónde están los límites entre la normalidad y la paranoia.

De este modo, el autor profundiza en los pensamientos del personaje sin nombre, verdadero núcleo del cómic. Es una persona que podría ser cualquiera, una persona radicalmente normal, extremadamente simple, exageradamente estándar. Pero, con la entrada del intruso, la representación de su vida ―filtrada por su punto de vista― se trastoca. Se explicitan pequeñas neurosis escondidas detrás de manías y pensamientos del día a día. Los elementos físicos, los escenarios, los objetos de su casa varían de una viñeta a otra; las imágenes se ponen en duda entre ellas mismas. ¿Lo que vemos es lo que sucede o son imaginaciones del personaje? No siempre puede dirimirse: la realidad y las visiones y sueños se entremezclan, no solo en la página, sino también en la narración, interfiriendo en la vida de los personajes. Como si se tratara de universos paralelos, la historia se despliega en posibilidades, en deseos, en miedos… Y el choque entre la antigua rutina y los nuevos hechos concretos va desgastando la psicología del protagonista; y ese cansancio del protagonista va determinando los futuros hechos por vivir, cada vez más alejados de aquella rutina primera. Así aumentan las posibilidades imaginadas, los deseos macabros, los miedos… Y los dibujos ―antes muy sencillos, claros, elegantes, comprensibles― pasan a mostrar una realidad imposible: líneas que se arrastran y se pierden por los márgenes, personajes que se multiplican en una única habitación, formas oníricas vistas desde perspectivas inverosímiles.

Fragmento de la obra [Foto vía Goethe Institut].

Esta tendencia pronto comienza a exagerarse, hasta el punto de obligar al lector a poner en duda su propia experiencia. Es evidente que nunca seremos capaces de controlar al completo nuestra propia vida, que los imprevistos siempre llegan, queramos o no, y que no podemos hacer nada más que aprender a convivir con ellos. ¿Cuánta violencia se esconde (escondemos) en la repetición sistemática del día a día?, ¿acaso nuestra tendencia a la rutina no es síntoma de que algo no termina de ir bien?

La ambigüedad moral, que pone en duda la bondad y la maldad de cada personaje, juega un papel fundamental en la narración. Tras acabar, no podemos evitar hacer un examen de conciencia. ¿Vivimos en la neurosis? ¿El protagonista es verdaderamente un hombre cualquiera?, ¿dónde está el límite entre la normalidad y la paranoia? Está claro que estas no son preguntas fáciles de responder, y además se alejan del objetivo de esta reseña. Solo quien alcance las últimas páginas de Röhner podrá decidir quién es el héroe de la historia. O si existe algo que podamos llamar así.

Ésta es  una explicación sin ánimo de lucro.

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Laro Del Río Castañeda

Graduado en Lengua Española y sus Literaturas por la Universidad de Oviedo, está terminando el máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universitat de Barcelona. Se ha especializado en narrativa audiovisual y aspira a comenzar una tesis doctoral acerca de la teleserialidad contemporánea.


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