20/11/2018 BARCELONA

Cambiarlo todo para que nada cambie: los DD.HH. en la Arabia Saudí de bin Salmán

El joven príncipe heredero Mohammed bin Salmán ha querido mostrarse al mundo como un reformista y el máximo exponente de la modernización de Arabia Saudí. Sin embargo, los cambios políticos que ha llevado a cabo han resultado superficiales e insuficientes y los abusos de los derechos humanos siguen a la orden del día en el país.

Hace poco más de un año que Mohámmed bin Salmán fue designado príncipe heredero de Arabia Saudita. Durante este período, el joven príncipe ha querido mostrarse al mundo como un reformista y el máximo exponente de la modernización de Arabia Saudí, con proyectos y políticas que, en principio, pretenden romper el status quo en el país árabe. Por ejemplo, el príncipe heredero ha promovido la libertad de conducción a las mujeres, la policía religiosa ha sido despojada de su autoridad para llevar a cabo la vigilancia de las calles y arrestos, ha re-abierto los cines comerciales, y anunció el plan Visión 2030, cuyo objetivo es diversificar la economía Saudí y modernizar sectores como las infraestructura, la sanidad, la educación y el turismo[1]. No obstante, ante estas supuestas muestras de renovación y reformas, el pasado día 5 de Agosto el gobierno Saudí expulsó al embajador Canadiense en Riad y suspendió todas sus relaciones con el país Americano en materia de comercio e inversiones. ¿Qué motivó una medida tan drástica?

La crisis entre ambos países se desató cuando el gobierno canadiense expresó su preocupación por las recientes detenciones de activistas pro-derechos civiles y de la mujer en el reino. En particular, Arabia Saudita hace referencia al tuit que publicó la Ministra de Asuntos Exteriores canadiense, Chrystia Freeland, donde expresaba la preocupación del Canadá por la reciente detención de Samar Badawi[2] y abogaba por su liberación, así como por la de otros activistas de la sociedad civil y de los derechos de la mujer en Arabia Saudita. Otros diplomáticos canadienses también hicieron declaraciones en el mismo sentido[3]. Como reacción a estos comentarios, el Ministro de Asuntos Exteriores Saudí, Adel al-Jubeir, anunció públicamente que dichos comentarios representaban “una injerencia explícita y transparente en los asuntos internos del Reino de Arabia Saudita[4]. El gobierno saudí nombró al embajador Canadiense persona non-grata y le otorgó 24 horas para abandonar el país. ¿Qué nos indican estas medidas en lo relativo a los Derechos Humanos en el país árabe desde la llegada de bin Salmán?

Mohamed bin Salmán junto al anterior ministro del Interior de la monarquía wahhabita.

Las medidas adoptadas en materia de Derechos Humanos

Ante el hecho de que Mohammed bin Salmán gobierna de facto el reino, uno podría haber esperado una reacción más suave a los comentarios del ejecutivo canadiense en base a la supuesta imagen reformista que el príncipe heredero pretende vender al mundo. No obstante, la reacción Saudí nos obliga a sospechar sobre las verdaderas intenciones del príncipe heredero y a analizar de forma más rigurosa qué medidas reales ha adoptado para la reforma del país y la promoción de los derechos humanos en general.

Podríamos decir que las medidas reformistas enumeradas al comienzo del artículo han sido las únicas que el ejecutivo Saudí ha desarrollado, ya que desde la llegada al poder de bin Salmán se ha procedido a asesinar a disidentes y a oponentes políticos de forma sistemática. Por ejemplo, en noviembre de 2017, bin Salman ordenó el arresto de docenas de miembros de la familia real y de la élite saudí, congeló sus bienes y los detuvo sin juicio, negándose a liberarlos hasta que entregaran sus bienes personales al Estado. Hay informes fiables[5] que hablan de torturas y asesinatos durante lo que el príncipe heredero ha denominado “campaña anticorrupción”, pero que los críticos describen como una brutal extorsión extrajudicial.

Desde su designación, cinco enviados especiales de la ONU han criticado al gobierno saudí por llevar a cabo detenciones masivas de figuras religiosas, escritores, periodistas, académicos y activistas cívicos, que se suman a las muchas otras ya encarceladas. Por ejemplo, este pasado mes de enero, los activistas pro-derechos humanos y cofundadores de la Unión por los Derechos Humanos, Mohammed al-Otaibi y Abdullah al-Attawi, fueron condenados a 14 y 7 años de prisión, respectivamente, por haber creado una organización sin licencia legal. Otro caso similar a este ha sido el del activista Issa al-Nukhaifi, que fue condenado en febrero de 2018 a seis años de prisión y a seis años de prohibición de viajar al extranjero acusado de insultar a las autoridades e incitar a la oposición al Estado en virtud de la Ley contra los delitos cibernéticos. Como pruebas se usaron varios tuits de al-Nukhaifi donde mostraba su oposición a la guerra en Yemen y abogó por la liberación de personas asociadas con varias ONGs prohibidas.

En cuanto a los derechos de la mujer, aún a pesar de la flexibilización de las leyes de tutela en febrero de 2018, el estado saudí todavía exige que ellas obtengan permiso de su tutor para viajar, casarse e incluso acceder a algunos servicios médicos, legales y residenciales. Las mujeres siguen sin poder trabajar en sectores considerados demasiado peligrosos, como la construcción y el energético. Además, las mujeres que intenten huir del país pueden ser detenidas y devueltas por la fuerza a sus familias.

A nivel político, Arabia Saudita sigue siendo una monarquía absoluta gobernada por la casa de Saud. Los gobernantes solo pueden ser varones y su autoridad deriva del libro de dios y de la Sunna. Desde su llegada al poder bin Salmán no ha mostrado ningún interés o intención de querer cambiar este sistema de gobierno. Tampoco ha mostrado su voluntad de eliminar el proselitismo religioso del estado que prohíbe poner en duda los fundamentos del Islam y practicar abiertamente religiones no islámicas. La casa de Saud se rige por los principios del wahabismo y ha convertido dicha corriente del Islam en la religión oficial del reino, lo que ha llevado a que los musulmanes chiitas sean objeto de graves discriminaciones y abusos. Por ejemplo, bin Salmán ordenó en agosto de 2017, que las autoridades demolieran gran parte de Awamiya, una ciudad que albergaba a 30.000 residentes chiíes[6].

Ante los hechos expuestos anteriormente podemos concluir que bin Salmán está lejos de ser el gran reformista que muchos en occidente esperaban (sobretodo debido a su juventud en comparación con otros herederos saudíes). Bin Salmán ha sido más innovador en cuestiones económicas (i.e. Visión 2030) que en cuestiones sociales y políticas. Esto se debe a que el mecanismo de estado rentista está al borde del colapso en Arabia debido a la eminente escasez de petróleo. Este mecanismo garantizaba la estabilidad del país y la permanencia de la casa de Saud en el poder mediante la redistribución de los beneficios del petróleo entre la población. Para garantizar el frágil gobierno de la casa de Saud, el estado Saudí debe seguir garantizando el bienestar material de sus súbditos. Por consiguiente, las posibles reformas que impulse bin Salmán en un futuro próximo únicamente irán dirigidas a dicho fin, garantizar la preservación del régimen.

Así pues, desde la llegada al poder de bin Salmás, podemos decir que los derechos políticos y las libertades civiles han disminuido como resultado de las medidas del gobierno para estrechar el ya minúsculo espacio político y sus esfuerzos por suprimir a los miembros de la minoría chií. La Arabia Saudita de bin Salmán, aún a pesar de proyectar ciertos rayos de modernismo y reforma, no deja de ser la tradicional Arabia absolutista donde la represión sistemática está al orden del día, como el caso de la disputa con Canadá nos ha vuelto a confirmar. Las escasas reformas impulsadas por el príncipe heredero sólo buscan lavar la imagen del régimen de cara al exterior y garantizar la supervivencia del mismo en base a una diversificación de la actividad económica para sustituir el mecanismo de estado rentista en un futuro próximo.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.


[1] Pomed.org. (2018). MOHAMMED BIN SALMAN’S SAUDI ARABIA: A CLOSER LOOK. [online] Disponible aquí: https://pomed.org/wp-content/uploads/2018/03/180319_SaudiFactSheet_2pg.pdf

[2] Activista pro-derechos humanos saudí-estadounidense

[3] Gambrell, J. (2018). Saudi Arabia expels Canadian ambassador, freezes trade in human rights dispute. The Star. [online] Disponible aquí: https://www.thestar.com/news/canada/2018/08/05/saudi-arabia-to-expel-canadian-ambassador-and-freeze-trade-in-human-rights-dispute.html

[4] Said, S. (2018). Saudi Arabia Expels Canadian Ambassador. Wall Street Journal. [online] Disponible aquí: https://www.wsj.com/articles/saudi-arabia-recalls-ambassador-to-canada-1533512832

[5] Hubbard, B., Kirkpatrick, D., Kelly, K. and Mazzetti, M. (2018). Saudis Said to Use Coercion and Abuse to Seize Billions. The New York Times. [online] Disponible aquí: https://www.nytimes.com/2018/03/11/world/middleeast/saudi-arabia-corruption-mohammed-bin-salman.html

[6] BBC News. (2017). Inside Saudi’s devastated Shia ghost town. [online] Disponible aquí: https://www.bbc.com/news/world-middle-east-40937581

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Manuel Herrera

Alicante, España Graduado en Relaciones Internacionales en la Universidad Ramón LLull de Barcelona. estudiante del Master en Seguridad Internacional en el Instituto de Estudios Internacionales de Barcelona (IBEI). Pasante en el Departamento de Interior de la Generalitat de Catalunya a cargo de labores de investigación sobre el Area de Libertad, Seguridad y Justicia de la UE. Colaborador asiduo del blog "notes de seguretat" del departamento de interior. Analista político de la revista Argus del IBEI


One comment

  • Joaquín

    04/09/2018 at

    Estupendo artículo, ¡enhorabuena!

    Reply

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