20/07/2018 BARCELONA

Cuando el idealismo europeo pisa tierra mexicana. ‘Y tu mamá también’ como película-respuesta a ‘Harold and Maude’

Fotograma de 'Y tú mamá también' [Foto Anhelo Producciones vía mor.bo].
¿Qué ocurre cuando una filosofía se lleva a la práctica? ¿Cómo se deforman las ideas cuando se enfrentan a las particularidades concretas de un lugar, de una tradición y de unas personas complejas que lo habitan? Alfonso Cuarón intenta responder a estas y otras preguntas en 'Y tu mamá también'.

Y tu mamá también comienza con un fotograma partido en dos: un contraste entre un espacio iluminado y otro oscuro. Encuadrado desde el pasillo, a la izquierda se muestra una fracción del cuarto en que dos jóvenes tienen sexo; en la pared del fondo ―casi lo primero en que se fija el espectador, pues está iluminada por el único foco de luz presente en la habitación― hay un gran póster blanco de la película Harold and Maude[1], papeles varios y una fotografía de Gabriel García Márquez. A la derecha solo vemos negro, el marco de la puerta y la pared desenfocados.

Comienza entonces un travelling y la cámara se adentra en la habitación, sobrepasando el límite de lo privado, esa puerta que es frontera entre el espacio común y el íntimo. La narración nos va a acercar a estos personajes, a acompañaremos durante un viaje tanto físico como psicológico.

Pero el impacto del travelling y de la imagen íntima que desvela no ha de hacer olvidar ese primer momento, interpretable como pórtico del filme de Cuarón: el fotograma dividido.

Primer fotograma tras los créditos de ‘Y tu mamá también’ [Captura de pantalla hecha por el autor del artículo].

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Y tu mamá también es un largometraje del director Alfonso Cuarón estrenado en 2001. Podríamos resumirlo como una road movie con esencia mexicana, donde los aspectos sociales comparten importancia con el viaje individual desarrollo y crecimiento personal de los protagonistas. Nos podemos acercar a él desde múltiples temas: la identidad mexicana (en oposición a lo extranjero, personificado en la española Luisa Cortés), las diferencias de clases en el México del siglo XXI, la cuestión LGTBI, las relaciones de amistad y la significación del sexo, el paso de la adolescencia a la madurez, la trascendencia del viaje a ninguna parte…

Pero aquí plantearemos una lectura muy particular: la comprensión de todo el texto fílmico a partir de su primer fotograma. Por un lado, intentaremos explicar el porqué de esa dicotomía luz/oscuridad con la que se inicia la película; por otro, qué relación quiere mantener Cuarón con Harold and Maude, largometraje inglés de Hal Ashby estrenado en 1971, cuyo póster (como se apuntaba arriba) sirve de contraste con la negrura de la mitad derecha del encuadre. Podemos resumir la trama del filme inglés ―avisamos: hay spoilers― del siguiente modo: un niño (Harold) cansado de la vida burguesa que le impone su familia conoce a una señora mayor «anárquica» (Maude) con la que comienza una relación (primero amistosa, luego amorosa). Él encuentra la felicidad; ella decide que ha vivido suficiente y que ha sido feliz, y se suicida. Harold continúa siendo feliz, pues sabe que Maude ha actuado como ser libre, y no impulsada por las convenciones sociales.

Y tu mamá también podría ser resumida como una road movie con esencia mexicana, donde los aspectos sociales comparten importancia con el viaje individual ―desarrollo y crecimiento personal― de los protagonistas.

De primeras, podemos preguntarnos: ¿Cuarón busca una intertextualidad referencial, anecdótica?, ¿tal vez el póster es un simple elemento que describe a los personajes, connotando juventud e idealismo?, ¿puede ser un hilo dejado por el director para que intentemos crear una interpretación paralela?

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Lo primero que resulta chocante de la lectura intertextual de Y tu mamá también y Harold and Maude es el estilo. Parece demasiado evidente que la película de Ashby tiene una forma muy distinta a la de Cuarón.

Harold and Maude es no-realista[2], algo coherente con su mensaje: expone la posibilidad individual de vivir de manera distinta, de tener una actitud rompedora o creativa ante lo cotidiano. No sería demasiado adecuado, por tanto, aceptar una estética convencional como la del realismo para lograr la captación y expresión de estas ideas. Una nueva manera de mirar (el cine, la vida) le permite a Ashby proponer una nueva forma de vivir.

Pero también es una película ingenua e idealista. Puede entenderse, quizá, que Harold and Maude nos invita a un cambio de perspectiva general, a conocer otras opciones más allá de las habituales y no a llevar a cabo la filosofía de Maude de un modo estricto y dogmático, inviable en el mundo real. Quiere transmitir una noción general, no una serie de pautas que seguir a pies juntillas. Así, el estilo no-realista y naif (y no podemos sino acordarnos de las ficciones de García Márquez, también citado en ese primer fotograma, en el lado claro), por un lado, señala una alternativa a lo convencional; y, por otro, aleja esa alternativa de la seriedad de una propuesta dogmática.

Harold and Maude es una película no-realista, ingenua e idealista, que mantiene una actitud rompedora o creativa ante lo cotidiano. Una nueva manera de mirar que le permite a Ashby proponer una nueva forma de vivir.

Todo esto se ve acrecentado por el uso del humor (negro, en su mayoría), los contrastes bruscos, los personajes arquetípicos y el absurdo, estrategias que remarcan su anti normativismo burgués. Buenos ejemplos de ello son las charlas con el psicólogo o la prótesis retráctil que usa el tío de Harold para levantar la manga, recreando el saludo militar. La toma de conciencia a través de lo cómico y lo grotesco funciona como una bofetada para el espectador, que se da cuenta de su posición pasiva ante ciertas rutinas sin sentido tan habituales como desapercibidas.

Todo lo anterior lo podemos condensar en la banda sonora, elemento clave en la película, que está compuesta por una amplia selección de temas de Cat Stevens. Para no extender el comentario demasiado, simplemente citemos la letra del leitmotiv sonoro ―con el cual termina la última escena― «If you want to sing out»:

Well, if you want to sing out, sing out,

and if you want to be free, be free,

’cause there’s a million things to be ―

you know that there are.

And if you want to live high, live high,

and if you want to live low, live low,

’cause there’s a million ways to go ―

you know that there are.

 

You can do what you want.

The opportunity’s on.

And if you can find a new way,

you can do it today.

You can make it all true,

and you can make it undo.

You see (ah, ah, ah)

it’s easy (ah, ah, ah):

you only need to know.

Eso exactamente lo que persigue la película: enseñar que es posible ser lo que uno es, actuar como uno quiere actuar.

El cuarto donde se acuestan los jóvenes de Y tu mamá también, presidido por la alusión a Harold and Maude, podría representar esta ilusión abstracta, ingenua, irreal, propia de adolescentes que todavía no han terminado de madurar. Es un «todo-es-posible», un «nada-nos-condiciona», un «yo-siempre-decido».

He aquí un significado posible de la mitad luminosa del encuadre.

Leitmotiv sonoro de la película: If You Want To Sing Out, de Cat Stevens. [Vídeo vía YouTube].

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Y tu mamá también, como ya dijimos, tiene un estilo y una construcción que poco tienen que ver con los del filme de Ashby.

La narración se sitúa en un contexto histórico muy preciso ―el México de finales del siglo xx― y, en contraposición con lo visto en Harold and Maude, durante todo el metraje desfilan por la pantalla personajes de diversas clases sociales. También se incluyen escenas de relevancia cultural e histórica: costumbristas, militares, de pobreza, de muerte… Así, la realidad económica y política del país se hace patente a ojos y oídos del espectador, entreverada en el viaje de los protagonistas, en la misma narración de la voz en off, a veces como trasfondo mudo visto en segundo plano o incluso a través de los nombres de los protagonistas, que referencian a distintas figuras históricas.

La historia de México contribuye a enriquecer, de manera simbólica o metafórica, la psicología de los protagonistas; a su vez, la recepción que tienen los protagonistas del México que atraviesan ―recepción a veces muy parcial o muy ingenua, a veces nula― da profundidad a la crítica social que lleva a cabo el director: es difícil saber ver los problemas de una sociedad si no se mira, se escucha, se estudia con atención. El uso del narrador, en este sentido, es espléndido: contrasta a los personajes comentando bien sus intimidades (que chocan con la imagen de sí mismos que construyen para el resto), bien escenas históricas que Julio, Tenoch y Luisa pasan por alto… y que pasaría por alto el espectador si esa voz omnisciente no las subrayara.

En concordancia, la historia ―con personajes más densos, con contratiempos― se relata con técnicas propias del realismo cinematográfico, como la cámara al hombro, la superabundancia de detalles, el uso de un dialecto del español bastante cerrado, la inclusión de escenas costumbristas que no aportan nada a la trama principal, etcétera. El empleo (inusual en el cine) de un narrador omnisciente permite profundizar en el discurso interior de los personajes, enfatizando la distancia entre ideal y realidad.

En ese sentido, el largometraje de Cuarón no busca ir contra las expectativas ni contra las convenciones. Lo cual no quiere decir que la cinta sea tópica o previsible, ya que la evolución de los protagonistas a lo largo del metraje va construyendo personalidades individuales, únicas y muy interesantes. La precisión de las acciones narradas es capaz de presentar un universo tan concreto e histórico como alejado de lugares comunes.

Quizá en Harold and Maude hubiera un exceso de idealismo y de artificio. Como mensaje genérico acerca del espíritu libre de Maude, la película funcionaba; pero treinta años después se necesita un análisis práctico, con sus resultados positivos y negativos. El «si quieres cantar, canta» debería ser aplicable para cualquier situación; sin embargo, Cuarón se encarga de construir un ejemplo en el que solo se puede llevar a cabo de una manera parcial. Incluso los jóvenes alocados idealistas, desinhibidos son incapaces de actuar de la manera en que les gustaría al cien por cien, de ser absolutamente sinceros consigo mismos y con los demás.

El desdoblamiento de Harold en dos personajes es también muy interesante. En primer lugar, cabe señalar que con las diferencias sociales y económicas existentes entre Julio (clase baja) y Tenoch (clase alta) se subraya la contextualización precisa en que la propuesta ética de Harold and Maude no termina de cristalizar con éxito.

Fotograma de ‘Harold and Maude’ [Foto vía The Stake].

La diferencia social favorece la aparición de pequeñas discrepancias entre los dos amigos íntimos ―casi idénticos en el pensar y en el actuar― que, pese a parecer completamente abiertos el uno al otro, desde un principio se ocultan cosas: el narrador cuenta «cómo Julio prendía cerillos para esconder el olor cuando iba al baño en casa de Tenoch, o cómo Tenoch levantaba con el pie el asiento del excusado en casa de Julio. Esos eran detalles que no tenían por qué saber el uno del otro».

Los pequeños pensamientos no verbalizados, insignificantes en un principio, terminan volviéndose más serios cuando se descubre que ambos se habían acostado con la novia del otro (algo que admiten por despecho). Y al final de la película, la inaceptación de su relación homosexual conlleva que los dos jóvenes, tan semejantes, tan liberales, dejen de hablarse y se separen. Han aprendido que sus ideales no siempre se pueden llevar a cabo. Aunque en un principio parecían haber aceptado los fallos y las traiciones cometidas entre ellos, y habían tenido sexo con madurez por primera vez, el despertar de la mañana siguiente lo cambia todo. No son capaces de admitir lo que ha sucedido, hay algo más allá de sus apetencias y deseos contra lo que no pueden luchar: las expectativas sociales, la construcción de su identidad como amigos, el imperioso cambio brusco de la imagen que tenían el uno del otro. Son sus propias contradicciones, que ahora reconocen. Han madurado. Cuarón utiliza unos protagonistas capaces de mostrar no solo el contraste entre las propias decisiones y las expectativas sociales (ya presente en Harold), sino el peso de las convenciones e ideales en la percepción de lo que es adecuado o apetecible y lo que no, y el peligro de hacer lo que se quiere en un mundo que no se adapta a la voluntad individual.

Luisa, por su parte, sirve de guía y ejemplo para Julio y Tenoch como lo hacía Maude con Harold, solo que también posee un arco dramático. En primer lugar, el relato explicita las razones por las que se lanza a la aventura (una evolución ya al comienzo de la película): un cáncer terminal y el engaño de su marido Jano. La cercanía de la muerte la transforma y la hace consciente de la brevedad de una vida desaprovechada con Jano y de la poca importancia de ciertas convenciones. Ella ya superó, además, la etapa por la que pasan Julio y Tenoch cuando a los diecisiete años su novio se mató en la moto, según cuenta a los jóvenes durante el viaje[3].

Y tu mamá también puede ser leído como una respuesta con relativo éxito a Harold and Maude. Ahora bien, los jóvenes del film mexicano terminan en el puesto opuesto a Harold: tristes y sin poder superar las convenciones sociales ni sus propias contradicciones.

Su objetivo en el viaje tampoco es claro ni sincero; y su disfrute es agridulce. Ella hace lo que le apetece ―se siente bien enseñando a los dos jóvenes, por ejemplo, a través de preguntas o acostándose con ellos― pero no termina de ser feliz, superada por sus problemas personales. Asimismo, Luisa está obligada a morir antes de lo que desearía, al contrario que Maude. Aceptar la vida de forma optimista como un proceso finito y decepcionante no es tan sencillo.

Leer Y tu mamá también como respuesta (como «pero» desalentador) a Harold and Maude no solo es solo legítimo sino también enriquecedor.

Aceptemos como base que la cinta de Ashby en ningún momento pretende ser realista: busca dar a conocer otra manera posible de mirar, de actuar, de vivir. El estilo naif, artificioso, absurdo en ocasiones encajaba a la perfección con unos personajes sencillos y planos, y el espectador captaba una serie de pautas generales que él mismo podría aplicar en su día a día.

El largometraje de Cuarón, por su parte, puede ser leído como una «prueba», un ejercicio en el que el director mexicano intenta llevar a la práctica la filosofía haroldmaudeana con relativo éxito en algunos puntos, aunque termine en fracaso. Los jóvenes, verdaderos protagonistas del filme, no han conseguido superar las convenciones sociales ni sus propias contradicciones, y terminan en el polo opuesto a Harold: tristes, pese a ser conscientes de sus ataduras.

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El fotograma partido que ha sido nuestra clave interpretativa constituye el núcleo semántico de Y tu mamá también.

A la izquierda está la ingenuidad, blanca, y las ganas de vivre sa vie: la propuesta de Harold and Maude y de los mundos irreales de García Márquez simbolizada en ese espacio íntimo que es el cuarto de un adolescente. Allí se tiene sexo torpe, se promete falsamente, se sonríe todo el rato. A la derecha, fuera de su espacio conocido, pero aun así esperando en la franja de la casa que se comparte con los otros, una realidad concreta mucho más oscura y difícil. El espectador puede no fijarse en un primer momento: están desenfocados, pero están.

La trama de Y tu mamá también nos invita a comenzar a leer (como aprendemos en la cultura occidental) por la izquierda. Avancemos de la mitad luminosa a la oscura. Maduremos con los personajes, viéndolos crecer, hasta entender las medias verdades del filme de Ashby, los detalles a los que un pensamiento hedonista demasiado simple no puede hacer frente.


[1]  Es el póster francés de la película, escogido tal vez por las resonancias evidentes que mantiene la película inglesa con Mayo del 68 y por su cromatismo. La blancura ―esos tonos suaves y cálidos de la mitad izquierda― tiene una significación por contraste con la oscuridad de la mitad derecha.

[2]  Solo busca ligar la ficción con la realidad histórica en un instante muy breve en el que Harold ve un número tatuado en el brazo de Maude, signo de haber sobrevivido a un campo de concentración nazi en Europa. Pero es una referencia mínima, que pronto se olvida.

[3]  Y tu mamá también es un filme que narra el paso de Julio y Tenoch hacia el estatus de resignación que es la madurez, y el paso de Luisa de la madurez a lo que podríamos denominar ―por pura convención― vejez, al conocer su enfermedad y el adulterio y al fin asumir su destino. Adolescencia o juventud (alocada, ingenua, animal, blanca), madurez (resignación, social, negra) y vejez (en tanto aceptación de la llegada pronta de la muerte, vida entre lo animal y lo social, gris) parecerían ser los tres momentos de la vida adulta, según la propuesta de Cuarón.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Laro Del Río Castañeda

Graduado en Lengua Española y sus Literaturas por la Universidad de Oviedo, está terminando el máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universitat de Barcelona. Se ha especializado en narrativa audiovisual y aspira a comenzar una tesis doctoral acerca de la teleserialidad contemporánea.


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