19/12/2018 BARCELONA

La armonía de “2001: A Space Odissey”

Fotograma de la película: el infinito [Foto vía Taste of Cinema].
Christopher Nolan ha puesto en boca de todos otra vez la archiconocida obra maestra de Stanley Kubrick '2001: A Space Odissey', gracias al estreno de un nuevo tráiler que supone la “desremasterización” de la película. Aunque Nolan ha recibido diversas críticas por “tocar” el clásico del cine otra vez (ya había comparado este largometraje anteriormente con 'Interstellar'), parece ser que esta obra cinematográfica siempre está en primera escena. Su intrigante y poco esclarecedora trama hace que el misterio y las ganas por experimentar la belleza del film pase de generación en generación. Este halo intrigante ha hecho que existan miles de interpretaciones que van desde la filosofía de su narración a la función qué hace la música.

Si existe una película que responda al adjetivovisionaria”, es 2001: A Space Odissey. La influencia que esta ha tenido en otros films como los recientes Interstellar (2014), Gravity (2013) y Arrival (2016), que juegan con las ideas de la inteligencia artificial y los viajes en el tiempo, remiten directamente al largometraje de Stanley Kubrick. Sin olvidar que no solo abrió la veda para que en las décadas de los años 70 y 80 proliferaran las sagas de Star Wars y Alien, 2001: A Space Odissey hizo un hueco en el mercado cinematográfico para películas que abordaban preguntas existenciales sobre la relación de la humanidad con la tecnología y un universo incognoscible e inabarcable.

Parte del aura visionaria de 2001: A Space Odissey recae en el uso que hace de la música. Su línea narrativa se construye en parte gracias a los temas musicales y convierte el espectador en parte imprescindible de su montaje, invitándole a buscar un significado implícito más allá de lo que nos muestran la superficie de las imágenes y las palabras: el espectador necesita escuchar para poder ver.

No obstante, la innovación de Stanley Kubrick en este largometraje no recae solo en la renovación de un género tan utilizado como el de la ciencia ficción. Parte de su aura visionaria recae en el uso que hace de la música. La utilización novedosa se basa en usar un material musical para expresar algo más allá de las imágenes y no ser un simple acompañamiento subyugado a lo visual. De esta manera, la línea narrativa se construye en parte gracias a los temas musicales y al modo en que el espectador los ve: se convierte en parte imprescindible de su montaje e invita al espectador a buscar un significado implícito más allá de lo que nos muestran la superficie de las imágenes y las palabras.

La elección de Stanley Kubrick para 2001 fue una selección de temas musicales de género clásico compuestos sin una finalidad cinematográfica, los llamados temptracks. Entre estas composiciones se encuentran Thus Spoke Zaratustra, de Richard Strauss o The Blue Danube Waltz, de Johann Strauss (hijo). Estos temas ya conocidos en la historia de la música, encuentranunnuevo significado en su unión con el acontecer del film. Como explica Irena Paulus en su artículo sobre la innovación del uso de la música en 2001, las leyes no escritas del cine decían que la música de un largometraje tenía que estar siempre en un segundo plano, escondida detrás de las imágenes¹. Stanley Kubrick rompió con estas reglas para encontrar una nueva manera de “verla música en sus películas, guiando al espectador hacia una reflexión y descartando otras que no eran pertinentes. El carácter que añade al aspecto musical del film se basa en la acumulación teatral de una escena y no en la duplicación del mensaje narrativo. Lo importante del uso de la música en 2001 se encuentra en que esta puede existir fuera de la narración y eso, le confiere un halo sublime.

Fotograma de la película: el monolito ubicado en una habitación [Foto: CC BY-NC 2.0 por Jeremy Sternberg vía Flickr].

Si se considera el tema del monolito, que a su vez es el único elemento estable de los tres actos, se puede ver claramente como la música también actúa como un hilo que enhebra cual aguja las diferentes partesde la película. Y, así, teniendo en cuenta que una de las interpretaciones más plausibles de la película es que esta explique la evolución del hombre y su relación con la tecnología, el monolito se entreteje con la trama a modo de representante de esta evolución y actor imprescindible del desencadenamiento de este proceso.

Este obelisco aparece hasta cuatro veces durante el largometraje: durante el encuentro con los monos, en el descubrimiento en la superficie de la Luna, su aparición en la atmosfera de Júpiter y, finalmente, en la habitación donde el astronauta Bowman echa su último aliento. Es lógico, pues, que su repetida aparición en el film vaya acompañada de un tema musical que también reitere su llegada a la pantalla y que estos dos se complementen. Esta composición que acompaña a la entrada en escena de este monolito no será casual y le dará todo un nuevo significado a la trama.

El monolito, de acuerdo con la música, se entreteje con la trama a modo de representante de la evolución de la especie humana y deviene un actor imprescindible del desencadenamiento de este proceso. Acompañado normalmente del Requiem de György Ligeti, su última eclosión en pantalla va acompañada de la famosa Thus Spoke Zarathustra, de Richard Strauss (hijo).

El tema musical que surge junto a la aparición del monolito es el Requiem de György Ligeti. Este requiem aparece siempre como aquello inusual y místico desconocido. Es una música intrigante, que se pregunta a sí misma, envolvente y espiritual. Las voces a coro llevan al espectador embelesado hacia un destino desconocido y enigmático. Voces que no aparecen de manera fortuita. Estas se escuchan en la música y son a la misma vez la voz de ese “otro” que ha surgido en la superficie, el monolito. “Otro” que atrae al Hombre hacia sí, hacia su irremediable fatalidad. Y es ahí cuando el Hombre salta de etapa evolutiva. El monolito es el espectador de la evolución del hombre que le acompaña durante miles de años hasta que llega a su etapa final y es renacido como el Nuevo Hombre.

Es interesante ver como el Requiem actúa a su vez como una mirada hacía el pasado perdido, ya que, el Requiem está asociado a este nuevo estado evolutivo que empuja al hombre hacia su futuro. En su carácter inherente como requiem advierte un contra comentario, creando un lamentoen las escenas en las que hay un salto hacia el futuro: el final de la conciencia animal de los simios, el paso de la conciencia humana actual y el final de la existencia tal como lo percibimos.

Fotograma de la película: el Sol poniéndose tras el monolito [Foto vía Kid101].

Pero el Requiem no es la única pieza que acompaña siempre al monolito. Si bien emerge junto a él hasta tres veces, su última eclosión en pantalla va acompañada de la famosa Thus Spoke Zarathustra, de Richard Strauss. La utilización de este tema, que aparece anteriormente en los primeros minutos del film, se remite a la circularidad narrativa de 2001. Si el largometraje empieza con un supuesto origen del universo, en la última escena, Bowman muere y es reconvertido en una nueva especie que evoluciona respecto del ser humano anterior. El cambio musical esrelevante puesto que, la melodía del Requiem tenía una función de interrogación y de intriga sobre cuál era el destino del Hombre y la finalidad de la aparición del monolito. Thus Spoke Zarathustra hace la función contraria. La pieza musical resuelve este misterio enseñando la solución final a la evolución: la aparición de una nueva especie surgida de la evolución del homo sapiens a partir de haber logrado el dominio de la tecnología.

La melodía del Requiem tiene una función de interrogación y de intriga: ¿cuál es el destino del Hombre? Thus Spoke Zarathustra hace la función contraria, resolviendo el misterio enseñando la solución final a la evolución: la aparición de una nueva especie surgida de la evolución del homo sapiens a partir de haber logrado el dominio de la tecnología.

Es interesante remarcar también otra función de Thus Spoke Zarathustra, de Richard Strauss. Este título también hace referencia a la obra literaria principal de Friedrich Nietzsche. Aunque esta referencia parezca vacía, guarda una relación estrecha con el acontecer del film. Este tema homónimo llega justo al final de la película, cuando se llega al último estado evolutivo de la raza humana y se crea una nueva y mejorada especie. No es fortuito pensar que este final pueda hacer referencia a la teoría del superhombre de Nietzsche, casualmente recogida en su libro Thus Spoke Zarathustra.

De esta forma, Stanley Kubrick acertó en posicionar la música al mismo nivel que la trama, hasta el punto que esta crea su propia voz narrativa. No se puede recoger el significado completo de la función del monolito sin la voz que le otorga el Requiem desentrañando la aparición del “otro” que acude a cada estadio evolutivo del Hombre, así como tampoco no se puede entender sin Thus Spoke Zarathustra la circularidad del filmy de la evolución y renovación de la especie humana. Además de esta nueva dimensión narrativa, Kubrick otorgó un nuevo sentido a la música que se utilizaba en los largometrajes de ciencia-ficción que habían ocupado la gran pantalla hasta ese momento. Hasta entonces no se utilizaba música clásica para acompañar a las imágenes y este nuevo uso supuso un cambio y un avance en la manera de representar la ficción en el cine.

Stanley Kubrick logra dar un nuevo sentido cinematográfico al soundtrack de la película; convierte lo conocido en original de tal forma que el espectador necesita escuchar para poder ver.


  1. Paulus, I. (2009). “Stanley Kubrick’s Revolution in the Usage of Film Music: 2001: A Space Odyssey (1968)”. International Review of the Aesthetics and Sociology of Music, vol. 40 núm. 1, pp. 99-127.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Ines Calomarde Hinojosa

Graduada en Periodismo por la Universidad Pompeu Fabra y actualmente cursando el grado en Estudios Literarios en la Universidad de Barcelona. Apasionada de la música, la literatura y el cine y, en general, de todas las artes. Lo más probable es que me encontréis escuchando un disco de Oasis o mirando una película de Stanley Kubrick.


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