20/10/2018 BARCELONA

‘El barri de la Plata’, documentar la historia

En una fotografía contemporánea a la historia narrada en el libro, observamos Radio Taulat, en el cruce de la calle Taulat y la Rambla del Poblenou [Foto: Arxiu Històric del Poblenou vía Músics del PoPlenou].
A medio camino entre la biografía familiar, la historia de Barcelona –y del Poblenou– y la novela, 'El barri de la Plata' descubre historias y personajes apasionantes por las que el lector sentirá auténtica admiración. Narrado con conseguidas tensión e intriga, el libro incluye, además, fotografías y documentos de archivos con el objetivo de lograr una mayor sensación de realidad y dar al lector la impresión de que asiste a la reproducción fiel de un pasado que le interpela.

El barri de la Plata. Julià Guillamon. Barcelona: L’Avenç, 2018. 230 páginas.

¿Nos hemos dado cuenta con qué facilidad nos dejamos engañar por la objetividad de la documentación? No, seguramente no. Y eso es maravilloso si somos capaces de recomponernos de la estrategia ficcional después de la lectura, claro. En la literatura hay una gran tradición de incluir fotografías y documentos de archivos en los relatos más o menos históricos –pienso en Sebald por ejemplo– para lograr una sensación de realidad. Acostumbra a ser material fotográfico de calles, edificios o parajes desaparecidos, y con ello se crea una sensación casi fantasmagórica: hemos visto aquello que ahora ya no existe, nos hemos enfrentado directamente al pasado y hemos salido impunes. Aunque nunca nadie sale impune de ningún relato. Fotográfico, audiovisual o escrito, da igual. La nostalgia por aquello perdido y ahora observado es prácticamente irreprimible. Y los escritores se aprovechan de ello, por supuesto.

Uno de los ejemplos más recientes –que yo haya leído– de esta maniobra es El barri de la Plata de Julià Guillamon, cuya catalogación surca entre la biografía familiar, la historia de Barcelona y la novela; una mezcla arriesgada pero efectiva puesto que consigue que se hable de la obra, como hacemos ahora. Usando como trama principal la historia de sus antepasados valencianos que emigraron al Poblenou a finales del siglo XIX es capaz de contarnos simultáneamente, y justamente por esto funciona, la historia de Barcelona y las diferentes capas sociales que la conforman, sus precedentes biográficos –y, por tanto, su génesis como escritor– y las bases de la cultura catalana. Con la excusa de contarnos objetivamente la historia de su familia y del barrio de Poblenou, conocido como El barri de la plata –aunque en verdad este barrio de la plata se refiera a una pequeña calle dentro del barrio–, nos cuenta muchas más cosas, con el acierto de no ser demasiadas. Como pretende ser objetivo se apropia de las imágenes familiares, de documentos censales, de reproducciones y  descripciones de objetos pretéritos pues así nos da la impresión que asistimos a la reproducción fiel del pasado: éste nos interpela. ¿Cómo podemos dudar  de la veracidad de aquello que nos cuenta Guillamon?

El autor de ‘El barri de la Plata’, Julià Guillamon [Foto © Leopoldo Pomés vía Editorial L’Avenç].

Podemos ver a su padre y a sus abuelos en las fotografías, podemos ver cómo su padre torea la vaquilla en las fiestas de su pueblo y los folletos publicitarios de la época. Se describen objetos, como por ejemplo la olla a presión Magefesa, la batidora Berrens o el ventilador Numax, se presentan con nombres y apellidos, se identifican totalmente, remiten a una época tan concreta que no se puede dudar de ella. Guillamon consigue absorbernos con las historias de su padre y su madre, de las relaciones con los otros “valencianos” del Poblenou como Quim Monzó, con historias de su propia vida privada y de su relación con sus padres ya mayores. Llegamos a sentir admiración por ciertos personajes: su padre resulta ser verdaderamente intrigante y divertido con su deseo de ser torero y su escapada a Madrid para lograrlo, o con su extravagante costumbre de apuntarse frases ingeniosas para “soltarlas” en mitad de una conversación; o su madre y la encomiable tarea de mantener a flote un hotel y la familia a la vez. La historia y los personajes son sin ninguna duda apasionantes, Guillamon consigue mantener la tensión e intriga durante toda la novela. No nos sentimos mirones, sino que asistimos a la resurrección del pasado y no queremos parar; nos creemos impúdicamente por encima del tiempo y esperamos que a través de la prosa y estrategia de Guillamon nosotros también seamos capaces de recuperar tan vivamente nuestros recuerdos.

No nos engañemos: no se trata de una crónica autobiográfica, y aunque lo fuera nuestra actitud debería ser la misma; una vez acabada la lectura, una vez superada la sensación de identificación, debemos recordarnos que El barri de la Plata es una novela. Una construcción y reconstrucción ficcional, maravillosamente articulada, sí, pero construcción, de unos hechos determinados. Y deberíamos preguntarnos qué función hacen las fotografías y los documentos perfectamente colocados dentro de la novela, pues el mismo artificio puede provocar diversos objetivos, en la literatura contemporánea la realidad se infiltra en las novelas con objetivos muy distantes. En Austerlitz –por ejemplo– de W. G. Sebald se construye una historia universal a partir de los elementos desaparecidos es la estética de la recuperación de la ruina y lo destruido para reinterpretar el pasado. Y Manuel Baixauli, en su exquisito La cinquena planta, usa la fotografía para que la realidad justifique lo insólito; con la fotografía y el retoque fotográfico se materializa lo imposible. Y solamente cito dos ejemplos de un ejército innombrable. Qué función tiene este género en Guillamon es clara y la hemos esbozado antes: dar apariencia de realidad. Pero ¿por qué? Y, ¿para qué?

La rumba del barri de la Plata, booktrailer de la publicación [Vídeo: BarreirosBaquelita vía YouTube].

La efectividad de El barri de la Plata hubiera sido más o menos la misma sin las fotografías, pero sin duda no hubiera sido tan prolija en intenciones. Las fotografías que se presentan –todas la fotografías– como objetivas son todo menos objetivas. Toda fotografía es la fijación de una mirada, nos muestran la realidad tal y como se ve des de su punto de vista. Eso para empezar. Con esta consideración ¿cómo afecta eso a la novela de Guillamon? Queda no como la historia de su familia y de los valencianos que emigraron a Barcelona, y por tanto la historia de Barcelona sino que es la historia de su familia, y por tanto su historia y su visión de ella. Aún se puede profundizar más en esto, porque muchas de las fotografías del libro son detalles, ampliaciones de otras fotografías: el detalle es la manera de priorizar otra mirada diferente sobre la mirada hecha por alguien más. Guillamon no hizo las fotografías pero su mirada es la que predomina,y así ya no es una historia, es su historia. Y esto parece absurdo de decir, ya que es su nombre el que aparece en la cubierta, pero se debe decir explícitamente: Guillamon ha escrito la novela y ha elegido las fotografías, en otras palabras, ha escrito una historia y la ha justificado con la revisión de las fotografías y de los documentos oficiales. Además si leemos con atención los créditos del libro –esa página después de la portada donde está toda la información del libro– descubriremos que el diseño del libro no es “original” sino que es inspiración de otro libro, más concretamente de La Prostitution de Marcel Sacotte. Esto es: ¡el “molde” es de inspiración francesa! La disposición de las fotografías nunca es azarosa pero en este caso es premeditadamente buscada, y como tal nos dice más de lo que parece. Nos dice que aunque el tema, la historia esté centrada en la Barcelona de los padres y abuelos de Guillamon, siendo por tanto de tinte local, su filiación es universal, extrapolable. ¡El diseño del libro nos ha dado una pista indispensable, quizá deberíamos poner más atención en esas cosas!

El valor de El barri de la Plata no es solamente apreciable por los barceloneses de determinada generación, sino que sobrepasa esta limitación –yo mismo no encajo en ninguna de las dos categorías– para mostrar una creación preparada, trabajada y totalmente trasplantable a cualquier literatura y cultura mundial. ¿Quién puede negar que la investigación de sus raíces para entender su realidad no sea un tema totalmente universal? Además, la propuesta que nos hace es atractiva e intrigante, y el hecho de que se nos presente un libro completo y cerrado y no solamente un texto donde diseño y obra literaria van por separado nos sitúa delante de una obra muy consciente de su sino. En definitiva podemos decir que con El barri de la Plata Guillamon ofrece un ejemplo perfecto del poder de la reconstrucción de la imagen y la literatura al mismo tiempo que nos ofrece una lectura entretenida y distendida. Pero por encima de todo nos muestra cómo se puede documentar la historia, aunque sea la de una novela.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Marc Senabre Camarasa

Editor de 'Gargots Revista Literària', crítico en la revista de reseñas 'Caràcters', graduado en Filologia Catalana por la Universidat de València y actualmente cursando el máster de Teoria de la Literatura i Literatura Comparada en la Universidat de Barcelona. Ferviente defensor en la materialidad de los libros, es decir: pugna constante entre la bibliofilia y el síndrome de Diógenes.


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