17/08/2018 BARCELONA

Ser falso autónomo, la esclavitud del siglo XXI

El aumento de falsos autónomos trabajando para plataformas digitales está causando protestas e inspecciones de trabajo por parte de la administración. Realmente, ¿cuánto cobran estos repartidores autónomos? ¿Cuál será el futuro de un mercado de trabajo que cada vez exige mayor flexibilidad y menores costes salariales? Analizamos esta nueva modalidad de trabajo precario que está tomando fuerza en los últimos años en multitud de compañías tecnológicas.

Es autónomo. Repartidor de la gig economy, o economía de los pequeños encargos. Se dedica a repartir en grandes ciudades a través de las órdenes de una aplicación móvil. Es un “micro emprendedor” del siglo XXI, aunque él prefiere llamarse a sí mismo falso autónomo. Su inversión inicial fue mínima, lo que le costó un móvil, una bici y una mochila térmica de grandes dimensiones por la que ha pagado una fianza. Esta es una situación que viven cada vez más repartidores de ciudades de todo el mundo que colaboran con plataformas digitales (llámese Deliveroo, UberEats o Glovo por ejemplo) a cambio de un pago por pedido. Sin sueldo mínimo, sin vacaciones y sin bajas por accidente. Según datos de UATAE.org, la mayor organización de autónomos de nuestro país, estas son las condiciones de 210.000 autónomos TRADE, es decir, que realizan su actividad económica profesional para una empresa o cliente del que percibe como mínimo el 75% del total de sus ingresos.

En los últimos años los datos macroeconómicos de España han crecido notablemente. La recuperación ha ido cobrando impulso y el empleo ha ido en aumento. Aaun así, la situación del mercado laboral sigue siendo crítica. Con una tasa de temporalidad de las más altas de Europa, un 27,5%, según Eurostad, preocupa la alta dificultad de encontrar un empleo indefinido ,y la tasa de paro juvenil del 37,9% impide a muchos jóvenes la entrada al mercado laboral. Hoy en día existe una nueva modalidad de trabajo precario que se prevé que cree tendencia: los contratos mercantiles entre profesionales y empresas.

Relacionada: La delgada línea que separa la economía colaborativa de la competencia desleal

Lo que nos depara el futuro: Ahorro de costes y flexibilización total

La flexibilización de costes total que supone contratar a un trabajador autónomo es un gran incentivo para estas empresas, que se despreocupan completamente de bajas, vacaciones, posibles problemas, y pagan únicamente por el servicio que reciben, sin compromisos. Se puede ajustar fácilmente a la demanda y gracias a ello pueden pagar más de que lo harían a un trabajador, pero con la ventaja del gran ahorro que supone olvidarse de indemnizaciones, vacaciones, antigüedad, bajas médicas, seguros, y un largo etcétera de condiciones sociales que legalmente se esquivan hoy día con un contrato mercantil.

Un estudio publicado durante la Ouishare Fest (congreso de economía colaborativa) prevé que  en el año 2020 el 50% de la población serán trabajadores autónomos, pero la mayoría de ellos dependientes, dado que ofrecerán sus servicios para una sola empresa y sin poder de negociación. Consecuentemente, el problema aparece cuando el número de autónomos aumenta no por libre elección, sino como una válvula de escape ante la rigidez del trabajo por cuenta ajena y los datos reflejan esta situación.

Actualmente en España el 58% de los autónomos no lo es por elección propia.Click To Tweet

Esta es una realidad que ya vive un sector débil como lo es el de los repartidores de startups como Glovo, Deliveroo, Stuart o UberEats, etre otros. Estos “micro emprendedores”, como les llama la empresa aunque en realidad sean trabajadores encubiertos, cobran (depende de la empresa) una media de 4€ por pedido y deben hacer frente al arsenal de gastos de cualquier autónomo: la cuota mensual, la gestoría, los diversos impuestos, los gastos de mantenimiento de sus vehículos o el equipamiento, entre otros. Al mismo tiempo, aparte de cargar en su mochila con comida recién hecha, deben cargar también con las fluctuaciones de demandas propias de un sector tan difícil como es la hostelería y la responsabilidad ante cualquier tipo de reclamación de un cliente. Además, pese a mostrar su disponibilidad en unos horarios establecidos, si nadie pide comida durante una hora, no cobran, dado que la retribución va en función de los servicios que realizan y no por el tiempo que le dedican. Las empresas se defienden diciendo que mientras ofreces disponibilidad, no te dicen dónde debes estar aunque eso sí, siempre listo para salir a repartir. Además, la empresa usa un vocabulario específico para referirse a ellos, con una lista de palabras prohibidas para así evitar problemas legales según un comunicado interno de la empresa: Turno = misión, Salario = pago por servicio, Contratación = colaboración; hasta prohíben la palabra trabajo, que debe ser llamada actividad de reparto.

Las falsas ventajas de ser autónomo. Viñeta de JR Mora.

Ante todos estos eufemismos y nuevos contratos, ¿es posible en un futuro garantizar los derechos de los trabajadores o estamos condenados al precariado?

Bien, si tenemos en cuenta que la mayor prioridad de las empresas ante los vaivenes económicos es la flexibilidad, con tal de poder ajustar a la perfección la demanda con los salarios (o pago por servicio como llamarían las citadas plataformas) la modalidad de autónomo quizás no sea una mala solución para hacer despegar el mercado de trabajo. Pongamos por ejemplo. Un ingeniero informático, un conferencista, un tertuliano, o un organizador de eventos. Todos ellos ejercen profesiones en las que la especialización, la diferenciación y la experiencia son factores que determinan el precio que pueden cobrar por sus servicios, y cuyo poder de negociación de precios es importante.

Pero, ¿y si este modelo lo aplicamos a profesiones que requieren una baja cualificación y donde es difícil diferenciarse? ¿Qué ocurre?

Si aplicamos el modelo freelance a repartidores, conductores, transportistas o camareros, estamos condenando a éstos a una inseguridad laboral y a una competencia feroz de precios a la baja.Click To Tweet

¿Qué cobran los repartidores autónomos?

Protestas de repartidores de Deliveroo y Glovo el pasado mes de junio en Barcelona. Bajo el lema “¡No rodamos si por horas no cobramos!”. Imagen: @JesusSanTe.

Pero, ¿qué cobran realmente los autónomos que trabajan para estas plataformas? Según la directora general de Deliveroo, Diana Morato, los autónomos de Deliveroo cobran más que los repartidores con contrato laboral “nuestros riders están contentos y cobran de media 10,50€ la hora (…) hay más de 1000 personas deseando trabajar con Deliveroo”.

Aunque la realidad que cuentan los repartidores es bien distinta. En primer lugar,  se han sindicalizado para pedir mejores condiciones salariales y cobrar un mínimo la hora (de 8€ siendo bici, 8,50€ moto, IVA no incluido), y han constituido el colectivo Ridersxderechos que aúna repartidores de aplicaciones de encargos a domicilio para exigir la mejora de condiciones; ya se han organizado en huelgas, manifestaciones y protestas para visibilizar su situación.

En estos momentos un “rider” de Deliveroo cobra 4€ por pedido, independientemente de la distancia o el tiempo que le lleve al autónomo llevarlo a cabo, y un “Glover” (repartidor de Glovo) cobra 2,80€ por pedido + 0,45€ km (contados en línea recta) + 0,05€ minuto de espera en local. De media, unos 4-5€ por pedido por un tiempo medio de 30 minutos cada uno.

Tabla 1. Cálculo aproximado de los beneficios que obtiene un repartidor autónomo. Fuente: elaboración propia.

Si suponemos que hacen una media de 2 pedidos por hora, la cifra más habitual entre los repartidores, se ganan 8€ la hora. No parece una mala remuneración para un repartidor, pero teniendo en cuenta que son autónomos, deben descontarse gastos como la cuota de autónomos, la gestoría para la presentación de impuestos, gastos de mantenimiento del vehículo, ropa de trabajo, etc. El resultado son unas ganancias netas que rozan la esclavitud. Trabajando 80 horas al mes, en el mejor de los casos, si el repartidor se beneficia de la cuota reducida de autónomos (50€/mes los 12 primeros meses), las ganancias netas son de 4,77€/hora.

Así pues, lo que promueven estas empresas es el libre espíritu emprendedor bajo las supuestas ventajas de trabajar cuando uno decide o hacer un “par de horas” al día de reparto, aunque la realidad demuestra que esto es falso. Una vez dada la alta en la cuota de autónomo, los riders tienen que trabajar cada vez más horas para poder compensar los costes fijos.

El beneficio por hora va en aumento a medida que más pedalea, lo que incentiva a los repartidores a querer trabajar el máximo tiempo posible, para compensar la rigidez de la cuota y los gastos asociados. Para hacer un análisis más completo,  hemos realizado otra tabla donde se demuestra qué cobraría un repartidor en el hipotético caso de trabajar 30 y 50 horas semanales:

Tabla 2. Cálculo aproximado de los beneficios que obtiene un repartidor autónomo. Fuente: elaboración propia.

 

Tabla 3. Cálculo aproximado de los beneficios que obtiene un repartidor autónomo. Fuente: elaboración propia.

Como es obvio, observando las tablas y ante los gastos fijos de cualquier autónomo, aumentar el número de horas también es sinónimo de maximizar el beneficio neto. Este efecto, que podríamos llamar cárcel de obligaciones tributarias, lleva a los repartidores que vemos en nuestras ciudades a hacer jornadas de 9, 10 y hasta 13 horas diarias para intentar maximizar su beneficio.

¿Cómo hemos llegado a este modelo de mercantilización laboral?

La precariedad de los repartidores es causada por una serie de factores de los que destacamos tres. En primer lugar, la rigidez de la cuota de autónomos, que es la misma independientemente de los ingresos, provoca un aumento de la carga de trabajo de los autónomos, que se ven obligados a trabajar más horas para rentabilizar este coste fijo. En segundo lugar, las empresas, que no ponen trabas horarias a sus colaboradores ya que son conscientes de que sólo con largas jornadas sus autónomos son capaces de rentabilizar la cuota. Además, son las principales promovedoras del consumo low cost gracias a la reducción de costes esquivando las normativas laborales. En tercer lugar, los clientes que promueven esta forma de colaboración cada vez que piden a domicilio y les sale el envío gratis o a bajo coste.

 

 

En definitiva, la realidad nos plantea una necesidad de limitar estos tipos de contratos para que las clases sociales más desfavorecidas no se vean perjudicadas por el fantasma de la economía colaborativa. Ésta esconde precariedad bajo el atractivo término de flexibilidad y ser “tu propio jefe”, pero con una realidad muy distinta: trabajos precarios sin ninguna seguridad y donde es el “micro emprendedor” el que asume todas las cargas y responsabilidades de grandes corporaciones internacionales que facturan millones de euros cada año. El futuro (cercano) es autónomo; en muchas circunstancias es mejor no buscar trabajo. Siempre y cuando uno pueda especializarse, formarse, y diferenciarse para poder prestar sus servicios con cierto poder de negociación. Sino gran parte de la población estará condenada a aceptar salarios a la baja que ofrezcan grandes corporaciones donde lo último es el quién y lo principal el cuánto.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Christian Abril

Economista por la Universidad de Barcelona, es especialista en gig economy y startups. Interesado y comprometido por la lucha de las condiciones laborales. Emprendedor por naturaleza y crítico con la economía colaborativa. Cree en la economía que combina tecnología y talento humano como mayor activo.


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