21/11/2018 BARCELONA

Un análisis del comercio global: proteccionismo contra libre mercado

Ilustración de Gabriel Sanz [Foto: https://gabrielsanz.wordpress.com/guerra-comercial1/].
Donald Trump ha anunciado la aplicación de nuevos aranceles a la importación de acero y aluminio, de un 25% y un 10% respectivamente. Como consecuencia, se prevé una guerra comercial de la cual preocupa una creciente ola proteccionista. En este artículo analizaremos la lógica que hay detrás de las dos principales políticas existentes a la hora de abordar el comercio internacional: el proteccionismo y el libre comercio.

Que Donald Trump es un defensor de la política proteccionista no es ninguna novedad. El presidente de los Estados Unidos avanzó en su objetivo de proteger la industria americana, tal y como prometía en su campaña electoral, con la aplicación un nuevo arancel del 25% para el acero y un 10% en el caso del aluminio. Esta medida, que entrará en vigor a los 15 días de su anuncio, se aplicará con la excepción de Canadá, México y Australia, aunque abre una puerta a la negociación con otros países. De hecho, Trump declaró, en una clara alusión a la OTAN: “We’re going to see who is treating us fairly, who is not treating us fairly. Part of that will be military. Who’s paying the bills, who’s not paying the bills”. Así pues, esta medida no parece tener únicamente un objetivo comercial al utilizarse como objeto de negociación con los socios comerciales.

El balance comercial de los EE.UU. presenta una clara tendencia a la baja. Las diversas políticas proteccionistas que ha ido implementado la Administración Trump parecen no haber tenido efecto [Foto: tradingeconomics.com a partir de datos de U.S Census Bureau. Disponible en: https://tradingeconomics.com/united-states/balance-of-trade].

No obstante, a pesar de que se calcula que el efecto directo de estos nuevos aranceles será poco significativo, dado que la producción nacional de estos metales suponen aproximadamente el 0’5% mientras que las importaciones ascienden a un 0’2% del PIB, sí que preocupa la respuesta de los socios comerciales de EE.UU., que deberán responder a estas medidas con acciones proteccionistas cuya consecuencia sería una probable guerra comercial.

La aplicación de estas medidas proteccionistas de la Administración Trump encuentra su justificación en el déficit comercial que acumula la economía estadounidense desde hace décadas y que no ha parado de crecer en los últimos años. Según datos de enero de 2018, el déficit comercial de productos y servicios aumentó un 12% respecto al año anterior y llegó a situarse en los 566.000 millones de dólares.

El discurso de Trump apunta que este déficit comercial es el que provoca que la economía de EE.UU. se desarrolle por debajo de su potencial, aunque los datos no lo corroboren, ya que crecimiento y déficit comercial no son variables que históricamente se hayan visto correlacionadas. Aun así, el discurso populista de que es necesario proteger la industria nacional ha calado con fuerza en segmentos de la sociedad estadounidense que ven en el proteccionismo una forma de “proteger” puestos de trabajo ante la “invasión” de productos extranjeros.

Detrás de la ideología del libre comercio y el proteccionismo

Esta decisión es un claro ejemplo del debate entre los dos principales posicionamientos a la hora de concebir el comercio mundial. Por un lado, a favor de implementar políticas proteccionistas y, por el otro, mantener una línea favorable a las políticas de libre mercado. Sin ir más lejos, hace escasamente un año la Unión Europea negociaba con EE.UU. la implementación del TTIP, que implicaba una mayor apertura comercial entre ambos mercados.

A favor del libre comercio

La decisión de Trump ha desatado una ola de rechazo a estas medidas proteccionistas. Y es que desde hace unas décadas, el posicionamiento a favor del libre comercio es el que cuenta con mayor reconocimiento por parte de los economistas, gobiernos y organismos internacionales. La lógica de la cual parte esta postura tiene su origen en la Escuela Clásica, concretamente en el teorema de la ventaja comparativa de David Ricardo, economista inglés de principios del s.XIX. La idea que defiende Ricardo es sencilla: retoma la teoría de Adam Smith de la ventaja absoluta, que se define como la capacidad para producir un bien utilizando menos factores que otro país productor. Esto es, más eficiente.

Pero, ¿qué ocurre cuando un país es eficientemente superior en la producción de todos los bienes respecto a otro? Ricardo, mediante una matriz matemática, incorpora el concepto del coste de oportunidad relativo de los productores. Así, según esta teoría, cada país se especializa en aquella actividad en la cual posee una ventaja comparativa, es decir, en la que su coste de oportunidad es menor. Como consecuencia, los países se especializan y exportan aquellos productos que producen más eficientemente y, por contra, importan aquello en lo que son más ineficientes.

Por lo tanto, el comercio puede beneficiar a todos los miembros porque les permite especializarse en aquellas actividades en las que tiene una ventaja comparativa. Y este teorema es el que sigue imperando en la Organización Mundial del Comercio, formalizada en 1995, cuyo principal objetivo es garantizar que los intercambios comerciales se realicen de la forma más fluida, previsible y libre posible en beneficio de todos.

Así pues, todas aquellas medidas cuyo objetivo sea poner barreras a la libre circulación de mercaderías comportarán consecuencias negativas tanto al país que las aplica como a sus socios comerciales.

Imagen artística que representa la política proteccionista impulsada por la Administración Trump [Foto vía https://revistapercapita.com/proteccionismo-trump/].

En definitiva, esta visión del comercio internacional es concebida como un juego de suma positiva. Este concepto, utilizado en el análisis de las relaciones internacionales,  se refiere a una situación en la cual los participantes pueden cooperar y obtener ganancias, con lo cual la suma de todas ellas es un número positivo.

A favor del proteccionismo

Por otro lado, también son muchos los argumentos a favor de la aplicación de medidas proteccionistas tales como aranceles o cuotas a la importación, entre otros. Estos posicionamientos suelen tener más relevancia en períodos de crisis económica o de desaceleración de la economía.

En primer lugar encontramos el argumento de los empleos. Según este argumento, el comercio internacional destruye puestos de trabajo interiores dado que, con la importación del producto, bajaría su precio, con ello la cantidad producida, y consecuentemente nos encontraríamos ante una disminución del empleo de esa industria. Por lo tanto, con la aplicación de medidas proteccionistas se defiende la producción nacional que blinda los puestos de trabajo. Este es un argumento que ha sido utilizado frecuentemente por el presidente estadounidense y parece ser que ha sido efectivo a la hora de aumentar su base de votantes.

El segundo argumento es el de la industria naciente. Las nuevas industrias pueden necesitar un primer período de restricciones comerciales para poder desarrollarse. Asimismo, también sería el caso de antiguas industrias que necesiten protección para adaptarse a una nueva situación. De hecho, este es el caso de un arancel al acero que implementó el presidente Bush en 2002 para que esta industria pudiera adaptarse a la competencia extranjera. Esta acción también tuvo como respuesta un rechazo casi unánime por parte de sus socios comerciales.

Otro argumento es el de la seguridad nacional. En este caso, se hace referencia a la necesidad de blindar una industria que es básica para la seguridad nacional y la necesidad de no depender de otros países al obtener esos recursos vitales. De nuevo, este es un argumento utilizado por Trump a la hora de implementar estos nuevos aranceles, ya que según declaraciones de la Casa Blanca “la alta dependencia del acero y aluminio extranjero pone en riesgo el sector armamentístico y a la propia economía”. Aunque tal como se ha analizado, el impacto real de estas importaciones sobre el PIB es poco significativo.

Por último, analizamos la negociación como un argumento de protección. Se entienden las medidas proteccionistas como una medida de negociación con un socio comercial, donde la amenaza de una restricción comercial puede ayudar a eliminar otra restricción ya impuesta por parte de un país extranjero. Este sería un claro ejemplo de la respuesta de los socios comerciales, como la Unión Europea, a los aranceles anunciados. De hecho, la respuesta de la Comisión no ha tardado en llegar y ya han contestado que responderán a esta amenaza de tres maneras diferentes, entre las que se encuentra la aplicación de aranceles a los productos americanos.

Mapa que muestra los países en función de si tienen un balance comercial positivo (verde: superávit) o negativo (morado: déficit) [Imagen vía World Economic Outlook Database].

Por lo tanto, se trata de una concepción del comercio mundial mucho más pesimista, donde hay la necesidad de proteger la industria nacional ante la apertura de barreras comerciales.

Así pues, estos dos posicionamientos se encuentran con un debate de fondo. Si bien el comercio internacional es un juego de suma cero, donde se favorece a unos en perjuicio de otros, o si bien es un juego de suma positiva, donde todos pueden acabar  ganando con la liberalización de las fronteras comerciales.

Alternativas de debate: el comercio ético

Más allá de este clásico debate, en los últimos tiempos han ido apareciendo posiciones alternativas. Christian Felber, conocido por su libro La Economia del Bien Común, plantea una nueva línea de debate en el comercio mundial y lo sitúa en un debate entre el comercio ético y no ético.

En esta caso, se apuesta por una visión del comercio como un juego de suma cero, con claros vencedores y ganadores, donde el déficit comercial de muchos países es insostenible. Así, Felber aboga por una posición dónde el comercio deje de ser un fin en sí mismo para ser un medio. En la misma línea, también se apuesta por un cambio en los objetivos, más allá de los puramente monetarios, para que se tengan en cuenta otras variables como los derechos humanos, la sostenibilidad ecológica o una distribución más equitativa de la riqueza. En definitiva, esta propuesta expone que las medidas proteccionistas o de libre mercado se apliquen según el compromiso de los países para con estos nuevos objetivos que contribuyan a un bienestar real del total de la población.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Marta Moreno


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