13/12/2019 BARCELONA

Consideraciones sobre la independencia de Cataluña: el abismo de la concordia

La convulsión política sigue en Cataluña y España. Mientras el presidente de la Generalitat apostó por lo que se ha llamado "la vía eslovena", el gobierno de la Moncloa pide aclaraciones sobre la declaración de independencia. Pero, por encima de todo, parece que alrededor del "choque de trenes", la palabra que más suena es 'diálogo'. ¿Cómo se resolverá la situación? Ésta es una opinión desde Cataluña post 3-O y 10-O.


1. “Cualquier situación es susceptible de empeorar” dice el periodista Jordi Évole.

2. En el punto de no retorno nos dirigimos hacia el abismo. Porras extensibles utilizadas de manera ilegal por guardias civiles de paisano, sin estar en acto de servicio, en los hoteles donde estaban alojados, contra ciudadanos que manifestaban su derecho a la no-violencia. La Fiscalía sólo trabaja los días de sedición.

La banalización del mal de Rafael Hernando, actual portavoz del Partido Popular (PP) en el Congreso de los Diputados, que catalogó la huelga general catalana del 3-O “de corte nazi”, como contrarrelato para justificar la represión que queda impresa —esa palabra que precede a la urna— en el círculo borgeano de la Historia universal de la infamia.

Una semana después, su homólogo juvenil Pablo Casado, vicesecretario de Comunicación del mismo partido, saca el pelotón de fusilamiento. Compara al Presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, con Lluís Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña durante la Guerra Civil española. Le augura el mismo final. Companys fue encarcelado y ejecutado por las tropas franquistas en Barcelona.

3. El Estado de derecho, eslogan de unos y otros, aparece como una falacia ad hominem. Según indicadores internacionales, España (y, por ende, Cataluña) es uno de los países más deficitarios en esta cuestión: no existe la separación de poderes, la corrupción planea muy por encima de la media de las democracias occidentales, y el fraude fiscal es el doble de la media de la Unión Europea.

4. El lema #NoTincPor (no tengo miedo) se desvanece: el discurso del rey, sin tartamudear, fue una declaración de guerra más que una amenaza a la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española, cuando éste ya había sido, de facto, aplicado con la intervención de la autonomía en el 20-S.

El discurso que exhibió el Jefe de Estado no iba de derechos, sino de derechas, de las más reaccionarias e irresponsables, como coinciden medios internacionales. Felipe VI, que quiso emular a su antecesor antroponímico Felipe V, se cargó el artículo 56 de la Constitución Española. No hubo principio de la arbitrariedad ni moderación. No invitó al diálogo; y se olvidó de los más de 800 heridos por las cargas policiales.

Al otro lado del Ebro, el discurso de Carles Puigdemont con la puerta abierta. En la semiótica de la imagen, Felipe VI tiene la porra de la proporcionalidad y Puigdemont la puerta al diálogo. ¿Quién adolece de una ética de la responsabilidad cuando antepone la violencia al diálogo?

5. La represión violenta que sufrió Cataluña el 1-O no llega ni al 1% de las capacidades del Estado español. Cataluña no está preparada para militarizarse, a pesar de que sí ha demostrado que lo está para manifestarse. El peso de la historia la condena a la derrota.

6. Esperar al espíritu europeo de Bruselas es una quimera. Suplicar una mediación internacional una falsa ilusión. Si la Unión Europea no se ha pronunciado con las situaciones de Polonia, Hungría y Turquía, la espera es inútil. El pasado miércoles se constataba la indolencia en el debate de Cataluña por parte del Parlamento Europeo: dos ideas sobresalían: 1) Europa no mediará en un conflicto interno; 2) La izquierda verde y la ultraderecha coinciden en condenar explícitamente la represión del Estado español. Conclusión: Europa es un oxímoron.

En este sentido, a escasas horas de la comparecencia de Carles Puigdemont en el parlamento de Cataluña para hacer efectivo los resultados del referéndum del 1-O, Donald Tusk, presidente del Consejo europeo y “miembro de una minoría étnica, regionalista y golpeado por la porra de la policía”, como relató en su discurso, confirmaba la impasibilidad europea. Tusk aconsejaba al máximo dirigente catalán “que respete el orden constitucional y no anuncie una decisión que haga ese diálogo imposible”.

7. Para que una mediación se produzca hay que considerar la existencia de dos partes. Si una de las partes está, fervientemente, a favor de considerar la realidad como una holística aristotélica (no reconocer como parte al otro), la mediación nunca se producirá.

8. La justificación de la violencia política sufrida durante el 1-0 por parte del Partido Popular, con la connivencia del PSOE y Ciudadanos, y la aprobación de Felipe VI, tiene su causa en una racionalidad ideológica abominable: las actuaciones del Estado se sustentan bajo la tesis de los regímenes liberales que dominan en todo Occidente: para salvaguardar la democracia es necesario utilizar la fuerza, es decir, “el Derecho no es más que fuerza”, dice la regla, ergo la Unión Europea no tiene disyuntiva ideológica ni moral.

Minority Report

9. Mientras diferentes sectores nacionales e internacionales se esfuerzan para presentarse como mediadores en el conflicto entre los gobiernos de Cataluña y España, el Tribunal Constitucional, a petición del Partido Socialista de Cataluña (PSC), suspendió el acuerdo del Parlament, que había fijado la comparecencia del president de la Generalitat para el lunes 9-O, antes de ser convocada.

La intención de la Cámara catalana era, presumiblemente, declarar la independencia con efecto a los resultados de un referéndum (sin garantías), cuya victoria independentista por más del 90% fue incontestable, pero que, según los observadores internacionales, no podían ser validados debido a las “contingencias represivas del Estado español”.

Finalmente, la Presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, emplazó el pleno, con la comparecencia de Puigdemont, para el martes 10-O, a las 18:00 de la tarde, a expensas de lo que pudiese dictaminar la justicia española.

10. El anticapitalismo está de enhorabuena. Las dos entidades bancarias más importantes de Cataluña, CaixaBank y Banco Sabadell, trasladaron su sede social a Alicante y Palma de Mallorca respectivamente. A efectos prácticos, esto no significa nada más que una presión política para influir en la decisión de Puigdemont. A otros efectos, se abre la posibilidad de empezar a pensar en el monopolio de la banca ética.

El día D (de DUI)

11. La dialéctica entre legalidad y legitimidad caducó. La diatriba en la que se encontraba el Gobierno catalán antes del 10-O era una Declaración Unilateral de Independencia (DUI) o elecciones anticipadas. Hacer caso omiso a la primera era ignorar, al estilo Tsipras, a todos aquellos que se rompieron, literalmente, la cara por el referéndum del 1-O. Un suicidio político para Puigdemont.

Pero una tercera vía para aplacar los ánimos y evitar el desastre se atisbó en el horizonte de estos días previos de tanta incertidumbre: aquella que el periodista Enric Juliana llamó “diálogo reformista”.

Pesos pesados del Partido Demócrata Catalán (PdCAT), el partido de Puigdemont y antigua Convergencia Democrática de Cataluña, como el ex Consejero de Economía de la Generalitat Andreu Mas-Colell, defendieron “una suspensión activa y temporal de la unilateralidad”, es decir, posponer momentáneamente la DUI, para ensanchar la causa soberanista con actores políticos y sociales catalanes que todavía no han dado el paso firme.

Esta prórroga, que otorga el tiempo, permitiría agotar todas las posibilidades para llegar a un referéndum acordado que, según la sentencia del 10 de mayo de 2017 del Tribunal Constitucional sobre la ley de Consultas referendarias, nadie podría, legalmente, impedir, como apuntó en un artículo Joan Coscubiela, portavoz de Catalunya Si Que es Pot (CSQP) con representación en el Parlamento catalán. Dicha sentencia jurídica se encuentra dentro del marco del artículo 92.3 de la Constitución Española que ampara “la celebración de referéndums consultivos en ámbitos territoriales inferiores al del conjunto del Estado y en concreto en el ámbito de una Comunidad Autónoma”.

En esta línea, otros dirigentes importantes del partido del Presidente Puigdemont sugirieron la vía eslovena: declarar la independencia y suspender sus efectos durante un tiempo para ampliar el reconocimiento internacional, a la espera de negociar. Sin embargo, los presagios de la vía eslovena no son muy conciliadores. Eslovenia declaró la independencia y la pospuso inmediatamente para inducir una negociación con Belgrado que nunca se produjo. Al cabo de seis meses estalló la Guerra de los Diez Días con más de 60 muertos y 300 heridos.

12. Volvemos al Procesismo. A las 18:00 de la tarde del 10 de octubre, la decisión de Puigdemont era todo un enigma. Tras el retraso de más de una hora por desavenencias con el texto de la declaración de independencia con la Candidatura de Unidad Popular (CUP), la otra formación independentista en el Parlament de Cataluña, el presidente catalán proclamó la independencia, finalmente, por la vía eslovena, asumiendo los resultados del referéndum como “mandato democrático para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de República”, pero suspendiendo temporalmente los efectos de la declaración unilateral a la espera de una mediación que contribuya al diálogo con el Estado.

Con este movimiento previsible, que no gusta a ninguna fuerza política, el desconcierto se apoderó de la Moncloa que tenía pensado aplicar el 155 (y tal vez el 116: Estado de excepción) al cabo de seis horas de la constitución de la República catalana. Lo que haga ahora el Estado español es una incógnita. Lo que decida no sólo marcará el futuro de Cataluña, sino también el de España, y quizá el de Europa.

“Cuando miras al abismo mucho tiempo, el abismo también te mira a ti”, escribía Nietzsche.

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