Infantes y adolescentes LGBTI en Centroamérica: principales víctimas de la violencia sexual

Captura del documento audiovisual "Deportación de niños migrantes desde México: la historia de Karla" [Foto: Washington Office on Latin America].

Las niñas, niños y adolescentes (en adelante NNA) de Centroamérica a menudo se ven obligados a abandonar sus hogares emprendiendo un largo camino de dificultades debido a las diferentes violencias, entre ellas la sexual, de las que pueden ser víctimas incluso en sus mismas sociedades de origen.

Las NNA que huyen de la violencia

Según el reciente Informe Niñez Interrumpida del 2017, realizado por Kids In Need of Defense (KIND) y el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova (CDH Fray Matías) la niñez que vive en condiciones de vulnerabilidad y contextos de violencias, en especial la niñez LGBTI de la región de Centroamérica, se encuentra en un profundo estado de indefensión y desprotección que les puede obligar incluso a dejar sus casas, familias y vidas, por miedo a sufrir violencia sexual y de género.

La violencia sexual y de género que se puede manifestar como violaciones, relaciones sexuales forzadas y acoso sexual, se ha convertido a día de hoy en uno más de los motivos que provocan que las NNA de Centroamérica migren  por miedo a ser violentados, estigmatizados y perseguidos por pandillas de sus localidades, grupos criminales y grupos conservadores que perpetúan la discriminación sistemática contra la niñez y las personas de sexualidad y género que no cumplen con la heteronormatividad exigida.

Muchas NNA salen huyendo de sus hogares buscando refugio y seguridad, ya que en sus  localidades carecen de opciones efectivas de protección. La mayoría de las NNA prefieren abandonar sus casas antes que ser objeto de violencia sexual y de género. En estos casos, la migración se convierte en la única salida para evitar ser victimizados en sus sociedades de origen. La niñez en Centroamérica experimenta múltiples formas de violencia sexual y de género, llegando a ser sujetos de crueles violaciones sexuales por parte de familiares, de abusos por parte de empleadores, o explotados en redes de trata de personas. Para los NNA pertenecientes al colectivo LGBTI esta violencia es mucho más cercana, puesto que muchos viven en una situación de alta vulnerabilidad y desprotección. Además, como denuncia este mismo informe, las NNA no sólo huyen de la violencia sistemática de sus localidades, sino también del abuso sexual que sufren por parte de sus familiares.

40.000 niños migrantes cruzan México para llegar a los EE.UU. [Foto vía Notimex].

Violencia sexual a manos de pandillas y organizaciones criminales

Las pandillas y grupos criminales de Centroamérica usan la violencia sexual y de género como principal arma de represión, miedo y hostigamiento hacia las NNA. De hecho, cuentan con zonas controladas y dominadas, dónde muchos infantes y adolescentes, especialmente los y las LGBTI, viven constantemente bajo riesgo debido a la amenaza que estos grupos representan. Es más, las violaciones, las relaciones sexuales forzadas y el acoso sexual, son una práctica común y generalizada entre pandillas y grupos criminales en países como El Salvador, Honduras y Guatemala. A día de hoy, esta violencia sexual y de género se ha convertido en un modus operandi, como ejemplifica el estudio antes nombrado a través de los testimonios de las NNA entrevistadas.

Las consecuencias de esta violencia

Cabe destacar que la violencia sexual y por motivos de género no sólo coarta los derechos sexuales y la integridad de las niñas y los niños víctimas en Centroamérica sino que, además, esta violencia limita el efectivo cumplimiento y acceso a otros derechos humanos y fundamentales para el libre desarrollo de las personas, como son la salud y la educación. Primero porque los servicios de salud sexual en determinadas regiones pueden llegar a ser casi inexistentes, especialmente para las NNA del colectivo LGTBI; y segundo porque se da el caso de que muchas niñas y adolescentes se ven obligadas a manos de las pandillas y algunos grupos criminales a dejar sus estudios, bajo amenazas, persecución y hostigamiento hacia ellas y sus familias. En este sentido, la violencia por parte de estos grupos criminales se ha convertido en una presencia constante en algunos centros educativos de Honduras, El Salvador y Guatemala, hasta el punto de convertirse en una causa de deserción escolar.

Los estados como perpetuadores de la violencia contra las NNA

Menores no acompañados junto a un agente de control fronterizo [Foto vía AP Foto].

En Honduras, el 85% de las víctimas de los casos de violencia sexual investigados en 2014 fueron niñas y mujeres adolescentes menores de 20 años y, en El Salvador, el 90% de las víctimas de los casos de violencia sexual denunciados en 2013 fueron mujeres y niñas, en su mayoría niñas y adolescentes de 10 a 19 años. Una situación frente a la cual estos estados no están tomando medidas adecuadas.

En un contexto de impunidad, falta de voluntad para investigar los casos de abuso sexual, violencia de género, ineficiencia de los sistemas judiciales y ausencia de políticas públicas con perspectiva de género e identidades deferentes, las NNA no cuentan con garantías suficientes para protegerse de la violencia sexual y de género de la cual acaban siendo objetos.

Es más, muchos de los casos de violencia sexual que llegan a los tribunales no son resueltos, convirtiendo la impunidad en un macabro aliado de criminales y familiares que utilizan la violencia sexual y de género como forma de castigar a las NNA, y en el caso de la niñez LGBTI, castigar la orientación sexual, de identidad y de expresión de género no binaria.

“Primero, cuando un joven o una joven deciden expresar su orientación sexual o identidad de género a su familia son objeto de agresiones verbales y físicas, y en muchos casos los echan de casa. No tienen a donde ir y suelen acabar en la calle” (Fragmento de entrevista con ‘Valdés’).

Además, las NNA que sobreviven a esta violencia no cuentan con medidas de atención ni apoyo, ni mecanismos de protección que les permitan superar el daño y la situación de vulnerabilidad; cuestión que obliga a muchos de estos infantes y adolescentes en riesgo a abandonar sus países y migrar a otros lugares escapando de las violencias que experimentan. Éstos migran a países como México y la frontera norte buscando mayores oportunidades de desarrollo, calidad de vida y reunificación familiar.

Las NNA migrantes

Las cifras hablan por si solas: el número de NNA migrantes no acompañados de Centroamérica que se dirigen a los Estados Unidos ha aumentado en 272%, y el de deportados en un 446% entre 2011 y 2016.

Pero además, la niñez centroamericana migrante también sufre múltiples formas de violencia sexual y por motivos de género en su tránsito por América Central y México. Por ejemplo, se conocen casos en los que estas NNA son objeto de violencia sexual a manos de organizaciones criminales, funcionarios de gobierno (habitualmente de los departamentos de inmigración) y traficantes de personas. Sin embargo, y por desgracia, el derecho al asilo y a migrar se ha convertido en una realidad distante y difícil de materializar para las NNA de la región, ya que cuando llegan a su destino final, es altamente probable que sean deportadas y retornadas a sus países de origen, de donde salieron huyendo de la violencia sexual y de género. En este enrevesado contexto de violencia e indefensión hacia la niñez migrante, muchas son las NNA migrantes y refugiadas que prefieren no denunciar  ante el miedo de que las autoridades estén coludidas con los perpetradores de la violencia, imposibilitando su acceso limitado al asilo, la justicia y la atención integral.

“Un lugar en donde vivir: migrante infantil” [Foto vía Landingmx].

Además, las NNA retornados son profundamente marginados. Las niñas, especialmente, sufren discriminación y son fuertemente estigmatizadas en sus comunidades ya que en sus localidades las ven marcadas por el imaginario creado sobre lo que significa ser una niña migrante: sufrir violencia sexual o explotación de sus cuerpos a lo largo de los procesos migratorios, con el fin de llegar a su destino final. Desafortunadamente, los estados tampoco cuentan en estos casos con políticas y servicios públicos encaminados a eliminar esta situación o a reintegrar a dichas víctimas en el tejido social, garantizando el pleno ejercicio de sus derechos humanos.

El periodista Gilbert Keith Chesterton dijo: “lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella maravillosa”. Quizás Chesterton no hubiera dicho esta frase si se hubiera topado frente al cruel rostro de las violencias sexuales y de género que tienen que sufrir tantas niñas, niños y adolescentes centroamericanos. La tragedia humana que sufren todos los días infantes y adolescentes LGBTI debe de convertirse en un asunto fundamental no sólo para los estados de la región de América Central y del Norte; sino también para la sociedad en su conjunto. El Salvador, Honduras y Guatemala deben de combatir y resistir las múltiples formas de violencias que sufren los infantes y adolescentes de la región en el afán de proteger, respetar y garantizar las libertades y derechos fundamentales que de acuerdo al Derecho Internacional les corresponde.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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