25/09/2017 BARCELONA

Analizando el escenario internacional asiático: entrevista al profesor Pablo Pareja

Entrevistamos al profesor Pablo Pareja, experto en Relaciones Internacionales de Asia Oriental, que nos realiza un profundo análisis de los asuntos clave de la actualidad asiática: la nueva relación entre Rusia, China y EE.UU., la escalada de tensiones en Corea del Norte, el conflicto del Mar del Sur de la China, el rol de las EMSP en el estrecho de Malaca... ¡un artículo imprescindible! ¿Te lo vas a perder?

Entrevistamos a Pablo Pareja, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España) y en el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI), y experto en Relaciones Internacionales de Asia Oriental, política exterior china, seguridad internacional y teoría de las Relaciones Internacionales.

  • Hablemos de la llegada de Trump al poder, ¿cómo cambia esto la relación de Estados Unidos con Rusia y China?

Hace poco hizo 100 días de la llegada de Trump al poder y, por tanto, es demasiado pronto para sacar conclusiones. Yo creo que Trump ha reafirmado que él no es el típico presidente de los EE.UU., y esta atipicidad tiene muchos ángulos: seguramente ha sido uno de los presidentes más coherentes entre aquello que prometió durante la campaña y lo que ha hecho luego.

Aunque la mayoría de los analistas decían que cuando llegara a la presidencia modularía su discurso, de momento él ha mantenido su retórica y ha continuado defendiendo según qué leyes y reformas —puede que sabiendo que algunas fracasarían—. Así como otros presidentes sólo se han animado con proyectos que sabían que ganarían, Trump, quizá por su pasado empresarial, asume que perder es parte de la vida política. Por tanto, en este sentido, es atípico porque quizá tiene un nivel de coherencia mayor que otros presidentes.

En el plano internacional, si pensamos en las relaciones con Rusia es obvio que ha habido un giro, por su relación personal o simbólica con Putin. Como lo ha habido en el reconocimiento de su condición de superpotencia. Así como Obama era mucho más reacio a utilizar un discurso de superpotencia, de policía de la política mundial, en el caso de Trump es mucho más sencillo encontrar referencias en su discurso a esta lógica propia de la etapa de la Guerra Fría: de un nosotros como superpotencia de un hemisferio, y Rusia como superpotencia de otra parte del mundo.

Y yo creo que aquí Putin y Trump se encuentran. Se encuentran en el hecho de tener una concepción de sus países como países que tienen una cierta excepcionalidad en tanto que superpotencias.

Esto es lo más destacable de las relaciones con Rusia, evidentemente teniendo en cuenta el asunto del espionaje y cómo eso ha distorsionado la política doméstica —Hillary Clinton llegó a decir que seguramente sin la interferencia rusa el resultado de las elecciones habría sido distinto.

  • ¿Es posible que realmente Rusia haya intervenido en elecciones occidentales?

Yo soy poco partidario de la teoría de la conspiración, en general. Y cuando decimos Rusia, ¿qué decimos?, ¿el gobierno ruso?, ¿algunos ciudadanos rusos?, ¿el servicio de inteligencia ruso? Creo que hasta el momento todo apunta a que como mínimo ha habido una cierta intencionalidad: se han visto afectadas las redes sociales, ha habido filtros de cierto tipo de información y también otras informaciones que no han aparecido… en este sentido, sí que se puede decir que ha habido una incidencia. Pero yo no me atrevería, porque no tengo datos al respecto, a decir que el resultado electoral lo ha condicionado la injerencia rusa.

El presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo estadounidense, Donald Trump [Foto vía news.sky.com].

Que ha habido una influencia, sí. Que ha habido voluntad de incidir sobre el resultado, seguramente también. Que esto ha determinado el resultado final, no iría tan lejos porque no lo sé, pero creo que es demasiado osado; seguramente ha habido otros factores que explican el porqué de la decisión mayoritaria de la población de los EE.UU., como también se explica en otros países de Occidente.

Entonces, volviendo a la pregunta anterior, es evidente que las relaciones con Rusia han mejorado. Obama y Putin se respetaban pero no había una relación de proximidad, una empatía y coincidencia de intereses que, en el caso de Trump y Putin, aún teniendo agendas diferentes, se reconocen el derecho a tener su propia agenda.

  • ¿Y en el caso de China?

En el caso de China, la cosa es diferente. Siempre, y por paradójico que esto suene, todo el mundo suele pensar que los presidentes demócratas tenderán a ser más proclives o abiertos a mantener un diálogo o una cierta cooperación con China; y en las últimas tres décadas lo que hemos visto es que la relación entre los EE.UU. y China tiende a mejorar cuando hay un presidente republicano en la Casa Blanca.

Quizá porque los presidentes republicanos no hacen de la agenda de los derechos humanos un elemento central de su política exterior respecto a China, o quizá porque en la política exterior china hay un tono que diríamos ‘realista’ en Relaciones Internacionales, y eso es un punto de encuentro. De momento, respecto a China y Trump, o a Xi Jinping y Trump, nada hace pensar que, al igual que en el caso de Putin, su relación sea mala.

A China le incomoda la presión de EE.UU. a Corea del Norte. Pero no está cómoda con Corea del Norte al igual que no le gusta que los EE.UU. pongan al régimen de Pyongyang contra las cuerdas porque esto, de alguna manera, fuerza a China a adoptar una posición negociadora —debe mediar—, lo que hace aflorar algunas de las limitaciones de su política exterior. Y es que China, que quizá no se siente del todo preparada para hacer valer su posición de poder como mediadora en la península coreana, ahora se encuentra que debe dar respuestas, y muy rápido.

Seguramente, si China hubiera podido escoger el escenario, habría preferido gestionar la cuestión coreana dentro de 15 o 20 años, cuando estuviera más consolidada. Ahora EE.UU. la está forzando a tener que hacer alguna cosa.

Así que creo que China se sentía relativamente cómoda con la ‘paciencia estratégica’ de Obama, esperando que el régimen cayera, y ahora lo que no quiere es ser quién fuerce la caída del régimen. Así que, ahora que Corea del Norte se encuentra en un pulso con los EE.UU., sorprendentemente China está actuando como moduladora, calmando a ambas partes.

Relacionado con esto, también es muy interesante ver cómo, después de 20 años de falta de relaciones bilaterales entre EE.UU. y Corea del Norte, Trump dijo que estaría dispuesto a encontrarse con Kim Jong-un, añadiendo la coletilla de “si se dieran las circunstancias adecuadas”. Sin embargo, reconocer públicamente que estaría dispuesto a encontrarse con el líder norcoreano cuando Obama y Bush se negaron abiertamente a mantener este tipo de contacto, nos hace ver que realmente nos encontramos con un presidente atípico o que, como mínimo, vemos que no se pueden encajar todas sus acciones en política exterior en la tradición que ha seguido esta vertiente de la política estadounidense durante los últimos 20 años.

  • Ya que hablamos de la escalada de tensiones en Corea del Norte, ¿ves posibilidades de agresión?

Si esta pregunta me la hubierais hecho hace tres meses, os habría dicho que probablemente asistiríamos a lo que normalmente se conoce como la ‘política teatralizada’, y es que ambas partes saben que haciendo uso de un lenguaje o discurso incendiario se busca, en apariencia, una escalada de tensiones, pero ambas son conscientes de que esto es un teatro: pueden ir hasta cierto punto sabiendo que el destinatario de su discurso en realidad no es la otra parte sino su audiencia local.

Es decir que, cuando el régimen norcoreano dice que está dispuesto a ir a la guerra, en realidad lo que quiere es aumentar su legitimidad ante su pueblo. Y EE.UU., cuando utiliza según qué amenazas, en realidad lo que está haciendo es justificar su posición como valedor del orden internacional ante su propia audiencia y Occidente.

Así, como decía, hace tres meses os habría dicho que era difícil que esta escalada llegara a un punto en que pasara a ser una crisis abierta. Después de este tiempo, creo que debo ser más prudente. En toda escalada de tensiones internacional hay un riesgo, y es que la política teatralizada se mantiene siempre y cuando las dos partes tengan claro que hay un cierto guión y que no pueden salir de él. ¿Qué pasa ahora? Que ante esta atipicidad de Trump, nos encontramos en un escenario en que el presidente no se conforma con el diálogo o el guión preestablecido, y esto abre algunas ventanas de oportunidad o de crisis.

Tipología y rango de los misiles balísticos de Corea del Norte [Foto vía Center for Strategic and International Studies].

En un contexto, además, en el que el líder norcoreano se siente más débil porque sabe que no goza del mismo nivel de apoyo que su padre o su abuelo entre el ejército del país; sabe que China no está tan cómoda o tan dispuesta a apoyar todas sus acciones como lo habría estado hace unos años; y en un escenario regional donde Japón y China no están pasando por su mejor momento en cuanto a relaciones bilaterales… todo ello ha hecho que la teatralización de la política pase a ser una improvisación. Y esta improvisación puede ir muy bien o puede ser un desastre.

Yo creo que los asesores de Trump le han hecho ver, a lo largo de las últimas semanas, que había iniciado un camino muy peligroso y que, con los ensayos nucleares de Corea del Norte y con las amenazas constantes, esta escalada sería difícil frenarla. Creo que, con el gesto de mostrarse dispuesto a hablar con el régimen de Corea del Norte, o con una cierta rebaja, muy sutil pero notable, en el tono del discurso, creo que hay una cierta intencionalidad de volver, como mínimo temporalmente, al camino tradicional.

Si esto será sostenible en el tiempo no lo sé, porque tengo la sensación que Trump se ha propuesto cambiar las reglas del juego respecto a la relación de EE.UU. con Corea del Norte. Creo que en los primeros 100 días ha habido un pulso de reconocimiento, para ver hasta dónde se podía llegar, y ambas partes han visto hasta qué punto estaba dispuesto a llegar la otra, y ahora volverán a congelar la situación, pensarán cuál debe ser su estrategia, y luego tomarán medidas.

Además, en el caso de Trump, aún no tiene resuelta la situación en Afganistán, en Irak, y ya no hablemos de Siria… por tanto, abrir otro frente con Corea del Norte, sin gozar del pleno apoyo de China, Japón y Corea del Sur —que tampoco están contentos con la nueva estrategia de los EE.UU.— no parece la opción más cabal. Y esto explica un poco esta ambigüedad de EE.UU. en los primeros 100 días: un tono belicista más claro pero, al mismo tiempo, la llevada a cabo de unas acciones que siguen el patrón de siempre.

  • Siguiendo con Asia, vamos a hablar del conflicto en el Mar del Sur de China. ¿Cómo evoluciona la situación?

En el fondo todo está un poco ligado. Como sabes, las Relaciones Internacionales (RR.II.) no son departamentos estancos, sino que hay relación entre las cosas. En los últimos 15 años hemos visto un incremento de la tensión en el Mar del Sur de China, tanto por el retorno de EE.UU. al Sudeste Asiático —desde el punto de vista militar, con la abertura de nuevas bases—, como por la presión sobre los recursos marítimos por parte de Indonesia, de Vietnam y de la propia China.

Mapa que muestra las reclamaciones territoriales de los principales países implicados en el conflicto del Mar del Sur de China [Foto vía www.cpcml.ca].

Sin duda, la influencia China, que quiere aprovechar estos recursos y ve en el Mar del Sur de China un potencial escenario de conflicto, ha alimentado esta situación. Y aquí, de nuevo, nos encontramos con actores que tienen diferentes horizontes temporales. Las acciones de EE.UU. y distintos países del Sudeste Asiático parecen apuntar a que quieren que esto se resuelva pronto, por una razón: cuánto más tiempo esperen, más consolidada estará la posición china y será mucho más difícil que China haga concesiones. Por otro lado, China, al contrario, piensa: todo el tiempo que pueda ganar y que me permita estabilizar mi posición e incrementar mi red comercial y, por tanto, la interdependencia con los vecinos, hará que cuando se resuelva este conflicto —a unos 20 años vista— difícilmente ninguno de estos vecinos pueda hacerme frente.

Por tanto, tenemos unos actores que quieren acelerar la gestión y otros que quieren postergar la resolución. Creo que ésta había sido la posición desde hace unos 15 años, desde que se firmó la Declaración de las Partes sobre la Conducta en el Mar de la China Meridional. Pero es cierto que en los últimos dos años ha habido pequeños cambios: el incremento, notable, de la presencia militar estadounidense en la región; la intensificación de la estrategia china de construir islas artificiales para desplegar una fuerza militar pequeña pero considerable; y también la existencia de algunas iniciativas judiciales, como es el caso de Filipinas llevando un caso ante la Corte Arbitral reivindicando algunas islas y que finalmente ha acabado fallando en favor de este país. Todo esto ha hecho que los actores tengan que replantearse la situación.

Ahora mismo, y especialmente con la cuestión norcoreana, creo que este conflicto latente no experimentará grandes cambios en un plazo de uno o dos años, porque las partes son conscientes que no pueden tener tantos frentes abiertos al mismo tiempo. Y porque la situación es más compleja, al mismo tiempo EE.UU. necesita de estos países para luchar contra el terrorismo global, China también debe hacer frente a otros desafíos… en todo caso, las partes saben que ésta es una cuestión que deberán enfrentar en algún momento —probablemente más pronto que tarde—, pero en el corto plazo no habrá grandes cambios.

Es posible que asistamos a una mezcla entre cooperación y conflicto. China cooperará con algunos vecinos para explotar las reservas de petróleo y de gas natural, pero al mismo tiempo aumentará la presión para reivindicar la soberanía sobre este espacio porque, en el fondo, por mucho que EE.UU. haga incidencia, aquí los actores principales son China, Vietnam y Filipinas, que son los que tienen más peso en la gestión del Mar del Sur de la China. El resto se añadirán a la resolución del conflicto pero no creo que sean los que determinen la lógica misma de la conflictividad.

  • También ha cambiado el papel de Japón a nivel de política exterior, ¿no?

Sí, es cierto que Japón, que durante toda la Guerra Fría había tenido esta doctrina Yoshida o esta diplomacia de perfil bajo, muy discreta, empieza a cambiar en los años ’90 con su retorno a Asia a nivel de política exterior y, de forma más reciente, a partir del año 2001 con su incremento de la presencia militar en el mundo a raíz de las guerras en Irak y Afganistán, y luego, con el primer ministro Koizumi, se plantea las fuerzas de autodefensa. Así que es cierto que Japón está intentando ganar un perfil más fuerte a nivel internacional.

Pero al mismo tiempo, Japón debe ser especialmente cauto. Ya lo está siendo con Corea del Norte, y debe serlo mucho más con el Mar del Sur de la China, donde no tiene ninguna reivindicación de soberanía. Japón debe ser muy firme en su reivindicación sobre las Islas Senkaku ante China, o en alguna parte del Mar de la China Oriental… pero no en el Mar de la China Meridional. Ahí Japón lo tiene complicado porque ninguno de los actores implicados lo reconoce como un actor protagonista y porque, en el fondo, una mayor implicación de Japón probablemente sería percibida por la mayoría de países del Sudeste Asiático —Vietnam, Indonesia, Filipinas, y evidentemente China— como un cierto retorno al imperialismo de principios del siglo XX.

Es cierto que, en algún momento, EE.UU. ha intentado presionar a Japón en esa dirección cuando se renueva el acuerdo bilateral de seguridad, pero Japón, con habilidad, ha intentado ahorrarse este escenario, que no le ayudaría en absoluto en la disputa que tiene con China sobre las Islas Senkaku.

  • Hablemos ahora del estrecho de Malaca y el rol de las EMSP (Empresas Militares y de Seguridad Privada).
Mercenario de la Empresa Militar y de Seguridad Privada (EMSP) DynCorp, desplegado en Yemen [Foto vía katehon.com].

Creo que cuando hablamos de la seguridad en el Sudeste Asiático, quizá se olvidan otros desafíos que puede que no estén en el centro de la agenda pero que son igualmente importantes. Por un lado tenemos la cuestión de la piratería, que no es un tema central en las cuestiones de seguridad pero que sigue siendo una preocupación para la mayor parte de los países, dado que buena parte del comercio mundial pasa por el estrecho de Malaca y por el Mar de la China Meridional —no olvidemos, por ejemplo, que Japón importa el 80% de todo el que consume en términos energéticos.

Por otro lado, nos encontramos en un contexto en que hay países (Singapur, Malasia, Indonesia, Filipinas) que tienen importantes recursos económicos pero no necesariamente estados fuertes. Tienen gobiernos que han adoptado la forma del Estado moderno pero que tienen ciertos problemas para controlar todo su territorio. Por ejemplo, el caso de Filipinas que, con más de 8.000 islas, tiene dificultades para establecer control sobre su territorio.

Bien, pues en este contexto, en el que el ejército juega un rol importante, hemos visto que ha habido un recurso a las EMSP por parte de los actores locales pero también por parte de las grandes compañías de mercancías y de algunas potencias occidentales que tienen intereses en estas compañías, como es el caso de EE.UU., diversos países europeos y Japón. Esto, ¿en qué se ha traducido? En un desafío, el mismo que plantean en otras partes del mundo: ¿quién controla a estas empresas?, ¿qué hacen y qué no hacen?, ¿cómo afectan a la agenda de seguridad de los países de alrededor?, ¿cómo esto acaba perturbando la explotación de recursos energéticos?, ¿cómo esto acaba afectando a la gestión de las reservas naturales que hay en el Mar del Sur de la China?

Es decir, esta presencia de EMSP, que a veces pasa desapercibida, plantea un desafío añadido y es que a los actores tradicionales, los estados, se añaden estos actores, las EMSP, que no siempre tienen intereses o agendas coincidentes y que poco a poco van desarrollando su propia estrategia, que acaba afectando a la estrategia de los estados. Y lo que hemos visto, por ejemplo, es que algunos de los países asiáticos han hecho suyas ciertas reivindicaciones de estas empresas. En la medida en que esto sucede, asistimos a un proceso de securitización y transformación de la agenda de seguridad que, además, es muy opaco.

*Para ver la segunda parte de la entrevista, haz click en el siguiente enlace: “Creer que la mejor manera de resolver un conflicto es establecer una democracia comporta una falacia”

*Para ver la tercera parte de la entrevista, haz click en el siguiente enlace: Una mirada global: repasando los focos de conflicto internacional

Ésta es una entrevista sin ánimo de lucro.

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