Imagen artística que muestra una bandera de la Unión Europea fragmentada, rota [Foto vía kaosenlared.net].

Los titulares de los principales medios de comunicación de ámbito internacional han destacado, durante los últimos meses, una serie de acontecimientos relevantes para el contexto de Europa que afectan no sólo al Viejo Continente, sino que tienen repercusiones políticas, económicas y sociales más allá de sus fronteras.

Los atentados terroristas en países emblemáticos del territorio; la crisis de personas desplazadas a la fuerza, originada por la guerra en Oriente Próximo —la mal llamada crisis de refugiados—; el crecimiento político, electoral y social del ultranacionalismo xenófobo; la crisis de las instituciones europeas; la salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea; o la posible independencia de Cataluña y de Escocia son algunos de los principales retos que enfrenta el proyecto político de unión de estados nacionales más importante del mundo desde la desintegración de la URSS.

La Unión Europea (UE), que tiene su origen en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, fue creada en 1951, con el Tratado de París, como mecanismo de integración económica pero con la intención de unir a los países confrontados durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta ahora, ésta había seguido un rumbo de integración, consolidación y crecimiento económico que apenas se vio menguado por la crisis financiera internacional de finales de la década pasada, generada fundamentalmente por los efectos de la especulación inmobiliaria en los Estados Unidos de América.

La posibilidad de que diversos países abandonaran el euro fue una posibilidad real, y un temor para la economía global, durante los peores años de la crisis económica en la Unión Europea [Foto vía epoca1.valenciaplaza.com].

Desde entonces, la UE entró en un periodo de recesión en el que el crecimiento se ha ralentizado, las perspectivas de desarrollo se han estancado, y los países menos preparados para enfrentar las excesivas medidas de austeridad han tenido que enfrentar duras restricciones económicas pese tener gobiernos de izquierdas, como en el caso de Grecia. Sin embargo, aún con cierta vulnerabilidad económica, con altas tasas de desempleo y con el riesgo de la precarización de su clase media, principalmente en los países del sur, la Unión Europea ha logrado mitigar paulatinamente los efectos de la crisis y ha visto un crecimiento de sus economías, tímido pero sostenido.

Ante este panorama, no se han hecho esperar las fuertes críticas desde partidos de oposición en los distintos países miembros de la Unión, medios de comunicación y fundamentalmente organizaciones de la sociedad civil hacia las principales instituciones responsables de las políticas económicas de la UE, la llamada Troika, que hace referencia a la Comisión Europea (CE), al Banco Central Europeo (BCE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI). Se les ha acusado de beneficiar únicamente a las economías de las grandes potencias europeas como a Alemania, Francia y el Reino Unido, en detrimento de los países de la Zona Euro que entraron en crisis y fueron objeto de rescates económicos como en el caso de Grecia, Chipre, Irlanda, Portugal o España.

Por otro lado, en los últimos meses, Francia, Alemania, Bélgica y el Reino Unido, países emblemáticos de la Unión Europea, han sido escenario de los últimos atentados terroristas vinculados directa o indirectamente con el extremismo integrista, promovido desde la organización criminal Daesh, autodenominada Estado Islámico, que tiene sus principales bastiones en Irak y Siria. Situación que no sólo ha estremecido a la opinión pública europea, sino que también ha causado un efecto en la percepción de Europa en el mundo.

Rescate de una embarcación de refugiados en el Mediterráneo [Foto: Irish Defence Forces vía WikimediaCommons].

Esta situación ha generado cierto temor en la población y ha elevado los controles policiales en puntos de interés estratégico para la seguridad interior como aeropuertos y puertos, cruces fronterizos, las redes de transporte público de las grandes ciudades, los puntos de interés turístico y de concentración masiva de personas, instalaciones energéticas, así como puntos de interés geoestratégico.

Esta situación se ha visto agravada por la mala gestión de la acogida de personas desplazadas por los conflictos en Oriente Medio y el Norte de África, principalmente en Siria, Irak, Afganistán, Libia y otros países de la región; pero también por las graves condiciones económicas de varios países africanos, principalmente del África Subsahariana. Lo que ha ocasionado un flujo interminable de personas en las fronteras de la UE, buscando un lugar seguro para cada individuo y para sus familias.

Esta ineficiencia en la gestión de la recepción de personas que, huyendo de la guerra y el hambre, buscaron en la Europa desarrollada un refugio, y encontraron primero las fronteras selladas, luego campos de confinamiento, el uso de la fuerza —como en la frontera húngara o macedonia— y finalmente, ante el desbordamiento de la capacidad de gestión de la situación, el traslado masivo hacia Turquía —es decir, deportaciones masivas ilegales, muchas de las veces en forma casi automática o “en caliente”— es, en parte, el escenario que ha permitido que fuerzas políticas ultranacionalistas de corte xenófobo, chauvinista, racista e incluso fascista, hayan tenido un incremento en la aceptación ciudadana y hayan visto incrementadas su representación política. Una representación que antes era marginal o prácticamente inexistente, y ahora ha sido refrendada con diversas victorias de partidos políticos de ultraderecha euroescéptica, en las últimas elecciones generales de casi todos los Estados de la UE.

Cartel electoral del ultraderechista Norbert Hofer, del Partido de la Libertad de Austria, pintado como si el candidato fuera Adolf Hitler [Foto vía urgente24.com].

Ejemplo de ello son los Países Bajos, el Reino Unido, Suecia y Finlandia, donde obtuvieron entre un 10 y un 20% de los votos en sus últimas elecciones generales. Mientras en Dinamarca y Hungría han obtenido más del 20% de los votos y, aunque recientemente en Francia el Frente Nacional obtuvo un 33’90% de los sufragios, el caso de Austria continúa siendo el más significativo, ya que el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) obtuvo hasta un 49’7% de los votos en la primera vuelta de las últimas elecciones presidencial, si bien en la segunda vuelta sería derrotado por su rival del partido Los Verdes.

Este panorama tan incierto ha tenido tal vez su momento culminante con la votación mayoritaria de los ciudadanos británicos a favor de la salida del Reino Unido de la UE, el llamado Brexit, que deja a una sociedad británica dividida y a una Unión Europea con el gran reto de encontrar la manera menos traumática de separación y con la tarea de continuar teniendo a RU como socio estratégico, ya que la política europea continuará vinculada a éste no sólo por los vínculos comerciales, sociales y de seguridad, sino por una compleja red de interconexiones institucionales y no institucionales que se habían tejido como parte del complejo sistema de integración de la UE.

La primera ministra británica, Theresa May, está capitaneando la salida del Reino Unido de la Unión Europea [Foto: Controller of Her Majesty’s Stationery Office vía WikimediaCommons].

Situación adicional representa el reto de mantener la estabilidad económica y política de la Unión ante la posibilidad de que una vez que Londres materialice la desconexión de Bruselas, enfrente el planteamiento de Escocia de realizar un nuevo referéndum en el que existen altas probabilidades de triunfo del independentismo, con lo cual automáticamente Escocia solicitaría ingresar, nuevamente, a la UE, ahora como Estado independiente. Esa vocación pro-UE, que es compartida por Cataluña, será sin duda un elemento a favor de las aspiraciones independentistas de esta rica región del Mediterráneo donde las fuerzas políticas mayoritarias han asegurado que se realizará el referéndum independentista el próximo mes de septiembre, logrando sumar el respaldo y simpatías de diversos actores políticos en Europa y allende sus fronteras.

Finalmente, la reciente visita oficial del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a Europa ha evidenciado la apuesta del gobierno estadounidense de reforzar su poderío económico y militar y ha propiciado que la UE defina su propio rumbo de forma unilateral sin contemplar a los Estados Unidos como un aliado europeo. Sin mencionar el reforzamiento geoestratégico de Rusia, que representa un vecino poderoso que controla una gran parte de los recursos energéticos que se consumen en Europa.

Con todo ello, la Unión Europea, hoy por hoy, continúa siendo un referente multilateral y un contrapeso de poder internacional irrefutable, y representa el mercado común más grande del mundo, y la asociación política económica y social mal importante del globo. Pero además ha sido la unión de países culturalmente diversos lo que ha logrado conquistar una paz continuada y lo que ha otorgado un espacio de ciudadanía compartida, permitiendo la libre circulación de personas en su espacio territorial común.

Una de las grandes conquistas que diferencian al modelo de desarrollo europeo del de otras latitudes como, por ejemplo, el estadounidense, es el del Estado de Bienestar, que sin duda se ha consolidado como unos de los baluartes prototípicos de las conquistas sociales europeas del siglo XX y que con todas sus imperfecciones sigue brindado una estabilidad social y generando condiciones mínimas de equidad entre los ciudadanos de los países miembros de la UE.

La vocación democrática del conjunto de la Unión y la consolidación de los mecanismos institucionales comunitarios, aun con sus imperfecciones, continúa siendo una garantía de Estado de derecho y de reconocimiento de las libertades más fundamentales de las sociedades democráticas modernas. La Europa de hoy ya no es la Europa del siglo pasado, como tampoco la Unión Europea del futuro será la de hoy, sin embargo, aún con todos los retos, la mayoría de las sociedades de los países que integran esta Unión continúan defendiendo y luchando por la preservación de los valores democráticos más fundamentales que han logrado forjar instituciones que han permitido alcanzar niveles de desarrollo y estabilidad como en ninguna otra parte del mundo.

Por ello y ante los retos venideros, no hay duda de que la Europa de hoy, con errores y aciertos, seguirá siendo un referente internacional que continúe contribuyendo al desarrollo democrático de sus sociedades. Ya que una Europa fuerte y ejemplar no sólo es justa para sus habitantes, sino deseable y necesaria para el resto del mundo.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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