Turbinas eólicas en un campo de Alemania. La energía eólica, junto con la solar, es una de las energías limpias con más potencial para el presente y el futuro [Foto: Jürgen de Sandesneben vía WikimediaCommons].

Si miramos a nuestro alrededor, ya somos capaces de ver lo que un futuro cada vez más y más cálido nos depara. Y no es una visión agradable. El nivel del mar aumenta, se multiplican los desastres naturales y sufrimos olas de calor cada vez más frecuentes e intensas. En España estamos empezando a ver lo que será un episodio de sequías, de pérdida de costas y especies, y de graves afecciones en nuestra economía y salud. Algunos científicos, de hecho, piensan que el país podría desertificarse y adoptar el clima típico de países africanos como Marruecos, e incluso podría ser habitual la reproducción de mosquitos infectados con el dengue o la malaria.

Lo que está claro es que la crisis climática tiene consecuencias reales para todos, no sólo para los países más empobrecidos, aunque son más graves en éstos. Y, para evitar que los impactos sean devastadores, debemos actuar ahora. Es más, nuevos estudios afirman que apenas tenemos 20 años para tomar medidas drásticas antes de que la crisis climática se nos escape de las manos.

¿Qué podemos hacer?

El cambio climático es una de las mayores amenazas globales que sufrimos a día de hoy, por lo que todos tenemos la responsabilidad de combatirlo. Tanto a nivel internacional, con nuestros países vecinos, como a nivel nacional, con nuestras familias, empresas, políticos y gobiernos. Tenemos la opción de elegir el futuro que queremos crear, y podemos elegir proteger nuestro planeta.

Y es que, si bien las emisiones mundiales de CO2 han aumentado casi un 50% desde 1990, todavía hay esperanza. Con compromisos y medidas tecnológicas, podemos conseguir que la temperatura no aumente más de 1’5ºC, que es el límite para no sufrir una catástrofe, según se estableció en el Acuerdo de París, hace dos años.

Lo que necesitamos hacer a través de varias medidas es, principalmente, incorporar políticas, estrategias y planes nacionales que favorezcan la transición a las energías renovables, a la vez que sensibilizar a la población sobre el cambio climático y el consumo responsable. Además, como cualquier país, deberíamos impulsar regulaciones y controles sobre nuestros propios objetivos según el Acuerdo de París, gestionando eficazmente nuestros recursos y esfuerzos hacia un futuro sostenible. Vamos a ver más a fondo algunas medidas.

Viviendas sostenibles alimentadas mediante energía solar fotovoltaica en el barrio solar de Vauban, Friburgo, Alemania [Foto: Andrewglaser vía WikimediaCommons].

Revolución energética

Una de las principales soluciones es llevar a cabo una revolución energética que transforme el actual sistema hacia energías renovables como la solar, la eólica o la hidráulica. Estas alternativas se han ido abaratando durante los últimos años hasta llegar al punto de ser asequibles para cualquiera. De hecho, mientras la capacidad solar se ha multiplicado casi por 50 en la última década, el coste de los paneles solares ha disminuido hasta un 99% desde 1977. Además, apostar por energías limpias no sólo supone reducir los costes eléctricos, sino también eficiencia energética y una gran fuente de empleo. De ello se han aprovechado países como China o Alemania, que ya han empezado a dejar atrás los combustibles fósiles.

En España no es tarea imposible. Greenpeace demostró, en uno de sus estudios, que el Estado cuenta con suficientes recursos renovables como para cubrir las necesidades energéticas de la población, y que la transición es viable tanto técnica como económicamente en el país.

Así pues, debemos exigir al gobierno y a las grandes empresas que aprueben un marco legal en el que se invierta en energías limpias y en el desarrollo de las mismas, regulando desde fuera que se cumplan los objetivos establecidos para acabar con las excesivas emisiones de gases de efecto invernadero. Además, cabe detener la construcción de nuevas centrales eléctricas de carbón, y eliminar las ayudas a los combustibles fósiles, facilitando las ventajas fiscales para las alternativas renovables.

La transición no debería ser cosa del futuro. Según un estudio de la consultoría Deloitte, para cumplir con nuestros objetivos del Acuerdo de París, tenemos que instalar unos 140 millones de paneles solares para el año 2030. Si lo hiciéramos, además, tendríamos grandes ventajas: la electricidad bajaría de precio hasta un 42%, y la dependencia energética de España caería de los 416 millones de barriles de petróleo anuales a tan solo 27.

A pesar de la caída del precio del petróleo, las renovables llevan ya unos años superando a las fósiles gracias a su precio y capacidad. Y todo ello sin apenas apoyo político y fiscal. Es tentador imaginar todo lo que se podría conseguir si los gobiernos pusieran de su parte.

Revolución sistémica

Imagen en la que se aprecia el ‘smog’ o niebla contaminante producida por el CO2 emitido por el tráfico de vehículos en una vía de acceso a Beijing [Foto: Wang Zhaowang de AFP vía segurocoche.com].

Siguiendo esta línea, España debe implementar también una estrategia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero también en el ámbito del transporte. Esto va desde los aviones y los barcos de mercaderías, hasta el medio que cogemos todas las mañanas para ir al trabajo —facilitando, por ejemplo, la transición a vehículos eléctricos o al uso del transporte público.

Asimismo, cualquier construcción y remodelación de edificios e infraestructuras que se plantee debe hacerse pensando en el ahorro inteligente de energía. Es decir, pensando en energías renovables y en maneras naturales o sostenibles de conseguir acondicionamiento y calefacción.

En tercer lugar, España necesita seguir el camino que están tomando ya muchos otros países (dentro y fuera de la Unión Europea). Se trata de la dieta nacional, ya que el consumo de carne es una de las principales causas de la deforestación, que a su vez es uno de los grandes causantes del cambio climático. Así, la solución es fácil: consumir menos carne, reducir la demanda, potenciar la sensibilización sobre el tema y dinamizar campañas educativas sobre opciones basadas en dietas vegetales.

Por último, la revolución también debe llegar al sector social. Aunque las medidas tecnológicas y políticas implicarían grandes cambios, no debemos olvidar que los hábitos de comportamiento son igual de importantes en lo referente a la población. Es decir, nosotros también tenemos el poder del cambio en nuestras manos. O mejor dicho, en los bolsillos. Si dejamos de contratar energías no renovables para nuestros hogares, por ejemplo, o si aumentamos la demanda de cargadores solares para nuestros móviles, estamos cambiando el mercado. De la misma manera, si presionamos a nuestros gobiernos una y otra vez, estamos cambiando el mensaje que se oye en la calle y en los medios. Gobierno y ciudadanos, pues, deben unir fuerzas para cambiar el discurso político actual, para poner el cambio climático, que el propio presidente del gobierno parece cuestionar, en el centro de la mesa y para cambiar un patrón de consumo altamente insostenible.

Es a partir de estos cambios que dispondremos de una mayor oportunidad de hacer que el calentamiento global no sea nuestro final, sino meramente un obstáculo más que superamos gracias al esfuerzo de todos. Costa Rica, por ejemplo, ya llegó a cubrir el 98% de las necesidades eléctricas del país sólo con energías limpias durante todo el 2016. En Francia, se ha construido la primera carretera solar, y el Parlamento de Pakistán se ha convertido en el primero en el mundo en funcionar total y completamente con energía solar, evitando unas 2.500 toneladas de CO2. Incluso el Museo del Carbón de Kentucky, en Estados Unidos, ha instalado placas solares en su tejado.

Hay esperanza. Sólo debemos reconocer la urgencia del asunto y ponernos manos a la obra. Debemos catalizar una solución global a la crisis climática, trazando planes y tomando acciones nacionales e internacionales. Es hora de que el carbón sólo exista en museos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



¿Quieres recibir más explicaciones como esta?

Suscríbete a nuestra newsletter


Queremos explicar la realidad internacional de un modo comprensible para construir una sociedad más consciente

Leave a Reply