Nuevo escenario geopolítico en Asia Oriental: el cambio en Corea del Sur

El nuevo presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, del Partido Democrático de Corea, asumió el poder el 10 de mayo de 2017 [Foto vía scmp.com].

Desde comienzos del 2017, la geopolítica asiática se centra en la península de Corea. Este pequeño territorio de tan sólo 220.000 km2 y políticamente dividido en dos estados ha concentrado la atención del escenario internacional. Y esta vez no sólo por las pretensiones nucleares de Corea del Norte, sino también por la sorprendente inestabilidad política del homónimo meridional.

A Corea del Sur se lo suele analizar como un país desarrollado de renta alta, cuna de holdings de capitales de importancia mundial como Samsung, Kia Motors, Hyundai o LG Electronics conocidos como chaebol. Sin embargo, el exponencial crecimiento económico que tuvo Corea del Sur desde la década de 1980 ha sido mucho más rápido que el avance de su cultura democrática.

En este Estado, que se incorporó a la vida democrática plena en 1987 —algunos incluso afirman que fue en 1992, cuando fue elegido el primer presidente no militar—, una burocracia meritocrática que pareciera heredera de los Yangban confucianos gobierna los destinos de la nación al mismo tiempo que dirige las principales empresas del país. Esto lleva muchas veces a situaciones de corrupción como las que involucraron a la ex presidente Park Geun-hye, que obligaron a la convocatoria de unas elecciones anticipadas en las que Moon Jae-in, del Partido Democrático, se ha hecho con la presidencia del país.

Elecciones y geopolítica asiática

La crisis política que atraviesa Corea del Sur es un asunto de sumo interés para sus vecinos de Asia Oriental. Y es que un cambio en la política exterior surcoreana podría ser otro de los factores que llevarían a la reconfiguración del orden regional asiático y la escalada de tensiones entre Seúl, Pyongyang y Pekín.

Zona industrial de Kaesong, escenario de cooperación económica y política entre Corea del Norte y Corea del Sur [Foto: Hit et nunc vía WikimediaCommons].

Para los conservadores surocoreanos, herederos de los gobiernos militares de Park Chung-hee y Chung Doo-hwan (1963–1987) y nucleados en el Partido de la Libertad (Saenuri), detrás de la remoción de la presidenta Park Geun-hye se encuentra la inteligencia de Pekín y Pyongyang, que pretenden ubicar en la Casa Azul de Seúl (Cheongwada) alguien dispuesto a un mayor acercamiento con Corea del Norte. Este razonamiento parece lógico, si tenemos en cuenta que desde 2008, cuando los conservadores regresaron al poder, las relaciones con Corea del Norte han ido de mal en peor, tirando por la borda todos los avances hechos durante la década de 1990 en materia de cooperación y aplicando una política de “mano dura” hacia el país vecino.

Por otro lado, el candidato ganador de la contienda electoral, el liberal y líder del Partido Democrático, Moon Jae-in, tiene una mirada completamente distinta de la política exterior, que podría alterar el equilibrio asiático. Desde su partido buscan profundizar el diálogo con Corea del Norte, basándose en la antigua política de “rayos del sol”, mejorar las relaciones con China y poner freno a la relación militar con Estados Unidos.

La política de los “rayos del sol”: Una luz en la penumbra

La política de los rayos del sol, que le valió el premio Nobel de la Paz a su impulsor, el presidente coreano Kim Dae Jung, en el año 2000, busca zanjar las disputas históricas entre las dos Coreas, entendiéndolas como parte de una misma nación y de una misma etnia, aunque separadas en dos estados. Para esto, se basa en tres ejes:

  1. Tolerancia.
  2. Respeto a la existencia de ambos estados.
  3. Cooperación con una mirada hacia la paz y reconciliación, siempre sabiendo que la relación entre ambos países es asimétrica, y que es Corea del Sur quien debe proveer asistencia para el desarrollo de Corea del Norte.

Durante la década de 1990, la aplicación de estas políticas generó una rápida mejora de las relaciones entre ambos países mediante contactos entre funcionarios, políticos, y proyectos económicos comunes como el famoso complejo industrial binacional Kaesong, que daba trabajo a aproximadamente 42.000 norcoreanos y 800 surcoreanos y que fue cerrado en 2013. Sin embargo, con la vuelta del Partido Democrático al poder, se cree firmemente que estas políticas podrían volver a aplicarse para dar solución a la tensión militar que viven ambos países.

Escudo antimisiles THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), que ahora también ha sido desplegado en Corea del Sur por parte del gobierno estadounidense [Foto vía WikimediaCommons].

Estados Unidos: el aliado estratégico

La visión del nuevo presidente coreano contrasta con la de su homónimo estadounidense Donald Trump, que busca aumentar la presión sobre Pyongyang para hacerlo renunciar a su programa de armamento nuclear. Ésta no es la única diferencia que sostienen ambos mandatarios, ya que uno de los temas más álgidos de la campaña fue el debate sobre el recién desplegado escudo antimisiles norteamericano THAAD en suelo surcoreano.

Durante la maratónica campaña presidencial, Moon Jae-in se ha mostrado escéptico y distante de los Estados Unidos. Sin embargo, es poco probable que su llegada al poder deteriore las relaciones con el país americano. A pesar de que exista un mayor acercamiento con Corea del Norte y China, Corea del Sur no puede obviar que Estados Unidos es su aliado militar y estratégico desde 1945, y funciona como un fuerte contrapeso frente al gigante asiático.

China: eje comercial inevitable

Por razones obvias, las diferentes organizaciones políticas que han habitado históricamente la península de Corea han tenido una estrechísima relación con China, siendo durante más de cinco siglos parte de un sistema comercial y cultural sino-céntrico.

La ex-presidente de Corea del Sur, Park Geun-hye, y el presidente chino, Xi Jinping, firmando el tratado de libre comercio entre ambos países [Foto vía elpais.cr].

Hoy por hoy, globalización mediante, esta situación no ha cambiado. Según datos de la OMC, el principal destino de las exportaciones de Corea del Sur es China (por valor de 131.000 millones de USD), casi duplicando los bienes dirigidos a Estados Unidos; mientras que el principal origen de las importaciones surcoreanas también es China (por valor de 90.000 millones de USD), más del doble de lo que importa desde Japón.  Es por esto que Moon Jae-in necesita de forma urgente recomponer las golpeadas relaciones con el gigante asiático, ya que ante la instalación del THAAD, China respondió con un boicot comercial y turístico no declarado que perjudicó la economía coreana.

Un equilibrio difícil para Moon

En suma, el próximo presidente de Corea del Sur deberá buscar una solución a las amenazas de su país vecino del norte mientras encuentra el difícil equilibrio entre sus múltiples dependencias, en materia comercial con China y en el sector militar con Estados Unidos. Y esto sólo en cuestiones de política exterior, ya que además deberá lidiar con un modelo económico que viene dando señales de agotamiento hace más de una década y que presenta un desempleo juvenil del 10% junto con una población envejecida y una desigualdad creciente. Sin duda, en las espaldas de Moon, no sólo se encuentra el futuro de Corea del Sur sino gran parte del equilibrio regional asiático.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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