Los cancilleres actuales del Mercosur en una reunión celebrada en abril de 2017. De izquierda a derecha: Rodolfo Nin Novoa (Uruguay), Eladio Loizaga (Paraguay), Susana Malcorra (Argentina), y Aloysio Nunes (Brasil) [Foto vía telefenoticias.com.ar].

¿Qué es el Mercosur?

El Mercado Común del Sur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay tiene como objetivo, desde su constitución en 1991, la conformación de un mercado común. Según su definición, este implica la libre circulación de personas, productos y capital como también la adopción de un arancel externo común. Sin embargo, aún no se ha logrado este estadio de integración económica: el arancel externo común no se ha aplicado al universo arancelario como así tampoco la liberalización completa de los factores productivos. Todavía quedan cerca de 700 excepciones que afectan al comercio intra-bloque.

A 26 años de su constitución, la realidad del Mercosur dista del contexto fundacional. La cuestión reside en si será capaz de adaptarse para finalizar su proceso de integración.

Los cambios globales repercuten en las modalidades de integración 

Los primeros acuerdos regionales modernos datan de la década de los ’60, ejemplo de ello es la Comunidad Económica Europea. Sin embargo, es en la década de los ’90 cuando los cambios en las tendencias económicas dieron lugar a una proliferación y generalización global de los acuerdos regionales donde el Mercosur y el NAFTA (Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá) se nombran como exponentes. En un contexto de post-Guerra Fría, y con la iniciativa del ex-presidente Bush Sr. a conformar un área de libre comercio americana, en 1991 el Mercosur se abre paso en la historia.

Este proceso de integración, a diferencia de otros en la región latinoamericana, no ha sido proclive a la hora de negociar tratados con terceros bloques o países. Un claro ejemplo, es el proceso de negociación con la Unión Europea que lleva alargándose diez años. En lugar de eso, se ha optado por centrarse en otras áreas de cooperación como el Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) o la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), para la cual el Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN) sirve de foro para establecer un diálogo político y estratégico entre los países de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), es decir, un enfoque más interno.

Un cuarto de siglo después, el Mercosur se enfrenta no sólo al estancamiento del comercio y el fracaso del sistema multilateral bajo la tutela de la OMC sino también a una fuerte oleada de incertidumbre generada por la política exterior de Estados Unidos. El Mercosur no es el único proceso de integración con dificultades, pues la Unión Europea está enfrentando el Brexit —la salida del Reino Unido de la Unión— y las posibilidades de un Grexit o Frexit —salida de Grecia y Francia respectivamente— en los próximos años, así como la prologada crisis económica que está atravesando, factores que atacan los cimientos del proceso.

En el plano interno, la fragilidad económica y política también se presenta como característica. Desde 2015, la actividad económica viene sufriendo desaceleraciones sumadas a la crisis institucional de Brasil, y la crisis política de Venezuela, y su suspensión del bloque por incumplimientos en el cronograma de adopción de normas requeridas por el mismo, que dificultan el avance en la integración. También hay que considerar que, históricamente, el impulso o no del proceso responde a los alineamientos y compatibilidades políticas de los respectivos gobiernos. La dificultad de pensar a largo plazo es un factor que actúa en contra de los intereses del bloque en su conjunto.

Desde el gobierno argentino se han realizado esfuerzos para revitalizar el proceso de integración [Foto vía WikimediaCommons].

A pesar de estas circunstancias en los últimos años, un creciente activismo bilateral y la reactivación de negociaciones con socios externos estratégicos, crean un espacio de oportunidad para proseguir la construcción del proyecto de integración en una amplia gama de dimensiones.

En lo que respecta al comercio, aún está pendiente una revisión apropiada de los mecanis­mos vigentes, con enfoques sectoriales que analicen la libera­lización comercial total en los rubros protegidos y que fomenten las cadenas de valor regional. En este sentido el presidente de Paraguay, Horacio Cartes, llamó a superar las trabas actuales y retornar al espíritu y objetivos fundacionales para constituirse en factor esencial de la justa integración económica y comercial. En este camino, se ha firmado un Protocolo de Promoción y Facilitación de Inversiones con el fin de promover las inversiones mutuas productivas, fortalecer el mercado interno y generar trabajo.

En respuesta al nuevo panorama del comercio internacional, el camino tomado por el Mercosur fue apostar por promover los acuerdos comerciales con bloques como la Alianza del Pacifico y la Unión Europea, como también con países como México y China. La complejidad de las negociaciones reside en la obligación que se tiene de actuar como bloque teniendo en cuenta que los intereses de éste deben pasar por encima de los nacionales.

Tiempo de reflexión

Este contexto ofrece una oportunidad de reflexión respecto al futuro. Una revisión de las cuestiones estructurales para fomentar la discusión política respecto a las características y el uso que puede darse a este proceso de integración regional como herramienta para mejorar la inserción de sus países miembros en la economía mundial  y su desarrollo.

Un proceso de integración es un camino complejo que necesita un constante trabajo de adaptación y aprovechamiento de oportunidades. Es clave enfocarse en intereses comunes para generar una visión regional y actuar en beneficio de todos los miembros como bloque, priorizando los intereses regionales ante los nacionales para así generar una estabilidad y continuidad que sea utilizada como atractivo ante el resto del mundo. En este sentido, los hechos confirman la voluntad política de trabajar en conjunto. Ejemplo de ello es que, frente al planteamiento de Uruguay para que se flexibilicen las normas para negociar acuerdos comerciales con terceros países de forma individual, los cancilleres concluyeron avanzar como un mercado unido. Pero además, con el fin de crear esta conciencia común que hace falta, es necesario generar espacios de reflexión académicos y políticos interregionales.

El 7 de febrero de 2017, los presidentes de Brasil y Argentina, Michel Temer y Mauricio Macri, se comprometieron a “derribar las remanentes barreras comerciales entre ambos países” y avanzaron en acuerdos para potenciar el Mercosur.

Las coincidencias políticas hay que aprovecharlas, es el momento para que el Mercosur avance. Claramente, las declaraciones de buena voluntad tienen que seguir con hechos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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