17/12/2017 BARCELONA

El arte de vivir: una reflexión para el bienestar

Una mujer bailando una danza folclórica [Foto: Juanerre vía Flickr].
Hoy os traemos un artículo diferente, un texto de opinión que aborda nuestro día a día desde una óptica psicológica y filosófica. Desde el positivismo se valora cómo vivimos en un entorno y con una actitud que, a veces, pueden alejarnos mucho de la felicidad.

La introspección —o mirarnos hacia el interior— nos permite reconectar con nuestros viejos sueños, con nuestros verdaderos anhelos; nos permite sentir nuestro cuerpo, que evalúa cómo nos afectan las cosas que pasan en el exterior. Porque, al contrario de lo que pensamos, nuestro bienestar, nuestra tranquilidad, nuestra paz interior, nuestra satisfacción no depende de nadie, excepto de cada uno de nosotros, de la calidad de nuestros pensamientos y sentimientos.

Muchas veces se nos va la vida esperando los grandes eventos, los grandes logros, los grandes proyectos, los grandes éxitos, y detrás de esa espera están la ansiedad y el estrés que producen esas expectativas. Mientras tanto, nos perdemos disfrutar de los pequeños momentos que conforman nuestro día a día. Estar más conscientes y atentos nos permite observar lo que nos pasa, lo que vivimos, y generar la mejor actitud para actuar en consecuencia.

Todo lo que sale de nuestro interior genera un efecto, que afecta no sólo a nuestra vida personal sino la vida de los demás. Y si lo que tenemos dentro son buenos sentimientos, buenos pensamientos, buenos deseos, buenas intenciones, lo que generamos es eso mismo. Se convierte en algo constructivo. Pero también sucede lo contrario. Si estamos mal, lo que salga de nosotros generará un efecto negativo y esto es, justamente, la oportunidad que tenemos de aprender para crecer, para sanar nuestras heridas afectivas y emocionales, y para vivir en bienestar.

Imagen a contraluz de una mujer creando la ilusión de “atrapar” el Sol en una playa [Foto: cuprikorn vía Flickr].

Generalmente, estamos tan cargados de lo que guardamos, de lo que no hemos sabido canalizar en su momento, que llega un punto en que simplemente nos convertimos en reacción. Mucho de lo que decimos y hacemos es totalmente inconsciente, producto de algo que vivimos con cierta intensidad emocional en algún momento del pasado y, al no darnos cuenta, lo repetimos una y otra vez; nos sentimos atrapados y creemos que será imposible salir de esto y superarlo. Pocas veces somos conscientes de las cualidades y características positivas que tenemos. En la mayoría de los casos no estamos tan acostumbrados a reconocerlas y por eso se nos hace tan difícil lograrlo.

Este proceso comienza con la práctica de la mirada interior, observándonos sin enjuiciarnos, sin criticarnos, objetivamente, para descubrir esas características positivas que se convierten en nuestras fortalezas, especialmente en los momentos de crisis, de dificultades. Reconocer en nuestro interior, por ejemplo, la capacidad de amar y conectarnos empáticamente con los demás, la confianza en nosotros mismos, la integridad, el valor, la determinación, la disciplina, la solidaridad, la humildad, la sencillez, el coraje, la valentía, la voluntad, etc. Todas éstas son herramientas que nos ayudan a afrontar las experiencias difíciles que se nos presentan con otra actitud, con una actitud positiva.

Son muchos los momentos en que nos hacen falta nuestras fortalezas interiores para poder apoyarnos en ellas. Muchísimos. Por eso tenemos que mirarnos gentilmente para reconocerlas y así, ganar autoestima, confianza  y ser capaces de conducir nuestra vida, en la medida en que deseamos hacerlo. Lo más positivo de todo esto es que podemos cambiar, que podemos transformar aquellos hábitos, aquellas creencias, aquellas actitudes con sólo tomar la decisión de hacerlo. Depende únicamente de cada uno de nosotros.

Fotografía que muestra los pies de una persona sobre el paisaje de Teotihuacán, México. La imagen transmite la contemplación armónica de un territorio que es Patrimonio de la Humanidad [Foto: maruLango vía Flickr].

Uno de los grandes aprendizajes es el de reconocer que la vida es un regalo que a veces no sabemos valorar lo suficiente, a pesar de las dificultades por las que podamos pasar y seguir pasando, pues existir sigue siendo un obsequio maravilloso y extraordinario. Hay que aprender a disfrutar la vida de una mejor manera. Vinimos a ser felices y el aprendizaje para lograrlo es lo que nos va a permitir no sólo transformarnos, sino conseguirlo.

Todos buscamos ser felices de una u otra forma, todos queremos experimentar ese sentimiento de bienestar, de alegría, de paz interior para poder sentir que nuestra vida es una experiencia plena y satisfactoria, pero para poder conseguirlo tenemos que tomar la decisión con determinación y con la firme voluntad de hacer esos pequeños cambios que repercutirán en nuestro bienestar. Por supuesto, tenemos que estar motivados. Pensar y visualizar de qué manera quieres vivir, cómo te quieres sentir, es un gran paso para tomar la decisión y comenzar a buscar las herramientas necesarias —que tenemos dentro de nosotros— para comenzar. Si no lo conseguimos solos, podemos buscar ayuda de algún orientador.

Un niño alegre y sonriente durante una fiesta [Foto: Yasu Beltrami vía Flickr].

Es importante recordar que la vida es una escuela, que las cosas nos pasan por alguna razón y que quedarnos detenidos en alguna experiencia fallida, sintiéndonos fracasados, no nos sirve de mucho. Debemos aprender de esa experiencia. Todo se puede incorporar a nuestra vida de una manera positiva y constructiva. Generalmente, el mayor obstáculo a vencer está en nuestra mente, en lo que pensamos acerca de nosotros, de lo que somos capaces de conseguir y de nuestras posibilidades.¿Y por qué no? Comenzar a imaginar lo mejor, en lugar de lo peor. Es exactamente lo mismo, sólo que el resultado será potencialmente distinto.

Comencemos a imaginar que sí somos capaces de conseguir lo que deseamos, que sí somos capaces de obtenerlo y que sí tenemos las herramientas para hacerlo. ¡Esa es la actitud! Tener una actitud responsable, consciente, proactiva, nos permite marcar la diferencia, implementar un cambio en esa dinámica que tenemos con la vida. Pero esto depende de cada uno de nosotros y de qué manera asumimos la responsabilidad de nuestros actos, de nuestras decisiones.

Si queremos vivir una vida distinta, sentir de una manera diferente, necesitamos realizar pequeños cambios. Esto es un proceso, un trabajo interior consciente, amoroso y paciente que merece la pena realizar. Es en nuestro interior donde se encuentra ese camino que nos lleva a vivir como realmente deseamos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Monica Achaval

La Rioja, Argentina. Toda persona que anhela de corazón una nueva humanidad, lleva en su interior un sueño para ayudar a crearla. Investigadora en Educación de las Emociones. Comunicadora. Actualmente curso Psicoterapia Gestalt y Periodismo Digital. Colaboro con ONGs solidarias. Trabajo como Freelance.
Mi mail es: [email protected]


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