Frontera entre Grecia y Macedonia en el antiguo campo de refugiados de Idomeni, desmantelado por las fuerzas de seguridad griegas en mayo de 2016 [Foto: elaboración propia de Lluís Torres].

La mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial empeora cada día. Ya son 21 millones las personas refugiadas, un 0’3% de la población mundial. La negligencia e ineficacia por parte de gobiernos e instituciones internacionales pueden ser decisiones políticas coyunturalmente convenientes, pero se pagan muy caro: dignidad y vidas humanas. Se necesita una respuesta global urgente, ¿podemos esperarla?

Empecemos por entender quién es un refugiado. De acuerdo con la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, un refugiado es una persona que:

“debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él”.

Si bien por cuestiones de magnitud destaca el caso sirio, diversidad de conflictos y contextos en distintos países han producido y siguen produciendo constantemente refugiados. De hecho, como se ve en el Gráfico 1, Siria representa 4’85 de los 21 millones de personas en esta situación. En cualquier caso, se trata de un problema de responsabilidad transnacional y no interno, tanto en las causas como en las consecuencias.

Gráfico 1: Ranking de los países que generan más refugiados, datos del año 2015 [Gráfico vía Statista].

Es por esto que la respuesta debe ser global. Es decir, el problema principal no está en el número de personas refugiadas, sino en la desigual respuesta de los estados. En el mundo hay 193 países, pero —como se demuestra en el Gráfico 2— solamente 10 de ellos acogen a 12 millones de refugiados, y la inmensa mayoría (el 86% según datos de ACNUR) es acogida por países de ingresos medios y bajos. Mientras, muchos de los países más ricos del mundo son los que acogen al menor número de personas y los que menos hacen respecto de estas crisis. Por ejemplo, Reino Unido ha admitido a unos 8.000 sirios desde 2011, mientras que Jordania —con una población casi 10 veces menor que Reino Unido y sólo el 1’2% de su PIB— acoge a cerca de 656.000 refugiados de Siria. Así, mientras que en 2015 Jordania, Turquía, Pakistán, Líbano e Irán habían recibido a más de 8 millones de refugiados, los gobiernos europeos no llegaron a recibir ni a medio millón de personas.

Es decir, es la desigual respuesta en el reparto de la responsabilidad lo que está en el origen de la crisis mundial de refugiados; y ésta es una situación intrínsecamente insostenible. La responsabilidad es compartida, tanto de facto como de iure1. Por eso no es suficiente con enviar ayuda monetaria o humanitaria (que, en términos reales, es cada vez menor2). En este sentido, es exagerada la falta de voluntad política de muchos gobiernos —y su correlato en las Organizaciones Internacionales— para plantear soluciones reales, sobre todo cuando vemos que sí están dispuestos a involucrarse en otros planos que afectan a muchos de los conflictos que producen refugiados: comercio de armas, explotación de recursos naturales, política geoestratégica, etc.

Gráfico 2: Los 10 países que albergan a más de la mitad de los refugiados del mundo, datos de finales del año 2015 [Gráfico vía The Independent en base a datos de Amnesty International tratados por el portal Statista].

Por ejemplo, la Unión Europea (el bloque político más rico del mundo) ha levantado vallas en las fronteras terrestres (Hungría ha levantado un muro de hasta 200 millas) y ha desplegado cada vez más guardias en sus fronteras. También ha firmado acuerdos con países vecinos para impedir la entrada a la gente que busca refugio (como con Turquía3 o con Sudán4), ha generado operaciones de protección de fronteras camufladas de operaciones de rescate como la Operación Tritón en el Mediterráneo (que dejó un saldo 4.000 muertes en 2015 y más de 5.000 en 2016) y ha incumplido las cuotas de acogida regionales (por ejemplo, en España, en el año 2015 llegaron 18 de los 17.000 refugiados a los que el país se había comprometido a acoger).

A nivel global, este último septiembre, la Organización de las Naciones Unidas (creada para “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra y reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre”) fracasó también en dar una verdadera respuesta. Un compromiso no es una acción concreta; aplazar la adopción de un plan global sobre refugiados al año 2018 no es progresar. Por otra parte, el uso del veto por parte de los miembros del Consejo de Seguridad (en particular Estados Unidos y Rusia) para bloquear medidas con las que poner fin a los crímenes de guerra y de lesa humanidad en Siria y para dificultar la rendición de cuentas no es una solución. Además, ACNUR, encargada de velar por el cumplimiento de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, tampoco dispone de fondos suficientes para cumplir su programación regular, y la brecha entre las necesidades presupuestarias aprobadas y los fondos recibidos sigue creciendo.

Recordemos que el derecho al refugio y al asilo son derechos humanos y están amparados por numerosos instrumentos jurídicos a nivel internacional5; es decir, lo que está pasando es ilegal.

Abriendo un poco el foco, debemos notar que actualmente hay más de 65 millones de personas que han abandonado forzadamente su hogar a causa de conflictos o persecuciones (y cada día se generan 34.000 más). Los refugiados representan un tercio del total, pero también hay casi 41 millones de desplazados, y alrededor de 5 millones de solicitantes de asilo6. Centroamérica, por ejemplo, es un gran productor de solicitantes de asilo, desplazados y migrantes en México y Estados Unidos. La creciente violencia interna en el Triángulo del Norte (El Salvador, Honduras y Nicaragua) impulsa a cientos de miles de personas a atravesar fronteras en condiciones arriesgadas y muchas pierden la vida en el camino. Al llegar, siguen expuestos a malos tratos y riesgo de expulsión. Otro caso más de falta de voluntad política de los gobiernos para asumir su responsabilidad en las cuestiones transnacionales.

El antiguo campo de refugiados de Idomeni, levantado en la frontera entre Grecia y Macedonia después de la entrada en vigor del acuerdo entre la UE y Turquía. Fue desmantelado en mayo de 2016 [Foto: elaboración propia de Lluís Torres].

Paralelamente, estamos viviendo un ciclo de creciente criminalización —discursiva y de facto— de la inmigración. Vallas y muros, deportaciones masivas, devoluciones en caliente, reformas de leyes migratorias, discursos xenófobos, retirada de ciudadanías, cuotas de acogida incumplidas, precarización laboral, discriminación… todo esto acompañado de votos. Esto no es algo innovador, y es por eso que resulta alarmante. Seguimos acumulando manchas en nuestra consciencia colectiva, violentamente. Aunque también es cierto que una parte de la ciudadanía se moviliza, opina, se manifiesta, y actúa ante todo esto, aún con el poco margen que tiene para que ser escuchada por los tomadores de decisiones. Pero la falta de participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones políticas a nivel nacional y supranacional, y la precaria rendición de cuentas por parte de los gobiernos (y los empresarios) obstaculiza y vulnera, una vez más, tanto la esencia misma de la democracia como de la humanidad.

Y es que, en definitiva, esta crisis no es de refugiados, esta crisis es de negligencia y aumenta cada día. ¿Cuándo dejaremos de contar víctimas?, ¿cuántos miles de refugiados habrá entre el primero y el último? El desenlace no es lineal, por supuesto, pero la tendencia no es alentadora. Entre debates e incógnitas, no dejemos de exigir una respuesta.

*1: El concepto de “responsabilidad compartida” se basa en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y sobre Refugiados e implica que los estados tienen la obligación de apoyarse mutuamente para acoger a las personas refugiadas, así como de buscar la cooperación y asistencia internacionales, y de prestarlas, para garantizar que estas personas pueden disfrutar de protección internacional. Reflejado por primera vez en el Preámbulo de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, se incluyó después en la Declaración de la ONU sobre el Asilo Territorial, de 1967, y en la Convención de la OUA que Regula los Aspectos Específicos de los Problemas de los Refugiados en África, de 1969. Véase también el artículo 2.1 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

*2: A fecha de mediados de 2016, gobiernos de todo el mundo se habían comprometido a donar menos del 48% de la cantidad necesitada por los organismos de ayuda humanitaria para apoyar a los refugiados de Siria, un 37% en el caso de Burundi, y un 20% en el caso de Sudán del Sur. Datos de la Oficina de Coordinación de la Asistencia Humanitaria, Humanitarian Response Plan(s) 2016, Summary of requirements and funding as at 23 September 2016. Véase: https://fts.unocha.org/reports/daily/ocha_R21_Y2016_asof___23_August_2016_(17_55).pdf

*3: Según los términos del acuerdo: “A partir del 20 de marzo de 2016, todos los migrantes en situación irregular que crucen desde Turquía hasta las islas griegas serán devueltos a Turquía.” A cambio, la UE se comprometía a: a) reasentar a un refugiado sirio en la UE desde Turquía por cada refugiado sirio devuelto allí desde Grecia hasta un máximo de 72.000 personas; b) aportar hasta 6.000 millones de euros (unos 6.700 millones de dólares) para financiar un “centro para refugiados en Turquía”; c) permitir que los nacionales turcos viajen sin visado; y d) reactivar las negociaciones estancadas sobre la adhesión de Turquía a la UE. Comisión Europea, Fact Sheet, 19 de marzo de 2016, disponible en http://europa.eu/rapid/press-release_MEMO- 16-963_en.htm.

*4: Se anunció una aportación de 155 millones de euros al gobierno sudanés para la adopción de medidas encaminadas a reducir la migración irregular.

*5: Entre otros, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948); la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951), la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979).

*6: UNHCR Global Trends 2015. Disponible en http://www.unhcr.org/statistics/unhcrstats/576408cd7/unhcr-global-trends-2015.html

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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