Una interpretación del sistema internacional actual: los ejes de análisis

Las Relaciones Internacionales analizan la realidad internacional y su sociedad, cuyas bases han ido evolucionando a lo largo de los siglos [Foto vía Tumblr].

¿Quién tiene poder estructural? En la actualidad, quizás está menos en un Estado particular que en la hegemonía de la civilización industrial occidental.”

Kalevi Holsti

La disciplina de las Relaciones Internacionales intenta discernir, aprehender la realidad internacional, la sociedad internacional, en términos científicos. Diferentes modelos teóricos pretenden realizar una lectura o diagnóstico de este objeto de estudio partiendo de posiciones epistemológicas y ontológicas específicas y basándose en diferentes variables explicativas. El desarrollo de estas teorías es inherentemente dinámico ya que su objeto de estudio, al ser eminentemente social, también lo es. Sin embargo, esto no significa que el desarrollo de ambas cuestiones sea armónico o inmediato. Muy por el contrario, notamos un desfase entre ciertos conceptos mainstream que quedan desbordados por y en estado de insuficiencia ante una sociedad internacional cada vez más compleja e interdependiente. Asimismo, hay un letargo en el surgimiento de nuevos modelos explicativos que reflejen y lean estas dinámicas.

Por un lado, los cambios que ha atravesado la sociedad internacional en los últimos 40 años han sido, como veremos, radicales. Por otro lado, no hay teorías inocentes.

La perspectiva histórica de la polaridad y el paso de la sociedad mundial a la sociedad global

Un fenómeno histórico clave en el desarrollo de la sociedad internacional ha sido el surgimiento del Estado-nación como unidad política independiente en el seno de la sociedad de la Cristiandad Occidental del siglo XV, resultado y catalizador del desarrollo comercial entre las distintas unidades políticas europeas. En un ciclo de retroalimentación, concentración y centralización del poder en la figura del Rey, el Estado se afirma como forma de organización política, económica y social de base territorial, es decir, soberana. Así, la expansión territorial será clave y necesaria para la consolidación del Estado y la organización de un nuevo sistema internacional; en este sentido, la Paz de Westfalia de 1648 marca un hito en la afirmación del principio de soberanía estatal, basada en la territorialidad, constituyendo el denominado Sistema de Estados europeos Westfaliano.

Como afirma Celestino Del Arenal, este sistema se expande exitosamente a nivel mundial en un proceso de conquista, dominio y unificación del espacio y el tiempo que culmina a mediados del siglo XX con la conformación de una sociedad no sólo mundial sino también universal regida por Occidente y su noción de tiempo y espacio, aunque al mismo tiempo heterogénea.

La firma del Tratado de Münster, cuadro de Gerard ter Borch que conmemora esta parte de los acuerdos que llevaron a la Paz de Westfalia de 1648 [Foto: Gerard ter Borch vía WikimediaCommons].

Se entiende el protagonismo del Estado soberano como actor idóneo para conquistar espacios y tiempos terrestres (gracias a su base territorial) fundamentalmente a través del ejercicio del poder duro o relacional y, por ende, el protagonismo del sistema político-diplomático en la sociedad internacional mundial. Así pues, siguiendo a Del Arenal, uno de los principales efectos de la mundialización de la sociedad internacional es la estatalización.

El desarrollo de la disciplina de las Relaciones Internacionales nace a principios y mediados del siglo XX en esta sociedad internacional mundializada y, buscando interpretarla, toma como herramientas analíticas y explicativas unas construcciones sociales prominentes y no otras; éstas son la anarquía, el sistema político-diplomático, el Estado y el poder entendido en términos de capacidades materiales relativas. Así, uno de los hitos en el desarrollo de la disciplina sería la obra “Política entre las Naciones” del politólogo Hans Morguenthau en 1948, principal exponente de la Teoría Realista de las Relaciones Internacionales. En la obra de Morguenthau se entiende la política internacional justamente como una lucha por el poder (en términos de capacidades materiales) entre estados, unos actores racionales que, ante la condición anárquica, objetiva e invariable del sistema internacional, se mueven necesariamente por una lógica de comportamiento de auto-ayuda. La cantidad de estados con poder relacional (los polos), determinará la estructura del sistema (unipolar, bipolar, multipolar) y el comportamiento de los estados.

Ahora bien, como hemos apuntado al inicio, esta sociedad internacional es dinámica y está acompañada por un proceso paralelo de creciente interdependencia. Si bien durante el proceso de mundialización esta creciente interdependencia estuvo marcada por el protagonismo del Estado, en la medida en que se logra y supera el dominio del espacio y el tiempo durante la segunda mitad del siglo XX, e impulsado por la propia lógica de la interdependencia, se abre paso a dos cuestiones clave:

1) Por un lado, la erosión de la soberanía y el debilitamiento del margen de acción del Estado como actor en el sistema internacional y un creciente rol de los actores transnacionales y subestatales. Asimismo, como los problemas otrora considerados tradicionalmente dentro de una lógica nacional también son crecientemente interdependientes, multidimensionales y multidireccionales, se hace necesario un enfoque común para afrontarlos, impulsando procesos de cooperación e integración.

2) Por otro lado, cambios en la naturaleza (multidimensionalidad, cada vez menos territorial y variante según el escenario), distribución (múltiples actores y según el escenario) y ejercicio del poder (no sólo relacional sino también estructural, y en función de la lógica simétrica o asimétrica de esa interdependencia).

Es a partir de la segunda mitad del siglo XX –después de que culminara el proceso de mundialización–, pero sobre todo a partir de la década de los 70’, cuando la sociedad internacional se globaliza. Si bien la mundialización y la globalización son sucesivas y se encuentran intrínsecamente vinculadas, responden a lógicas distintas. Principalmente, la globalización supone la superación del tiempo y el espacio.

El fin de la Guerra Fría y la perspectiva crítica de la polaridad

Maniobras militares de la OTAN, fuerza militar conjunta que representa un ejemplo paradigmático del realismo político en RR.II. [Foto: Cornellrockey vía WikimediaCommons].

Ahora bien, hubo que esperar al fin de la Guerra Fría para que todos estos cambios en el sistema westfaliano se visualizasen y se disparasen, impulsando cada vez más a la disciplina a revisarse y dar cuenta de los nuevos desafíos.

Como hemos visto, la forma tradicional y recurrente de realizar la descripción del sistema internacional es mediante el concepto de polaridad del realismo, retomada por la corriente neorrealista de Kenneth Waltz a finales de los 70’, donde la variable independiente es la estructura internacional, que define el sistema internacional en términos de polos. Desde esta concepción neorrealista, el sistema internacional de la post Guerra Fría puede describirse como unipolar (liderado por el poder militar de Estados Unidos), bipolar (EE.UU.-China) o multipolar (BRICS, EE.UU. y UE).

Ahora bien, ¿se adecúa esta lectura en términos de polaridad neorrealista a la situación de la sociedad internacional global contemporánea? ¿Es ésta noción lo suficientemente representativa y explicativa per se? ¿Se trata de un problema de la determinada noción de polaridad que se utiliza o de la variable en sí?

Problematización de conceptos: poder, agencia, estructura, y polaridad

Aunque las limitaciones analíticas de la variable polaridad (1. No va más allá de los estados, 2. No ve por debajo del umbral de lo global, y 3. Se centra en la dimensión política y de seguridad) pueden trabajarse para hacerla más explicativa, las lecturas que se realizan de la sociedad internacional, al buscar uno o más “polos”, quedan un tanto forzadas y sesgadas y no acaban de leer el carácter difuso y multidimensional del poder ni las nuevas formas de ejercerlo, que son propias de una sociedad internacional global y crecientemente interdependiente.

En la actualidad, el poder es más un fenómeno estructural, mucho más sutil que la noción tradicional.

En esta línea, se recogen nuevos aportes teóricos como el soft power de Joseph Nye, una idea de poder de cooptación basado más en recursos intangibles que en el uso de, por ejemplo, la coerción; o el concepto de “poder estructural” de Susan Strange, cuyo aporte radica en identificar al poder no sólo como una propiedad de los actores sino como una propiedad de las relaciones entre los actores, es decir, como un proceso social que define reglas de comportamiento, roles y expectativas en función de valores y principios determinados.

Al entender el poder como influencia más que como posesión, estos aportes se adaptan a la naturaleza cambiante del poder y al hecho de que actualmente las capacidades relativas, y sobre todo las militares, no se traducen efectivamente en poder real en la práctica. Además, reflejan mejor la difusa distribución del poder entre los diferentes actores –no sólo estados– y entre las diferentes estructuras. Desde esta perspectiva podemos dar cuenta de que el concepto de Gran Potencia ha cambiado, y el ejercicio de ese rol también.

El profesor Joseph Nye, politólogo especializado en Relaciones Internacionales que, junto a Robert Keohane, fundó la teoría neoliberal dentro de la disciplina. Es mundialmente conocido por sus tesis sobre el “soft power” y el “smart power”, posteriormente aplicadas por los gobiernos de Clinton y Obama [Foto: Chatham House vía WikimediaCommons].

Esta idea de poder estructural plantea, además, la necesidad de redefinir el problema agente-estructura. Tradicionalmente, desde las llamadas nociones ‘racionalistas’ de las Relaciones Internacionales (como el neorrealismo o el institucionalismo neoliberal), únicamente los polos eran vistos con capacidad para modificar la estructura del sistema, que asimismo constreñía el comportamiento de los estados a través de incentivos y siempre en términos racionales. Será a la luz de los aportes reflectivistas en la Teoría de las Relaciones Internacionales, a partir de los años 90’, que se reconoce la idea de “mutua constitución” agente-estructura: es decir, se identifica el papel “constituyente” que las estructuras (sociales) y las relaciones intersubjetivas tienen en las ideas, intereses e identidades de los actores y, al mismo tiempo, se reconoce el rol de agente de los actores, cuyas interacciones en definitiva también constituyen y construyen esas estructuras que son eminentemente sociales. Así, las ideas completan el modelo tridimensional de poder (junto con las capacidades y las instituciones).

Entonces vemos que, en términos de polaridad, hay tanto cambios como continuidades. Respecto a las continuidades, es decir, respondiendo a la tradicional lógica estatocéntrica y de poder relacional y como capacidades materiales, vemos que Estados Unidos se erige como único polo al representar el mayor porcentaje del gasto mundial en materia de seguridad y defensa. Sin embargo, ya hemos explicado el sesgo y los vicios de las concepciones tradicionales de estructura y poder (que fragmentan y desconectan analíticamente lo que la globalización ha conectado e integrado) ante los cambios atravesados por la sociedad internacional contemporánea. Esto, específicamente en la estructura de seguridad, se evidencia en la creciente transnacionalización de las amenazas y privatización de los conflictos armados, en los diferentes procesos de securitización de temas, en la incapacidad para cualquier Estado a hacer frente a los problemas de seguridad de manera independiente (al margen de su capacidad militar relativa), etc.

Además, si analizamos las otras estructuras, vemos cómo el propio concepto de “polo” queda en estado de insuficiencia para aprehender el proceso de difusión y distribución del poder que, más que en múltiples “polos”, se mueve en múltiples y emergentes “centros”.

Conclusiones y propuestas

Ahora bien, ¿cómo definimos el actual sistema internacional entonces? No está de más repetir que tras los cambios introducidos por la globalización y la creciente interdependencia en la sociedad internacional no es posible hablar ni de una estructura internacional multipolar (ni unipolar, ni bipolar, ni apolar), ni utilizar el concepto de polaridad para comprender la estructura internacional. Si bien reconocemos el rol de los estados y especialmente de las potencias como referentes y como agentes de cambio, entendemos que la complejidad de la sociedad internacional se define más en términos de un emergente, creciente e inestable multicentrismo.

Es a partir de este punto que se pueden formular preguntas de manera correcta (antes que dar respuesta a preguntas dadas), y así definir agendas de investigación relevantes.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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