Costa Rica: la crisis migratoria de africanos y caribeños

Imagen de un niño africano. Como él, miles de personas están estancadas en la ruta migratoria de Centroamérica [Foto: wjgomes vía pixabay].

Costa Rica es un país ubicado en Centroamérica que limita al norte con Nicaragua y al sur con Panamá, ambos también países del istmo centroamericano. Si bien el país es mundialmente conocido por sus selvas y su gran biodiversidad (cuenta con un 3% de la biodiversidad global), también es reconocido por sus grandes avances políticos: Costa Rica abolió su ejército en 1948, es un país líder en la utilización de una matriz energética 100% renovable, y uno de sus expresidentes, Óscar Arias Sánchez, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1987 por su participación en los procesos de paz de los conflictos armados de América Central.

Sin embargo, actualmente Costa Rica también está empezando a ser conocida por ser un punto de referencia de migraciones tanto de caribeños (haitianos y cubanos en su mayoría) como de africanos. El actual fenómeno de las crisis migratorias no sólo tiene a Europa como gran referente sino que hay un problema global de crisis de refugiados y migrantes económicos que está afectando, en este caso, a Costa Rica. En las últimas décadas, los únicos asuntos migratorios que ha tenido que gestionar Costa Rica han sido las entradas de nicaragüenses que migraban al país en busca de empleo y mejores oportunidades, una pequeña parte de inmigración colombiana y algunos pocos refugiados centroamericanos que escapaban tanto de las guerras civiles de la década de los ‘80 y ‘90 como de la inseguridad que se vive en la región en la actualidad.

El caso cubano: un precedente

Desde noviembre de 2015 hasta marzo de 2016, ingresaron en Costa Rica 5.500 inmigrantes cubanos aproximadamente, según el registro del gobierno costarricense. Algunas de estas personas tuvieron que quedarse hasta cuatro meses en albergues temporales mientras esperaban que se les solucionara su condición migratoria.

Una familia senegalesa en Ibel, Senegal. La población senegalesa forma parte de la migración africana estancada en Costa Rica [Foto: John Atherton vía Flickr].

La ruta seguida por los cubanos es la siguiente: entran al continente por tierra, en su mayoría a través de Ecuador y, al llegar a Costa Rica, el gobierno nicaragüense bloquea la continuación de su tránsito mediante el cierre de su frontera. Su objetivo es llegar por tierra a suelo estadounidense con la intención de quedarse en el país amparados por la Ley del Ajuste Cubano, que empieza en 1966 en un período de Guerra Fría y que muchos temen que finalice tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Esta ley beneficia a las personas con nacionalidad cubana en tanto que se les otorgaba el derecho de residencia permanente después de un año de haber tocado suelo estadounidense.

Finalmente, tras intensas negociaciones del gobierno costarricense con países centroamericanos y con México, se lograron unos acuerdos por los que Costa Rica se hacía cargo de trasladar por vía aérea a los cubanos hasta México, muy cerca de la frontera con Estados Unidos y, a partir de ahí, cada persona debía resolver su situación como pudiera, quedando desamparados por parte de los estados.

Éste, que fue un fenómeno nunca antes visto en Costa Rica, se repite de nuevo en el 2016. Esta vez con la llegada masiva de migrantes africanos y caribeños.

La crisis migratoria: la situación de africanos y caribeños

Las personas de origen africano o haitiano no son partícipes de ninguna ley de ajuste en Estados Unidos, si bien es cierto que después del devastador terremoto del año 2010, Estados Unidos había estado ofreciéndoles un permiso humanitario con el que podían quedarse en el país por un período de tres años. No obstante, este permiso se canceló cuando, el 22 de septiembre, el gobierno estadounidense anunció que se reanudaban las deportaciones de haitianos indocumentados. A pesar de ello, el incentivo del permiso temporal, las condiciones de pobreza extrema, y guerras a las que se enfrentan en sus países, hicieron que estas personas decidieran abandonar sus hogares en busca de una vida mejor para ellos y sus familias.

  • ¿Cuál es su origen?

Casi la totalidad de estos migrantes tienen dos tipos de orígenes: la mayoría provienen de Haití, y los demás del continente africano, concretamente de Sudáfrica, Camerún, Sierra Leona, República del Congo, Ghana y Senegal. En busca de lograr el famoso “sueño americano”, todas estas personas ingresaron en Costa Rica siguiendo la ruta descrita anteriormente, desde Sudamérica hasta Estados Unidos quedándose atrapados en el país a raíz del bloqueo impuesto por el gobierno nicaragüense de Daniel Ortega.

En el caso de los haitianos, ha habido un corredor migratorio desde Haití hasta Brasil, principalmente desde el terremoto que sufrieron en 2010. Sin embargo, tras la Copa Mundial de Fútbol de 2014, la urgencia de mano de obra barata mermó, hecho que, junto con la crisis económica y social que atravesó Brasil en 2015 y 2016, ha provocado que los haitianos prefieran seguir su camino hasta Estados Unidos ya que, si bien Brasil aún les permite entrar de forma regular, la falta de empleo les obliga a abandonar el país.

  • ¿Dónde viven?

Costa Rica es un país que aún está en vías de desarrollo. A los cubanos se les ofreció (o se les intentó ofrecer) una atención de primer nivel, sin embargo los recursos con los que cuenta el gobierno costarricense no son suficientes para seguir haciendo frente a la migración masiva. Con la actual crisis migratoria, se ha intentado dar las mejores condiciones a los nuevos migrantes pero el gobierno sigue siendo cautivo de la promesa de cuando los últimos cubanos abandonaron el país: “Esta solución coordinada con organizaciones internacionales y otros gobiernos es una excepción y sólo se va a hacer una vez” decía el Presidente Luis Guillermo Solís.

La mayoría se encuentran albergados en La Cruz, un pequeño cantón fronterizo con Nicaragua, en la provincia de Guanacaste. Lamentablemente, esta localidad es una de las más pobres del país, por lo que sus habitantes tienen poca disponibilidad de recursos o de empleo. Además, existe una gran barrera cultural: el idioma. Esos factores dificultan el acercamiento de las familias vecinas para ofrecerles ayuda.

  • ¿Cómo viven?

Quienes no lograron ubicarse en los albergues provistos por Costa Rica (donde se les provee alimentación básica, primeros auxilios, agua potable y baños sanitarios) viven en medio de campamentos, con plásticos usados a modo de tiendas de campaña, utilizando bloques de cemento como cocina, y alimentándose a base de comida enlatada. El gobierno trata de darles las provisiones esenciales pero cada mes llegan más personas y Nicaragua sigue sin abrir las fronteras.

“No tenemos agua ni dinero ni suficiente comida, pero no queremos nada de eso; lo que queremos es que Nicaragua nos deje pasar o que Costa Rica nos ayude como ayudó a los cubanos”, decía Abdhulla Nkeke, un joven congoleño.

Manuel González, actual ministro de relaciones exteriores de Costa Rica [Foto: Alianza Pacífico vía Flickr].

Algunos se llenan de valor y se van en “coyotes” a través de rutas utilizadas por los traficantes que les cobran hasta $1.500 por persona, o se han adentrado en la selva, o han intentado cruzar la frontera vía marítima. Sin embargo, según los vecinos de la zona, los que se marcharon han muerto a manos de los militares al pisar suelo nicaragüense. Por otra parte, los que deciden quedarse y cuidar de sus familias, ofrecen sus servicios en supermercados de La Cruz como “empacadores”, se pasean en el parque, piden limosnas a los habitantes o bien venden comida en la estación de buses local. Según comentan los vecinos, y destruyendo los estereotipos clásicos que siempre caen sobre migrantes y refugiados, no hay caído en la delincuencia.

Cheikh Tidiane Diaw es también un migrante. Viene de Senegal y está atrapado en suelo guanacasteco. Tiene máquinas de coser en Dakar, desde donde ha migrado y, a diferencia de la mayoría de haitianos, que no tienen sueños de volver, Cheikh tiene la esperanza de regresar a su país después de trabajar en Estados Unidos y de haber ganado dinero. Su objetivo, cuenta, es poder comprar más máquinas, hacer grande su empresa y dar trabajo a mucha gente, “para ayudarlos”, dice.

Hace algunas semanas llegó el Huracán Otto a Costa Rica. La Cruz, cantón en el que están albergados la mayoría, era una de las zonas declaradas en alerta roja por parte de la Comisión Nacional de Emergencias del país, por lo que se les trasladó a otros albergues. Satisfactoriamente, ese cantón no se vio tan afectado por el paso del huracán, a diferencia de otras comunidades guanacastecas.

  • ¿Qué va a pasar?

El gobierno costarricense sabe que este es un fenómeno que ha llegado para quedarse y que probablemente aumentará en los próximos meses. En una entrevista directa, Manuel González, Ministro de Relaciones Exteriores del país, apunta que “en el mundo la migración es una realidad y nuestra región no es la excepción. Costa Rica no es el origen y tampoco tiene entre sus manos la solución, por lo se debe buscar una respuesta regional”, de la misma manera que hicieron con los cubanos. Desde Costa Rica, dice, el tema se aborda más como una cuestión de derechos humanos que de seguridad nacional, al contrario de lo que hace el gobierno nicaragüense.

De momento han deportado a algunos haitianos y deportarán a quienes no hayan solicitado aún un permiso que les otorgue la permanencia temporal en Costa Rica. A los demás, les anima a regresar a sus países de origen junto con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), sin que se les obligue. Al mismo tiempo están tomando medidas presupuestarias dado que, según dice su canciller, “en Costa Rica ellos no están haciendo nada irregular, no están detenidos, sólo están de paso”.

Por otro lado, un grupo de mujeres afrodescendientes nicaragüenses, conscientes de la situación, han reunido poco más de 500 firmas en favor de que el gobierno de Nicaragua atienda y colabore en esta crisis humanitaria.

Lo que está claro es que estos migrantes no son culpables de que en sus países haya guerra. Como cualquiera de nosotros, en tiempos de paz vivían sus tradiciones, trabajaban, estudiaban y vivían su vida tranquilamente. Tampoco han pedido desastres naturales ni pobreza. Lo único que buscan es darle a sus seres queridos la oportunidad de tener una vida mejor, de no temer cada día por su vida. Y lo que reciben es el bloqueo y la percepción de que, ellos, en sí mismos, son un problema que hay que resolver. Y tú, ¿qué harías?

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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