17/10/2017 BARCELONA

Se impone una respuesta internacional para frenar el genocidio yazidí

La comunidad yazidí vive acosada por el ISIS, que intenta exterminarlos. El ataque de agosto de 2014 supuso un fuerte golpe, dejando 5.000 muertes y convirtiendo a sus mujeres en esclavas sexuales. Ahora, la comunidad internacional comienza a actuar aunque todavía queda mucho trabajo por delante.

Las activistas yazidíes Nadia Murad y Lamiya Aji recogieron el pasado 13 de diciembre el premio Sájarov 2016 entregado por el Parlamento Europeo a la Libertad de Conciencia. Ambas mujeres, provenientes de Kocho (Irak) y a las que el ISIS secuestró y mantuvo cautivas como esclavas sexuales, han sido premiadas por alzar la voz en nombre de su pueblo y de todas las víctimas yazidíes. Murad, de 23 años y nominada al Premio Nobel de la Paz 2016, se convirtió, el pasado septiembre, en la primera superviviente de las atrocidades del ISIS en obtener un reconocimiento internacional, además de ser nombrada embajadora de buena voluntad de la ONU para la Dignidad de los Supervivientes de la Trata de Personas.

[pullquote align=”left”] “Que quede bien claro: lo que Nadia nos acaba de contar es un genocidio. Y el genocidio no ocurre por casualidad. Siempre es algo planificado”, Amal Clooney, abogada especialista en derechos humanos.[/pullquote]

Durante la ceremonia en su honor en las Naciones Unidas, su representante legal, la abogada de derechos humanos Amal Clooney, dedicó unas duras palabras a la comunidad internacional y, especialmente, a la propia ONU. “Me da vergüenza, como defensora de las Naciones Unidas, que los estados estén fallando en prevenir, e incluso castigar, el genocidio yazidí porque saben que sus propios intereses se interponen”, dijo Clooney en un día en el que se conmemoraba también el Día Internacional de la Paz. “Que quede bien claro: lo que Nadia nos acaba de contar es un genocidio. Y el genocidio no ocurre por casualidad. Siempre es algo planificado”, concluyó Clooney.

 El delito de genocidio

El impulsor de la definición del delito de genocidio fue el jurista polaco Raphael Lemkin, quien lo acuñó para describir los crímenes cometidos por los nazis durante el Holocausto. Dicho concepto quedó definido en la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio de 1948 de la siguiente manera:

“Se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

  1. Matanza de miembros del grupo.
  2. Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo.
  3. Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.
  4. Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo.
  5. Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”.

¿Se está cometiendo un genocidio?

Nareen Shammo durante una intervención en una de sus conferencias [Foto de Roberta Buono]

De acuerdo con el informe presentado por la Comisión Internacional Independiente sobre Siria, el ISIS estaría cometiendo el crimen de genocidio junto con otros múltiples crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra contra los yazidíes en Siria, aunque se aclara que estos ataques no están geográficamente limitados a este país. El informe, basado en 45 entrevistas y en una gran cantidad de material documental, constata que todos los actos mencionados  en el artículo que define el genocidio ya se han  cometido y  siguen cometiéndose. Ahora bien, hay un elemento esencial para que estos actos puedan ser considerados como constituyentes de genocidio: la intencionalidad de que una determinada comunidad o pueblo desaparezcan, ya sea total o parcialmente.

[pullquote align=”right”]Una de las obsesiones del ISIS es el exterminio de la población yazidí, tal y como dejan claro en su publicación Dabiq.[/pullquote]

“El Daesh es enemigo de toda la humanidad, pero especialmente quiere la aniquilación del pueblo yazidí por considerarnos infieles”, declara a UNX Nareen Shammo, activista yazidí que en estos días está dando charlas, organizadas por Amnistía Internacional España, para concienciar sobre la actual situación de su comunidad.

En 2014 creó la red “Initiative for Yazidis around the world”, para localizar e intentar liberar a las mujeres yazidíes secuestradas por el ISIS, y grabó con la BBC el documental “Esclavas del califato”. “En la segunda edición de la revista del Daesh decían que era una vergüenza que el pueblo yazidí viviera todavía y que había que esclavizarnos”, relata Shammo. El informe de la Comisión también se hace eco del artículo titulado “El Resurgimiento de la Esclavitud Antes de la Hora”, difundido a través de Dabiq, la publicación mensual online del ISIS.

La Comisión también afirma que los grupos de árabes y de cristianos de las mismas zonas no sufren iguales abusos y vejaciones a los que son sometidos los yazidíes, cuya cultura y religión se remontan al 2000 a.C. A los árabes se les ha permitido quedarse en sus casas y a los cristianos, aunque también son susceptibles de recibir ataques, se les autoriza permanecer en la zona siempre y cuando paguen la jizya, un impuesto por ser no musulmanes. Y es que el autodenominado Estado Islámico considera a los yazidíes infieles, a diferencia de a los judíos y cristianos que, según algunas interpretaciones del Corán, son Gentes del Libro y merecen mayor respeto. A los yazidíes se les acusa, además, de adorar al diablo, ya que veneran a Melek Taus, un ángel caído representado por un pavo real que según los fundamentalistas islámicos, simboliza el demonio.

El ataque a Sinjar

Esto reafirmaría la idea de que el ataque a Sinjar, al noroeste de Irak y cerca de la frontera siria, en agosto de 2014, no habría sido solamente una cuestión de control territorial y de expansión del autodenominado califato del ISIS, sino sobre todo un intento de aniquilación de los yazidíes de la zona. La comunidad yazidí quedó devastada. Ninguno de los 400.000 yazidíes que vivían en la región de Sinjar pudo permanecer en la región y quedar en libertad. Se calcula que durante ese mes de agosto el ISIS mató a 5.000 de ellos y secuestró a 7.000 mujeres y niños, de los que 3.200 siguen estando en manos del ISIS, principalmente en Siria.

[pullquote align=”left”]En agosto del 2014 se produjo un ataque en Sinjar, Irak, en el que mataron a 5.000 yazidíes; las mujeres que sobrevivieron fueron violadas y vendidas como esclavas sexuales.[/pullquote]

En las primeras horas del 3 de agosto de 2014, cientos de combatientes del ISIS, con la máxima coordinación, sitiaron muchas de las ciudades y pueblos alrededor del Monte Sinjar. Aquellos que lograron marcharse a la parte alta del monte fueron rodeados por los combatientes del ISIS para que no pudieran huir, bajo temperaturas superiores a 50 grados y sin agua y comida. “Cientos de personas murieron allí arriba, sobre todo personas mayores, mujeres embarazadas, enfermos y bebés”, cuenta Shammo. “A las mujeres y hombres que no pudieron escapar los separaron en varios grupos. Los niños que no habían llegado a la pubertad se quedaban con sus madres. A los hombres principalmente los mataron al no querer convertirse al Islam; a muchos los enterraron vivos o decapitaron. También se deshicieron de las mujeres mayores. Sin embargo, decidieron otro destino para las mujeres y niños. A las mujeres y niñas, incluso de 9 años de edad, las secuestraron para violarlas y venderlas en el mercado sexual del Daesh, y a los niños varones los aleccionaron para convertirlos en integristas y los entrenaron para matar”, relata Shammo. Hasta la fecha, y después de dos años del ataque a Sinjar, parece que hay pruebas fehacientes de la existencia de al menos 72 fosas comunes en Irak y Siria, que podrían albergar los restos mortales de entre 5.200 y 15.000 personas.

La retirada de las fuerzas Peshmerga

“Mi pueblo quedó indefenso y totalmente desprotegido cuando las fuerzas Peshmerga se retiraron conforme el ISIS iba avanzando, y además sin comunicarnos que se iban” continúa, notablemente enfadada, Shammo.

Efectivamente, el informe de la Comisión afirma que existe una gran indignación entre la comunidad yazidí contra el Gobierno Regional del Kurdistán y sus fuerzas armadas, los Peshmerga, en la región del Kurdistán iraquí. Y es que los yazidíes, a los que étnicamente se les considera kurdos, son una minoría de no musulmanes y, por tanto, un grupo distinto. Por ello, los yazidíes siempre han sido blanco de muchas persecuciones, desde el Imperio Otomano hasta el régimen de Saddam Hussein. “Mi pueblo está sufriendo su 74º genocidio”, repite varias veces Shammo.

Sin embargo, a los yazidíes se les reconoció finalmente el derecho a practicar su culto en la Constitución iraquí de 2005. Desde entonces, están representados en la Asamblea Nacional Iraquí, a través de la lista kurda, y también cuentan con 2 escaños en el Parlamento autónomo kurdo, por lo que las fuerzas Peshmerga eran una de las partes claramente responsables de la protección de la comunidad yazidí.

La ayuda de Obama y la comunidad internacional

En declaraciones en la Casa Blanca, el 7 de agosto de 2014, cuatro días después del ataque a Sinjar, el presidente de los EE.UU. anunció que, a petición del gobierno iraquí, su administración había puesto en marcha operativos para ayudar a salvar a los civiles iraquíes atrapados en la montaña. Una coalición de fuerzas estadounidenses, iraquíes, británicas, francesas y australianas fueron las que se encargaron conjuntamente de lanzar en paracaídas agua y otras provisiones a los yazidíes. Por otro lado, los ataques aéreos americanos hicieron posible que las YPG, el brazo armado oficial del Comité Supremo Kurdo del Kurdistán sirio, abriera un corredor a través del cual los yazidíes pudieran escapar de la montaña.

Soldados Peshmerga del ejército kurdo iraquí [Foto vía Flickr].

“Los EE.UU. no pueden y no deberían intervenir cada vez que hay una crisis en el mundo. Así que seré claro al explicar la razón por la que debemos actuar en esta, y actuar ya. Cuando nos enfrentamos a una situación como la que se vive en esa montaña, con gente inocente ante la perspectiva de sufrir actos violentos a gran escala y cuando tenemos el mandato de ayudar, en este caso a petición del gobierno iraquí, creo que los Estados Unidos de América no pueden hacer la vista gorda. Eso es lo que haremos en esa montaña, vamos a prevenir un potencial acto de genocidio”, declaró Obama entonces.

Pero, a excepción del presidente americano, cuyas declaraciones se limitaban tan sólo a las operaciones en el monte Sinjar, ningún otro Estado manifestó que actuaría en la zona por el mismo motivo. Sin embargo, es de conocimiento público que, desde ese momento, muchos países han estado y están interviniendo tanto en Siria como en Irak para atacar al ISIS. Esos estados no son tan sólo EE.UU., Irak, Reino Unido, Francia, Australia y Siria, sino también Bélgica, Dinamarca, Marruecos, Holanda, Jordania, Bahréin, Catar, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Canadá, Rusia e Irán.

La responsabilidad de proteger

Todos estos países, como miembros de las Naciones Unidas y de la comunidad internacional, tienen “la responsabilidad de proteger”, un compromiso que se adoptó en la Cumbre Mundial de la ONU de 2005. ¿Qué significa este mandato al que hace referencia Obama? Que la soberanía de los estados supone la obligación de prevenir y detener el genocidio y las atrocidades en masa. No obstante, si bien es cierto que la obligación primordial incumbe ante todo al Estado donde se perpetran estos actos, si resultara evidente que un Estado no protege a su población, la comunidad internacional debe actuar. En este caso, los estados que deberían garantizar la seguridad de sus ciudadanos son Siria e Irak, en cuyos territorios el ISIS estaría cometiendo el genocidio. Pero Siria está sumida en una guerra civil desde hace casi 6 años e Irak pidió ayuda al gobierno americano.

Sin embargo, el informe de la Comisión apunta, sin conclusiones concretas, que habría que investigar si los países que han intervenido en Siria e Irak, lo han hecho por intereses políticos o por conexiones con el ISIS y si, en ese caso, no habrían cumplido con las obligaciones que emanan de la Convención del Genocidio. “Hasta la fecha –dice el informe– no hay información de que se haya dado ningún paso por parte del gobierno sirio o iraquí para liberar a las mujeres y niños yazidíes cautivos por el ISIS en sus territorios. Tampoco parece que haya medidas concretas por parte de ningún Estado para investigar o perseguir el genocidio”, concluye el informe.

Qué impide que la Corte Penal Internacional medie

El genocidio no sólo ha sido reconocido por el informe de la Comisión independiente de investigación sobre Siria, sino también por el Parlamento Europeo, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el Congreso y el Gobierno de los EE.UU. o la Cámara de los Comunes del Reino Unido. Entonces, ¿por qué los expertos de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU dicen que los estados no están tomando medidas para investigar o perseguir el genocidio?

La acusación tiene un fundamento y es que, para que esto sea posible, no es suficiente con que los gobiernos o los parlamentos hagan declaraciones al respecto; el asunto se tiene que trasladar al único órgano judicial competente para los casos de genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y crimen de agresión: la Corte Penal Internacional, con sede en la Haya, Países Bajos. Sucede que, aún siendo independiente de la ONU, para que el tribunal medie se necesita el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, que cuenta con Rusia, EE.UU., Francia, Reino Unido y China como miembros permanentes y que, además, ostentan el privilegio del derecho de veto. Y es que la Corte Penal Internacional, fundada en 1998 tras el Estatuto de Roma, que entró en vigor en 2002, no puede perseguir estos crímenes sin el mandato expreso del Consejo de Seguridad, pues ni Siria ni Irak han firmado el Estatuto y, por tanto, no son miembros de la misma.

[pullquote align=”right”]La CPI se muestra inoperante debido al derecho de veto que han ejercido China y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU.[/pullquote]

Aunque China, Rusia y EE.UU. no han ratificado tampoco el Estatuto, no se oponen a la existencia de este tribunal y, además, sí que han firmado, igual que Francia y Reino Unido, la Convención del Genocidio. Por ello, se envió en 2014 un proyecto de resolución al Consejo de Seguridad de la ONU para que éste, a su vez, remitiera el caso a la Corte Penal Internacional. Este requerimiento no tuvo éxito porque Rusia y China hicieron uso de su derecho de vetoMoscú habría estado bloqueando las peticiones de que este tribunal tuviera jurisdicción en Siria, por miedo a que se pudiera llegar a perseguir también al gobierno sirio de Bashar al-Assad.

Manifestación en contra del genocidio del pueblo yazidí [Foto vía Flickr].

En la otra cara de la moneda, algunos medios como The Guardian sugieren que, si tampoco ha habido más voluntad política para declarar el genocidio por parte de algunos gobiernos, como el de Reino Unido, ha sido porque Turquía es ahora un fuerte aliado de Occidente en Oriente Medio y porque los yazidíes, después de aquel vergonzoso episodio protagonizado por los Peshmerga, reciben ahora apoyo de los kurdos y del PKK, considerados como terroristas por los turcos y, desde el 2004, también por los EE.UU. y la Unión Europea.

En todo caso, ya se refiriera finalmente a la Corte Penal Internacional o se constituyera un tribunal ad hoc con la jurisdicción geográfica y temporal pertinente, como propone la Comisión de Derechos Humanos, lo que sí parece claro es que se exigiría a los estados y a la comunidad internacional combatir de forma más contundente el genocidio yazidí. Y esto también supondría una gran problemática, no sólo en cuanto a la seguridad nacional de los países que intervinieran. De hecho, según recoge el informe de la Comisión, a pesar de la decepción de la comunidad yazidí por la parálisis de la ayuda internacional, también hay una reticencia a que se lleven a cabo bombardeos, ante la evidencia de que muchos yazidíes cautivos han resultado muertos en estos ataques.

Nadia Murad ante los líderes mundiales

Desde que existe la Corte Penal Internacional, el Consejo de Seguridad de la ONU sólo le ha remitido casos de genocidio y crímenes contra la humanidad dos veces. La primera por los crímenes cometidos en Darfur (Sudán) en 2005 y, la segunda, en Libia en 2011. El genocidio de Ruanda en 1994, por ejemplo, es uno de los vergonzosos casos para explicar la inoperancia de la ONU para tomar medidas efectivas ante crímenes de esta envergadura que, en el caso del país africano, se cobraron la vida de 800.000 personas. Es por ello por lo que Nadia Murad se dirigió al Consejo de Seguridad en la primera sesión de la historia dedicada al tráfico de personas, en diciembre de 2015, para que la comunidad internacional tomara medidas concretas y, en palabras de la joven, “esperando que la humanidad no hubiera muerto todavía”.

Entre sus propuestas para las minorías en Irak están establecer zonas de seguridad coordinadas por el gobierno iraquí y las autoridades del Kurdistán; crear un fondo internacional para indemnizar a las víctimas y ayudarles a reconstruir sus casas cuando la zona vuelva a ser segura, y para facilitar el asilo político a los miembros de su comunidad como víctimas de genocidio, poniendo como ejemplo a Alemania y a su gobierno por el apoyo que les han brindado.

El 13 de diciembre, en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Murad dijo que “el Daesh ha escogido el camino de la no dignidad. Europa, el camino del honor y la dignidad”. Por su parte, Martin Schulz, presidente del PE declaró que tanto Nadia Murad como Lamiya Aji son “heroínas”. “Estas dos mujeres nos recuerdan nuestro deber. El mundo tiene que saberlo y actuar. El Parlamento Europeo apoya su exhortación al Consejo de Seguridad de las Nacionas Unidas para que estos crímenes no queden impunes”, manifestó Schulz.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

Alejandra O. Almarcha

(Alicante, España) Estudiante de Derecho en la Universidad de Alicante. Fue estudiante Erasmus durante un año en la Universidad LUISS Guido Carli de Roma y cursó un semestre en la Ritsumeikan University de Kyoto, Japón. Con vocación por las Relaciones Internacionales y el Desarrollo Internacional, fue becaria en la NATO Defense College de Roma y actualmente es activista en Amnistía Internacional.


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