Mapa que muestra la participación gubernamental de las mujeres en cada país del mundo como % de las mismas en los parlamentos i ministerios de los estados [Foto vía womanstats.org].

Un camino desigual

Si el hombre ha tenido que evolucionar pasando por un camino rústico sin pavimentar, la mujer ha tenido que caminar sobre uno lleno espinas. Si el hombre ha tenido que transitar por caminos angostos, la mujer ha tenido que hacerlo sobre la cuerda floja. La mujer y el hombre han tenido que participar en la misma carrera, pero en diferentes frentes y con enormes desigualdades. La sociedad, históricamente androcéntrica, ha dotado de herramientas, conocimientos y capacidades al hombre, preparándolo para la vida pública: la política, la administración de recursos y el control del poder. Con ello, se ha condenado a las mujeres al mundo privado, al cuidado reproductivo, y a las tareas domésticas. Las estructuras sociales patriarcales dificultan terriblemente el desarrollo personal y profesional de las mujeres. Ellas han sido históricamente discriminadas, menospreciadas, acosadas y hostigadas por cuestiones de género. Por ser ellas y no ellos. Por ser diferentes en un sociedad machista y anti-mujer. Prácticas y costumbres que han hecho que la igualdad de género sea, en algunos lugares del mundo, casi una utopía.

Fuente: Igualdad de género – ¿Dónde nos encontramos hoy? ONU Mujeres 2015. Para más información: bit.ly/2dBKbMk

Las mujeres en la vida pública

La participación política de las mujeres a nivel mundial es escasa y su influencia en las diferentes esferas de poder no está a la par a la de los hombres. Las mujeres se enfrentan a multiplicidad de situaciones desiguales por su condición: el acoso sexual, la violencia machista, la discriminación laboral y estructural, etc. En el campo político, por ejemplo, según ONU-Mujeres, hay dos obstáculos que las mantienen fuera de la esfera política: el primero se refiere a las barreras estructurales institucionalizadas, es decir, la discriminación y la marginación que sufren por parte del Estado, leyes e instrumentos que limitan su participación política con base a su género.

El segundo obstáculo hace referencia a la diferenciación histórica que existe entre sexos a nivel educativo. Está claro que existe un evidente progreso mundial de las mujeres y niñas sobre la enseñanza primaria universal: el 90% de las niñas y niños que viven en países en vías de desarrollo cuentan ya con educación y enseñanza primaria, y esa cifra se eleva al 96% en los países desarrollados. Pero ese progreso se queda corto, ya que los problemas naturales al subdesarrollo generalmente recaen desproporcionalmente sobre las mujeres. Ello se traduce en que las mujeres tienen menos probabilidades de tener acceso a una educación formal, al control de los recursos y a las herramientas necesarias que les permitan convertirse en líderes.

Mujeres en los parlamentos

A pesar de que las mujeres representan más de la mitad de la población mundial, siguen estando subrepresentadas en las cámaras, los congresos y los parlamentos. Según datos del “Women in National Parliaments” de la Unión Interparlamentaria, hasta junio de 2016 las mujeres representaban tan sólo el 22’8% en los parlamentos nacionales. A pesar de que la participación de éstas en los parlamentos ha aumentado, ésta sigue siendo una cifra pobre y desproporcional. De hecho, a día de hoy, en 38 de estos países las mujeres sólo representan el 10% en sus parlamentos y cámaras legislativas, habiendo parlamentos y senados en los que las mujeres no ocupan ningún escaño. Ello prueba la limitada y pobre participación política que tienen las mujeres en los parlamentos y puestos de elección pública en muchos lugares del mundo.

Pero la violencia no cesa en las dificultades al acceso a estos espacios de poder sino que, entre las pocas que pueden conseguir llegar al poder público, muchas son hostigadas, discriminadas, cosificadas y marginalizadas por el mero hecho de ser mujeres. A nivel global, existe una execrable práctica de hostigamiento hacia las mujeres parlamentarias, según datos oficiales de la Unión Interparlamentaria. Las mujeres no son cosificadas a través de piropos sólo en las calles, por ejemplo. La violencia machista y sexista es un hecho patente en los parlamentos a nivel internacional. De hecho, de acuerdo al último informe lanzado al respecto por la Unión Interparlamentaria, la discriminación exacerbada y la violencia machista de toda clase es ejercida en los parlamentos y cámaras representativas a nivel mundial. La Unión Interparlamentaria demostró que la mayoría de las mujeres parlamentarias (dentro de su muestra de 39 países y 55 mujeres parlamentarias) sufren algún tipo de violencia, sea física, sexual, psicológica o económica:el 81’8% de las mujeres entrevistadas ha sido objeto de insultos, constreñimiento o ensañamiento por parte de hombres en sus parlamentos”.

Fuente: Igualdad de género – ¿Dónde nos encontramos hoy? ONU Mujeres 2015. Para más información: bit.ly/2dBKbMk

Lo femenino a menudo es asociado con la irreflexión y la inestabilidad. Ellas, constantemente señaladas como no merecedoras de cargos públicos, ven como sus comentarios y aportaciones son muchas veces sometidos a escrutinio y no tomados en serio por sus colegas masculinos. De hecho, el informe citado anteriormente, señala que el 65’5% de las mujeres parlamentarias entrevistadas son a menudo arbitrariamente sojuzgadas y denigradas por ser mujeres. Esta violencia androcéntrica y machista trasciende las palabras y pasa a la praxis en el 21’8% de los casos. Y el 20%, además, manifiesta haber sido acosada sexualmente.

En las legislaturas donde se crean las leyes y se construye el Estado de derecho, las mujeres no son vistas ni asumidas como sujetos de derechos, acreedoras de libertades y garantías individuales. Aún en el corazón de la representación popular, donde están presentes las voces de la ciudadanía, las mujeres son vistas como cuerpos eróticos, convertidas en objetos que pueden ser poseídos.

El papel de los medios en la denigración de las mujeres parlamentarias

Las mujeres parlamentarias también están en el foco de la prensa. Este hecho no seria anormal si no fuera porque ellas no son juzgadas por sus ideas e iniciativas legislativas sino que son cruelmente sometidas al duro escrutinio de los medios de comunicación por el tipo de ropa que usan, la “moral y decencia” que poseen, y sus vidas privadas pasan a ser el eje central de sus trabajos como legisladoras. El citado informe revela de igual manera que el 27’3% de los medios de comunicación tradicionales han hecho uso de imágenes o cometarios sexualizados sobre las mujeres parlamentarias. Para ejemplificarlo, podemos observar el caso de la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, cuando, en un acto de inauguración de una obra estatal en la localidad bonaerense de Ezeiza, utilizó unos leggins, cuestión que le supuso el enjuiciamiento de la prensa local e internacional.

Fuente: Igualdad de género – ¿Dónde nos encontramos hoy? ONU Mujeres 2015. Para más información: bit.ly/2dBKbMk

Estas prácticas y actitudes misóginas son más comunes en los países donde las mujeres están empezando a alcanzar cargos públicos. Sin embargo, ni siquiera aquellos Estados más avanzados en esta materia quedan fuera de esta retrógrada práctica. De acuerdo al citado informe, a nivel global el 44’4% de las mujeres han recibido amenazas de muerte, algún tipo de abuso u violación. El 25’5% ha vivido algún tipo de violencia y el 20% de ellas asegura saber casos de compañeras que sufren violencia en sus parlamentos.

Hacia la igualdad de género

Aunque hemos avanzado y hemos conquistado derechos y libertades históricamente negados por los estándares y estereotipos segregacionistas e insoldablemente retrógrados, aún habitamos un mundo donde a las mujeres se les considera, en muchos países, no merecedoras del voto. A pesar de que, como sociedad civil, hemos conquistado algunas libertades aún nos falta mucho camino por recorrer. La igualdad de género sólo se logrará con una revolución social de todas y todos, derribando con ella el sistema heteropatriarcal misógino que cohabita en nuestras culturas, sociedades y países. Sólo derribando las rancias ideologías esclavizadoras de la superestructura podremos alcanzar la igualdad de género que tanto hemos soñado.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



¿Quieres recibir más explicaciones como esta?

Suscríbete a nuestra newsletter


Queremos explicar la realidad internacional de un modo comprensible para construir una sociedad más consciente

Leave a Reply