La relación entre Islam y democracia: el caso turco

La Mezquita Azul de Estambul, símbolo de la religión en Turquía [Foto: elaboración propia].

Según el World Factbook de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, con datos del año 2016, se calculan 80.274.604 habitantes en Turquía. De éstos, un 99’8% se identifican como musulmanes (en su mayoría pertenecientes a la rama suní del Islam), mientras que sólo 0’2% responde a otras religiones, siendo el cristianismo y el judaísmo las predominantes. Ante tales números, uno puede cuestionarse sobre el secularismo en Turquía. Sobre todo, surge el interrogante de la relación entre Islam y democracia y su debatida compatibilidad o incompatibilidad.

Fue en noviembre de 1922 cuando Mustafa Kemal Atatürk, oficial militar durante el Imperio Otomano y líder del movimiento de independencia turco, abolió el sultanato. Después, en octubre de 1923, fundó lo que hoy sigue siendo la República de Turquía. Atatürk es un héroe nacional en el país donde Asia y Europa convergen. Después de establecer la República, guió una serie de reformas y procesos de modernización. Los principios de sus reformas son conocidos como kemalismo, una ideología que destaca por sus inclinaciones hacia la modernización, la occidentalización de Turquía, la democracia como sistema de gobierno y el Estado secular.

Así, con la enmienda de 1928 de la Constitución turca de 1924, fue establecida la relación entre el Estado y la religión y se introdujo el concepto de secularismo (o laicidad). Actualmente, la Constitución de 1982 no reconoce ninguna religión como oficial ni tampoco se promueve ninguna. El concepto de laicidad en Turquía no separa contundentemente la religión del Estado, pero habla de neutralidad y libertad de culto.

Entrevistando a Témoris Grecko, periodista independiente y documentalista mexicano que ha sido corresponsal en Oriente Medio y conoce a fondo el contexto turco, pudimos sacar algunas conclusiones. Grecko afirma que cualquier sistema religioso que entienda que la religión es lo prioritario en la sociedad es incompatible con cualquier forma de soberanía, ya que o la soberanía la ostenta el pueblo o la ostenta dios. De tal forma, son los sistemas religiosos que admiten que la soberanía popular está por encima los que pueden ser compatibles con la democracia.

Afirma que no necesariamente es el Islam el sistema que es incompatible con la democracia sino el carácter de cada sistema religioso. “Los sistemas religiosos tienden a ser más tolerantes cuando han sido reducidos por el poder civil. En la naturaleza misma de la religión está conquistar la soberanía plena. Cuando la religión tiene que aceptar que hay otra soberanía por encima no es porque esté en su naturaleza sino porque ha sido sometida por el poder civil”, defiende Grecko.

En una conversación con Murat Somer, profesor asociado de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Koç University especializado en temas de religión, secularismo, nacionalismo y democratización, hablamos de cómo los sectores conservadores de la población turca parecen ver al Estado como un rebobinador del proceso de secularización que se inició en la época de Atatürk.

Captura de pantalla que muestra una conversación entre la autora del artículo y una ciudadana turca. En el texto puede leerse la sospecha sobre un autogolpe de Estado dirigido por Erdogan para aumentar su poder [Foto: elaboración propia].

Por lo anterior, Somer afirma que esos sectores íntimamente religiosos se sienten conformes con el curso que han tomado las cosas en el país, puesto que en el pasado se sentían excluidos de la vida pública debido al discurso secular. Ahora tienen más control sobre el Estado, por eso mismo apoyan y brindan lealtad a Erdogan. Sin embargo, una democracia auténtica requiere de ciudadanos que se mantengan independientes del Estado. Es importante que la sociedad civil mantenga cierto nivel de independencia crítica para poder hacer que los gobernantes rindan cuentas. Según el profesor Murat Somer, el principal problema de la democracia en Turquía es que el Estado no rinde cuentas y no es lo suficientemente transparente.

El profesor Somer explica que en el pasado el Estado tenía una relación distinta con la religión. Éste era formalmente secular, pero a la vez tenía cierto grado de incidencia en el asunto religioso. Por un tiempo, el Estado quiso controlar y formar la religión mayoritaria con una visión que respondiera a un tipo de Islam más racional y moderno. Así que la división nunca ha sido del todo clara. Sin embargo, los sectores religiosos sentían que existía un control absoluto sobre sus asuntos. Y así fue hasta que Erdogan llegó al poder.

Para acabar con una polarización evidente de la sociedad, Somer defiende la necesidad de que el poder sea compartido. La coexistencia puede existir en la práctica, pero no necesariamente en la conciencia colectiva.

Frente a la pregunta de si Erdogan podría gozar de ese apoyo si se volviera un líder 100% autoritario, Somer cree que es viable, pero no contundente. Todo apunta a que Turquía podría convertirse en un régimen autoritario. Aun así, hay que recordar que ahora hay una nueva conciencia colectiva. Con el impedimento del golpe de Estado en julio de este año, llega un sector joven de la población que es religioso y siente que ostenta mucho poder por haber detenido el intento golpista. Somer cree que ese sector podría volverse más crítico y, consciente de su poder, no toleraría un dirigente claramente autoritario.

Cuando uno se sumerge en la sociedad turca se percata de la polarización que existe en la sociedad entorno al debate secularismo/religión. Grecko lo explicó de una forma muy clara. Como sugirió, las sociedades se manejan por medio de clivajes (cleavages en inglés, este es un concepto anglosajón que, en política, describe las divisiones ideológicas que hay en una sociedad y que estructuran sus debates). Según el periodista, Erdogan ha optado por despertar clivajes para polarizar la sociedad, ya que la forma de generar consenso y movilización entre los súbditos es mediante la confrontación con un enemigo claro. Es llevar la confrontación con la oposición a un extremo tal que generes la necesidad de unirse en torno a ti.” Erdogan trabaja dos clivajes principalmente: religión-secularismo y nacionalismo-kurdos. Utilizando ambos clivajes, Erdogan ha logrado obtener una base electoral suficientemente importante para mantenerse en el gobierno.

Lo que ha hecho Erdogan es manipular, mediante la activación de clivajes, las emociones y los miedos de la sociedad turca. Los miedos son fundamentales y básicos. ¿Cuál es el miedo de los islamistas? Que los seculares les están queriendo imponer un modo de vida anti-islámico.” Erdogan se perfila así como un líder que sabe activar los miedos de la población y jugar con ellos. Además, Grecko afirma que Erdogan es el líder religioso de los musulmanes en Turquía y existe una islamización de la vida pública, algo que también el profesor Somer defiende.

A principios del mes de noviembre, también entrevistamos a Mustafa Oguz, embajador de la República de Turquía en México. En su despacho en Monte Líbano, en la Ciudad de México, explicó que Turquía se maneja por medio del laicismo y éste se entiende como la separación entre el Estado y la religión y como la libertad de conciencia y religión. Así, el Estado debe de estar distanciado de todas las religiones. Abordando el tema de si Erdogan es o no un líder religioso, el embajador Oguz negó rotundamente esta hipótesis. Como me explicó, no existe en Turquía la figura de líder religioso. Lo único que existe es una institución respecto de estos asuntos: el Directorado de Asuntos Religiosos, Diyanet İşleri Başkanlığı en turco, conocido popularmente como Diyanet.

Aun cuando el embajador defiende que Turquía es un país secular y que el laicismo es un pilar fundamental en la República turca, igual que la democracia, la realidad parece más difusa. Según la ley, el Diyanet tiene como principal deber el ejecutar políticas y trabajos concernientes a las creencias y ética del Islam, informar a las personas sobre la religión y administrar los lugares sagrados, como las mezquitas. Sin embargo, el embajador argumenta que el laicismo es necesario puesto que es la base de la tolerancia mutua en la sociedad, algo que parece alejado de la realidad turca.

Mustafa Oguz afirma que no existe la incompatibilidad entre democracia e Islam mientras que el país sea secular. Haciendo referencia al Corán, Oguz explicó que Mahoma dijo a la humanidad que Allah los había creado diferentes y agrupados en diversas tribus para que pudieran hablar entre todos y dialogar unos con otros. “Esa es la esencia del Islam, aunque podría no estar siendo entendida del todo, incluso en los países musulmanes”, dijo Oguz. Sin embargo, fue contundente respecto a la pluralidad y diversidad que existe en el mundo y sobre el mensaje del Islam en cuanto a tolerancia.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan [Foto vía WikimediaCommons].

No obstante, viendo las tarjetas de identificación turcas, uno puede apreciar que es obligatorio declarar la religión. Tal y como explica Somer, fue un método que se implementó muchos años atrás, cuando Atatürk aún gobernaba, como una forma de contabilizar las distintas religiones y así poder brindar apoyos físicos y económicos (como la construcción de templos) en función del número de seguidores.

Cuestionando al embajador Oguz sobre esta situación corroboró que, de acuerdo a una decisión de la Corte Europea de Derechos Humanos, eso debía cambiar. La religión de los ciudadanos no necesita mencionarse. Todo esto viene de la mano de los intentos de Turquía de adherirse a la Unión Europea, que se iniciaron en 2005. El embajador cree que el gobierno turco tiene planes para quitar esa parte de las identificaciones, pero nada se ha materializado aún. Sin embargo, el ingreso de Turquía a la Unión Europea cada vez se ve más distante.

De hecho, el 23 de noviembre de 2016, el New York Times publicó un artículo titulado “Turkey and E.U. Near Breaking Point in Membership Talks”, que habla sobre las pocas posibilidades de que el Estado turco entre en el organismo. Todo derivado del intento de golpe de Estado y las medidas que el gobierno turco ha tomado como consecuencia. Entre éstas destacan la purga masiva contra militares y funcionarios públicos, así como miembros de la administración pública que tengan relación con el Hizmet, un movimiento creado por el líder religioso turco Fethullah Gülen, acusado de ser la mente detrás del golpe, aunque aún no hay pruebas contundentes en su contra. Además de la purga, el gobierno de Erdogan ha arremetido contra los medios de comunicación que se muestran críticos hacia su administración, arrestando periodistas y cerrando oficinas. Por su parte, Erdogan ha amenazado con volver a implementar la pena de muerte en el país.

El mandatario acusa al Parlamento Europeo de estar reconociendo organizaciones terroristas y amenazó al organismo con aumentar por un período de tres meses el estado de emergencia que se mantiene desde julio de 2016, lo que le ha dado facultades para actuar a sus anchas. Por otra parte, también fueron arrestados los líderes del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), el tercer partido más grande en el país. Cuenta con 59 asientos en el parlamento y es la principal fuerza política que representa a los kurdos, una minoría étnica. Los líderes del HDP son acusados de tener lazos con la organización terrorista pro-kurda, PKK. Así, el gobierno está usando el pretexto del golpe de Estado para arremeter contra los disidentes.

Infografía 1: Muestra los 10 países con mayor número de habitantes que profesan el Islam. Además, se indica el índice de libertad que se otorga a cada país de acuerdo a la organización Freedom House [Foto vía World Atlas y Freedom House].

Pero entonces, ¿cuál es el meollo en Turquía en cuanto a Islam y democracia? Mariya Dimova, profesora del Tecnológico de Monterrey e internacionalista búlgara egresa de la Universidad de Ginebra que cuenta con más de 10 años de experiencia en el área de las Relaciones Internacionales, nos explica que el concepto de democracia es muy amplio y abstracto y puede utilizarse para vender muchos proyectos políticos. Así, tanto los golpistas en Turquía como el mismo Erdogan dicen llevar a cabo sus actos en nombre de la democracia.

La democracia es algo abstracto. Por ejemplo, el Brexit es democracia directa. La voz del pueblo. Pero es muy relativo. Yo creo que la democracia de un país o de una región es muy distinta y lo que se considera democrático en países de Europa occidental, por ejemplo, no se puede aplicar en otros países de la misma manera. ¿Qué es lo que se tendría en cuenta para conseguir el bienestar del pueblo? Eso es el objetivo último: el bienestar de la nación. Por eso creo que la democracia es relativa”, afirma Dimova.

Como bien apuntó, hay diferencias entre una democracia y otra. Desde la perspectiva de una democracia liberal, por ejemplo, se deben garantizar las libertades, como la libertad de expresión. Si evaluamos la democracia en este sentido, vemos que el sitio web TurkeyPurge, que documenta datos sobre la purga, contabiliza 195 medios de comunicación clausurados y 145 periodistas arrestados, “en nombre de la democracia.” Los opositores de Erdogan están enfocados en estas áreas, de ahí que sectores de la milicia, los históricos guardias de la democracia, la laicidad y el kemalismo, se opongan a su régimen. Pero también están los académicos críticos, como Somer y la prensa. Son los ejes que componen un régimen democrático y que en Turquía se están viendo fragmentados.

La información que se muestra en la Infografía 1, que muestra el número de musulmanes y el índice de libertad de cada país, no representa una relación directa, pero puede ayudarnos a tener una idea del desarrollo democrático de la mano del Islam. Sobre la relación entre ambos, la especialista búlgara reitera que la concepción de la democracia se traduce de formas distintas en diferentes países. Como argumentó, en Turquía, la compatibilidad entre la religión predominante y el sistema de gobierno no es la cuestión. “Eso no es lo que no es compatible. Lo que no es compatible es la falta de separación de poderes, por ejemplo.”

Por tanto, según Dimova, la cuestión no es la religión del pueblo. Por el contrario, más bien el eje central de la discusión es la relación que existe entre la participación del pueblo en la vida política, el respeto a la voz del pueblo y la voluntad del pueblo, independientemente de su religión. Pero las cosas han cambiado, no hay duda de ello. Ahora Erdogan es un hombre religioso y ha habido una deriva autoritaria. Tres de los entrevistados dan cuenta de ello. El líder turco ha creado para sí una élite informal, una nueva élite islámica. Aunque esto último, tal y como comenta Dimova, no significaría per se un agravio a la democracia: hay países que no son musulmanes en su mayoría (o que no tienen una religión predominante) y que carecen igualmente de respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales. La religión no es el problema. Por eso creo que nos equivocamos de enemigo”, afirma Dimova.

Parece que estigmatizar la relación que existe entre el Islam y la democracia podría servir para alimentar un discurso de odio, que hoy en día cada vez se hace más presente alrededor de todo el mundo. Aunque, como dice Dimova, cada régimen autoritario tiene una ideología y la religión puede servir como una base ideológica para implementar un régimen de este tipo. En el actual caso turco, menciona la profesora, el Islam sí puede servir como un instrumento ideológico para justificar autoritarismo y falta de libertades.

Imagen del estrecho del Bósforo con vistas a Estambul [Foto: elaboración propia].

Conclusiones

La ola de nacionalismos en el mundo es cada vez más grande. Los recientes eventos lo demuestran: el resultado de las elecciones en Estados Unidos y el auge de los populismos de derechas en Europa han preocupado a la opinión pública hasta el punto de cuestionarse el devenir de la democracia y la humanidad. Precisamente, hablando con el embajador Oguz, nos cuestionamos qué opinaba realmente sobre la democracia en estos días.

La democracia se está cayendo”, contestó. Según él, el fenómeno de Trump es increíble. Es la prueba de que las personas no piensan con base en los valores sino que, actualmente, siguen sus instintos. El error radica en seguir asumiendo que sólo por el hecho de que el ser humano razona, también se comporta de forma racional. Ese no es siempre el caso. No estoy seguro de lo que pasará en el sistema mundial, pero estoy seguro de que el sistema capitalista está pasando por una crisis y con él también lo hace la democracia”, concluyó.

Lo que siempre estuvo presente en los discursos y afirmaciones de todos los entrevistados fue lo siguiente: la clave es la tolerancia. La historia debería servirnos para aprender de ella y no repetir los mismos errores. Así es como se construyen museos para que la gente aprenda a ser tolerante a través de ver las catástrofes que hemos ocasionado como especie.

Cuando hablamos con Témoris Grecko preguntamos su pronóstico para Turquía y Oriente Medio: Pronosticar en Oriente Medio es difícil. Hace cinco años, en 2011, fue la Primavera Árabe y lo que podías pronosticar a cinco años no tiene nada que ver con lo que existe ahora ni para Turquía, ni para Egipto, ni para Siria, ni para nadie“, me dijo. La cuestión con esta peculiar región es que existen muchos poderes, muchas complicaciones locales, étnicas, religiosas, sectarias y económicas. Hay países, monarquías, repúblicas y dictaduras. Están, además, las manos de potencias regionales y mundiales que están interviniendo en el territorio. Cualquier movimiento produce resultados que se mueven dentro de una gama de grises y claroscuros. Como sentenció el documentalista, “todo allá es prueba y error.”

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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