Graffiti que muestra una imagen de Blancanieves sosteniendo un arma bajo el lema "Combate el sexismo" [Foto: Didider Castañeda vía Flickr].

En estas semanas de movilizaciones en el marco de los 16 días de activismo en contra de la violencia de género, cabe recordar que hace tres años la Organización Mundial de la Salud (OMS) advertía que la violencia que sufren las mujeres ha alcanzado proporciones epidémicas.

Igual de alarmantes son los datos disponibles hoy sobre cómo la violencia contra las mujeres está tomando nuevas formas y dimensiones en el ciberespacio gracias al uso de las nuevas tecnologías (TIC). En un informe de la Comisión BroadBand para el Desarrollo Sostenible, un organismo conjunto de la UNESCO y la Unión Internacional de Telecomunicaciones, se asegura que un 73% de las mujeres activas en la red ha sufrido algún tipo de ciber-violencia. Alerta también de que esta forma “relativamente nueva” de violencia contra las mujeres se ha convertido en un “problema global con serias consecuencias sociales y económicas.”

Múltiples manifestaciones de violencia

La ciber-violencia se manifiesta de muy diversas maneras y, como las nuevas tecnologías, evoluciona con rapidez. Una de las formas más comunes es el llamado discurso del odio, los insultos y el lenguaje sexista en chats, blogs, emails, redes sociales, etc. Aunque de forma más selectiva, también el acoso prolongado, las amenazas físicas e incluso las amenazas de muerte son una realidad en expansión.

“Estoy feliz de saber que vivimos en el mismo Estado. Te estoy buscando, y cuando te encuentre te voy a violar y cortar la cabeza”.

La periodista Amanda Hess dando una conferencia en la Universidad de Indiana, EE.UU. [Foto vía indiana.edu].

Este es solo un ejemplo de los muchos mensajes amenazantes que ha recibido en los últimos años Amanda Hess, una periodista norteamericana que escribe sobre temas de mujeres, relaciones de pareja y sexualidad. Como Hess un número escalofriante de blogueras, periodistas, políticas, colectivos LGBT, defensoras de los derechos humanos y, en general, activistas feministas sufren, a diario y en todo el mundo, este tipo de ataques. Están en el punto de mira de los ciber-agresores porque eligen colocarse en primera línea informando, denunciando, opinando, defendiendo nuestros espacios y expresándose libremente.

Sólo por ser mujeres, los ataques son implacables. De hecho, tal y como explica Soraya Chemaly, fundadora del Speech Project, “muchos de los abusos constituyen un esfuerzo por recolocar a las mujeres en su lugar, por el simple hecho de ser mujeres.”

Cuando la Fundación Karisma indagó sobre la violencia que sufrían las periodistas en Colombia concluyó que “los ataques en línea a una mujer tienden a ser personalistas con frecuentes descalificativos en cuanto a la apariencia física y la capacidad intelectual; y sexualizados. La intimidación no cae en las ideas o los argumentos, sino en el hecho de que es una mujer quien se expresa y opina públicamente”.

La cara más oscura del ciber-acoso golpea a las más jóvenes

La publicación y distribución sin consentimiento de fotos íntimas o vídeos de parejas, ex-parejas o material robado en la red es una de las caras más oscuras del ciber-acoso. Además, según el Cyber Civil Rights Initiative, en un 59% de los casos, los agresores que publican imágenes comprometedoras también difunden el nombre completo de su víctima. Las consecuencias son devastadoras, entre otras cosas, por la huella digital que arrastran las mujeres.

Durante el resto de mi vida tendré que explicarle a mis jefes, a mis hijos y mi marido por qué hay fotos en Internet en las que aparezco desnuda” lamentaba en una entrevista para el documental en producción Netizens una joven que vio sus fotos y datos personales publicados por un desconocido en cientos de sitios web.

Este tipo de ciber-violencia se agrava cuando degenera en el chantaje (conocido como sextorsión) para obtener relaciones sexuales, producir pornografía e incluso traficar con mujeres. Y los peores golpes se los llevan las más jóvenes. El Pew Research Center en Estados Unidos probó que las mujeres de entre 18 y 24 años sufrían los acosos más graves en la red: el 26% de las jóvenes entrevistadas por el Centro había sido acosada de forma prolongada y el 25% había sufrido acoso sexual.

Uno de los casos más sonados y que todavía causa congoja es el de la canadiense Amanda Todd, que con 15 años se suicidó, en el año 2012, tras ser acosada sexualmente en la red y chantajeada durante dos años seguidos.

Se agravan los casos de violencia doméstica

Campaña de la organización Chayn. El lema de la imagen reza: “También hemos preguntado a nuestra comunidad de mujeres inspiradoras las diferentes maneras en las que ellas se quieren a sí mismas [Foto vía Youtube].

El uso de las nuevas tecnologías también agrava los casos más tradicionales de violencia doméstica y, en algunos casos, contribuye a retrasar la rehabilitación de las víctimas. Según el National Network to End Domestic Volence, en 2014 el 97% de los programas de violencia doméstica en Estados Unidos identificaron que los agresores utilizaban las nuevas tecnologías para atormentar y controlar a sus víctimas incluso tras la separación.

Otra preocupación compartida por muchas organizaciones que trabajan a diario con mujeres víctimas de la violencia de género es cómo se ha disparado el uso de dispositivos de espionaje como cámaras ocultas, spyware, keyloggers o los localizadores de los teléfonos móviles para ubicar, controlar y vigilar a mujeres que están siendo o han sido agredidas.

Una superviviente entrevistada por Chayn, una organización virtual que utiliza la tecnología para empoderar a las víctimas de violencia doméstica, decía: “En cualquier lugar a donde iba, él me encontraba.”

Auto-censura y silenciamiento

Una de las consecuencias más sutiles y preocupantes de la ciber-violencia es el silenciamiento progresivo de las mujeres y los colectivos tradicionalmente marginados en Internet, entendido este como un nuevo espacio público fundamental. La feminista y escritora June Fernández reconocía hace poco en una entrevista que los insultos y el acoso incesante que sufre su revista Pikara Magazine “nos impide tener debates profundos. No se puede debatir tranquilas, estamos siempre bajando el nivel discursivo.”

También el estudio de la Fundación Karisma concluía que tras tomar conciencia de los peligros de la red “algunas periodistas [colombianas] tomaron la decisión de cerrar cuentas en redes sociales u otros medios públicos; de cuidar qué decir y publicar; de usar pseudónimos o alter egos para evitar que el debate público se personalice o torne violento; o de alejarse de la escena del periodismo temporal o permanentemente.”

De nuevo, la crucial participación de las más jóvenes peligra. En Estados Unidos se comprobó que casi la mitad de las jóvenes entre los 15 y 29 años se autocensuran y, por miedo al acoso, eligen no tomar parte en las conversaciones y los debates en redes sociales y otros espacios en Internet.

Un arma de doble filo

No obstante, algunas señales alentadoras apuntan a que también Internet y las TIC pueden ser un arma poderosa en la lucha contra la violencia de género en general. En los últimos años han surgido un sinfín de aplicaciones móviles y sitios web con información especializada así como proyectos y movimientos sociales – afortunadamente a menudo liderados por mujeres jóvenes– que se organizan a través de Internet con el fin de proteger, educar, recoger testimonios y sensibilizar sobre la violencia que sufren las mujeres a diario.

La violencia contra las mujeres es una lacra muy antigua. El cuadro “Sexto Tarquino y Lucrecia” del pintor Tiziano muestra la violación de la aristócrata Lucrecia, acontecimiento que provocó el derrocamiento de la monarquía romana y la construcción de la República [Foto: Tiziano vía WikimediaCommons].

Desde el proyecto pionero Every Day Sexism que recopila y expone historias cotidianas de sexismo y discriminación hasta la iniciativa egipcia HarassMap o la global Map it. End it de Take Back the Tech que utilizan programas de código abierto como Ushahidi permitiendo que las mujeres u organizaciones, a través de sus móviles, localicen, registren y documenten los incidentes de acoso y violencia en un mapa digital. O bien organizaciones como Womanity, que con su Womanity Awards destina fondos para expandir proyectos digitales que tienen como fin paliar la violencia de género en lugares como México.

Los foros de discusión en línea también se están convirtiendo en herramientas indispensables para muchas supervivientes de la violencia doméstica, especialmente en países donde escasean o es complicado acceder a los servicios de ayuda y los refugios temporales. La misma investigación de Chayn reveló que el 60% de las mujeres entrevistadas acudía a Internet en busca de consejos y ayuda. Una de ellas explicaba: “El simple hecho de saber que hay alguien conectado 24 horas al día 7 días a la semana y que entiende lo que estoy atravesando ayuda muchísimo.”

Incidencia y autocuidado

En definitiva, la misoginia, el sexismo, la homofobia y la consecuente violencia contra las mujeres que vivimos en el ‘mundo real’ se ha trasladado al ciberespacio.

Lo que sucede es que este es un ‘campo de batalla’ relativamente desconocido, sin límites, en donde prima el anonimato y que, salvaguardando las excepciones, todavía provoca indiferencia por parte de las autoridades, las empresas dueñas de las plataformas digitales y la sociedad en general.

En su famoso reportaje en el que explica por qué las mujeres no somos bienvenidas en internet, Amanda Hess recuerda cómo el policía al que acudió aterrada por los incesantes tweets que recibía con amenazas de muerte, le preguntó: “¿Qué es Twitter?”.

Ante esta realidad, el trabajo de incidencia política que llevan a cabo organizaciones de la sociedad civil como la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones es imprescindible. Igualmente, nunca ha sido tan urgente continuar presionando por nuestro derecho a existir de forma relevante en los espacios digitales, con un conocimiento profundo de sus riesgos y con la capacidad para aplicar las mejores prácticas de autocuidado, privacidad y seguridad.

Aprovechando la atención mundial que se le está prestando estos días a la violencia de género, recomendamos cuatro herramientas imprescindibles para que aprendas a cuidarte en la red y a prevenir posibles acosos. Son guías completísimas que se adecúan a todos los niveles de conocimiento informático y a todas las necesidades. Por ejemplo, encontrarás consejos muy prácticos sobre cómo protegerte de posibles piratas informáticos y cómo navegar por el ciberespacio de forma completamente anónima. Entre otras cosas, aprenderás a proteger tus perfiles sociales, a destruir y no dejar rastro de información sensible y a cifrar tus llamadas para que nadie pueda escucharlas.

  1. Guía para garantizar tu seguridad en la red de Chayn: Es la más reciente y ha sido producida en colaboración con mujeres supervivientes de la violencia de género. La versión más sencilla de la guía está disponible en inglés, francés, árabe, farsi, ruso y pashto.
  2. Guía de Seguridad Digital para Feministas Autogestivas de HACK BLOSSOM, una organización dedicada a la ciberseguridad.
  3. Security in a Box que ha sido elaborada por dos organizaciones de referencia: Frontline Defenders y Tactical Technology Collective. Está disponible en 16 idiomas.
  4. Guía para proteger tus perfiles sociales en Facebook, Twitter, Reddit, Youtube y Tumblr, de HeartMob.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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