22/10/2017 BARCELONA

Los gases de la muerte en Darfur

La región occidental de Darfur, situada en Sudán, es una zona de amplios ataques violentos cuyo conflicto actual se remonta al año 2003. Este conflicto militar se originó por causas raciales entre los yanyauid, un grupo de milicianos formados por miembros de las tribus Baggara de los Abbala —criadores de camellos de etnia árabe—, y los pueblos de raza negra, no Baggara, principalmente agricultores.

Hasta el momento, el conflicto había causado desplazamientos a gran escala de personas que huían de la violencia, las altas tasas de muertes, las enfermedades, la interrupción de los medios de subsistencia y la malnutrición. Los desplazados buscaban refugio en los países vecinos, principalmente en Etiopía, Kenia, Sudán y Uganda; pero, recientemente, un informe de Amnistía Internacional (AI) declara que, como mínimo, el gobierno sudanés puede haber cometido hasta 30 ataques con armas químicas desde el mes de enero en la región de Jebel Marra y, posiblemente, entre 200 y 250 personas podrían haber muerto.

La investigación de Amnistía Internacional

Mapa de Sudán [Foto: CIA vía Wikimedia Commons]
Mapa de Sudán en el que se puede apreciar la región del Darfur al oeste del país [Foto: CIA vía Wikimedia Commons].

La investigación de AI ha recogido pruebas del uso reiterado de presuntas armas químicas contra civiles a través de la utilización de imágenes por satélite, entrevistas con supervivientes y expertos que analizaron las imágenes de las lesiones sufridas por la población. Entre los síntomas que presentaron muchos de los supervivientes tras el ataque, y que llevaron a pensar que era una reacción a las armas químicas, se encuentran afecciones gastrointestinales, problemas respiratorios, ampollas y erupciones en la piel, y problemas oculares, incluyendo la pérdida total de la visión. Además de los ataques, el problema se agravaba con el difícil acceso a los medicamentos.

AI presentó estas pruebas a dos expertos independientes en armas químicas que concluyeron que los síntomas correspondían con la exposición a sustancias vesicantes como la lewisita, la mostaza sulfurada o la mostaza nitrogenada; todos ellos agentes químicos empleados como armas de guerra. Según el informe, los agentes químicos se esparcieron mediante cohetes y bombas lanzadas desde aviones. Las víctimas explicaron que el humo que se liberaba al estallar la bomba cambiaba de color entre 5 y 20 minutos después. A este tipo de ataques se unen los que la aviación sudanesa práctica arrojando napalm con barriles bomba. 

Ante este panorama, AI insta al Consejo de Seguridad de la ONU a presionar políticamente al gobierno de Sudán para lograr que las agencias humanitarias y de mantenimiento de la paz puedan acceder a poblaciones remotas; a garantizar que el embargo de armas vigente se aplica con rigor y se amplía a todo el país; y a investigar urgentemente el uso de armas químicas y, si existen indicios admisibles suficientes, procesar a todas las personas sospechosas de ser responsables.

«Cuando cayó [la bomba], hubo unas llamas y luego una humareda oscura […]. Inmediatamente causó vómitos y mareos […]. Mi piel no está normal. Aún me duele la cabeza, incluso después de tomar la medicina […]. Mi bebé no se ha recuperado […] está hinchado […] tiene ampollas y heridas […]. Dijeron que se pondría mejor […] pero no está funcionando», declaraciones de una víctima de los ataques.

Reacciones internacionales

Si el informe y las pruebas aportadas por AI fuesen ciertas, nos encontraríamos ante una vulneración de la Convención sobre Armas Químicas. Sudán la firmó en 1999, comprometiéndose a no recurrir jamás a este tipo de armamento. De hecho, el tratado prohíbe el desarrollo, la producción, almacenamiento, transferencia y empleo de armas químicas y dispone la destrucción de estas armas en un plazo de tiempo específico.

Campo de refugiados sudaneses en Chad [Foto: Reclaiming the Future vía Flickr]
Campo de refugiados sudaneses en Chad [Foto: Reclaiming the Future vía Flickr].

Además, estos ataques se habrían llevado a cabo en una zona con presencia de una fuerza conjunta de la ONU y de la Unión Africana que se encuentra desplegada en la frágil región desde 2007. Pese a las restricciones de acceso, la UNAMID —como se conoce a esta misión— mantiene su objetivo de proteger a los civiles y sigue facilitando la entrega de asistencia humanitaria, a la vez que trabaja con las partes para que se comprometan a un cese de hostilidades inmediato.

Ante este informe, el secretario general adjunto de la ONU para Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Hervé Ladsous, afirmó que UNAMID no ha tenido ninguna evidencia al respecto, aunque aclaró que el gobierno sudanés ha negado reiteradamente a la misión la entrada a las áreas de conflicto de esa zona de Darfur. También advirtió que la seguridad en la región continúa siendo volátil y que el conflicto tiene un fuerte impacto en la situación humanitaria. Por último, Ladsous instó al gobierno de Sudán a cooperar con cualquier investigación que pudiera emprender la Organización para la Prohibición de Armas Químicas.

Por su parte, los representantes de Sudán se defendían de las acusaciones de la organización internacional calificando el informe de «totalmente infundado» y afirmó que Sudán no posee ninguna arma química. Sin lugar a dudas, de ser cierto el uso de armas químicas, se tendrían que tomar medidas internacionales para evitar su uso en un conflicto donde, desde que se inició, la ONU calcula que unas 300.000 personas han muerto, más de 2’5 millones de habitantes han sido desplazados y 4’4 millones necesitan ayuda.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

Laura Sánchez Fernández

I am graduated in Political Science since the 2010 and I studied a master in European Integration. Master's dissertation about WMD. I had the opportunity to made an internship in the framework of the Leonardo's European Mobility grants and inside the EUROACCIÓ Program in Belfast. Also, I studied a Superior-level Training Cycle in Protocol and Institutional Communication. Currently, I started to study a master in Corporate communication, protocol and events. I have more than 10 years experience working in the fields of event management and communications, business international promotion and culture. Interested in International Relations, European Policy, Foreign Affairs and Security, Diplomacy, Protocol, Communication, Business, International Trade and International Economy.


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