Leonard Cohen tocando y cantando, en una imagen que refleja su esencia única e irrepetible.

Una voz profunda  se confiesa ante la audiencia: “El hecho de que tarde mucho tiempo en escribir mis canciones no garantiza su excelencia. Es sólo la forma en que funciona… me lleva mucho tiempo. Soy muy lento”. Es una de las últimas entrevistas que concedió Leonard Cohen, poco después de que lanzara su decimocuarto álbum de estudio.

Todos ansiamos dejar atrás una semana que ha estado marcada por el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EE.UU., el seísmo de 7’8 en Nueva Zelanda y la muerte de uno de los dioses del Olimpo musical: Leonard Cohen.

Leonard Cohen en Normandia, Francia, en enero de 1988 [Foto: Roland Godefroy vía WikimediaCommons].

Leonard Cohen en Normandia, Francia, en enero de 1988 [Foto: Roland Godefroy vía WikimediaCommons].

El cantautor canadiense tenía razón, no fue un poeta prolífico como lo fuera Lope. Sin embargo, sus letras son tan refinadas y pulcras como la porcelana. Cohen supo hacer de la sensibilidad y la melancolía su sello personal. Cantó a su religión judía, a la paz, a la tristeza, al amor y la muerte. Debido a la temática de sus letras, se le consideró parte de la generación Dylan, sin embargo siempre fue el músico con más edad de todos ellos. Tampoco su música entroncaba con la moda del momento, el rock psicodélico. Fue un rara avis y aquello le concedió una identidad propia, en la que se fusiona poesía y folk.

Sus inicios estuvieron marcados tanto por su descubrimiento de la obra de Lorca siendo adolescente, lo cual le alentaría a dedicarse a las letras, como por su traslado a Nueva York. Allá se relacionaría con Andy Warhol y los artistas que frecuentaron The Fabric y pasaría largas temporadas en el Hotel Chelsea, un lugar bohemio frecuentado por personalidades de la cultura. En aquél período publicaría su primer álbum, que fue un éxito desde el momento de su lanzamiento. Le seguirían numerosos éxitos más y el reconocimiento por parte de la crítica.

También hubo momentos agridulces. En 1994 decidió recluirse en un centro zen cerca de Los Ángeles y vivió allí durante 5 años. Más adelante, se percataría que durante dicho período su representante, Kelley Lynch, le estuvo robando dinero. No consiguió que se lo devolviera, por ello se encontró con problemas financieros, pero la creatividad se sobrepuso a la crisis económica y decidió solucionar sus problemas a través de la música. Desde entonces ha publicado tres discos de gran calidad: Old Ideas (2012), Popular Problems (2014) y You Want it Darker (2016).

Catorce álbumes de estudio no parecen demasiados para una carrera que duró casi 50 años, desde que publicara Songs of Leonard Cohen en 1967. ¿Pero acaso importa la cantidad? ¿Cuántas canciones más necesitamos después de contar con temas inmortales como ‘Bird on the Wire’, ‘Hallelujah’, ‘I’m your man’, Suzanne’ o ‘So long, Marianne’? Ojalá nos hubiera seguido enriqueciendo con sus versos, emocionando con su voz. Pero nadie vive para siempre, por esa razón inventamos el arte.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.