23/11/2017 BARCELONA

Tailandia: La monarquía de la inestabilidad
Casa del Gobierno de Tailandia, sede del Primer Ministro y del gabinente de gobierno del país [Foto: Sodacan vía WikimediaCommons].

Hace meses que Tailandia vive una situación de caos. En un Estado en el que la monarquía tiene un poder inusual, la muerte del rey y la negativa de la población a aceptar su sucesor han dejado el país ha merced de los vaivenes de los políticos y los militares, que alentan el fanatismo de la población. ¿Qué sucede en Tailandia? Aquí te lo respondemos.

El 13 de octubre de 2016, tras reinar durante 70 años, falleció Bhumibol Adulyadej, noveno rey de Tailandia –en el cargo desde 1946–, dejando tras de sí un país sumido en un profundo duelo e inestabilidad política.

Pero esto no siempre fue así. De hecho, el reinado de Bhumibol se caracterizó por la realización de una serie de reformas económicas que brindaron mayor prosperidad a la población tailandesa –permitiendo un incremento considerable de la clase media– y en especial al sector agrícola. Bhumibol convirtió Tailandia en la segunda economía del Sudeste Asiático y permitió que se establecieran vínculos con el gobierno de los Estados Unidos. Estas acciones del rey, así como su buena disposición a la hora de mantener la estabilidad, tuvieron como resultado un consistente y masivo culto a su persona que en la actualidad, tras su fallecimiento, ha generado una gran incomodidad e insatisfacción a la hora de aceptar a su sucesor, el príncipe Maha Vajiralongkorn, cuya fama de excéntrico mujeriego pone en cuestionamiento su capacidad para mantener la estabilidad y llevar adelante la administración del gobierno tailandés.

Una monarquía constitucional poco convencional

Para comprender por qué se produce este marco de inestabilidad política, primero hay que dejar claro cuál es el sistema que engloba dicho marco. El sistema político de Tailandia consiste, desde 1932, en una monarquía constitucional. Ésta se estructura sobre la figura de un monarca que es considerado “jefe de Estado” –es decir, un símbolo de unión e identidad nacional–, un primer ministro, un Parlamento –usualmente bicameral– y el poder judicial. El Reino Unido es, por ejemplo, una muestra clara de una monarquía constitucional convencional.

El general Prem Tinsulanonda (izquierda) junto al fallecido rey Bhumibol Adulyadej (derecha) [Foto vía BBC].
El general Prem Tinsulanonda (izquierda) junto al fallecido rey Bhumibol Adulyadej (derecha) [Foto vía BBC].

El caso tailandés, sin embargo, es poco convencional. Si bien la estructura es la misma y el primer ministro representa el poder ejecutivo formal en términos normativos, la constitución tailandesa confiere autoridad al rey para gobernar, aun siendo sólo un símbolo de unión nacional, y restringe el puesto de primer ministro únicamente a aquellas personas que hayan accedido, previamente, a cargos en el parlamento. Por otro lado, el rey es quien elige a los jueces que serán parte de los cargos más altos del poder judicial. Este es el caso de Tailandia desde el inicio del reino de Bhumibol, en 1946.

Teniendo el rey tanto poder y responsabilidades que afrontar a la hora de liderar el Estado, no es sorpresivo que se dude de las capacidades del príncipe Vajiralongkorn para mantener el régimen instaurado por su padre, que fue responsable de la estabilización del país, de procurar el bienestar de la población en períodos de crisis y de consolidar la monarquía constitucional. Este régimen, además, se  asentó sobre una fuerte base: la persona del rey, cuyo carisma y popularidad se ven reflejadas en una serie de alianzas estratégicas entre el ejército y palacio, auspiciadas también por el exgeneral y exprimer ministro (desde 1980 hasta 1988) Prem Tinsulanonda, de 96 años. El general fue el principal consejero del difunto rey y hoy es el actual regente del Reino de Tailandia hasta que se lleve a cabo la ceremonia de coronación del nuevo rey. Así, tener la simpatía de este hombre es también esencial si se espera gobernar el país, algo que, desafortunadamente, el príncipe no parece poseer.

Un sucesor poco deseado

Los motivos que generan el rechazo entre la población tailandesa frente a la coronación del príncipe Vajiralongkorn, de 64 años, son diversos. Su corta carrera política, en correlación con su escaso interés por la política del país, son el principal motivo de preocupación para el futuro de Tailandia. Además, como motivos que contribuyen a aumentar esta inquietud también encontramos una agenda oficial prácticamente inexistente, escándalos generados por su excéntrico estilo de vida, y conflictividades que tenía con su padre (y por extensión, con Prem Tinsulanonda) por mantener amistad con el exprimer ministro Thaksin Shinawatra (2001-2006), líder del partido demócrata Thai Rak Thai. Por otro lado, las mismas preocupaciones se ven reflejadas en el ejército, un grupo de presión de suma importancia para la estabilidad política tailandesa.

La princesa Maha Chakri Sirindhorn y el príncipe Maha Vajiralonkgkorn en la ceremonia de inauguración celebrada tras la abdicación de la reina de Holanda, en 2013 [Foto vía ABC News].
La princesa Maha Chakri Sirindhorn y el príncipe Maha Vajiralonkgkorn en la ceremonia celebrada tras la abdicación de la reina de Holanda, en 2013 [Foto vía ABC News].

Todo este contexto no es ajeno al príncipe, que es consciente de su escasa popularidad entre los líderes políticos, la junta militar y el pueblo. Por este mismo motivo, él mismo decidió atrasar su coronación y no asumir el cargo hasta que la ceremonia sea realizada y, aclaró, aún entonces no ascenderá al trono hasta finalizado el período de duelo que tiene una duración estipulada de un año. Esta decisión tiene una doble lectura: mientras que, por un lado, el príncipe podría consolidar una mejor imagen pública en el año de duelo, simpatizando con los sentimientos del pueblo hacia su difunto padre; por otro, podrían llevarse a cabo procesos desestabilizadores contra la monarquía que culminarían con un nuevo golpe de Estado.

En este sentido, cabe recordar que el último ocurrió en 2014 contra la hermana de Thaksin Shinawatra, Yingluck Shinawatra, líder del partido Puea Thai desde el 2011, que surgió como el partido heredero del Thai Rak Thai, el cual fue prohibido tras el exilio de Thaksin Shinawatra en el golpe de Estado del 2006.  Yingluck corrió la misma suerte que su hermano y fue derrocada por el ejército con el apoyo de la monarquía.

Dentro de este marco de incertidumbre, los líderes políticos y la junta militar están considerando la probabilidad de que la princesa Sirindhorn, hermana del heredero, asuma el lugar de su hermano y se convierta en la primera reina de Tailandia. Aunque constitucionalmente esto no está estipulado como algo posible, a los ojos de estos grupos, y del pueblo, la princesa es una candidata mucho más apropiada para gobernar. Sirindhorn tiene experiencia de primera mano en asuntos reales, y estuvo involucrada en diversos proyectos basados en la promoción de salud, higiene, desarrollo de recursos hídricos, y agricultura, entre otros. Su marcado interés en estas áreas (especialmente en la extensión de la agricultura para mejorar la nutrición de los niños tailandeses, el apoyo a la educación desde el nivel preescolar al terciario, y el acceso a la salud de madres y niños) hizo que la princesa se ganara el cariño y la popularidad del pueblo, que era únicamente superada por aquella que se tenía hacia su padre, el rey Bhumibol. Por otro lado, las acciones realizadas durante su carrera, le brindaron reconocimiento internacional a Sirindhorn, específicamente de la UNESCO, que la nombró Embajadora de Buena Voluntad por el Empoderamiento de Niños de Minorías mediante la Educación y a través de la Preservación de su Patrimonio Cultural, en el año 2005.

Muchos creen que la junta militar, y Prem Tinsulanonda, aprovecharán el año de duelo que el príncipe decidió tomar para poner en proceso el acenso de la princesa Sirindhorn al trono.

Lesa Majestad y persecución de los herejes

El artículo 112 del Código Penal tailandés establece lo que se conoce como Lesa Majestad, que castiga hasta con 15 años de cárcel a cualquier persona que critique a la monarquía.

Millones de personas vestidas de negro acompañan el féretro del rey Bhumibol en Bangkok [Foto vía El País Internacional].
Millones de personas vestidas de negro acompañan el féretro del rey Bhumibol en Bangkok [Foto vía El País Internacional].

Así como un millar de personas ataviadas de negro salieron a las calles para acompañar el féretro del difunto rey, que muchos consideraban un “padre”, la persecución de opositores y críticos de la monarquía se vio intensificada tras la muerte del rey Bhumibol. Hoy en día, el hecho de no utilizar ropa de color negra es motivo suficiente para que las personas sean acosadas u hostigadas públicamente, y los linchamientos a aquellas personas que se manifiesten expresamente en contra de la monarquía durante el período de duelo son constantes. Además, el gobierno y el ejército no hacen más que incitar y alentar a que grupos de voluntarios y fanáticos tomen acción contra los “herejes” y “camisas rojas” (en referencia a los seguidores de Thaksin Shinawatra), y denuncien a aquellos que cometan Lesa Majestad en las redes sociales para censurarlos adecuadamente.

La situación ha alcanzado tal nivel de volatilidad que incluso medios de comunicación como la BBC han sido bloqueados en el país por presentar la situación con imparcialidad. No obstante, algunos casos ejemplares han llegado a los medios de comunicación, como el de Jirawat Pathumthong, de 19 años, que fue arrastrada fuera de su casa por vecinos para que públicamente se retractara de haber hablado de forma aparentemente ofensiva hacia el rey Bhumibol en Facebook.

Lo inquietante de esta situación es que realmente no se conoce cómo culminará. Ya sea por la negativa del príncipe a asumir el lugar que su padre dejó vacante, por los frenos políticos que puede llegar a realizar la junta militar para evitar que cualquier miembro del parlamento asuma el poder en el año 2017, por la avanzada edad del regente Prem que no garantiza que pueda mantener el proceso de transición política en caso de que el mismo se extienda, o por el descontento popular con el príncipe Vajiralongkorn, Tailandia se ve sumida en una profunda tensión y un equilibrio político cada vez más precario, fomentado por la insatisfacción de no tener un heredero apto, según los estándares constitucionales. La muerte del rey, lejos de ser seguida por un duelo pacífico y solemne, fue seguida por el comienzo de la inestabilidad política que muchos han considerado capaz de poner en riesgo la continuidad de la monarquía.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

Florencia Tognelli

Buenos Aires, Argentina.
Estudiante superior de Relaciones Internacionales y de Ciencia Política. Especialmente interesada en los conflictos multiculturales; trabajando específicamente con el caso ucraniano.


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