Imagen que muestra las zonas del mundo que se verían afectadas por una subida del nivel del mar producida por el calentamiento global [Foto: Nasa.gov vía WikimediaCommons].

Después del primer acuerdo global contra el cambio climático al que se llegó en París, en el año 2015, los estados se vuelven a reunir en noviembre para definir los detalles de su implementación. La 22ª Cumbre del Clima de Naciones Unidas abrió sus puertas esta semana, esta vez en Marrakech, Marruecos. La que se ha llamado “la COP de la acción” tiene mucho trabajo para continuar la labor post-París, y también para acelerar la ambición en la reducción de gases de efecto invernadero.

Ya son 100 países los que han ratificado el famoso Acuerdo de París. Esto ha hecho que el acuerdo entre en vigor mucho antes de lo esperado (ya que debía hacerlo en 2020), con las consecuencias positivas y negativas que esto conlleva.

Que el acuerdo haya entrado en vigor tan rápidamente demuestra la voluntad de los países. Por ejemplo, se necesitaron 8 años para que el Protocolo de Kyoto entrara en vigor, así que la ratificación rápida en menos de un año es todo un logro para la cooperación internacional entre países.

Además, en 2015 hemos visto otros símbolos que demuestran la ambición de los estados. En octubre se llegó a un acuerdo global en Kigali, Rwanda, para reducir las emisiones de hidrofluorocarburos, que podría prevenir un calentamiento global de más de 0’5 grados. La industria de la aviación también llegó a un acuerdo este año para implementar reducciones de emisiones y compensaciones.

Sin embargo, con la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos el temor de un potencial debilitamiento del Acuerdo de París se hace palpable. Especialmente por las afirmaciones de Trump que lo convierte en único jefe de estado del mundo que públicamente niega la ciencia del cambio climático y por sus afirmaciones sobre retirar todo el financiamiento de Estados Unidos a la acción climática.

Aún así, estudios de la CMNUCC y del PNUMA demuestran que, aunque se implementaran todas las reducciones de emisiones prometidas por todos los países, el nivel de ambición sigue sin ser suficiente. Aún con los mejores esfuerzos, tendimos a un aumento de la temperatura global de entre 2’7 y 3’5 grados, cuando los niveles considerados seguros son de 1’5 grados como máximo.

Otro estudio del PNUMA anuncia que solamente tenemos un margen de 3 años para llegar a los 1’5 grados de calentamiento global. Es por esto que la entrada en vigor tan rápida del Acuerdo de París es una buena noticia, aunque quede mucho por hacer.

¿Qué podemos esperar de esta cumbre?

1. El primer encuentro del Acuerdo de París: la implementación

Debido a la rápida entrada en vigor del Acuerdo de París, aún no se han definido todas las reglas y procesos para su implementación. Los países, por tanto, deben definir durante esta cumbre temas como la transparencia y responsabilidad, cómo mejorar la ambición con el tiempo, revisar los objetivos de reducción prometidos, y movilizar el financiamiento necesario.

Sin estas reglas y procesos, el Acuerdo de París no se puede implementar correctamente, ya que es necesario concretar muchos de sus artículos en procedimientos concretos.

Jefes de delegación de los países presentes en la COP21, donde se formalizaron los Acuerdos de París [Foto: Presidencia de la República Mexicana vía WikimediaCommons].

Jefes de delegación de los países presentes en la COP21, donde se formalizaron los Acuerdos de París [Foto: Presidencia de la República Mexicana vía WikimediaCommons].

2. Financiación para alcanzar los objetivos

El Acuerdo de París prometió movilizar financiamiento para los países en desarrollo, concretamente 100.000 millones anuales a partir de 2020. Esto debería ayudarles a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, y también a adaptarse a las consecuencias ya presentes y futuras del cambio climático.

La financiación es uno de los temas clave para implementar correctamente el Acuerdo de París, ya que muchas de las acciones contra el cambio climático prometidas por los países del Sur dependen de la ayuda internacional.

Lo que es necesario ahora es definir de dónde provendrán estos fondos y cómo se va a conseguir de forma anual. París definió que estos fondos podían provenir de fuentes públicas y privadas, pero falta definir qué tipo de financiación se acepta (préstamos, becas, ayuda internacional, etc.), cómo contabilizarlo y cómo mantener un equilibrio entre mitigación y adaptación.

3. Aumentar la ambición

Como se ha comentado al inicio, es necesario aumentar la ambición de los compromisos de reducción de emisiones si queremos evitar aumentar la temperatura global más allá del límite de 1’5 grados.

El primer proceso global de revisión de las contribuciones de los países (conocidas como NDC’s por sus siglas en inglés) será en 2018. La COP de Marrakech puede empezar a definir las normas y procesos para esta revisión, saber qué se va a medir, cómo, y qué van a tener que reportar los países exactamente. De esta forma podremos saber cómo avanzamos colectivamente hacia la reducción de emisiones y estimular el aumento de la ambición.

4. Adaptación, pérdidas y daños

Actualmente, los países más afectados por el cambio climático son los que menos lo causaron. Es por eso que es tan importante trabajar hacia la adaptación al cambio climático, de manera que podamos mitigar los impactos que ya se están sufriendo. Marrakech debe definir cómo se van a reportar las acciones en adaptación y cómo asegurar su financiación.

Además, la COP22 debe avanzar rápido en el Mecanismo de Pérdidas y Daños, cuyo objetivo es hacer justicia y compensar a las comunidades que sufren desastres climáticos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

Leave a Reply

12 − 10 =