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Algo no encaja, ¿lo notas? Los argumentos habitualmente se construyen sustentados con alfileres sobre una base sesgada de pasiones y sentimientos. Se presentan flotando en un mar contradictorio, sin costa definida, sin bordes, sin lógica, disfrazados de verdades, dogmas y puntos finales. Este es el sustrato que nutre a una sociedad a la deriva. ¿Sientes ese zumbido? Casi provoca náuseas. Hay quien no lo oye, otros deciden no escucharlo y enterrarlo en el ajetreo diario. Algunos se disuelven en ese fractal, bello y sin sentido, casi artístico. Pero también hay otros –y sobre estos trata este texto– que se aventuran más allá.

Me refiero a los que se hacen preguntas, los que observan con atención y, metódicamente, tratan de enfocar el contorno, acotando y definiendo sus piezas. Funambulistas que avanzan a un ritmo palpitante y armónico, mundanamente imperceptible, que no pueden resistir la incomparable explosión de endorfinas que provoca el dar otro paso más, sin caerse.

Me refiero a los exploradores de lo abstracto que se adentran hasta la fuente, la raíz, el principio, el núcleo, para establecer allí su punto de salida. Y dentro de estos no me refiero a aquellos que entierran el valor de lo adquirido sino a los que se ponen manos a la obra dispuestos a hacer pedazos los límites establecidos para crear y compartir un renovador espectáculo único.

Glider, el Emblema Hacker. Una de las formaciones más populares del Juego de la Vida de John Conway [Foto vía tecnolopedia.blogspot.com].

Glider, el Emblema Hacker. Una de las formaciones más populares del Juego de la Vida de John Conway [Foto vía tecnolopedia.blogspot.com].

Me refiero a los hackers. Es cierto, existen muchas definiciones de hacker, normalmente vinculadas inexorablemente con la computación. Pero otras, con un punto de vista más amplio, explican el “ser hacker” como una actitud, una filosofía de vida, unos valores y una ética que trascienden la informática. Desde este punto de vista, un hacker puede ser un pescador, un científico, un politólogo, un arquitecto, un cocinero, un abogado o un maestro. Quizás tú mismo seas un hacker y ahora te das cuenta.

El primer bit

El término aparece con los inicios de la informática en el MIT a principios de la década de los ‘60. El instituto adquirió uno de los primeros computadores (PDP-1) para la investigación y docencia. Tardaba tanto en encenderse, que se decidió mantenerlo conectado permanentemente, permitiendo que los alumnos lo usasen libremente fuera del horario lectivo.

Sin dudarlo, estos empezaron a utilizarlo apasionadamente en su tiempo libre. Pusieron en marcha todo tipo de ideas que ampliaron los límites y usos previstos del computador. Por ejemplo, Steve Rusell creó Spacewar!, el primer videojuego de la historia. Los jóvenes alumnos, aparte de trabajar intensamente en el desarrollo de “El Sistema”, se dedicaban a hacerse bromas los unos a los otros a través de la computadora, y a estas bromas las llamaron “hacks”. Pesadas o no, estos juegos se caracterizaban por buscar el virtuosismo técnico y eran reconocidas y aplaudidas por sus compañeros.

Los miembros del laboratorio comenzaron a autodenominarse “hackers”, vocablo que indicaba a una persona con un conocimiento profundo de la informática, con capacidad creativa y un no menos importante inteligente sentido del humor. Se extiende con la llegada de ARPANET, la red predecesora de Internet, a través de la cual se conectan los departamentos de informática de las principales universidades norteamericanas.

No fue la única palabra que se acuñó en este momento. Entre las diferentes universidades se creó un diccionario, el famoso Jargon File (traducido como Archivo “Jerga”) que contenía una multitud de palabras nuevas cargadas de ingenio para conceptualizar esa nueva realidad que estaban construyendo. Se puede ver el diccionario original aquí o última actualización (2012) aquí.

Este período del inicio de la informática y de la cultura hacker está muy bien recogido, por Steven Levy, en el clásico del ‘84 “Hackers: Heroes de la revolución de la computadora”, con protagonistas como Steven Wozniak, Steve Jobs, Bill Gates o Richard Stallman, del que cita:

“El último de los hackers se comprometió a defender los principios hacker hasta el amargo final. Permaneció en el MIT hasta que no tuvo a nadie con quién comer comida china.”

Dan Edwards y Peter Samson jugando a "Spacewar!" en una PDP-1. Fue el primer videojuego de la historia, en 1962 [Foto vía computerhistory.org].

Dan Edwards y Peter Samson jugando a “Spacewar!” en una PDP-1. Fue el primer videojuego de la historia, en 1962 [Foto vía computerhistory.org].

El nacimiento del término hacker está vinculado a la informática, pero encerrarlo ahí sería limitar su significado. Con el viento a favor de una comunidad educativa que apostó por no limitar la creatividad y poner sus medios al servicio de sus estudiantes, la incipiente informática se convirtió en un lienzo en blanco, abierto y compartido, para una comunidad joven y entusiasta. Un caldo de cultivo perfecto para que se formase una cultura, una filosofía, una actitud y una ética propias.

Un modo de hacer y pensar que, más allá de la informática, puede aplicarse a cualquier actividad y disciplina, caracterizado por la pasión, la colaboración abierta y la ausencia de límites impuestos por el dogma.

Ante un interés creciente del gran público, el mercado llama a las puertas de la informática a principios de los ‘80 y la libertad se trocea, se empaqueta y se vende masivamente. Nace en aquel momento el software “poseído o controlado privadamente” o software privativo, en muchos casos cerrado (no legible) y que vulnera los pilares fundamentales de la ética hacker, la colaboración abierta en comunidad y la libertad fundamental del individuo de controlar su informática. Por este motivo son muchos los que deciden posicionarse para defender esta filosofía, destacando a Richard Stallman, cabeza de la FSF (Fundación del Software Libre).

Sin esta concepción ética no existiría la WWW e Internet tal y como lo conocemos. No existiría GNU/Linux, el Software Libre, el sistema RSS o Creative Commons por poner algunos ejemplos. Probablemente, la informática en general estaría en pañales sin ese primer impulso creativo y abierto.

Ética y valores hacker

Steven Levy, en su libro, enumera las principales creencias de  la ética hacker:

  • El acceso a las computadoras, y a cualquier cosa que pueda enseñar algo acerca de la forma en que funciona el mundo, debe ser ilimitado y total.
  • Toda información debe ser libre.
  • La desconfianza en la autoridad; promover la descentralización.
  • Los hackers deben ser juzgados por su capacidad, no por criterios como títulos, edad, raza, sexo o posición.
  • Puedes crear arte y belleza en un ordenador.
  • Las computadoras pueden cambiar tu vida para mejor.

Quizá estas dos últimas creencias son específicas del ámbito informático. Siguiendo la tesis de este artículo, vamos un poco más allá, hasta los fundamentos de esta ética, a través de la tesis de Pekka Himnanen. El filósofo finlandés sostiene que la ética hacker es axiológica, es decir que se sustenta en una serie de valores, entre los que destaca: pasión, libertad, conciencia social, verdad, anti-corrupción, lucha contra la alienación del hombre, igualdad social, libre acceso a la información (conocimiento libre), valor social (reconocimiento entre semejantes), accesibilidad, actividad, preocupación responsable, curiosidad, creatividad, interés.

¿Sigues pensando que un hacker es alguien que quiere meterse en tu ordenador para robarte tus fotos? ¿Por qué crees que se ha popularizado esta idea? ¿Compartes estos valores? Y la última: ¿Eres un hacker y no lo sabías?

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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