13/12/2017 BARCELONA

¿Globalización Interrumpida? Desafíos para la inserción de América del Sur en el sistema comercial internacional

El proceso de globalización es una realidad innegable que transforma cada lugar del planeta. Hoy, cada uno de sus aspectos se encuentra bajo cuestionamiento. En un contexto de estancamiento del comercio mundial y fracaso del sistema tutelado por la OMC, se está produciendo un cambio en el orden mundial. Algo que plantea grandes desafíos para la inserción internacional de América del Sur.

El proceso de globalización es una realidad innegable que transforma cada lugar del planeta. Hoy, cada uno de sus aspectos, sea libre comercio, libre movimiento de capital o migraciones internacionales, se encuentra bajo cuestionamiento. En un contexto de estancamiento del comercio mundial y fracaso del sistema multilateral bajo la tutela de la Organización Mundial del Comercio (OMC), un cambio de época en el orden mundial está conduciendo al rediseño de la gobernanza del sistema comercial internacional. Esta reconfiguración impacta significativamente sobre todo el mundo y plantea grandes desafíos para la inserción internacional de América del Sur.

Una mirada (rápida) a la región

Este es un período tanto de incertidumbre como de oportunidades para los países del hemisferio. La economía mundial se encuentra en una coyuntura de bajo dinamismo. La recuperación de Estados Unidos sigue estando caracterizada por elementos de inestabilidad que se reflejan en un debilitamiento de su papel como motor principal de la economía mundial, sumado al desparejo desempeño macroeconómico de los países de la Unión Europea, exacerbada por la incertidumbre del Brexit.

América del Sur no es ajena a esta situación y se ve afectada por el fin del ciclo del auge de los precios de las materias primas y el petróleo, y la desaceleración de la economía de su principal socio, China, por su transición hacia un régimen de crecimiento apoyado en menor grado en las exportaciones. Por otra parte, se observa la creciente importancia del proceso de fragmentación productiva y las deficiencias que presenta la región en la inserción en las cadenas globales de valor. En el plano de integración, el mundo está avanzando en acuerdos bilaterales en el marco de una mayor relevancia de los países asiáticos con la puesta en marcha de zonas de libre comercio y acuerdos con África, Europa y países del Asia-Pacífico.

La región, altamente interconectada y caracterizada por su diversidad, ha acumulado, en más de 50 años, un significativo acervo de instituciones conjuntas orientadas a promover distintas modalidades de integración y articulación con diferentes grados de profundidad. El estado actual de la integración sudamericana atraviesa una fase crítica. Hoy, más que nunca, es una región fragmentada. No necesariamente en bloques antagónicos sino difícilmente coordinables. ¿Cómo avanzar frente a esta situación?

Una respuesta: objetivos comunes para el desarrollo económico 

En las últimas décadas, los países latinoamericanos han fortalecido las instituciones democráticas. Desde la gestión equilibrada y eficiente de las finanzas públicas y la macroeconomía hasta políticas sociales inclusivas encaminadas a lograr un cierto grado de justicia social. Sin embargo, están rezagados en cuanto a su visión estratégica a largo plazo y el análisis en conjunto prescindiendo de los tan necesitados programas estructurales orientados a incrementar la productividad, la igualdad y la participación. Esta falta de perspectiva reduce la capacidad de reacción.

Es necesario encarar una nueva mirada orientada a facilitar una más efectiva gobernanza regional, que sea funcional al predominio de la lógica de cooperación e integración económica. Es la dificultad en la definición de objetivos en conjunto y la falta de continuidad en políticas comerciales regionales, la que dificultan este proceso. En tal sentido, la idea estratégica de convergencia en la diversidad, cobra fuerza para facilitar la articulación.

Hablar con una sola voz y desarrollar una mirada de conjunto de las grandes cuestiones de la agenda global no requiere necesariamente de la homogeneidad pero sí necesita de puntos de equilibrio entre visiones eventualmente diferentes. Y, efectivamente, es una de las mejores opciones para hacer valer sus posiciones frente al resto del mundo, y esto no sólo se reduce al ámbito comercial sino que la idea debe extrapolarse y converger para actuar en conjunto en los diferentes organismos y ámbitos internacionales. Se requiere de un sólido esfuerzo en cada país de la región para definir y actualizar sus estrategias de inserción comercial internacional, respetando sus propios requerimientos en políticas comerciales y poniendo el foco en la complementariedad para que así se potencien mutuamente.

Si bien la política debe estar presente, la politización excesiva subordina los avances en este tema a la gestión directa de los mandatarios. Países que saben lo que quieren y lo que pueden, especialmente si lo hacen a través de una fuerte participación social, están en mejores condiciones de procurar puntos de equilibrio en sus respectivos intereses al dialogar y negociar con los otros países de la región. Y así superar los cambios de gobierno, apostando por políticas de Estado.

Uno de los principales desafíos para el liderazgo de los países sudamericanos es el de establecer un vínculo funcional entre la agenda de negociaciones comerciales internacionales con países de otras regiones, y la construcción de un sistema eficaz de gobernanza e integración.

El transporte de contenedores como uno de los símbolos de la globalización [Foto: Woplu vía Flickr].
El transporte de contenedores como uno de los símbolos de la globalización [Foto: Woplu vía Flickr].

En este marco, es necesario tener en cuenta la concreción de los llamados “Mega Acuerdos” y la tendencia a la negociación bilateral en detrimento de la regional o multilateral. Estos acuerdos atraen tanto la atención como la controversia, no sólo por contar entre sus miembros con las economías más relevantes del comercio mundial sino, particularmente, por tratar los asuntos regulatorios del comercio. Debido a que los países parte ya cuentan con acuerdos arancelarios entre sí (o bien las tarifas son bajas), lo esencial reside en aquellos temas llamados OMC Plus -como Compras del Estado, Ventanilla Única del Comercio Exterior, comercio electrónico, para nombrar algunos- que aún no han sido materializados en la OMC. Su concreción, implica la instauración de estándares más elevados que se aplicarán a las relaciones comerciales con el resto de las economías y seguramente a futuras negociaciones.

El caso del Acuerdo Transpacífico, firmado pero no aún ratificado, tiene como socio promotor Estados Unidos, junto a Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá, y los latinoamericanos México, Perú y Chile. La cuestión reside en cómo actuar frente a esta nueva dinámica de integración que incluye países de la región para concretar esquemas regionales de comercio eficientes.

Los progresos deben conducir a una mayor integración que permita aumentar la diversificación de las exportaciones, mejorar la complementariedad entre los países de la región y operar como plataforma de especialización y desarrollo tecnológico que les permita a su vez mejorar la inserción en terceros mercados. El continuo cambio tecnológico ha transformado la manera en que se producen y distribuyen los bienes y servicios. Cada vez más, los productos son “Hechos en el Mundo”.

Es urgente que las estructuras productivas y exportadoras de América del Sur se orienten hacia los sectores más dinámicos, de mayor productividad o de alto contenido tecnológico. Esto, a su vez, podría incentivar la diversificación exportadora y atenuar la elevada dependencia de las materias primas de la región.

La profundización de la especialización en recursos naturales durante el ciclo de altos precios y la persistencia de una estructura productiva con reducidas capacidades tecnológicas dificultan salir de la compleja coyuntura actual. En este camino, una tarea fundamental consiste en mejorar la implementación de la agenda de facilitación del comercio y el plano de la infraestructura física y del transporte, ya que son elementos necesarios para fortalecer los débiles encadenamientos productivos regionales. Además, es necesario ganar competitividad y aumentar la inserción en las cadenas globales de valor, que es muy limitada. Continuar avanzando en esta tarea elevaría los niveles del comercio y estimularía la internacionalización de las pequeñas y medianas empresas, con el consiguiente aumento del empleo.

Trabajar juntos, un compromiso a largo plazo

ASPA 2012
III Cumbre América del Sur-Países Árabes llevada a cabo en Perú en 2012 [Foto: Xavier Granja Cedeño/Ministerio de Relaciones Exteriores Comercio e Integración vía WikimediaCommons].

En conclusión, es fundamental establecer la metodología de integración económica a emplear ante las nuevas realidades globales y regionales, atendiendo el interés de los sectores productivos nacionales y superando los cambiantes liderazgos políticos. Esta estrategia deberá tener en cuenta el amplio abanico de instituciones disponibles, no desecharlas sino reciclarlas y potenciarlas.

Por otro lado, es necesaria una agenda con acciones que se dirijan hacia el fomento de las reglas comunes, la homogenización de requisitos sanitarios y fitosanitarios e incluso la acumulación de origen. Éstas, como otras medidas, son indispensables para promover los encadenamientos productivos y aumentar la resiliencia del  comercio. Implica adoptar el compromiso de trabajar juntos, en instituciones comunes con el objetivo de neutralizar los efectos negativos de la economía global y, a la vez, potenciar el valor de la región. Es imperativo fortalecer el diseño y la implementación de políticas industriales y tecnológicas para la diversificación y el aumento de la productividad, pues son los únicos mecanismos que permiten dinamizar el crecimiento de largo plazo, condición imprescindible para generar empleos y reducir la desigualdad.

No hay que olvidar que América del Sur cuenta entre sus fortalezas la dotación de recursos naturales, la diversidad cultural y una vasta experiencia acumulada en su desarrollo económico y social, incluyendo los éxitos y fracasos en la inserción en la economía mundial. Su principal desafío consiste en equilibrar intereses, valores y visiones diferentes entre países que comparten la región.

Aprovechar las oportunidades que ofrece el nuevo escenario internacional, implica detectarlas a tiempo y aprovecharlas en beneficio del interés nacional y de la sociedad en su conjunto.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Nayla Videla

Buenos Aires, Argentina. Soy Licenciada en comercio internacional. Me apasiona viajar para conocer culturas diferentes. Nunca me falta un libro y encanta aprender cosas nuevas.


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